26 febrero 2023

UN CUENTO SOBRE LA BATALLA CULTURAL

 


 — Hola, doctor.

— Buenos días, caballero, ¿qué lo trae por acá?
 
— No me ando sintiendo bien últimamente.

— ¿Qué le ocurre?

— Pues… estoy harto de sentirme pobre. Quiero sentirme rico y poderoso.

— Bueno, en ese caso puedo recetarle que trabaje duro por conquistar sus sueños, que nunca renuncie a sus metas, porque sólo quienes se obstinan en lograr sus objetivos en la vida, serán capaces de progresar día a día, paso a paso, convirtiendo cada escollo en una nueva oportunidad… — No me boludee, doctor. Eso es autoayuda falopa para adiestrar y disciplinar socialmente a gente más pelotuda que el promedio. Yo busco otra cosa.

— Tiene razón, disculpe. En ese caso, si lo que usted quiere es riqueza y poder, deberá estafar a mucha gente, explotar a otro tanto, evadir impuestos, aliarse con personas y organizaciones siniestras, sacar ventaja de quien sea y cada vez que pueda, a cualquier costo y sin que medie ningún tipo de escrúpulo. Debe convertirse en una persona total, absoluta y amoralmente corrupta. No existe en todo el planeta nadie que sea realmente rico y poderoso que no haya recorrido este camino.

— Sí doctor, eso yo ya lo sé. Ocurre que, y para serle sincero, no tengo ni el talento ni la voluntad para embarcarme en semejante cuestión. Necesito algo más rápido, más inmediato, ¿me entiende?

— Mmm… sí, desde luego. Lo que usted quiere es algo así como un placebo, digamos.

— Algo así, sí.

— Bien, tengo algo que puede ayudarle. Tenga.

— ¿Qué es esto?

— Es un libro titulado 1000 frases para experimentar durante 5 o 6 segundos la euforia de ser un garca abyecto hijo de yuta.

— ¿Y cómo funciona?

— Muy simple: primero, usted elige una frase del libro, y luego la dice en voz alta. El efecto es inmediato. Haga la prueba.

— A ver… deme un segundo que busco… Ya está, acá encontré una.

— Bien, dígala con voz fuerte y decidida.

— “Las negras se embarazan para cobrar planes del Estado”.

— ¿Y? ¿Qué tal?

— Pues… ¡Sí, funciona!

— ¿Qué sintió?

— Sentí durante unos segundos que yo era el dueño de una empresa que explotaba a sus obreros y que los sometía a jornadas largas y extenuantes y a condiciones laborales subhumanas, todo a cambio de un salario de mierda.

— Perfecto. Pruebe con otra.

— A ver… ésta: “El populismo es el cáncer de la democracia”.

— ¿Y bien?

— ¡Wow! ¡Me sentí como un economista liberal, de esos que le cobran una torta de guita a un grupo de empresarios imbéciles, a cambio de dictarles conferencias en las que básicamente les dice todas las forradas que quieren escuchar!

— Excelente. Vamos con una más.

— Ok… ésta de aquí: “A éste país hay que sacarlo adelante tra-ba-jan-do”.

— ¿Y funcionó?

— ¡Desde ya! Sentí durante un instante que era el dueño de miles de hectáreas de soja, y que les gritaba a mis peones, varios de ellos menores de edad y con los pulmones llenos de glifosato, para que trabajen más y más rápido. ¡Hasta me dieron ganas de blandir un látigo! Gracias doctor, era justo lo que buscaba.

— Pues me alegro.

— Ahora, tengo una duda… ¿Esto tiene alguna contraindicación, alguna clase de efecto colateral?

— Bueno, pues sí. Se recomienda llevar este tratamiento con suma cautela, ya que puede producir cierto grado de adicción en el paciente, y con ello el riesgo de que sufra delirios y alucinaciones.

— ¿Cómo es eso?

— El paciente, al proferir estas frases más veces de las que se recomienda por día, puede llegar a creer que realmente es un magnate millonario e inescrupuloso por un período más largo que el aconsejable. Luego, pasada la euforia y el frenesí, el retorno a la realidad suele ser un golpe demasiado duro para quien no está lo suficientemente preparado, ya que cae en la cuenta de que sigue siendo el mismo piojo resucitado de siempre, pero que se odia a sí mismo y a su clase social, o sea, a toda la gente que lo rodea a diario. Inclusive, hubo casos en los que el paciente quedó tildado para siempre, digamos.

— ¿Tildado?

— Claro. Hemos tenido casos de trabajadores humildes que terminaron hablando como si fuesen sus propios patrones de forma permanente. Imagínese, un simple empleado pidiendo que se flexibilicen las leyes laborales que lo protegen para “facilitar la llegada de inversiones extranjeras”, o un obrero fabril reclamando que se abran las importaciones “para que el mercado se vuelva más dinámico y creativo” … Una locura.

— Entiendo. Bien doctor, muchas gracias.

— No hay de qué. Y recuerde: vaya despacio con este tratamiento. No queremos que usted se termine convirtiendo en un forro Fascista amarillo a tiempo completo.

— Mire doctor, yo la verdad que le agradezco sus consejos, pero si hay algo que no voy a tolerar es que un empleaducho estatal como usted, que vive del dinero de mis impuestos, me diga lo que tengo que hacer. Hasta nunca, negro de mierda.

LA BATALLA ES CULTURAL

23 febrero 2023

REPORTAJE A ALEJANDRO HOROWICZ

 

El martes 21 de febrero del 2023 se subió a EL TREN Alejandro José Horowicz, ensayista y doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Autor de “Los cuatro peronismos”; “El país que estalló”, “Las dictaduras argentinas”; “El Huracán Rojo. De Francia a Rusia 1789/1917)”. Un viaje intenso y atrapante como cada vez que Alejandro se sube a EL TREN. Un itinerario que fue de la actualidad y sus patéticas limitaciones al panorama internacional. Desde la enfática aseveración que “las palabras no se las lleva el viento” a las limitaciones actuales del gobierno de Lula. Afirmaciones como: “Lula construyó a Bolsonaro como como Cristina construyó a Macri”. La agonía de los proyectos políticos, el despilfarro del caudal político de Alberto Fernández que en plena pandemia llegó a tener un apoyo del 80% que ni siquiera tuvo Perón. La situación en Nicaragua, la visita de Biden a Kiev, el llanto desconsolado del entrevistado en el cementerio judío de Varsovia, su paso desde la izquierda nacional a Organización Comunista Poder Obrero, donde tuvo a cargo el periódico “Respuesta Socialista”. El voto en blanco. Su relación con la escritora y crítica literaria Elsa Drucaroff.

Apenas algunos de los temas abordados en un viaje que lo tendrá atrapado.

En la primera parte, el programa abordó el tema del descreimiento en la política, del escepticismo que atraviesa a la sociedad. Diferentes ejemplos.

Súbanse a EL TREN, desde el andén de sus domicilios, preferentemente con barbijo.

 


El TREN, UNA VOZ DIFERENTE PARA ESCUCHAR, REFLEXIONAR Y DISCUTIR

22 febrero 2023

La joven que fue condenada a la guillotina por oponerse a Hitler: sus últimas palabras antes de morir

El hecho ocurrió el 22 de febrero de 1943, hace 80 años. Sophie Scholl tenía 21 años e integraba junto a uno de sus hermanos mayores La Rosa Blanca, un grupo disidente al nazismo que intentaba hacer escuchar su voz y oponerse a las atrocidades que sucedían en Alemania. Cómo fue el juicio parcial en su contra

 


Por Matías Bauso  INFOBAE
22 de Febrero de 2023


Hans Scholl, Sophie Scholl y Christoph Probst, líderes del movimiento La Rosa Blanca, en Munich. 80 años atrás fueron ejecutados (1942)

Todavía resuenan las palabras finales de Sophie Scholl ante el tribunal, el 22 de febrero de 1943, el día que iba a morir ejecutada: “Un día tan lindo y soleado, y yo me tengo que ir. Alguien tenía que empezar. Lo que nosotros dijimos y escribimos, lo creen muchos otros. ¿Qué importa mi vida, si a través nuestro, gracias a nuestras acciones, otros muchos se despiertan y entran en acción?”.

Junto a uno de sus hermanos mayores había sido detenida poco antes como una de las integrantes de La Rosa Blanca, el grupo disidente al nazismo.
 
 Tenía 21 años y un enorme coraje.
 
A la primera que hicieron pasar fue a ella. A la única mujer del terceto de condenados. Y la más joven. El pelo tocándole los hombros, tapando una de sus orejas. Los ojos vidriosos, sin mirada. No había tensión en sus gestos. Tampoco desesperación.
No les iba a dar el gusto.
 
 
El juicio había empezado unas horas antes. Todo fue muy rápido. Todo había terminado demasiado pronto para Sophie Scholl.
 
La joven levantó la cara hacia sus verdugos, los enfrentó con serenidad. Contuvo las lágrimas. También los insultos. Se arrodilló sin que se lo indicaran; no hizo falta. Nadie la tocaba. Nadie se animaba a hablar. Sólo se escuchaban las respiraciones pesadas, alteradas de los hombres, y el crujir de los zapatos sobre la enclenque plataforma de madera. El oficial a cargo, trabajosamente, algo ahogado, casi tropezando con la única palabra que debía pronunciar, dijo: Proceda. Más resoplidos. Sophie cerró los ojos.
 
Y no sabemos cuál fue su último pensamiento.
 
Después, el clank del mecanismo que puso en acción, que destrabó la guillotina. El zumbido de la cuchilla afilada cayendo, el golpe de la cabeza suelta contra las tablas del piso. Se formó un pequeño lago sanguinolento. Unos minutos, que parecen horas de inmovilidad. Todos sabían que tenían que limpiar la escena. Era una mañana ajetreada y faltan otras dos ejecuciones: la de Hans, el hermano de Sophie y la de Chistoph Probst, otro de los integrantes de La Rosa Blanca. Pero los hombres entendieron que acababan de hacer algo muy malo. Que esa chica que yacía ahí con la cabeza a unos dos metros del resto del cuerpo era demasiado joven para haber muerto de esa manera.
 
Algo no funcionaba bien.


Sophie fue juzgado y condenada a muerte en un juicio fugaz y arbitrario. Su crimen fue oponerse al nazismo

Sophie Scholl nació hace más de un siglo, el 8 de mayo de 1921. Fue la cuarta de seis hijos que tuvo el matrimonio de Magdalena y Robert Scholl. Robert era el alcalde de una pequeña ciudad alemana, Forchtenberg. Scholl padre era liberal y se opuso al nazismo, desde que apareció en la vida pública alemana. La política era un tema de conversación constante en su casa. Hans, uno de los hermanos de Sophie, 3 años mayor que ella, en un gesto de desafío a la autoridad paterna, se afilió a la juventud nazi. Pasado el deslumbramiento inicial, llegó la desilusión; se dio cuenta de que no había posibilidad para el diálogo y que la devoción hacia el líder era ciega. Hans abandonó la política y se marchó a Múnich para estudiar medicina.
 
A Sophie le gustaba dibujar y escribir. Al terminar el secundario se convirtió en maestra jardinera e ingresó en el Servicio Público Nacional, una instancia obligatoria en la que los ciudadanos debían prestar algún servicio en pos de la causa nacional en medio de la guerra. A ella le tocó ser enfermera en uno de los frentes de batalla. Ese contacto súbito y descarnado con la realidad la transformó. Aquellas ideas y pensamientos tenues, casi intuiciones que tenía sobre la realidad alemana, se convirtieron en certezas cuando presenció las batallas, escuchó hablar a los soldados y a la gente de los pueblos. Pocos meses después se unió a su hermano Hans en Múnich. Allí, Sophie empezó a estudiar filosofía y biología.
 
Además de presenciar espectáculos artísticos como nunca había hecho antes, disfrutar de la vida nocturna, conoció a otros jóvenes que pensaban como ella, que veían la realidad alemana de la misma manera, que no se habían dejado seducir por el nazismo.
 
Con el ímpetu de la juventud se impusieron hacer escuchar su voz. Alguien les recordó del accionar de la Gestapo. Cada actividad opositora, cada movimiento disidente y hasta cada crítica formulada en un ámbito privado constituían un grave riesgo para su vida. Debían tener cuidado.
 
La Gestapo se convirtió en la principal institución estatal para controlar, callar, perseguir y matar disidentes. La Gestapo fue un Golem que creció desmesuradamente, que logró expandir el terror y disciplinar. La policía secreta diseñó un sistema macabro y efectivo de terror que se hizo carne en la población. Se generó una trama de miedo y persecución, un estado de delación masiva y permanente. La organización consiguió que cada ciudadano alemán estuviera convencido de que el estado los observaba y escuchaba. En parte era cierto.
 
Los jóvenes hermanos Scholl y varios de sus amigos creyeron que era el momento de ponerse en acción. Veían a la sociedad hipnotizada por un asesino, por un desaforado que lograba imponer siempre su parecer, que estaba llevando adelante un desastre. Los Scholl creían que la sociedad debía escuchar otras voces, que alguien debía intentar abrirles los ojos.
 
En el medio de esas discusiones y en su primer año como universitaria, Sophie fue nuevamente convocada al trabajo bélico. Debió desempeñarse como operaria en una empresa metalúrgica que fue reconvertida en una fábrica de armas y municiones. Fue una nueva ocasión para charlar con trabajadores y conocer sus puntos de vista. Al mismo tiempo, su padre fue puesto en prisión porque uno de sus empleados lo denunció ante la Gestapo por haber criticado, en una charla privada, a Hitler.
 
Uno de los panfletos de La Rosa Blanca que Sophie y sus compañeros distribuían clandestinamente
 
Sophie se preguntaba cómo debían actuar ante un estado totalitario (para colmo de males en tiempo de guerra). Las acciones que se les ocurrían, al principio, les parecían pueriles, inocuas, que nunca servirían para alcanzar su fin primordial: crear conciencia en el resto de la población que cada vez se fanatizaba más.
 
Al retomar sus estudios, tras el paso por la fábrica, descubrió que su hermano y algunos amigos habían tomado cartas en el asunto. Un día, en uno de los pasillos de la universidad, Sophie percibió un ambiente extraño. Sus compañeros parecían paralizados. En el piso había unos panfletos que alguien había mecanografiado trabajosamente. Ella, con discreción, levantó uno. Se encerró en el baño y lo leyó con avidez. La emoción de lo prohibido y el deslumbramiento ante la evidencia que alguien había escrito lo que pasaba de verdad en su país, lo mismo que ella pensaba. Y, principalmente, que se había animado a decirlo. De pronto, el paisaje parecía menos desértico. Dobló el folleto en 8 y lo escondió entre sus ropas. Cuando llegó a su casa, le contó a Hans, su hermano. Él la miró con extrañeza. No entendía si su hermana estaba siendo sincera o lo estaba midiendo. Cuando notó que ella no sabía nada, le confesó que él había escrito ese folleto crítico del nazismo. Junto a otros tres amigos (Willi Graf, Christoph Probst, Alexander Schmorell) Hans había formado un grupo llamado La Rosa Blanca. Eran opositores. Querían ejercer una resistencia pasiva e imaginativa contra el Führer y su gente. Lograr que otros, de a poco, tomaran conciencia de lo que sucedía.
 
Sophie, que recién había cumplido los 21 años, se unió al grupo tras esa conversación.
 
Los jóvenes escribían estos panfletos, los mimeografiaban a escondidas y después los soltaban en pasillos, aulas y calles cercanas a la facultad, o los enviaban por correo a distintas direcciones. En pocas semanas eran muchos los que habían leído sus proclamas. También eran muchos los que se preguntaban quiénes eran los que se animaban a tanto. Las autoridades estaban desconcertadas. No podían encontrar a quienes hacían circular esos textos. La Gestapo puso a todos sus hombres e informantes a rastrear a los subversivos que sembraban mensajes opositores y que osaban criticar al Führer.


Un homenaje a la acción de la Rosa Blanca en la universidad en la que ellos soltaban los panfletos y donde fueron apresados

Al principio, los otros cuatro no querían que Sophie fuera parte. Veían la tarea como algo demasiado riesgoso, como algo exclusivo de hombres. Sin embargo, Sophie con su determinación les demostró su error. Además había algo a favor en lo que nadie había pensado: la misma subestimación de sus compañeros, la ejercían las autoridades. En los retenes callejeros no solían revisarla. ¿Cómo una chica joven y hermosa podía estar en un grupo de resistencia? Ni siquiera se les pasaba por la cabeza.
 
Las primeras acciones fueron un éxito. La gente ya hablaba del contenido de los textos y las conjeturas sobre los posibles autores cada vez eran más disparatadas. Esa confusión podía ayudarlos. Pero también, ponía más fuerzas de seguridad en la búsqueda.
 
El 18 de febrero de 1943 los hermanos Scholl llegaron a la Universidad de Múnich con una valija repleta de folletos. Mientras todos estaban en clase, los diseminaron con discreción por los pasillos. Cuando los alumnos salieran se encontrarían con el mensaje crítico firmado por La Rosa Blanca. Un último remanente fue lanzado desde el último piso por Sophie. Esa tenue lluvia de papeles parecía un diluvio radiactivo para la mayoría de los estudiantes que se corrían para evitar siquiera el contacto con esas hojitas peligrosas. Muchos no las habían leído pero sabían, en líneas generales, qué decían. El título sólo ya provocaba pavor: “De la boca de Hitler sólo salen mentiras”. Pero ese lanzamiento fue fatal. Jakob Schmid, un hombre de mantenimiento de la casa de estudios, vio el brazo de Sophie esconderse con velocidad luego de tirar los panfletos. El hombre corrió y encontró a los dos hermanos en fuga. Los detuvo cómo pudo y pidió ayuda. Los estudiantes formaron una cadena de gritos hasta alertar a las autoridades más cercanas. Todos unidos para acusar a sus dos compañeros, para favorecer su detención. Nadie salió en defensa de ellos.
 
Hans en un rápido movimiento se llevó algo a la boca y empezó a masticar frenéticamente. Uno de sus guardias forcejeó con él y logró sacar un amasijo de papel húmedo de saliva. Luego de un intento de restauración se dieron cuenta de que era el borrador del siguiente panfleto que preparaba La Rosa Blanca. En el departamento de los hermanos Scholl encontraron a Christoph Probst, otro de sus compañeros, y los originales de los textos que volaron por la universidad.
 
El interrogatorio de la Gestapo fue brutal. Sin embargo, estaban dispuestos a liberar a Sophie. Ella era mujer, les resultaba inconcebible su participación en una acción de este tipo. Pero ella reconoció que era una de las integrantes de la Rosa Blanca. No cedieron a las torturas. No brindaron los nombres de los otros integrantes de la organización.
 
Tres días después de la detención fueron llevados a juicio. La madre de los Scholl quiso entrar a la sala pero unos guardias se lo impidieron. Gritó que dos de sus hijos estaban siendo juzgados. “Se hubiera preocupado antes”, le respondió un guardia mientras la empujaba hacia la calle. El padre logró traspasar el cerco e increpó al juez: “Alguna vez habrá otro tipo de justicia en este país. Alguna vez se arrepentirán de esto”. Después de esas palabras fue arrastrado fuera del juzgado.


Una de las esculturas que recuerdan a Sophie, que reconocen la resistencia al nazismo dentro de Alemania

El proceso fue veloz. Y parcial. Al juez no le importaba mantener el misterio ni la ecuanimidad. Desde un principio criticó y retó a los imputados, les enrostraba sus acciones dando por probadas cada una de las acusaciones que pesaban sobre ellos. El abogado defensor casi no abrió la boca. El fiscal sólo para formalidades ya que el juez hizo la tarea que le correspondía a él. No hubo pruebas presentadas ni testigos. Al magistrado le pareció un dispendio jurisdiccional. En tiempo récord alcanzó una sentencia. Traición a la patria. Un delito que sólo admitía un castigo: la pena de muerte.
 
Los tres jóvenes fueron llevados a la prisión de Stadelheim. Allí los dejaron, por unos breves minutos, despedirse de sus desesperados padres. Luego pudieron conversar entre ellos. Hasta que la voz del verdugo resonó en el pasillo de la prisión. Pocos minutos después, las cabezas de los tres rodaban arrancadas del cuerpo por la guillotina.
 
Sophie Scholl, su hermano Hans y los otros miembros de la Rosa Blanca demuestran que siempre existe la posibilidad de hablar, de decir lo que se piensa, de despertar a los ciudadanos ante un estado totalitario. Que aún en los tiempos más oscuros existen quienes con coraje hacen oír su voz contra los tiranos.

18 febrero 2023

ENTREVISTA A NÉSTOR GOROJOVSKY

En el segundo programa, en la primera hora se hizo un minucioso informe sobre el narcotráfico en Rosario.



En la segunda parte se entrevistó al geógrafo e histórico militante de la izquierda nacional Néstor Gorojovsky.

Algunas de las preguntas formuladas y contestadas por Gorojovsky: ¿Considera que hay que apoyar al candidato que elija el Frente de Todos, cualquiera que sea?; ¿Qué es la reforma patronal que propone?; ¿Por qué dice que la Macri es la muerte?; ¿Por qué la oligarquía considera históricamente que sobra población?; ¿Hay limpieza étnica en la Capital?; ¿Como explica la centralidad actual de Mauricio Macri?; ¿El imperialismo es la forma moderna del colonialismo? Apenas algunos de los interrogantes.

Súbanse a EL TREN, desde el andén de sus domicilios. Preferentemente con barbijo

El TREN, UNA VOZ DIFERENTE PARA ESCUCHAR, REFLEXIONAR Y DISCUTIR