08 junio 2026

Chapadmalal y Embalse Río Tercero: dos paraísos clausurados

 

Por Alberto Petrina


29 de mayo de 2026 - Página 12

La reciente y perentoria intimación de la Agencia de Administración de Bienes del Estado a los empleados aún actuantes en la unidad turística de Chapadmalal señala un paso más en la intención manifiesta del gobierno nacional de erradicar todo atisbo de justicia social del actual léxico político argentino. Lo viene proclamando y haciendo desde el inicio mismo de su gestión, pero al arrojarse ahora sobre un emblema paradigmático del peronismo, sube su apuesta al arrasamiento de la memoria histórica del tema. Vale la pena, entonces, revivir el hilo de dicha memoria.

Las Colonias de Vacaciones de Chapadmalal y Embalse Río Tercero –junto con las Ciudades Infantil y Estudiantil y la serie de Hogares-Escuela de la Fundación Eva Perón– constituyen un registro material e inmaterial del Justicialismo, un universo conceptual fundante que reúne la influencia de la Doctrina Social de la Iglesia con la función rectora del Estado o, si se prefiere, la defensa del humanismo colectivo por encima del individualismo insolidario.

El turismo social de masas argentino tiene una fecha precisa de nacimiento: el 23 de enero de 1945, cuando la Secretaría de Trabajo y Previsión a cargo del entonces coronel Juan Domingo Perón proclama el derecho de los trabajadores a gozar de un período de vacaciones pagas mediante el Decreto N° 1.440, acto que se completará el 20 de diciembre del mismo año con la promulgación del Decreto N° 33.302/45, que establece el aguinaldo –obligatorio y en un solo pago– y el salario vital mínimo, los que serán más tarde ratificados por la Ley N° 12.921/47. Es sobre este andamiaje legal que se cimentarán los dos mayores emprendimientos de esta temática levantados hasta hoy en el país: la Colonias de Vacaciones de Chapadmalal, sobre la costa atlántica, y la de Embalse Río Tercero, en las sierras de Córdoba.

Estas obras modélicas fueron realizadas durante la gestión del general Juan Pistarini al frente del Ministerio de Obras Públicas de la Nación (1943-1952) y se convirtieron en sellos emblemáticos del Primer Plan Quinquenal y de la Fundación Eva Perón por su carácter socialmente reivindicatorio y su excelencia constructiva. Encarnaron así físicamente el propósito de convertir al turismo –hasta entonces casi exclusivamente reservado a las clases altas y medio altas– en un derecho social de toda la población del país, con especial acento en la clase trabajadora.

La Unidad Turística de Chapadmalal –cuyo nombre de origen araucano significa “corral pantanoso”– se construyó sobre tierras fiscales pertenecientes a la Provincia de Buenos Aires y otras expropiadas a la familia Martínez de Hoz. Se ubica sobre la costa atlántica, a ambos lados del arroyo homónimo, en la Ruta Interbalnearia N° 11, a 30 kilómetros de Mar del Plata y 15 kilómetros de Miramar. El complejo está constituido por 9 hoteles y 19 bungalows integrantes de la Villa Presidencial, completándose con un centro administrativo y otro asistencial, una capilla, un puesto policial, una oficina de correos, salas de espectáculos, centros de recreación infantil y un tanque-mirador. En cada quincena se renovaban los contingentes turísticos de 4.000 a 5.000 personas que poblaban las flamantes instalaciones para disfrutar de vacaciones absolutamente gratuitas.

La impronta arquitectónica del conjunto abreva en el pintoresquismo de vertiente “californiana”, pero con referencias constructivas de claro sabor local, como el empleo de la piedra Mar del Plata, que se sumará al repertorio típico del estilo: amplias galerías, paredes blancas de mampostería, techos de tejas españolas, revestimientos y celosías de madera, herrajes y artefactos de hierro forjado, etc. Párrafo aparte merece el impecable paisajismo, que otorga a Chapadmalal un excepcional valor agregado.
Pero cabe una observación extra acerca de esta corriente estilística. Aunque el pintoresquismo “californiano” comenzó a popularizarse entre nosotros en obras como el Barrio de Suboficiales Sargento Cabral o el Tortugas Country Club durante la década de 1930, será en los años 40 y 50 que se convertirá casi en una impronta arquitectónica distintiva del primer peronismo y, más concretamente, en la marca cultural específica de la Fundación Eva Perón. Esta arquitectura inspirada en el Mission Style de la antigua California colonial –libremente reinterpretado como timbre del glamour cinematográfico en las mansiones de las estrellas hollywoodenses–, sumaba a este prestigio internacional el valor agregado de la similar predilección formal que la clase alta local mostraba para sus residencias de la zona norte de la provincia de Buenos Aires, de las sierras de Córdoba o de Mar del Plata. Todo ello incidió en la voluntad personal de Evita respecto del nivel funcional y estético destinado a las obras de la Fundación, las que no debían limitarse sólo a “lo necesario”, sino buscar el plus de confort disfrutado por los sectores sociales más acomodados.

En cuanto a Embalse Río Tercero, esta localidad cordobesa debe en la práctica su existencia a los generales Juan Domingo Perón y Juan Pistarini. Es que el formidable impulso de activación económica y poblacional generado por la construcción de esta inmensa Unidad Turística –gemela del complejo bonaerense de Chapadmalal– involucró a un enorme número de técnicos y obreros y, una vez inaugurada, a un ejército de personal administrativo y de servicio.

El conjunto se ubica en un predio de 654 hectáreas situado sobre una península en la costa del Embalse del Río Tercero y está constituido por 7 hoteles con una capacidad de 2.000 personas cada uno, 34 casas y 50 bungalows. Este núcleo se completa con un embarcadero, un centro administrativo y otro asistencial, una capilla, piscinas y varios edificios auxiliares. Se destacan el tanque-mirador de 40 metros de altura –desde el que se logran vistas panorámicas del Valle de Calamuchita–, así como el espléndido paisajismo con más de 800.000 ejemplares de diversas especies ordenado y dirigido por Pistarini en persona.

El que estos dos emprendimientos ejemplares hayan sido elegidos como blancos para librar uno de los episodios de la tan mentada “batalla cultural” señala insuperablemente la atmósfera distópica que enerva todos los aspectos del actual escenario nacional, caracterizado por la renuncia militante del Estado a su rol de mediador político, económico y social. Pero esta deserción irresponsable no limita sus efectos al tiempo presente, sino que pretende borrar las huellas virtuosas del pasado, en este caso con la intención de abandonar a su suerte a dos Monumentos Históricos Nacionales reconocidos en 2013 por su calidad paisajístico-arquitectónica y su inédito aporte conceptual. Rememoremos, por fin, unas orgullosas y amargas palabras de Chateaubriand que calzan como un guante a todos aquellos que han renunciado a construir porque están dominados por la miserable pulsión de destruir: “Hay épocas en que el desprecio debe gastarse con moderación, debido al gran número de personas que lo merecen”.

Alberto Petrina es profesor consulto UBA.

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