16 noviembre 2012
14 noviembre 2012
LA MUERTE DE UN ARTISTA POPULAR
“Veo a la muerte como una hermana que ya va a venir. Sólo le temo a la humillación de la decrepitud. No le pido ni un minuto más ni un minuto menos, que venga. Eso sí, con dignidad quiero irme” le confesó al escritor Rodolfo Braceli. El periodista Horacio Verbitsky, habitualmente duro, lo despidió con una nota altamente emotiva, con el título “Adiós chiquito”. En el primer párrafo escribió: “Temía estar solo en ese momento, pero no fue así. Terminó de apagarse poco después del mediodía, tomado de la mano de los afectos más íntimos.”
De la muerte, injusta pero democrática porque iguala a todos los seres humanos, tuvo noticias a los seis o siete años cuando se murió una chica judía que era vecina. Contaba Leonardo Favio: “Yo no sabía lo que era morirse. “Era un señor todo quieto que se muere” me dijo Marina.- “Entonces te morís si te quedas quieto- le dije. Si te vas corriendo a una plaza, no te morís.” “Claro, me contestó”. Y así, durante años viví convencido que si corría, la muerte no me iba a alcanzar.”
Fuad Jorge Jury casi no conoció a su padre. Su nombre artístico lleva el apellido de su madre Laura Fabio. Su paso por el hogar EL ALBA, quedó reflejada artística y brillantemente en “Crónica de un niño sólo” de 1964. Ingresó al radioteatro de la mano de su tía, la actriz Elcira Olivera Garcés. Participó en una docena de películas como “El Secuestrador”, “El jefe”, “En la ardiente oscuridad”, “Fin de fiesta” “La mano en la trampa”, “Paula Cautiva”. Sin embargo, la que más recordaba era una en la que actuó cuando tenía 8 años y estaba en el hogar: se llamaba “Cuando en el cielo pasen lista” porque al finalizar la filmación le dieron chocolate.
Su filmografía puede dividirse en dos etapas: la primera, muy reconocida por la pequeña burguesía cultivada y la crítica especializada de la ciudad-puerto. La integran la mencionada “Crónica de un niño sólo”, “Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco y comenzó la tristeza y unas cuantas cosas más” y “El dependiente”(1969). Su segunda etapa sintonizó con los sectores populares sin perder el crédito de los sectores medios y la crítica especializada. Juan Moreira (1974) y “Nazareno Cruz y el Lobo” ( 1975) son dos de las películas más vistas en toda la historia del cine argentino. La primera con 2.400.000 personas y la segunda con el record absoluto de 4.000.000 de asistentes. Años después, en 1993, volvería con el notable éxito de Gatica, que como las otras dos anteriores expresa la zaga de los perdedores. Juan Moreira es una expresión de las injusticias del gaucho, una versión real de Martín Fierro. Había llegado a tener su rancho, un número de cabezas de ganado que le permitía vivir bien y unas cuantas hectáreas destinada al cultivo. El casamiento con Vicenta que era pretendida por el mandamás de la zona, un Teniente Alcalde conocido como Don Francisco, fue el inicio de su cambio de vida. Esa misma noche, su competidor le aplicó una multa de $500 por haber celebrado el casamiento sin su autorización. Un préstamo que le realizó al almacenero Sardetti que este negó llevó a que el Alcalde lo castigara con 48 horas de cepo. En venganza, Moreira asesinó al almacenero y luego cuando Don Francisco y cuatro soldados fueron a detenerlo mató a su enemigo y a dos soldados. Un virtuoso en el manejo del cuchillo protagonizó infinidad de duelos, y enfrentó exitosamente numerosas partidas policiales. Fue guardaespaldas de Adolfo Alsina. Dormía a la intemperie, con su perro Cacique y se dice que nunca desensillaba su caballo para poder escapar de las persecuciones. Su territorio era las ciudades de Navarro, General Las Heras, Lobos, 25 de Mayo, e incluso como Martín Fierro paso un tiempo en las tolderías del Cacique Coliqueo. Su muerte es una de las escenas más memorables en la historia del cine argentino. En abril de 1874, por orden del juez de paz de Lobos se envió 25 hombres al mando del comandante Bosch y lo rodean en ese pueblo. Moreira lucha como un poseído y justo cuando intenta saltar la pared que se interponía entre los policías y su caballo recibe del sargento Chirino un golpe de bayoneta en un pulmón. A pesar de ello Moreira dispara su trabuco que le atravesó el ojo a Chirino. Logra herir a otro soldado pero muere en medio de vómitos de sangre que Fabio inmortaliza con su exquisita sensibilidad.
Nazareno Cruz y el lobo recoge la fantasía rural que el séptimo hijo varón se convierte en lobo en las noches de luna llena. Recogía una versión radioteatral famosa de Juan Carlos Chiappe.
José María Gatica venía de la pobreza extrema y accedió al boxeo a través de las peleas callejeras para mantener su parada de lustrabotas. Sus míticos combates con Alfredo Prada dividía al público: los del ring- side alentaban a Prada y los de la popular terminaban afónicos gritando por Gatica. De los primeros recibió el apodo de Mono, descalificación que los sectores medios y altos extenderían a los obreros de las provincias etiquetados como “cabecitas negras”.
Cuando se encontró por primera vez con Perón, lo saludo con aquella frase famosa: “General, dos potencias se saludan” Fanfarrón y generoso, solía pegarle a los recuerdos desafortunados de su infancia regalándole sumas importantes a los lustrabotas. En un combate con el campeón mundial Ike Williams, no tuvo mejor ocurrencia que ofrecerle la cara lo que le costó un nocaut en el primer round. A partir de ahí su carrea se deslizó por una pendiente de la que no se repondría. Caído el peronismo al que adhirió con intensidad, la Revolución Fusiladora a través de la Asociación Argentina de boxeo lo sancionó de por vida impidiéndole seguir boxeando. Fue el retorno a la miseria y a la degradación. Su ex adversario le ofreció trabajo en su pizzería. Protagonizó algún combate de catch con Karadagían que terminó con una lesión en el tobillo de la que nunca se recuperó. Una inundación se llevó sus escasas pertenencias. Terminó vendiendo muñequitos en la cancha de Independiente. A la salida de ese estadio, posiblemente alcoholizado, cayó bajo las ruedas de un colectivo de la línea 295. Murió un 12 de noviembre de 1963, cuando apenas tenía 38 años.
Estas historias de perdedores llevadas al cine con la sensibilidad de un artista que venía de los mismos sectores sociales que los protagonistas de sus películas lo elevaron a la condición insuperable de artista profundamente popular.
Visceralmente peronista realizó un documental notable titulado “Perón: Sinfonía de un sentimiento”
El periodista Mario Wainfeld lo expresó con claridad: “Uno piensa que la marca mayor de Favio en su recorrida sobre el peronismo y, aún, la historia argentina es haber sido el gran narrador de sus epopeyas a través de personajes reales, dulcemente ficcionados: Moreira “en cierta medida” y Gatica, a todo vapor. Dos hombres no perfectos ni ejemplares, dos tipos plagados de defectos ostensibles. Mandarlos al frente como exponentes del pueblo en general y del pueblo peronista en especial, y conseguir un cuadro enternecedor, poblado de pertenencia y calidez, es una hazaña accesible a pocos, tan pocos….Favio tal vez fue el más grande director del cine de su patria. Su ausencia deja un vacío en el cine y en el cuore”
Cuando incursionó en la canción su éxito fue impactante. Para los que tenemos más de sesenta años, algunas de sus canciones han conformado la banda sonora de nuestras vidas.
DOS VISIONES OPUESTAS SOBRE FAVIO
Favio formó parte del grupo de políticos, artistas y deportistas que acompañaron a Perón en su regreso al país después de su prolongado exilio el 17 de noviembre de 1972. Ese grupo de figuras destacadas intentaban impedir un eventual atentado al avión en aquellos años donde el líder expresaba la soberanía popular proscripta.
Estuvo también en el palco desde donde se consumó la masacre de Ezeiza en el regreso definitivo de Perón, un cálido y primaveral 20 de junio de 1973. Los que estuvimos ahí, la voz de Favio desde el palco, en medio del sonido de las balas, ha quedado incorporado a esa tarde trágicamente malograda. Horacio Verbitsky escribió: “El chiquito salvó la vida de una docena de rehenes a quienes torturaban guardaespaldas descontrolados el día del regreso de Perón en 1973. Una cosa es la ideología y otra cosa la decencia”
El ensayista José Pablo Feinmann tiene otra visión. En el segundo tomo de su obra “Peronismo. Filosofía política de una persistencia argentina” (Página316) sostiene: “El tono de Favio había cambiado. Ya lo veníamos escuchando desde hacía rato. Era Favio. Ese tipo de peronista que uno no sabía por dónde andaba, que decía generalidades, dulzonerías algo bobas que incluían a todos en un Paraíso Justicialista con un dios bondadoso que era el único que podía ser, Perón. Un peronista que se empeñaba en no ver los conflictos del movimiento. Que no señalaba un solo error del pasado y menos del presente. Uno que se desvivía en cadenciosas lisonjas hacia el Líder y la compañera Evita, eterna en el alma de su pueblo. Sin embargo, el 20 de junio estaba arriba del palco, al lado de Osinde y nunca podrá convencer a nadie de tanta inocencia o ceguera: tenía que saber lo que estaba pasando. Por otra parte, esa concepción tan abarcante que del peronismo tenía nunca lo acercó a la Jotapé. En lo que podríamos llamar amablemente el pensamiento de Favio, no tenía lugar la idea del conflicto. Era un tipo extraño. Lo llevó a Cámpora a ver su Juan Moreira durante la primavera y ahí jugó de camporista. Pero nunca se lo vio en nada importante que tuviera relación con la potencia movilizadora de la Jotapé durante la campaña ni antes. Es un peronista ortodoxo. Se ve bien- lo hemos dicho- en su dilatado documental sobre Perón, que lleva ese impecable título de derecha: “Sinfonía del sentimiento”
….Es un personaje tan curioso que – luego de hacer este documental con la ayuda decidida y decisoria de Eduardo Duhalde- anda durante estos días defendiendo a la presidenta Cristina Fernández , con un buen tino desacostumbrado en él. O está despistado o cambió. Porque Cristina Fernández estaba debajo del palco el 20 de junio, Favio. No sé si usted recuerda. Y Néstor Kirchner era Lupín Kirchner y andaba con la juventud de la FURN de La Plata y se acercó al palco con la columna sur, que se les vino al humo a ustedes, los del palco, con 60.000 militantes que- al menos algunos que conozco, no tenían intención de copar nada sino de estar cerca de Perón. A esos, los que usted tenía a su lado, los ametrallaron a mansalva”
LEONARDO FAVIO Y EL KIRCHNERISMO
Su posición la expresó claramente en la edición XXIII del Festival Internacional de cine de Mar del Plata, en el 2008. Dijo entonces: "Uno la ve tan frágil, tan bonita y parece mentira que tenga esa fortaleza de titán, para enfrentar estos vendavales de mediocres, mezquinos y angurrientos, que tanto pululan. Claro que ella camina confiada, porque la custodia el amor hacia la gente que es el arma más poderosa que puede tener el ser humano. Yo le agradezco a Dios que me haya permitido ver esta etapa de mi país que nunca pensé en llegar a ver. Porque yo conocí la etapa de la primavera, cuando brotaron todas estas cosas me parecía imposible que se repitiera. Además ella va muy confiada al frente porque sabe que va rodeada de los humildes, de los que no hacen barullo, pero si tienen una capacidad muy grande de amar, y de mantener en su memoria a aquellos que nos traicionan. Yo estoy feliz, feliz. Feliz como cuando andaba de pequeño en mí pueblo desnudo corriendo en el río con mis amigos. Feliz como en esa etapa”
LA OBRA COMPLETA
Cuando la muerte y el terror irrumpió en la Argentina, Favio filmó “Soñar, soñar”, que como en la canción Utopia de Serrat había que cuidar los sueños para mejores tiempos. Con relación al notable catalán Favio sostenía: “Cada uno vuela hasta donde le dan sus alas. A mí me gustaría haber tenido el vuelo poético del Serrat de los primeros discos. Bueno llegué nada más que a Favio, pero estoy contento. Yo sé que estoy en el corazón de casi todo el mundo de habla hispana con mis canciones que son simples”
Cuando la Argentina recuperaba su capacidad de soñar, allá por el 2008 y en pleno conflicto del gobierno con las patronales del campo, hizo la remake del “Romance del Aniceto y la Francisca” con bailarines
LA MUERTE DE UN ARTISTA POPULAR
¿Viste Leonardo? Marina te mintió. Por más que uno corre la muerte nos alcanza. Ya sé que ahora corrías para ver si en tiempo suplementerio podías filmar “Mantel de hule”.
La muy canalla no te lo permitió. Más cerca de la verdad estaban aquellos encuentros tuyos con Norberto Galasso cuando éste recuerda: “Alguna vez comentamos aquello de que una vida es sólo un haz de luz entre dos noches eternas” Aunque vos íntimamente confesabas: “Cuando trato de mirarme, siento que soy el niño que alguna vez fui, sólo que más viejo. Soy tan ingenuo como entonces, tengo los mismos miedos y muchas veces me veo tan desamparado y desguarnecido como en mi infancia” Aunque a veces archivabas esa ingenuidad y decías: “Yo odio como se debe a la oligarquía”.
Parafraseando a Mario Wainfeld se puede decir: “A lo largo de toda tu existencia fuiste como un personaje incidental de una inolvidable canción, el pibe que miraba. Jamás dejaste de asombrarte con la realidad, jamás dejaste de que tus ojos no brillaran, jamás permitiste que no brillaran los de los espectadores”
Fuiste un peronista ortodoxo, por eso cantabas: “Soy soldado de mi pueblo y estoy orgulloso de mi general”. Por eso tu figura está en el cruce de caminos diseñado en los recuerdos antagónicos de Verbitsky y Feinmann.
No podremos observar los recuerdos de tu infancia en “Mantel de hule”. Premonitoriamente, esto está adelantado en tu célebre canción “Fuiste mía un verano”. Ahí dijiste: “Que otra vez será/ que otra vez será/ Tierno amanecer/ sé que nunca más.”
Todos los derechos reservados. Hugo Presman. Para publicar citar fuente.
13 noviembre 2012
10 noviembre 2012
EL DÍA DESPUÉS DEL 8 N
Reflexiones
en caliente
La
manifestación, como era previsible desde el día siguiente al 13 de septiembre,
fue importante por su número y por su distribución territorial, aunque muy
lejos de las cifras infladas de los medios dominantes y de uno de los
principales impulsores políticos como el PRO. Joaquín Morales Solá, el
editorialista estrella del diario La Nación enfervorizado hasta la desmesura,
habla de una presencia calculada entre un millón y un millón y medio de
personas. Embriagado en su entusiasmo escribió: “Nada puede compararse con lo
ocurrido ayer. La historia de las manifestaciones deberá escribirse de otra
manera de ahora en adelante.” Encerrado en su departamento del edificio
Kavanagh, el periodista mitrista demuestra que ha ido a pocas manifestaciones.
Desde otro lugar de la misma orilla, el periodista Alfredo Leuco, aquel que
llamó el lock-out campestre y sus actos masivos como “el 17 de octubre de los
pueblos del interior”, editorializó: “Ayer nació algo nuevo en la Argentina.”
Los pronósticos del periodista de Radio Continental y de Perfil, son tan
infalibles en el error como los de su mentor en sus años juveniles Victorio
Codovilla.
La manifestación
cacerolera, mayoritariamente de clase media, tuvo como la anterior una
diversidad de consignas que van desde las realmente atendibles como la
inflación y la inseguridad (en la restringida acepción periodística), la
unificadora de la re-re (en términos jurídicos abstracta porque no ha sido
propuesta oficialmente por el gobierno), hasta las disparatadas, por
infundadas, de la defensa de la libertad, la dictadura K, la libertad de
expresión o el miedo.
Otras, como
el 82% para los jubilados debería explicarse que sin una reforma del sistema
impositivo, una baja al mínimo del trabajo informal, es inviable en la actual
relación entre aportantes activos y
beneficiarios. La reforma impositiva, que no estaba como reclamo, es una de las
asignaturas pendientes del gobierno. La tormenta que desataría sería un buen
examen para observar si los jubilados beneficiados se alinearían o no con los
obligados a tributar exceptuados hasta ese momento o con aquellos a los que les
afectaría el incremento de la presión impositiva.
La
actualización de los sueldos de los trabajadores formalizados por encima de la
inflación a través de las paritarias, y el mantenimiento de las deducciones en
el impuesto a las ganancias, han llevado a la poco equitativa situación que un
número creciente de trabajadores pague el impuesto a las ganancias, reclamo que
debe ser reconocido y solucionado.
El tema de
la corrupción, usada como bandera contra los gobiernos populares -lo que no
implica de ninguna manera ignorarla-, debería llevar al gobierno a airear
algunas zonas salpicadas.
Las
concentraciones son un hecho político que nadie que se dedique al análisis
político puede omitir o ningunear.
La
manifestación del 13 de septiembre llevó a que recuperaran la voz los
ciudadanos opositores que quedaron mudos después del estruendoso triunfo de
Cristina Fernández del 23 de octubre y su diferencia abismal con una oposición
reducida a la mínima expresión. En términos
comparativos, fue una situación similar al silenciamiento que las huestes que
apoyan al gobierno, sufrieran después de la derrota legislativa por la
resolución 125 y la posterior electoral en la Provincia de Buenos Aires, cuando
su as de espada Néstor Kirchner fue derrotado por un cuatro de copas como
Francisco De Narváez. Sentían entonces muchos de los seguidores kirchneristas
que el conjunto se había evaporado, hasta que a través del programa 6-7-8
percibieron que seguían existiendo, que eran millones pero aplastados por la
ofensiva mediática, se reconocieron y salieron a la calle a expresar su
presencia y a levantar sus convicciones, al tiempo que Cristina Fernandez se
apoderaba del centro del escenario con varias medidas fundamentales, que
reafirmaron el orgullo de pertenecer al Frente para la Victoria.
Una de las
consignas enarboladas en las convocatorias revela la funcionalidad de la
manifestación con sectores económicos afectados, con prescindencia o más allá
de la intencionalidad de los manifestantes: “ Con un 8 N, no hay 7 D”.
Ciertas
pancartas volvieron a exteriorizar un odio visceral que contradicen algunos de
los reclamos de conciliación que pregonan discursivamente.
Hacen
recordar la interpretación que hacía Nacha Guevara de “La canción del odio”,
donde empiezan con loables propósitos “Libertad,
igualdad, y fraternidad/es lo que buscamos/Por eso, tomados de la mano,/con el
odio acabaremos”. Pero a medida que avanza el desarrollo de la poesía, el
propósito original se transforma en lo contrario: “Con el odio acabaremos./ En
un monte lo pondremos./Allí la multitud lo clavará en una cruz/ y cuando pida
agua,/vinagre le daremos.
Con el odio acabaremos./Con el odio acabaremos./Algún nazi encontraremos/
que le ponga una inyección /que lo convierta en jabón./ Con el odio acabaremos.
Y por si esto fuera poco/ le refregaremos bien la cara con sus mocos.
Con el odio acabaremos./ Una bomba le pondremos./ Cuatro tiros, seis granadas, diez misiles y un torpedo. /La lengua le arrancaremos/y los dientes venderemos. Con el odio acabaremos.”
Con el odio acabaremos./Con el odio acabaremos./Algún nazi encontraremos/
que le ponga una inyección /que lo convierta en jabón./ Con el odio acabaremos.
Y por si esto fuera poco/ le refregaremos bien la cara con sus mocos.
Con el odio acabaremos./ Una bomba le pondremos./ Cuatro tiros, seis granadas, diez misiles y un torpedo. /La lengua le arrancaremos/y los dientes venderemos. Con el odio acabaremos.”
Ha vuelto a
confirmarse que entre los manifestantes caceroleros y los partidos opositores
hay un bache gigantesco en cuanto que los
segundos sean la representación política de los primeros. Están huérfanos
políticamente, aunque han recibido importantes apoyos de la oposición en sus
dos eventos significativos y en el segundo un notable despliegue mediático.
En ese
aspecto, Carlos Pagni, el más incisivo de los editorialistas del establishment,
ha escrito con acierto: “Al cabo de una década,
una corriente social vuelve a las calles para manifestar su malestar. En 2001
la consigna fue "que se vayan todos". Ahora parece ser "que
aparezca alguien".
La
búsqueda de un Capriles argentino hasta ahora se ha manifestado como una tarea
infructuosa.
Mauricio
Macri en su intento de convertirse en el candidato opositor excluyente, con una
ciudad a su cargo inundada y cubierta de basura manifestó: “Me siento muy
contento, feliz. Los argentinos se movilizaron como nunca en la historia. La
gente no quiere esperar tres años más”
Como es habitual, el hijo de Franco mezcla ignorancia
histórica con inoportunidad política.
A
su vez el gobierno debe reafirmar el rumbo que le permitió hace apenas un año,
obtener su notable victoria, con la necesaria percepción política de rectificar
errores de comunicación e instrumentación, e incluir en su agenda problemas
omitidos que deben ser incorporados al discurso y afrontarlos con la misma
decisión con que se abordaron otros problemas.
Las
declaraciones inmediatamente posteriores de la presidenta y de figuras afines
al gobierno reafirman el modelo lo que
es correcto y coherente con las mayorías que la votaron hace un año, pero en otras, se transitan caminos tan desafortunados como las
aseveraciones de Abal Medina al día siguiente del caceroleo del 13 de
septiembre.
El
gobierno no debe quedarse solamente con la foto del 55%. La película es la que
hay que apuntalar. Su núcleo duro es un
35%. Lo que supera ese porcentaje es fluctuante y se deben tener políticas y
tacto político para retener, por lo menos, a la mitad de los ciudadanos que
conforman esos 20 puntos.
La
receta para retomar la iniciativa está en la misma historia de este gobierno,
que le han permitido marcar diferencias significativas con todos los gobiernos
anteriores del ciclo democrático. Es cuestión de recordar lo que se hizo en los
duros momentos posteriores a la derrota legislativa del 2008, donde está
lo mejor del ADN kirchnerista.
9-11-2012
Hugo Presman. Todos los derechos reservados. Para publicar citar fuente.
A fondo sobre la movilización contra el gobierno del 8 de noviembre
Decime una cosa 10-11-2012
Gabriel Fernandez y Hugo Presman se tomaron un cafecito en el bar de la esquina para analizar lo que ocurrió y lo que significa el 8N
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