31 enero 2026
30 enero 2026
PROGRAMA EL TREN DEL 27 DE ENERO DEL 2026
El martes 27 de enero del 2026, se subió en la segunda hora en El Tren, Teresa Donato, escritora, periodista. Es la autora de la excelente obra teatral “Mi vida anterior” y de la apasionante novela sobre la misma protagonista “Desaparecida dos veces”. Un viaje atractivo sobre la vida de Donato y de la protagonista de la novela y obra teatral Ana María Massochi de Livieres. La vida de la oficial montonera. La muerte de su marido en el intento de tomar el Cuartel de Formosa el 5 de octubre de 1975. La clandestinidad con su hijo pequeño. Su admiración a Tulio Valenzuela. La estremecedora historia de Valenzuela y su mujer. Un relato donde están las grandezas y miserias de la década de los setenta. Las dos criticas fundamentales de Ana María a la conducción Montonera: el asalto al Cuartel de Formosa y el asesinato de Rucci. Su secuestro el 24 de mayo de 1978 y su detención, lugar que nunca es revelado. Las torturas. Su relación con un militar que aparece bajo el nombre de Beto que será su pasaporte hacia su exilio en Brasil. Su libertad vigilada. El convertirse en una empresaria gastronómica en el país donde vive ya hace cerca de cincuenta años. La particularidad que nunca declaró en sede judicial.
29 enero 2026
28 enero 2026
Vida de country, retórica de barricada. Apunte sobre la casta militante de la «década ganada»
Por Bruno Carpinetti* en PANAMÁ REVISTA (NO TODO ES POLÍTICA)
Hay contradicciones que la política puede tolerar y otras que la corroen desde adentro. Entre estas últimas, pocas resultan tan devastadoras como la distancia sostenida entre lo que se dice y la forma en que se vive. No se trata de una cuestión moral en sentido estricto, sino de una experiencia sensible: el momento en que el cuerpo del dirigente deja de habitar el mismo mundo que el cuerpo de quienes dice representar.
En la Argentina reciente, esa fisura adquirió una densidad particular durante el ciclo conocido como la “Década Ganada”. Un proyecto que emergió como respuesta a la crisis de representación de 2001 terminó, con el paso del tiempo, por producir una nueva élite estatal, legitimada por un lenguaje nacional-popular, pero crecientemente encapsulada en formas de vida ajenas a la intemperie social que le dio origen.
El problema no fue —como suele simplificarse— la traición de ideales, sino algo más sutil y, por eso mismo, más persistente: la normalización de una disociación.
De la intemperie al despacho
Para una generación que se politizó en la resistencia al neoliberalismo de los años noventa, el estallido de diciembre de 2001 no fue solo un evento histórico: fue una experiencia formativa decisiva. Asambleas barriales, piquetes, horizontalidad, desconfianza radical hacia la política profesional. La militancia, entonces, no prometía carrera ni estabilidad; prometía desgaste, exposición y precariedad compartida.
Néstor Kirchner comprendió que esa energía no podía permanecer en estado salvaje y ofreció una traducción institucional de la rebeldía: el Estado como escenario de la transformación. Miles de militantes cruzaron el umbral de la protesta a la gestión, convencidos de que administrar el Estado era una forma superior de militancia.
Y durante un tiempo, lo fue.
El desplazamiento no se volvió problemático por el ingreso al Estado, sino por lo que ese ingreso fue produciendo en las subjetividades. La militancia dejó de ser una práctica de riesgo y pasó a funcionar, en muchos casos, como una trayectoria laboral. La épica sobrevivió en el discurso; el cuerpo, en cambio, encontró abrigo.
La lealtad como virtud política
Con la reconstrucción de la autoridad presidencial tras la crisis, se consolidó una forma específica de ejercicio del poder. La lealtad, entendida como obediencia irrestricta, se transformó en el principal capital político. No la coincidencia ideológica —que podía admitirse con matices— sino la adhesión acrítica al liderazgo y al relato.
En los organismos públicos, el técnico fue desplazado por el “cuadro político”. La capacidad de gestión cedió terreno frente a la obediencia. Señalar errores, proponer alternativas o simplemente dudar se volvió un gesto sospechoso. Quienes administraban el Estado dejaron de premiar el saber y comenzaron a recompensar la docilidad.
Esta lógica no solo deterioró la eficacia institucional; redefinió el sentido mismo de la militancia. El militante estatal ya no era quien tensionaba el poder desde adentro, sino quien lo reproducía sin fisuras. La crítica dejó de ser una forma de compromiso y pasó a ser una amenaza.
El Estado como ecosistema cerrado
A medida que esta dinámica se consolidaba, se produjo paulatinamente un proceso de endogamia política. Unidades básicas, centros culturales, medios de comunicación afines, organismos públicos se convirtieron en espacios donde la realidad circulaba filtrada, domesticada para no contradecir el relato.
La militancia traslocada a los despachos estatales, seguía “bajando al territorio”, pero ya no para escuchar, sino para explicar. La inflación, la inseguridad o el deterioro de los servicios no eran negados solo por estrategia; eran, en muchos casos, genuinamente ajenos a la experiencia cotidiana de una dirigencia protegida por sus propios privilegios.
Es en ese momento donde aparece y comienza a consolidarse lo que hoy llamamos, con notable precisión sociológica, la nueva “casta”: no solo una acumulación de cargos, sino una forma de vida. Una burbuja material y simbólica que permite sostener un discurso igualitario sin experimentar sus condiciones.
La batalla cultural como sustituto
Frente a las dificultades crecientes de la gestión material, la militancia estatalizada profundizó una estrategia que ya estaba presente: la llamada “batalla cultural”. Derechos humanos, revisionismo histórico, confrontación discursiva con medios de comunicación y poderes fácticos ocuparon el centro de la escena.
No se trata de negar la importancia de esas disputas, sino de observar su función. La batalla cultural operó como un desplazamiento: cuando la economía no respondía, el conflicto se mudaba al plano simbólico. La política se estetizaba.
Para la nueva élite militante, esta estrategia ofrecía una coartada moral perfecta. Era posible habitar barrios cerrados, consumir bienes importados y vacacionar en el exterior sin sentir contradicción alguna, siempre que el discurso permaneciera intacto. La revolución se volvía lingüística; el cuerpo, conservador.
El hartazgo y el péndulo
Toda disociación tiene un límite. Cuando la distancia entre el relato y la experiencia cotidiana se vuelve demasiado grande, el lenguaje pierde eficacia. La sociedad comenzó a percibir que la batalla cultural era un lujo de quienes tenían las necesidades básicas resueltas.
En ese vacío emergió la contraofensiva libertaria. El éxito de Milei no radica solo en sus propuestas económicas disruptivas, sino en haber señalado con crudeza esa incomodidad difusa: la sospecha de que el progresismo estatalizado se había convertido en el nuevo orden a conservar.
El concepto de “casta” funcionó porque nombró una experiencia compartida. No denunció solo corrupción, sino hipocresía. Al invertir la estética de la rebeldía, el libertarismo logró algo impensado años atrás: que la derecha apareciera como ruptura y la izquierda como sistema.
Epílogo provisorio
La tragedia de la militancia estatalizada de la “Década Ganada” no fue haber fracasado en transformar las estructuras económicas, sino en haber naturalizado una disociación que terminó vaciando de sentido su propio lenguaje y minando definitivamente su densidad ética. Cuando el igualitarismo se convierte en retórica y el privilegio en experiencia cotidiana, la consecuencia natural es el descrédito y la política pierde irremediablemente su potencia transformadora. Salir de este ciclo exige algo más que “nuevas canciones”. Exige volver a alinear discurso, cuerpo y práctica. Restituir la incomodidad como valor político. Recordar, en definitiva, que ninguna épica sobrevive demasiado tiempo cuando se la pronuncia desde un despacho climatizado mientras la intemperie sigue afuera.
• El Dr. Bruno Carpinetti es guardaparque. Se diplomó y obtuvo una maestría en ciencias en Biología de la Conservación en la Universidad de Kent, Inglaterra Completó el Diploma de postgrado en Antropología Social y política en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO
– Buenos Aires) y se Doctoró en Antropología Social por la Universidad Nacional de Misiones. Es Profesor Titular regular del área Gestión Ambiental/Ecología en la Universidad Nacional Arturo Jauretche.
27 enero 2026
26 enero 2026
25 enero 2026
PROGRAMA EL TREN DEL 20 DE ENERO DEL 2026
23 enero 2026
22 enero 2026
21 enero 2026
Se vende el increíble "Chalecito" de la Avenida 9 de Julio: cuánto vale el ícono que nació con la radio argentina
20 enero 2026
Al Capone tiene quien le escriba
19 enero 2026
17 enero 2026
16 enero 2026
15 enero 2026
PROGRAMA EL TREN DEL 13 DE ENERO DEL 2026
El martes 13 de enero del 2026, en la segunda hora se subió a EL TREN, Julián Blejmar, Magíster en Economía Política (FLACSO). Lic. Comunicación (UBA), autor de “José Ber Gelbard, la patria desde el boliche”
14 enero 2026
¿QUÉ ES LO QUE NO SE ENTIENDE?*
EL PRESUPUESTO ES LA ARQUITECTURA DEL MODELO COLONIAL
PRUEBA
FINAL POR SI TE QUEDAN DUDAS
Para
instrumentar un plan de reseteo colonial de la Argentina se necesitaba un
outsider de historia personal tumultuosa y traumática, que a lo largo de sus
cinco décadas de historia, en diversos escenarios, por distintos
contemporáneos, fue estigmatizado como “loco”. Un personaje desprovisto de
sentimientos hacia los seres humanos, sin hijos como todos sus colaboradores
íntimos, y que considera a los perros sus hijos a los que le agrega para
diferenciarlos de los humanos “de cuatro patas.” Su plan económico tiene puntos
de contacto importantes con los de Alfredo Martínez de Hoz, pero aún más
depredadores, y su cuestionamiento al número de desaparecidos es el paso
inicial de reivindicación del terrorismo de Estado que hace su vicepresidenta.
La politóloga Pilar Calveiro define en su último libro el paso de un proceso a
otro: “De matar, a dejar morir”. Lo que el Papa Francisco calificó como “la
cultura del descarte”.
Si no bastaba que el Presidente siguiendo a su referente Murray Rothbard proponía alquilar o vender hijos hasta los 18 años, de la venta de órganos humanos, o que le regalara en esta Navidad a sus Ministros un libro titulado “Defender lo indefendible” del liberticida Walter Block, publicado en 1976, en donde el trabajo esclavo o de menores es admisible siempre que se contrate libremente. Jorge Fontevecchia realizó un buen resumen en su editorial del 29-12-2025: “La obra de Walter Block es una defensa de los personajes más aberrantes de la sociedad, amparándose en que brindan un servicio que el mercado requiere. Block defiende a proxenetas, narcotraficantes, a quienes cobran dinero por hacer chantajes y la venta de órganos. Para el autor, estos personajes odiados por la sociedad no deberían ser perseguidos por la policía, porque simplemente venden lo que otros quieren comprar y, si se mantienen dentro del principio de no agresión en relación con los ataques físicos, la justicia no tiene por qué accionar contra ellos. Tampoco los padres tienen obligaciones para con sus hijos; para él, podrían dejarlos morir de hambre siempre y cuando no los agredan directamente. Para Block, la crianza que conlleva la manutención de los menores es caridad, algo que puede hacerse, pero no es obligatorio. En ese sentido, avala a quienes ponen a trabajar a menores. Las leyes de prohibición de la explotación infantil, para este autor, son nocivas para la independencia del niño.
En resumidas cuentas, no es que Block considere que estas actividades
son moralmente correctas o deseables; admite que son aberrantes, pero plantea
que no se las puede castigar y que el Estado las debe permitir porque brindan
servicios que son requeridos por consumidores. Lucrar con la enfermedad de las
adicciones, la pobreza infantil o la necesidad de mujeres y niños que deben
prostituirse son defendidas porque detrás de ello está el mercado, el núcleo
filosófico e incuestionable del pensamiento de Block y de Milei.”
Siendo
diputados Javier Milei y Victoria Villarruel votaron en contra del Programa de
Cardiopatías Congénitas con las que nacen aproximadamente 7000 niños por año en
la Argentina de los cuales cerca del 50% necesitan una o más cirugías el primer
año de vida, porque si no se mueren. El argumento posterior de Javier Milei a
su voto negativo fue: “Implicaba más presencia del Estado en la vida de los
individuos y además más gasto…Votamos en contra en función del ideario
liberal”. Desde la creación del Programa Nacional de Cardiopatías en el 2008,
la mortalidad por estas causas se redujo drásticamente”. Ahora Milei como
Presidente está desmantelando el Programa con la asfixia presupuestaria y la
desvinculación de los profesionales especializados.
El
Presidente hace juicios a quienes no lo consideran nazi pero que sostienen hay
prácticas que tienen puntos de contactos. Una madre expresó: “Lo que están
desmantelando es el derecho a la vida de nuestros hijos e hijas”. Son chicos
que si no se los trata por personal altamente especializado se los envía a la
muerte. La historia suele jugar curiosamente con ciertas coincidencias que no
significan para nada identificaciones de períodos políticos.
Con la
nueva conformación del Congreso tras el triunfo de La Libertad Avanza en las
elecciones 2025, el proyecto de ley que busca endurecer las penas contra el
maltrato animal en la Argentina podría tener un nuevo impulso. La iniciativa
que cuenta con el apoyo del presidente Javier Milei fue presentada en 2024 por
el diputado nacional del PRO, Damián Arabia, (Que ya se pasó a LLA) y se titula
“Ley Conan” en homenaje al perro del mandatario.
En 1933
Hitler anunciaba que en el nuevo régimen no se permitiría de ninguna manera la
crueldad hacia los animales, marcando el inicio del proteccionismo animal en
Alemania. Los Nazis fueron los primeros en legislar contra la vivisección,
contra la caza y a favor del bienestar animal, mientras se levantaban los
campos de concentración y exterminio que conducirían a la muerte a millones de
seres humanos. Es de conocimiento público que Hitler amaba a su perra Blondi.
(1)
“En el
diario La Nación, Jorge Liotti reveló que, en febrero de 2024, Milei dejó la
Quinta de Olivos y, pese al protocolo presidencial, se trasladó a un
departamento del centro porteño para hablar de manera confidencial con el
vicepresidente de la Corte Suprema, Carlos Rosenkrantz y reclamarle que el
máximo tribunal refrendara el DNU 70/2023
-Quiero que esto salga ya. A mí me votó la
gente.
- No nos gusta ser árbitros de la república si
no es necesario. No hablo de casos particulares. Estamos en tiempos normales
para fallar- respondió el juez.
No conformes con eso, en marzo, Caputo (Santiago)
fue hasta el cuarto piso para hablar con su titular, Horacio Rosatti, menos
querido por Milei. La audiencia formal había sido pedida por el viceministro de
Justicia, Sebastian Amerio, que conocía de dedillo los pasillos del Palacio.
-
Recibimos la peor herencia de la historia.
Venimos a dar vuelta el país. Necesitamos apoyo….apoyo al DNU y a los decretos que
vengan- soltó Caputo
-
Pero….! ¡Esto es una República! se sorprendió Rosatti ante semejante pedido de
un enviado del Presidente
-
¡Esto es la Revolución Francesa……! ¡Y yo soy
Robespierre!
-
Del libro “El Monje. La verdadera historia de
Santiago Caputo. El guionista de Milei” Pagina 202 de Maia Jastreblansky y
Manuel Jove
12-01-2026
• Publicado en La Tecl@ Eñe, Diario Registrado
·



























.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)

.png)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)