01 noviembre 2010

A MI NO ME LO CONTARON

A mí no me lo contaron. Yo lo vi. Vi a los jóvenes con los ojos llorosos. Vi a familias con chicos haciendo colas de más de treinta cuadras que surcaban la geografía del microcentro como una víbora interminable. A mí no me lo contaron. En ese universo abigarrado no había el desprecio que los bien comidos tienen de las concentraciones populares. No había panchos ni coca. Había dolor. Ojos llorosos. Lágrimas que no se alquilan ni se negocian. Todo bajo un sol fuerte de primavera camino al verano. A mí no me lo contaron. Vi gente muy bien vestida y gente humilde. Vi viejos, mujeres grandes y gente en sillas de ruedas. Vi la necesidad de rendir un homenaje a alguien en quien creyeron o a quien terminaron queriendo. Vi la necesidad de rodear a Cristina para que siga adelante. Vi la Argentina ocultada por los medios. Volví a recordar aquella frase memorable de Raúl Scalabrini Ortiz: “Es el subsuelo de la patria sublevada.”  Vi a gente humilde, esa que exterioriza su pobreza en la ausencia de piezas dentales o en la inexistencia de anteojos y recordé las palabras del padre Eduardo De la Serna que dijo: “Los pobres están de luto” A mí no me lo contaron. Vi la alegría de continuar la lucha en medio de la tristeza. Observé  en reiterados carteles dos frases que sintetizan el espíritu de la presencia multitudinaria: “Néstor con Perón. El pueblo con Cristina.” Vi a muchos que retornaron al país después de ser corridos por la crisis del 2001.
A mí no me lo contaron. Yo los vi. Una presencia juvenil predominante. Muchachos que se enamoran de la política, el instrumento fundamental para cambiar las sociedades.  Vi las columnas de los sindicatos con predominio de los camioneros. Vi militantes. A mí no me lo contaron. Como cuando murió Perón. Yo los vi. Un dolor infinito. Una incertidumbre gigantesca. Situaciones distintas pero enlazadas por un mar de lágrimas. Un puente de gratitud en el momento de la muerte, como una boca de urna anticipando el escrutinio que en estos casos es el veredicto histórico.
El analista político debe desmenuzar el presente con la perspectiva histórica. Si no lo hace así, queda preso de las anécdotas y del microclima.
Este 28 de octubre lo que sucedió en la Plaza no me lo contaron. Yo lo vi. Tengo en la retina del disco rígido cerebral imágenes que me confirman que cuando uno apoya críticamente procesos de cambio no se equivoca. Aunque esos procesos vengan mezclados con los lodos y las impurezas de la vida. Con contradicciones y suciedades.  Siempre que uno ponga sus ideas en consonancia con los sectores populares, conocerá mucho más derrotas que victorias. Pero siempre tendrá la satisfacción y alegría de haber luchado; y como decía John William Cook: “Sólo ganan batallas los que están en ellas.”
Frase que se entronca con aquella de  “ La única batalla que se pierde es la que se abandona”   de las Madres de Plaza de Mayo, que también las vi desoladas pero combativas como siempre.
A mí no me lo contaron Yo estuve allí. Con los ojos nublados por las lágrimas. Viendo al pueblo hacer siete horas o más de cola para darle un adiós a ese flaco que prometió no dejar sus convicciones en la puerta de la Casa Rosada. El que en el primer discurso dijo “Vengo a proponerles un sueño” El que afirmó que los sectores económicos estaban acostumbrados a tener al presidente como gerente. El que puso su salud, en una actitud suicida, al servicio de cumplir con esos  objetivos. Su vida se consumió antes que se cumplieran muchos de ellos. Por eso, por lo que hizo, el pueblo hizo cola para pasar ante su féretro.
A mí no me lo contaron. Yo estuve ahí. Viernes 29 de octubre. La 9 de  Julio y Córdoba. 12 horas. La lluvia cae incesantemente. Es la misma escenografía inclemente de aquellos días del julio invernal de 1974 cuando el cortejo fúnebre de Perón avanzaba por la avenida Callao. Estoy rodeado de jóvenes. A dos pasos de distancia Julio Piumato, el dirigente de los judiciales, mojándose como todos. Hay cánticos contra Cobos, se entona la  marcha peronista, se espera ansiosamente el paso de la caravana fúnebre.
A mí no me lo contaron. Yo estuve ahí. Y vi entre tantas exteriorizaciones de dolor a un joven morocho de alrededor de 25 años, con el rostro demudado y por sobre cuyos hombros una piba rubia de la misma edad  sacaba fotografías. Parecía una postal de la unión tan deseada y siempre postergada de la clase obrera y la clase media. Cuando pasó el cortejo ese rostro moreno se convirtió en un alarido que gritaba: “Gracias Néstor”
No me lo contaron. Yo lo vi. Una multitud que agradecía la parte del sueño cumplido y la esperanza de ir por el resto. El increíble recorrido de pasar del trueque, de la multiplicidad de monedas, de la propuesta de dolarización y de banca off-shore, de las esperas de mucha gente para comer de las basuras de los restaurantes, de la iniciativa que la administración del país quedara a cargo de  un comité de expertos extranjeros, de las noches pobladas por un ejército de cartoneros, del 54% de pobres e indigentes, de los ahorristas puteando a los bancos, esas catedrales del neoliberalismo que los habían estafado, a discutir la participación de los trabajadores en las utilidades de las empresas. Cuando Ezeiza era sólo una salida y no como ahora una entrada a un país que se recupera. Con mucha gente agradeciendo que le hayan tirado un bote para ser recogidos del mar de indignidad de los noventa y el naufragio del 2001. Aferrados a una esperanza y no huyendo de una decepción. Lo escribió el rabino Daniel Goldman: “Y a mí que no me la cuenten, ya que el inicio del siglo me sorprendió dirigiendo el comedor popular de mi congregación en el que no dábamos abasto” Y luego continúa  citando al padre Eduardo de la Serna: “No hay mejor termómetro que su trabajo en la villa. Salir del hambre cotidiano, ver que los pibes desayunen leche todas las mañanas y que vayan a la escuela, redignifica la identidad que se entrama en la trilogía de memoria, verdad y justicia, la cual indefectiblemente otorga esperanza al futuro y despierta una nueva dimensión en la joven generación, a la que no le empieza a pasar la política por el costado.” O como bien dice el periodista y escritor Jorge Fernández Díaz en una nota inusual en La Nación: “Los más pobres, que son tradicionalmente peronistas, llegaron del conurbano bonaerense y de las barriadas más humildes de la Capital para abrazar el fantasma de quien más les había dado. El crac de 2001 puso a esas clases pauperizadas al borde de la inanición y la sola comparación del antes y el después explica la valoración que existía sobre el presidente del Partido Justicialista…… El 80% de los hombres que habitan las villas miseria son honestos albañiles bendecidos por el boom de la construcción y la obra pública. Los encuestadores dicen que, en todo este grupo, la imagen positiva de los Kirchner crece un 20% por encima de la media. No hay prácticamente ningún otro grupo político que trabaje en esas clases sociales. El peronismo está solo militando en el barro, mientras el resto de los partidos duerme el confortable sueño de la clase media.”  
Y aunque parezca de ciencia-ficción, desde el diario Clarín Julio Blanck, uno de los columnistas que más lo castigó al Kirchner vivo, escribió cuando estuvo muerto: “ Néstor Kirchner fue un buen presidente que debió atravesar un tiempo saturado de peligros” ( Clarín 28-10-2010 página 11)

Beatriz Sarlo, la más inteligente intelectual del establishment, escribió una nota digna de su talento, lamentablemente muchas veces enterrado en las necesidades de los medios hegemónicos en los que escribe. Ahí se puede leer: “Con la intensidad de la evocación marcada por una proximidad que comprendo más, pensé en quienes lo admiraron y creyeron que fue el presidente que llegó para darle a la política su sentido. Recordé a Kirchner en el Chaco, en marzo de este año, y un día después en el acto de Ferro, con la cancha repleta, donde se mezclaban los contingentes de los barrios bonaerenses, las familias completas, las barritas con los bombos, los viejos y los niños, con las clases medias que llegaban sueltas o débilmente organizadas. Lo recordé abrazándose a los chicos de un barrio pobre del Gran Buenos Aires, donde aterrizó su helicóptero, bajó corriendo y empezó a caminar como si llegara tarde a una cita. Se movía por las calles de tierra y cascotes como quien siente que la vida verdadera está en esos contactos físicos, abrazos rápidos pero vigorosos, tironeos, gritos; los chicos lo seguían como una nube, jugando; era fácil tocarlo, como si no existiera una custodia que, sin embargo, trataba de rodearlo mientras todo el mundo se sacaba fotos.  A fines del siglo XX nada anunciaba que la disputa por ocupar el lugar del progresismo iba a interesar nuevamente salvo a los intelectuales o a los pequeños partidos de izquierda. Kirchner introdujo una novedad que le daba también su nuevo rostro: se proclamó heredero de los ideales de los años setenta (al principio agregó "no de sus errores")…….Su gesto inaugural, el mismo día de la asunción, fue hundirse en la masa que lo recibía, como si ese contacto físico provocara una transferencia……. Pensé entonces en las escenas que, pese a ser una opositora, me había tocado vivir. En las escenas de masas, donde no hay sólo acciones que se aprueban o se critican, se percibe un más allá de la política que la convierte en experiencia y en alimento sensible. Kirchner, un duro, gozaba con esa afectividad intensa que a sus ojos seguramente refrendaba el pacto peronista con el pueblo. Pero no pensé sólo en esos cientos de jornadas en que Kirchner había pisado la tierra o los lodazales de los barrios marginados, donde era recibido con una alegría que superaba la gestión de los caudillos locales, porque alguien, un presidente, llegaba a ese confín donde vivían ellos, unos miserables.” La pregunta que cabe es- Beatriz ¿Había que esperar a que muera para hacer este reconocimiento? ¿Cuántas veces habrás escuchado la canción de Serrat “No esperes”? Te la recuerdo: “No esperes que un hombre muera/para saber que todo corre peligro,/ni a que te cuenten los libros/lo que están tramando ahí fuera.”……No esperes de ningún modo/ que se dignen consentir/ tu acceso al porvenir/ los que hoy arrasan con todo.” Lo que “se está tramando ahí afuera y los que hoy arrasan con todo” son, entre otros, los medios hegemónicos que recogen tus notas.
Hay infinidad de hipotecas pendientes de levantar. De esas consumadas en los años de demolición y remate. Esa es la parte de la pesadilla que falta transformar en un sueño cumplido. Tal vez por eso, el pueblo bajo la lluvia cantaba: “Che gorila, che gorila/ no te lo decimos más/ si la tocan a Cristina/ que quilombo se va a armar.

No me lo contaron. Yo lo vi. Estuve ahí.
Cuando el cortejo se perdió en el horizonte en busca del Aeroparque, la multitud recogió su dolor y empezó a desconcentrarse, en el silencio del que surgió; sobre el Obelisco muchos alcanzamos a ver una imagen alta y delgada, de nariz prominente, ojos saltones, saco cruzado desabrochado, los clásicos mocasines, una birome en la mano y con su particular seseo nos decía, después de aclarar que el texto que quería dejarnos era de un compañero desaparecido llamado Joaquín Enrique Areta: “Quisiera que me recuerden/sin llorar, ni lamentarme,/quisiera que me recuerden/por haber hecho caminos/por haber marcado un rumbo/porque emocioné su alma,/porque se sintieron queridos/protegidos y ayudados./Porque nunca los dejé solos/
porque interpreté sus ansias/porque canalicé su amor./Quisiera que me recuerden/
junto a la risa de los felices/la seguridad de los justos,/el sufrimiento de los humildes./
Quisiera que me recuerden/con piedad por mis errores,/con comprensión por mis debilidades/con cariño por mis virtudes./Si no es así prefiero el olvido./Que será el más duro castigo/por no cumplir mi deber de hombre.”

 



31-10-2010
TODOS LOS LOS DERECHOS RESERVADOS . Hugo Presman.   Para publicar citar la fuente

27 octubre 2010

Néstor Kirchner


Murió un luchador. El hombre que recuperó el valor de la palabra política. El que la rescató como instrumento insuperable para transformar la sociedad.  El que decidió rescatar la dignidad nacional rematada en la segunda década infame. El que asumió la presidencia con apenas el 22% de los votos y con el país sumido en las consecuencias pavorosas de la peor crisis de su historia.  El que negoció la deuda externa con una quita que la sociedad en sus sectores mayoritarios consideraba imposible. El que recuperó una economía arrasada. El que rompió con las supervisiones periódicas del FMI y denostó sus indicaciones que desde 1956  aprisionaban al país y lo conducían al suicidio. El que se enfrentó con diferentes corporaciones, como prerrequisito para diseñar otro país. El que acudió para que accedieran a la jubilación los desamparados de las AFJP y del neoliberalismo.  El que siguiendo el legado de los próceres de la independencia  tuvo un proyecto latinoamaericano, coronado con la presidencia de la UNASUR. El que le dijo no al ALCA cuando visitó el país el presidente George Bush. El que le abrió las puertas de la Casa Rosada a las organizaciones sociales y a los organismos de derechos humanos. El que consiguió que la economía se subordinara a la política. El que recuperó el peso de la clase obrera devolviendo parte de la legislación laboral arrasada, las convenciones colectivas, las paritarias. El que trató de ponerle un freno al mercado recuperando parte del poder del Estado. El que continúo con el juzgamiento de los horrores del pasado, después de conseguir que se anularan las leyes de obediencia debida y punto final.  El que auspició y concretó una Suprema Corte impecable. El que dispuso como política de estado no reprimir la protesta social. El que no temió enfrentarse a la Iglesia retardaría ni a las tapas de Clarín.  

Murió un militante. Con la carga de grandeza que la palabra implica y que fue devaluada tantas veces desde la antipolítica.  Que ocupó un lugar por momentos desproporcionado en la presidencia de su mujer con la que constituyeron una sociedad política, denostada por la oposición, los sectores económicos y el periodismo hegemónico con su prédica canallesca: esos que hablaban del matrimonio presidencial, el jefe de la jefa de estado o el ex presidente en ejercicio de la presidencia. Murió un militante. El que acompañó solidariamente a Cristina Fernández en los hitos de su presidencia: la resolución 125 que enfrentó al gobierno con las patronales del campo, la estatización de Aerolíneas y de las AFJP, la asignación por hijo, el matrimonio igualitario, la ley de medios audiovisuales y Papel Prensa que lo enfrentó con los grupos mediáticos mayoritarios.
Murió Néstor Kirchner, al que puede aplicarse aquella frase de John William Cooke: “Sólo ganan batallas los que están en ellas”
El presidente que volvió a ilusionar a muchos jóvenes que no eran seducidos por la política y que cumplió en gran medida su promesa inicial: “No dejare mis convicciones en la puerta de la casa de gobierno”

Murió un hombre que consagró su vida a la política con una enorme pasión. Incluso algunos de los puntos negros de su vida como su vocación y hasta gula  hacia la riqueza lo hizo como instrumento para la carrera política. Forman parte de su pasivo, la intención de maquillar con heroicidad etapas de un pasado que carecían de esos atributos, manejos poco claro como los famosos fondos de Santa Cruz, algunas franjas de corrupción en su gobierno, la tendencia a imponer antes que a persuadir.
Fanático de Racing, con fuertes dosis de arbitrariedad, los hechos notables que consumó y sus discursos desafiantes y certeros dividieron a una sociedad argentina con apoyos populares  y con odios viscerales. Muchas de las páginas escritas por el denominado periodismo “independiente” y  hechos y declaraciones de una oposición con reminiscencias del primer centenario y del menemismo, pueden inscribirse en una antología de las páginas que compitan con las más miserables de la historia argentina. La alegría encubierta o manifiesta  de los sectores económicos y de sus voceros políticos y periodísticos en los dos accidentes cardíacos anteriores, recordaron los brindis indignos que se hicieron en ocasión de la muerte de Evita.         
El kirchnerismo (denominando de esa forma el período 2003-2011) fue en muchos aspectos  una ruptura importante con la década del noventa que le costó sufrir una obstrucción empedernida de los sectores afectados, y en otros aspectos una continuismo por el cual padecía las críticas de una izquierda y centroizquierda, que al no percibir las diferencias con lo que se dejaba atrás, terminó siendo funcional a los que sangran por las heridas.
Los  gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández, con sus más y con sus menos, son los mejores que ha conocido el país, junto con los de Yrigoyen y Perón en el siglo XX y XXI. Fue en ese sentido también, el más peronista de los gobiernos que usaron esa denominación. Los que no lo reconocieron desde sus propias filas como tales, son aquellos que nunca dejaron de ser menemistas, esa excrecencia del justicialismo. Los que no se equivocaron fueron los que siempre se opusieron a los gobiernos populares, los que invocan sus defectos pero lo atacan por sus virtudes.

Murió Néstor Kirchner. Con sus dosis de omnipotencia que lo llevaron a minimizar su segunda crisis cardíaca, que no tenía la gravedad que los buitres le atribuían, pero que necesitaba un período de tranquilidad que el ex presidente desechó con una vocación política suicida.

Murió Néstor Kirchner, cuando solo tenía 60  años  en un luminoso día de primavera, feriado por el censo, cuya realización fue cuestionada por sectores de la oposición y de medios capaces de exteriorizar sin pudores sus miserias más profundas.      
Su muerte abre un interrogante sobre la sostenibilidad de los avances concretados. Los déficits en la construcción política organizativa, una de sus limitaciones, incrementa la magnitud de la incertidumbre. Afortunadamente se encuentra en el ejercicio de la Presidencia de la Nación un cuadro político de envergadura que deberá remontar la soledad personal  y el vacío de tamaña ausencia.  
Ya se puede observar y escuchar que aquellos que lo combatieron hasta la descalificación extrema, encuentran en el Kirchner muerto las virtudes que le negaron cuando era el actor vivo excluyente.
Tal vez convenga adecuar ligeramente las líneas que Rodolfo Walsh escribió en la portada del diario Noticias por la muerte de Perón, bajo el título DOLOR: “El ex presidente Néstor Kirchner, figura central de la política argentina de la última década,  murió hoy a las 9,15  horas. En la conciencia de millones de hombres y mujeres, la noticia tardará en volverse tolerable. Más allá de la lucha política que lo envolvió, la Argentina llora a un político excepcional.”



27-10-2010
TODOS LOS LOS DERECHOS RESERVADOS . Hugo Presman.   Para publicar citar la fuente

22 octubre 2010

CARTA ABIERTA A JORGE LANATA


Hace varios días que he estado dando vueltas con la intención de escribirte. Lo hago sin otra autoridad que el haberte abierto mi casa para que entraras en forma de voz ( la radio, con programas como Hora 25, Lanata AM), la imagen ( televisión, Día D, Después De Todo), la prensa escrita (Página 12, Crítica, Revista XXI, XXII, XXIII), libros (Cortinas de Humo, La guerra de las Piedras,  Polaroids, Historia de Teller, Argentinos, ADN, Hora 25, Muertos de amor) y varios documentales que realizaste. En una oportunidad fui al programa de radio que hacías en  la Rock and Pop, para ver cómo trabajabas. Soy un oyente radial veterano, de más de sesenta años, y recién hace 12 pude darme el gusto de conducir y coconducir programas de radio. Fui periodista siempre, aunque no ejercía profesionalmente ocupado en la militancia universitaria y política, en la docencia universitaria y en las actividades inherentes al contador público.
Muchas veces he dicho ante el micrófono que fuiste uno de los periodistas más originales en las últimas tres décadas. Innovaste en Página 12, en día D, hiciste un buen programa como Hora 25,  y  algunas cosas recordables de fuerte impacto en la revista XXI como  el agujero en la tapa en uno de sus primeros números. No me olvido de una actitud tuya valiente e inusual como la denuncia por irregularidades de una empresa que publicitaba en tu programa. 
Recuerdo reportajes que mantenían en vilo al televidente como el que le realizaste a Cecilia Felgueras que codirigía el Pami durante la Alianza, al dirigente sindical Luis Barrionuevo, al periodista Mariano Grondona
Desde que volviste a la televisión en Canal 26- también lo dije al aire- te he notado en una versión light, como si estuvieras aburrido; o debido a que la situación que vive el país con importantes debates, incluido el papel del periodismo, te ha dejado en posición adelantada. Como si una situación esperanzadora aquí y en unos cuantos países de América Latina te dejara en off-side. Como si a los cincuenta años hubieras envejecido exponencialmente. Tal vez el empresario periodístico se comió al periodista, igual que algunos sindicalistas gordos que en su juventud fueron combativos. ¿Habrá también una conceptualización que llegue a calificar de periodistas gordos a aquellos que decidieron arrumbar sus sueños y sucumbieron al reconocimiento del establishment?     
Aquel periodista ingenioso se ha transformado en alguien que se plagia mal a sí mismo. Ya había pasado con Crítica que fue una versión menor, muy desmejorada, de la mejor Página 12. Tus reportajes actuales son conversaciones sin repreguntas. Acostumbrado al éxito, transitas  un periodo de reiterados fracasos, como Critica, el teatro de revistas, la escasa repercusión de DDT (Después de Todo). Será por eso o tal vez porque el escenario político no te sienta cómodo que has perdido los estribos. Y entonces empezás a derrapar mal.
Declarás “Me tienen harto con la dictadura”, justamente a  vos que en Página 12 hiciste un emblema de la lucha por verdad y justicia para esclarecer a las aberraciones perpetradas por el terrorismo de estado y sentar en el banquillo de los acusados a los asesinos. En ese editorial dijiste entre otras cosas: “Quiero pensar tranquilo. Déjenme pensar tranquilo…..Hay cosas que estoy de acuerdo con Clarín y en otras estoy de acuerdo con el gobierno….En Argentina no se puede hablar. Sos una cosa u otra ….La pelea con Clarín no es una pelea ideológica, es una pelea por negocios ”
 ¿Sabés lo que me llama la atención Jorge? Que a pesar de que sos un divulgador histórico, no entiendas que siempre y especialmente en las coyunturas decisivas está lo principal y lo secundario. En el caso de Papel Prensa (que en la revista Noticias afirmás “que no le importa a nadie y encima con pruebas falsas”) lo fundamental es terminar con el monopolio. Lo secundario son las intenciones, que no es el campo de un analista político sino del  psicoanálisis. En la página 402 del tomo 2 de “Argentinos” escribiste: “La historia de Papel Prensa es el sueño de cualquier editor: un monopolio de papel barato.” Resulta contradictorio que  cuando se está librando el combate para revertir situaciones anómalas que vos denunciaste pero obviamente no tenías poder para modificarlo, ahora te entran las dudas. En el modelo lanatacéntrico las cosas son importantes si caen bajo tu interés y dejan de tenerlas cuando la enarbolan otros. Hacés afirmaciones categóricas como “pruebas falsas” y no aportás una sola prueba que avale tu aseveración.   Buscás en la realidad procesos cristalinos. No los hay. Tampoco en la historia, que es la política del pasado como la política es la historia del presente. Tu posición me parece similar al que entra al Vaticano, se para frente a La Piedad de Miguel Ángel y en lugar de admirar la fenomenal escultura, se concentra en la mosca posada sobre la cara de Jesús. Y después sale hablando de la mosca. O en tu estilo conforme a tu escala de prioridades, denunciando que el artista se quedó con un vuelto cuando compró el mármol en Carrara. 
Ya cumpliste cincuenta años y es hora que entiendas que una posición ideológica expresa siempre intereses económicos. Un filósofo que sabía de esto, un tal Carlos Marx sostenía: “En la historia como en la naturaleza, la podredumbre es el laboratorio de la vida”
No estamos viviendo una revolución. Apenas- pero para una Argentina arrasada parece revolucionario - un intento de desarrollo capitalista con recuperación de algunos resortes económicos, una mayor presencia del Estado, un mayor control sobre el mercado y  poner en caja algunas corporaciones mientras se favorecen y desarrollan a algunos sectores económicos. Recuperación de la influencia de los sectores sindicalizados y mejoría en las leyes que regulan el trabajo. Predominio de la política sobre la economía. Política exterior latinoamericana con logros como la UNASUR y el no al ALCA. Apenas algunos de los avances concretados. El kirchnerismo tiene continuidades y rupturas con la década infame de los noventa. Por sus rupturas recibe críticas despiadadas del establishment y sus voceros mediáticos. Y por sus continuidades se los crítica desde sectores de izquierda, que según como se ubiquen ayudan a intentar profundizar lo existente o son funcionales al poder económico afectado. Olvidan una vieja frase de Armando Tejada Gómez: “Como el mundo es redondo, si uno se corre mucho a la izquierda, termina abrazado a la derecha”
¿Preguntás por qué ahora se hace esto? La respuesta sería: ¿Por qué no ahora? Si el gobierno avanza en algo que siempre propusiste, no te quedes al costado del camino como un moderno Hamlet sumido en dudas existenciales. Conservá la distancia crítica que te parezca. Pero esa equidistancia debe ser simétrica, tanto en relación al gobierno como del poder económico. Si no tu planteo es tan tramposo como tu reiteración que “la presidenta habló una hora y media, por cadena nacional, de algo que pasó hace 34 años”. Presentó el informe elaborado sobre Papel Prensa ¿ de qué querés que hable? Parecés esos oyentes de radio que cuando uno trata un tema, por ejemplo  la pobreza, llaman diciendo por qué  no se habla  hoy de la inseguridad o la situación de los jubilados, temas tal vez analizados la semana anterior. Demagógicamente preguntaste: ¿Habló del hambre, de la educación, de la inseguridad? Y repetís, con la insistencia que le criticas a 6-7-8: “Ayer la presidenta habló una hora y treinta de Papel Prensa. En todo lo demás nos va como la puta madre. Habló  de algo que pasó hace 34 años cuando hoy y ayer se mueren chicos de hambre.”
Disculpá Jorge pero tu amiga Mirtha Legrand no lo hubiera hecho mejor. Si la misma que te elogia en sus almuerzos en donde sos invitado en soledad y le retribuís su admiración con toneladas de miel hacia su persona dedicándole un libro con la leyenda: “ Para la Chiqui que es una grande. Con cariño y admiración. Jorge”. Permitime que te lo diga, pero al antiguo transgresor progre parece que lo has jubilado. O tal vez coincidas con Elisa Carrió, la que te ofreció ser candidato a jefe de la ciudad de Buenos Aires, quien en otro encuentro gastronómico dijo que la diva manducadora era la mejor periodista argentina.               
Parece increíble que en la contienda sobre la ley de medios, creas que Clarín es el más débil. Es tan endeble el multimedio que la ley recién se podrá aplicar integralmente, según quien gane el próximo gobierno o será archivada para siempre. Es un grupo hegemónico tan anoréxico que puede escamotear durante años y años una prueba de ADN de los hijos adoptados irregularmente por Ernestina Herrera de Noble.
Dijiste: “No le creo (a los Kirchner) su preocupación por los derechos humanos porque además compraron los organismos de derechos humanos.” Coincido con vos que los Kirchner no se preocuparon por el tema hasta que primero Néstor y luego Cristina llegaron a la presidencia. Por convicción tardía u oportunismo cambiaron. Vuelvo a decirte: el análisis político considera hechos no intenciones. Si hubieras vivido en 1810/1811  habrías criticado el Plan Secreto de Operaciones de Mariano Moreno porque en 1809 escribió La Representación de los Hacendados que era su antítesis. ¿Que le pasó a Mariano Moreno? te hubieras preguntado. Y te hubieras quedado en el palco mirando cómo se definía la suerte de lo iniciado en 1810. Adoptás la misma posición de los socialistas que se mostraban incómodos y hasta llegaban a votar en contra ante  la ejecución de algunos de sus proyectos por Perón o como Victoria Ocampo que luchaba por el voto femenino pero se opuso cuando lo concretó Eva Perón. Como decía Hipólito Yrigoyen “esas son patéticas miserabilidades”  
 Decís que compraron a los organismos de derechos humanos. Es una acusación por lo menos aventurada  que sabés que no podes probar. Si Hebe, Nora, o Estela afirmarían que vos decís lo que decís porque querés quedar bien con Clarín ¿como reaccionarías? Tal vez con la crispación adjetivadora de tus declaraciones a la revista Noticias.
 En mi opinión, Abuelas y un sector de las  Madres, encontraron después de muchos años de adversidad, donde vos las apoyaste y acompañaste, pero no los gobiernos, un lugar donde fueron comprendidas y reconocidas por el oficialismo.
¿Cuál es el derecho que te asiste de colocarte a la izquierda del dolor de los familiares de las víctimas?  Elsa Oesterheld a la que le desaparecieron su esposo y sus cuatro hijas le dijo a la presidenta en la Feria del Libro de Frankfurt: “Yo que creí estar muerta y hoy vuelvo a tener esperanzas.” Solidarizarse y haber luchado y seguir luchando por verdad y justicia de una tragedia argentina es justo y lógico. Sobreactuar el dolor por encima de las víctimas ronda el grotesco. Me imagino que te debe sacudir hasta las vísceras cuando Estela de Carlotto dice que “ Lanata está del tomate” o “ que tus declaraciones son de un papanata.” ¿No sería bueno que incorpores el comentario de los más directamente afectados por el terrorismo de estado, reflexionando en dónde has quedado ubicado?  Tal vez te ayude en tu deseo de pensar tranquilo.
También sostenés que “somos el hazmerreir en el exterior” Osvaldo Bayer, un crítico duro, insobornable, a quién vos llevaste a Página 12, le dijo al diario Tiempo Argentino en relación a la Feria del Libro de Frankfurt: “Hace diez años nadie imaginaba que la Argentina sería la invitada de honor” ( 8-10-2010 página 35)   
En la revista Noticias insistís: “El kirchnerismo usó y prostituyó los derechos humanos…por un lado parte de los organismos se vendieron y por otro lado el gobierno los usó o ellos se dejaron usar. Es una mezcla de todo” Cuando uno formula este tipo de afirmaciones, es conveniente observar quiénes aplauden y quiénes critican. Si alguien propone la reforma agraria y recibe el aplauso de la Sociedad Rural, es obvio que el que está equivocado es el que la propone y no quienes la aplauden. Uno de los nietos recuperados ha afirmado que cuando te veía el apropiador quería que apague la tele y ahora está seguro que te aplaudiría.
“Hay mucha mentira alrededor de los setenta y me hartó. Me lo fui bancando durante muchos años, pero finalmente cuando los setenta llegan al poder, como hoy, y piensan la política de la misma manera en lo que hacían hace 40 años tenemos que hacer algo porque si no todo va a volver al mismo quilombo. Porque nada te garantiza que cuatro forros no vayan a agarrar los fierros y armar quilombo otra vez” Parece mentira que manejes un análisis tan superficial. Ni los tiempos son comparables ni las situaciones. Por una cuestión de edad a los setenta los leíste o te lo contaron. Por las mismas razones fui testigo y protagonista secundario de aquella etapa. La mal llamada Revolución Argentina había radicalizado y nacionalizado a la pequeña burguesía descubriendo las potencialidades del peronismo, incluso sobrevalorando las mismas. La sociedad en sus sectores mayoritarios hablaba y proponía como mínimo un capitalismo de estado y como máximo el socialismo. El Cordobazo implicó un hito en  un sostenido avance de las masas. Surgieron  organizaciones armadas que tenían justificativo- más allá que no estaba de acuerdo con la  metodología- por la proscripción de las mayorías populares personificada en Perón exiliado. En general en los sectores radicalizados y en los revolucionarios se sentía desprecio por la democracia a la que se consideraba formal. El retorno de Perón fue una épica nacida en la resistencia y concretada en los setenta. Las organizaciones armadas perdieron su justificación a partir del 11 de marzo de 1973. ¿ Encontrás alguna semejanza con la actualidad para hacer una comparación tan liviana?
 El terrorismo de estado con sus horrores  ha sepultado bajo una lápida la posibilidad de discutir los grandes errores cometidos las organizaciones armadas. Ese es un debate pendiente que vos querés cancelar simplemente por una cuestión de hartazgo.
Decís ahora: “pero finalmente cuando los setenta llegan al poder”. Te olvidás de lo que escribiste hace apenas hace poco tiempo: “En esos años Kirchner militó en agrupaciones vinculadas a la Juventud Peronista pero- contra el mito que se sostiene hoy- nunca formó parte de la Tendencia Revolucionaria ( agrupación de superficie del movimiento guerrillero) ni de Montoneros” ( Página 119 de tu libro Hora 25, impreso en octubre del 2008)  
Impacta esa mezcla de superficialidad, enojo y desenfreno verbal. Etiquetás a 6-7-8 como “ un grupo de tareas”. Calificar un programa de televisión como un grupo de tareas además de ser una banalización lamentable, está en la misma línea de Elisa Carrió que consideró que el  kirchnerismo es el nazismo sin campos de concentración. Respondés a críticas conceptuales con adjetivaciones descalificatorias como “rata”, mientras tu originalidad se ha reducido a llevar un cerdo al estudio y tus análisis naufragan en la superficie de las cosas. Considerás dos veces como excelente un artículo que “casualmente” publican el mismo día (miércoles 6-10-2010) La Nacíón y Clarín titulado “Maradona como metáfora argentina”, recogido de El País de España, cuya autoría es de John Carlín y Carlos Pierini. Pensar que esa retahíla de lugares comunes del pensamiento colonizador y de sus seguidores colonizados encuentra el origen de la decadencia en los “gobiernos populistas, corruptos e incompetentes” y en la añoranza de la Argentina “granero del mundo”. No es casual tampoco que el editorial de La Nación del 10 de octubre dice con respecto a la mencionada nota: “la repercusión general   se explica por haber dado en el centro de las razones coaligadas en la disparatada caída que la Argentina viene sufriendo en relación con el concierto mundial de naciones”
En Argentinos tomo II, en la bibliografía que mencionás como consultada figuran tres libros de Arturo Jauretche. Parece que no los leíste o si lo hiciste no lo entendiste.
Tus posiciones actuales le inspirarían un nuevo capítulo de su Manual de Zonceras. El “izquierdista, divulgador histórico” coincidiendo con el diario cuyo fundador escribió la falsificada historia oficial, en dos de sus caballitos de batalla: la añoranza de la Argentina pastoril del primer centenario y el populismo como causante de la decadencia argentina.
 
EL LANATISMO, ENFERMEDAD INFANTIL DEL PERIODISMO 
Salgo de la carta por algunas líneas. Un pequeño paréntesis. El periodismo de los setenta fue militante. No escondía cuál era su posición ideológica. No está mal esa posición siempre que surja claramente desde qué lugar y pertenencia se hace periodismo. Durante la dictadura establishment- militar el periodismo más valiente y meritorio como el de Buenos Aires Herald, que denunció las desapariciones, nunca entendió que los horrores eran necesarios a la política económica que apoyaba. Nunca comprendió que no fue Videla el que puso a Martínez de Hoz sino que fue Martínez de Hoz (lo que él representaba) el que eligió a Videla. En los noventa, la escuela lanatiana, fue la existencia de un periodismo por encima de todo. El periodista estrella como fiscal. En medio de instituciones que se desmoronaban, el periodismo lanatiano se elevaba como un faro ético. Era periodismo a secas. Por encima de las ideologías, los periodistas eran más importantes que los protagonistas de la historia. Era el que la contaba, o como se decía persistentemente los que escribían la primera versión de la historia. La tergiversación de roles llegó al punto que en esta ubicación del periodismo lanatiano, el relato del gol de Maradona realizado por Víctor Hugo Morales era más importante que Maradona y su gol.
Se hizo de la corrupción el centro del análisis, mientras lo principal que ocurría,  la venta del país pasaba a un segundo plano. Si Robert Cox  sólo apreciaba las desapariciones sin comprender su vinculación con la política económica, Lanata veía la corrupción como centro de su análisis. Incluso en el programa de Mariano Grondona en un debate con Jorge Asis, cuando éste afirma que la oposición al gobierno es el periodismo, el director de Página 12 contestó:  “ Yo creo que la principal oposición que tiene el gobierno  son sus  políticos corruptos” 
 Un integrante de la escudería Lanata, el escritor Martín Caparrós declaró  en La Nación del 10-02-2010: “Cuando periodistas muy bien intencionados iluminaban la corrupción menemista, Menem estaba cambiando la estructura socioeconómica de la Argentina como nadie lo había hecho. Mientras se consolidaba un modelo de exclusión que todavía estamos sufriendo, el periodismo estaba atento a la leche adulterada o al frigorífico. Ahora pasa lo mismo. Volvemos a la facilidad “¡ ah, son corruptos, roban!”. Yo le llamo a eso honestismo”  
Se recurrió a un lenguaje moralista que como bien señala el ensayista Juan José Becerra “es la hamaca paraguaya del pensamiento político”. Está muy bien denunciar la corrupción siempre que se la contextualice  porque como decía Carlos Marx citado por José Pablo Feinmann en “La filosofía y el barro de la historia: “El capital viene al mundo chorreando sangre y lodo” (Capítulo XXIV del primer tomo de El Capital) . Si no se procede así, resulta tan ingenuo como descubrir que las chicas que trabajan en un prostíbulo no son vírgenes y salir a gritarlo a los cuatro vientos.
El periodismo político por encima de la política misma es tan ilusorio como los gurúes económicos que engañaban con una economía aséptica desprendida de la política.
El kirchnerismo bajó del pedestal al periodismo y lo puso en tela de juicio. A veces con desmesuras y arbitrariedades. Pero quedó bajo una mirada crítica, como los políticos, los gurúes económicos, el FMI, la justicia, la policía, los empresarios, el sindicalismo. En ese contexto Jorge Lanata está según la Revista Noticias “furioso, exultante, exaltado.” Es posible que todo sea una gigante equivocación. Lanata nunca superó una caracterización de “progre” y lo que ello conlleva como incomprensión de la realidad cuando  no se presenta fácil de aprehender como sucedió durante el menemismo. Es un liberal de izquierda al estilo norteamericano que en una etapa de la historia nacional derramó ingenio y audacia. No es un analista político Por eso cuando la realidad se complejiza, Lanata muestra sus limitaciones y superficialidad.  Y como Elisa Carrió su mirada sólo pasa por la mirilla de la corrupción que además debe tener a él como denunciante. Una visión tan reducida fue sintetizada hace unos años en programa radial EL TREN, por el periodista y escritor venezolano Modesto Emilio Guerrero quién afirmó, transformando el  título de un libro famoso de Lenín : “ El lanatismo es la enfermedad infantil del periodismo”

POSDATA A LA CARTA ABIERTA A JORGE LANATA

Éstas son algunas de las cosas que te quería decir Jorge. Tal vez estés en condiciones de emprender la vuelta y que aceptes que un primer actor desconcertado puede  pasar a ser un buen artista de reparto. Para ello seguramente tengas que desaprender algunas cosas. En la disyuntiva sarmientina de civilización y barbarie, es conveniente observar la realidad desde el campo que los civilizadores llaman barbarie. Desde ahí se puede intentar comprender los movimientos populares en América Latina. Es bueno llevar en la mochila a Arturo Jauretche, a algunos autores del pensamiento nacional como Rodolfo Puiggrós, Jorge Abelardo Ramos, Jorge Spilimbergo entre otros,  y cuando uno tiene  dudas dónde posicionarse ante una realidad compleja que mezcla el oro y el barro, usar una brújula a prueba de errores: ver dónde está el grueso del poder económico y los medios hegemónicos y ubicarse enfrente. Salvo que efectivamente quieras estar bajo la protección del PODER. En ese caso deberías asumir esa posición, sin pudores, y no descalificar  groseramente a todo aquél que te critique, como si fueras un intocable.
Si seguís tan enojado, denostando con argumentos simplistas hasta a los estudiantes secundarios que toman colegios y deciden enamorarse nuevamente de la política, cuando seas más  grande es posible que llegues a ser un Pepe Eliaschev II. Y si el éxito te sonríe como cuando eras progre, tal vez alcances a Joaquín Morales Solá

19-10-2010.


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18 octubre 2010

LAS PATAS EN LA FUENTE

ANIVERSARIOS

Los pies cansados de miles y miles de personas buscaban refrescarse en la fuente de la histórica Plaza de Mayo. Esos rostros morenos avanzaron sobre la orgullosa capital cosmopolita desde todos las poblaciones del cordón industrial del Gran Buenos Aires o desde mas lejos, como Berisso o Ensenada. Llegaban a la Plaza del Cabildo y la Pirámide trayendo sus vivencias provincianas. Los pies cansados que se refrescaban en la fuente aquel miércoles caluroso estaban movilizados por la esperanza. Y estaban cansados, no solamente por la caminata. Trasladaban los padecimientos de décadas y décadas de injusticia, de explotación, de derechos violados, de desamparo social. Llegaban a la cita con la historia un día antes de la huelga decidida para el día 18 de Octubre, en una reñida votación en la CGT que definió el obrero forjista Libertario Ferrari por 18 a 17. Reclamaban la presencia de un hombre que desde una ignorada Secretaría de Trabajo convertiría, un golpe de estado en una revolución popular. Ese miércoles agobiante, cuando el sol se alejaba en el horizonte, los trabajadores protagonistas de una jornada histórica, se encontraban en un acto de gratitud con el hombre que le puso una bisagra a la historia: el General Perón. El país quedaría dividido y polarizado. Por un lado el frente de la vieja Argentina agraria que iba desde los conservadores a los comunistas, pasando por los radicales. Y por la otra la expresión proletaria de la nueva Argentina industrial.


El cine, dijo alguien, es la vida sin las partes aburridas. El cine transmite circunstancias de la vida o de la ficción sin sus olores. Se parece en eso a la historia falsificada. La realidad es percibida a la distancia suprimiendo las contradicciones, las pasiones, el barro que arrastra todo proceso histórico. Por eso en lugar de enseñar, ayuda a desaprender. En lugar de servir como elemento de análisis para el presente sirve para denostar la actualidad, sucia, turbia, compleja en donde el oro y el barro se mezclan, con un pasado broncíneo, lavado, maniqueo, donde “los buenos” están definidos y reconocidos como tales y “los malos” están delineados de tal manera que cargan con el estereotipo de perverso.


Como en el cine, la historia falsificada carece de olores. El “civilizado” aprendió en esa historia en donde los sectores populares de París tomaron la Bastilla cantando la Marsellesa, limpios y perfumados, o los obreros soviéticos se apoderaron del Palacio de Invierno citando a Marx y memorizando a Engels, después de haber entendido a Hegel.


En nuestra historia, Rivadavia, Mitre, Sarmiento en nombre de la civilización europea aplastaban a las bárbaras montoneras gauchas, esas que Jauretche denominó como “el sindicato del gaucho”


Difícil entonces reconocer en los obreros sudorosos que protagonizaron el 17 de octubre de 1945, a los nuevos obreros de las migraciones internas. No estaban impecables como en los textos históricos, transpiraban, no cantaban la Marsellesa ni La Internacional, y algunos se sacaban sus calzados y en la Plaza de Mayo se percibía el olor a pata. A axilas transpiradas.


Los cultos, los civilizados no reconocieron el sujeto histórico. Sólo percibieron el olor a pata. Y de alguna manera descalificaron el gigantesco hecho histórico por los olores desagradables de la vida. Ese que no estaba en su historia apócrifa. Esos que no podían encontrar en el relato erróneo aprendido. Ese que sus libros no había previsto. Esos momentos históricos en que los libros, que pueden ser habitualmente magníficos orientadores en cuanto brindan elementos para el análisis y la interpretación, se convierten en obstáculos para alcanzar a ver lo que se mira. Como diría Cesare Pavese: “Hay momentos en la historia que los que tienen algo que decir no saben escribir, y los que saben escribir no tienen nada que decir” O como afirmó, ironizando, George Bernard Shaw: “ Mi educación fue perfecta hasta los seis años, en que la abandoné para ir a la escuela” No entender lo básico, llevó a un gorilismo que atravesó todo el arco político. Los sectores del poder porque las masas los asustan. Se pierde “la seguridad jurídica” y en los casos más radicalizados se pone en tela de juicio el derecho de propiedad. Lo mismo le sucedió a la izquierda de entonces, el Partido Socialista y el Comunista, incapaces de comprender la cuestión nacional a través de textos marxistas mal leídos y peor digeridos. Así el órgano oficial del Partido Socialista, La Vanguardia decía el 23/10/1945: “ En los bajos entresijos de la sociedad hay acumulada miseria, dolor, ignorancia, indigencia más mental que física, infelicidad, resentimiento…..Cuando un cataclismo social o un estímulo a la policía movilizan las fuerzas latentes del resentimiento, cortan todas las contenciones morales, dan liberta a las potencias incontroladas, la parte del pueblo que vive del resentimiento y acaso para su resentimiento, se desborda en las calles, amenaza, vocifera, atropella, asalta diarios, persigue en su furia demoníaca a los propios adalides permanentes y responsables de su elevación y dignificación….”. A su vez el periódico Orientación, medio oficial del Partido Comunista escribía el 21/10/1945: “ ….pero también se ha visto otro espectáculo, el de las hordas de desclasados haciendo la vanguardia del presunto orden peronista. Los pequeños clanes con aspecto de murga que recorrieron la ciudad, no representan a ninguna clase de la sociedad argentina. Era el malevaje reclutado por la policía y los funcionarios de la Secretaría de Trabajo y Previsión para amedrentar a la población”. Perfectamente podía transcribirse ambos textos, entonces y ahora, como editoriales de La Nación


Los aspectos autoritarios del peronismo, su culto al personalismo, sus excrecencias cavernícolas, alejaron a segmentos importantes de la clase media, a pesar de ser favorecidos por su política económica. Pero ese día, ese 17 de Octubre, la plaza había presenciado el ingreso en la historia, como protagonista, de una nueva clase obrera. La Argentina ya no volvería a ser la misma.

17-10-2010
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14 octubre 2010

UNA MINA Y 33 HOMBRES

33 hombres. 69 días. Una mina. En sus entrañas oro y cobre. El metal amarillo es el máximo emblema de riqueza. El cobre es el sueldo de Chile como decía el inolvidable Salvador Allende.
33 hombres. 69 días. Una mina. La montaña que traga hombres. Esos hombres que si sobreviven a los accidentes, la silicosis de sus pulmones les acorta la vida.
Hombres que entran a los socavones, esos túneles donde habita la oscuridad más profunda y la humedad acelera la artrosis. En esas galerías interminables que convierten a la mina en un queso gruyere, esos 33 hombres tal vez recordaron aquella canción que en la década de los setenta interpretaban los Quilapayun: “Y aunque mi amo me mande/a la mina no voy/yo no quiero morirme/en un socavón.”
Durante 17 días los 33 mineros perdieron contacto con el mundo. Se organizaron como una comunidad mínima. Las grandezas y miserias de esos días y los siguientes se conocerán con el tiempo. El mundo los dio por muertos. Sólo los familiares alentaban una esperanza que se debilitaba con el correr de los días. Hasta que los rescatistas consiguieron tomar contacto y una carta milagrosa subió a la superficie: “Estamos vivos los 33.”
33 hombres que concentraron una atención de la que no gozaron los miles y miles de mineros que en todo el planeta a lo largo de los siglos fueron tragados por las minas.
En nuestro suelo latinamericano irredento, el cerro de Potosí fue un emblema de la explotación del hombre y de la naturaleza hasta el agotamiento. Escribió Eduardo Galeano, hace cuarenta años en “Las venas abiertas de América Latina” : “Solo veintiocho años habían pasado desde su nacimiento y ya Potosi tenía la misma población que Londres y más habitantes que Madrid, Roma o Paris…..Dicen que hasta las herraduras de los caballos eran de plata en Potosí. De plata eran los altares de las iglesias y las alas de los querubines en las procesiones. En Potosí la plata levantó templos y palacios, monasterios y garitos, ofreció motivo a la tragedia y a la fiesta, derramó la sangre y el vino, encendió la codicia y desató el despilfarro y la aventura. La espada y la cruz marchaban juntas en la conquista…… Aquella sociedad potosina, enferma de ostentación y despilfarro, sólo dejó a Bolivia la vaga memoria de sus esplendores, las ruinas de sus iglesias y palacios, y ocho millones de cadáveres de indios. Cualquiera de los diamantes incrustados en el escudo de un caballero rico valía más, al fin y al cabo, que lo que un indio podía ganar en toda su vida de mitayo, pero el caballero se fugó con los diamantes. Bolivia, hoy uno de los países más pobres del mundo, podría jactarse -si ello no resultara patéticamente inútil- de haber nutrido la riqueza de los países más ricos. En nuestros días, Potosí es una pobre ciudad de la pobre Bolivia: «La ciudad que más ha dado al mundo y la que menos tiene», como me dijo una vieja señora potosina, envuelta en un kilométrico chal de lana de alpaca, cuando conversamos ante el patio andaluz de su casa de dos siglos. Esta ciudad condenada a la nostalgia, atormentada por la miseria y el frío, es todavía una herida abierta del sistema colonial en América: una acusación. El mundo tendría que empezar por pedirle disculpas…..Algunos escritores bolivianos, inflamados de excesivo entusiasmo, afirman que en tres siglos España recibió suficiente metal de Potosí como para tender un puente de plata desde la cumbre del cerro hasta la puerta del palacio real al otro lado del océano. La imagen es, sin duda, obra de fantasía, pero de cualquier manera alude a una realidad que, en efecto, parece inventada: el flujo de la plata alcanzó dimensiones gigantescas.”
Es contradictoria la naturaleza humana que se conmueve correctamente con 33 hombres sepultados e ignora todos los que murieron entre la indiferencia y el olvido. Tal vez como explicación, acierta el licenciado en filosofía Enrique Valiente Noailles cuando reflexiona: “En las situaciones límite de la experiencia humana, cuando un hombre o un grupo de hombres es probado hasta sus extremos, lo que le toca vivir ya no es sentido por el resto como un destino individual, sino como un destino colectivo. La resistencia y el coraje ya no son percibidos como parte de una odisea personal, sino como parte de una odisea de la especie.”
En lo que va del 2010, hubo 31 mineros muertos en accidentes laborales sin televisión ni periodismo internacional.

33 hombres, 69 días, una mina. Rescatados desde más de 600 metros de profundidad un 13-10-10. La suma también da 33. Una mina llamada San José, explotada por una empresa quebrada, San Esteban. Nombres de santos para operaciones poco santas. La mina había sido clausurada en el 2007. Los mineros hubieran podido evitar esta odisea que les cambiará para siempre sus vidas y muchas de sus relaciones afectivas si la empresa hubiera previsto una alternativa de escape que era obligatoria.

El Estado que miró para otro lado en sus tareas de controlar, ahora echó el resto en un rescate que todo indica hasta ahora que fue impecable. El presidente Piñera que como es lógico aprovechó políticamente el éxito innegable del salvataje es el minero rescatado 34, que le permitirá relanzar su gobierno en caída en las encuestas.
A medida que iban subiendo los mineros, en esos 20 minutos del ascenso tal vez volvieron a recordar la canción “A la mina no voy”: “En la mina brilla el oro/al fondo del socavón/el blanco se lleva todo/y al negro deja el dolor.”
Y ahora el mismo mercado que los explotaba y después de exprimirlos los arrumbaba en el mejor de los casos, si la muerte prematura no se les adelanta, se abalanzará sobre cada uno de ellos para hacer negocios. Podrán hacer ahora realidad aquello de: “Y aunque mi amo me mande a la mina no voy / yo no quiero morirme en un socavón.”
33 hombres. 69 días. Una mina. A exactamente 38 años del milagro de los andes. A 37 años del derrocamiento de Salvador Allende, los mineros siguen jugando a la ruleta rusa con su vida.
Aún no se han abierto las anchas avenidas por donde pase el hombre libre, soñadas por el Chicho en su discurso despedida.

13-10-2010
Hugo Presman.
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