10 noviembre 2019

A 30 AÑOS DE LA CAIDA DEL MURO DE BERLÍN



Las ilusiones alumbraban el inicio de la década de los sesenta. La revolución hacía pie en Cuba y Argelia. Se iniciaba la lucha por la independencia en los países africanos. El continente negro proyectaba dos figuras paradigmáticas: Patrice Lumumba y Nelson Mandela. La lucha por los derechos civiles de sus hermanos norteamericanos, con sus gigantescas movilizaciones, catapultaría al notable Martín Luther King y su histórico discurso en Washington “ Tengo un sueño “. Un mundo distinto parecía posible. Pero las esperanzas se golpearon contra ciento sesenta y cinco kilómetros de cemento armado, que cortaban ciento noventa y dos calles. Era domingo. El almanaque señalaba el 13 de agosto de 1961. Dos millones y medio de alemanes habían desertado del Este hasta entonces.
 ¿Porque había que separar la Revolución del capitalismo? El stalinismo había desnaturalizado el socialismo hasta convertirlo en una caricatura. El desarrollo productivo que convirtió a la URSS en la segunda potencia mundial, no se traducía en la vida cotidiana. Los cohetes surcaban el espacio, pero los televisores no podían usarse más de cuatro horas continuadas porque se quemaban. Los burócratas constituían una casta privilegiada que conformaban la nomenclatura. La libertad había sucumbido aplastada por un oprobioso autoritarismo. Sobrevivían algunas conquistas que redimían tibiamente las viejas banderas socialistas: educación, salud, trabajo y en menor medida vivienda. Las restricciones a la movilidad y a la libertad de expresión eran profundas. Los gulags, la versión rusa de los campos de concentración, se erigieron como un monumento a la ignominia. En el tercer mundo se encendían luces que se apagaban detrás del Muro. Los Beatles le ponían música a las esperanzas. El desarrollo increíble de los medios de comunicación perforaría los cuatro metros de altura de la barrera de cemento. La competencia de la guerra de las galaxias que emprendió el troglodita Ronald Reagan, devastaría la economía rusa. Gorbachov emprendió las reformas ( perestroika) y la transparencia  ( glasnot ). La Unión de Repúblicas Socialistas empezó a desmembrarse. 
Se desmoronaba insólitamente. Y el jueves 9 de Noviembre de 1989, ante el imprevisto de un funcionario,  Günter Schabowski, que improvisó sobre un comunicado que no había leído previamente, su inmediata puesta en vigencia, los berlineses se subieron al Muro y lo destruyeron a pico y martillo con una rapidez que escapó a las previsiones de Gorbachov, Koll, Bush y Thatcher. La escena parecía arrancada de una película de ciencia-ficción. Familias separadas se reencontrarían después de veintiocho años . El tiempo trascurrido marcaría distancias difíciles de superar. Los alemanes orientales y los otros pueblos que vivieron la experiencia del socialismo stalinista, pronto descubrieron que el capitalismo neoliberal real no era igual al que se asomaba por las pantallas de televisión. Tienen que vivir una encrucijada penosa, en la que se dan cita la destrucción de las ventajas del régimen anterior con las taras del nuevo sistema. Algunos historiadores, como Eric Hobsbawm , sostienen que el siglo XX fue un siglo corto que empezó en 1914 y terminó con la implosión de la Unión Soviética, pero  ese jueves 9 de noviembre de 1989, anticipó lo que sucedió dos años después. Los ocho años siguientes ya correspondieron al siglo XXI. Ese del discurso único, del fin de la historia y de las ideologías, del capitalismo salvaje, del post modernismo, del desmantelamiento del Estado de bienestar. Las sociedades que nacieron después de sepultar el Muro, se caracterizaron por acentuar la desigualdad. Y es un devenir lógico. De un lado del Muro estaban los que en aras de la justicia sacrificaban la libertad y del otro los que en aras de la libertad inmolaban la justicia. Ganaron los últimos y en el interior de cada sociedad volvieron a levantarse las piedras del Muro de Berlín. Son las rejas, las alarmas, la policía privada, que separa a los incluidos de los excluidos. A los sobre explotados de los desocupados. A esos Muros que aparta a un hombre de otro, en el territorio cruel de la injusticia. A esos Muros le tiene que llegar un 9 de noviembre. Hoy suena tan imposible como aquel jueves que cambió la historia.

Y surgieron decenas de muros reales que carecen de la publicidad del que separaba a Berlín. Israel y los Palestinos, Méjico de EE.UU, entre los más emblemáticos.
En el mundo se incrementó la concentración de la riqueza y la expansión de la pobreza.
Una lluvia de piedras cae sobre el planeta.
Es el costo de la caída de su Muro más famoso.
 9-11-2019 
 







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