HUGO PRESMAN
18 junio 2026
La conciencia de Patricia, la lealtad de Facundo y la prosperidad de Peter
Hay una lógica intrínseca entre las internas del oficialismo, el descontrol del Estado y el proyecto libertario.
Pablo Helman
PERFIL 06-06-2026
Pato camuflada. | Pablo Temes
No soy de aquí/Ni soy de allá/No tengo edad/Ni por venir/Y ser feliz, es mi color de identidad”. Facundo Cabral, “No soy de aquí ni soy de allá”.
“No hay relaciones sociales sin espacio, de igual modo que no hay espacio sin relaciones sociales.” Henri Lefebvre, “La producción del espacio”.
“Y aunque hoy esa nueva alianza entre el posfascismo y las élites globales es innegable, sigue estando marcada por tensiones y contradicciones.” Enzo Traverso, “Jacobin” (edición en castellano).
En el país donde reinaba la oscuridad apareció la luz.” Isaías 9, citado por Lilita Carrió.
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1. Tres ejes para comprender la semana. La “objeción de conciencia” de Patricia Bullrich, las implicancias del caso Facundo Leal y el artículo del presidente Javier Milei y Federico Sturzenegger citando el ejemplo de Compañía Holandesa de Indias para decir que la Argentina brindaba una oportunidad para la IA (sumada a la presencia de Peter Thiel en Argentina). Tres signos, tres síntomas del devenir de la gestión libertaria.
2. La objeción de conciencia tiene una historia larga y no precisamente libertaria. Nació como instrumento de resistencia religiosa frente al Estado: los primeros objetores eran pacifistas, disidentes, mártires. Es, en su origen, una herramienta de los débiles contra los poderosos. Que hoy la use una senadora del partido gobernante para resistir una orden del Ejecutivo dice algo sobre el estado de la coalición, pero dice algo más sobre las contradicciones internas del proyecto libertario.
3. Cabría preguntarse cuál es el rol de la corrupción en un gobierno conducido por un “topo que viene a destruir el Estado desde adentro”, tal como se autopercibe el Presidente. El caso Leal, el hilo en una madeja que incluye al peronismo mendocino por lo menos, abre una red en la que la afirmación de la “moral como política de Estado” se torna ideológica y no ética. Los secretos que esconde –o no tanto– el extitular del Orsna son los de una gestión que también se desarrolló como la oportunidad de generarse negocios. En el camino de la destrucción de un Estado, la ineficiencia es un elemento central. Sabido es que la insatisfacción democrática explica la ira de gran parte de la sociedad: ineficacia para resolver problemas y negocios personales. Los libertarios lo llaman casta. Es también su condición de supervivencia. Que el síntoma de todo esto sea un señor de apellido Leal sería un chiste si no constituyera la puerta de una tragedia.
4. Ideología libertaria. El Gobierno que recibe a Peter Thiel –el magnate de la IA aplicada a la defensa, fundador de Palantir y principal financista del movimiento neorreaccionario– eligió como modelo fundacional a la Compañía Neerlandesa de Indias Orientales. La VOC. La Vereenigde Oostindische Compagnie, fundada en 1602, fue la primera corporación multinacional de la historia. Sus innovaciones jurídicas fueron revolucionarias: responsabilidad limitada, personería legal propia, ejércitos privados, capacidad de declarar guerras y administrar territorios. Un Estado paralelo con bandera propia. Lo que el artículo omite es el resto: ese Estado arrasó con las poblaciones que resistieron. La isla de Banda fue despoblada en 1621. La VOC fue el primer experimento de soberanía privada sostenida por la violencia.
5. En su libro Fascismo tardío, el filósofo italiano Alberto Toscano analiza lo que llama la libertad fascista: esa concepción de la libertad que no es la emancipación de todos, sino la desregulación para los que ya tienen poder. No es la libertad del ciudadano –esa construcción lenta, trabajosa, que va de Atenas a la Revolución Francesa, de T.H. Marshall al Estado de bienestar–, sino la libertad del propietario, del inversor, del enclave. Una libertad que, paradójicamente, requiere disciplina total hacia dentro del movimiento.
6. La idea de enclave define a la ideología libertaria en su estado actual: que desaparezcan los Estados para que surjan enclaves con legislación propia, leyes propias, moneda propia. El historiador canadiense Quinn Slobodian estudió estas ciudades autodirigidas en su libro Crack-Up Capitalism, propias de un anarquismo capitalista. Allí cita a Balaji Srinivasan: “La caída de San Francisco catalizará el ascenso de las ciudades start-up. Habrá quienes opten por trabajar a distancia desde áreas periurbanas o rurales [...]. Pero otros se reagruparán en torno a unas nuevas ciudades temáticas”. También dio publicidad a Próspera –en la que él mismo invirtió– como modelo de ese futuro.
7. Próspera es un enclave privado en la isla hondureña de Roatán, respaldado por Peter Thiel. Tiene gobierno propio, régimen fiscal propio, seguridad privada y puertas biométricas. Los trabajadores hondureños que la construyeron no pueden vivir en ella. Cuando el gobierno de Xiomara Castro intentó cancelar su marco jurídico, Próspera demandó al Estado por casi 11 mil millones de dólares (dos tercios del presupuesto nacional). Es, en miniatura, el experimento que Milei ofrece escalar.
8. El filósofo Carlos Fernández Liria explica la línea argumental de este tipo de emprendimientos sociales: “Estamos ante reyes filósofos que planean un nuevo asesinato de Sócrates. Toda la filosofía habla de cómo conseguir que el pueblo razone. Ese proyecto político ha sido sustituido por la idea de convertir los países en empresas con un jefe ejecutivo que actúe como monarca en un mundo completamente desregulado”.
9. Joseph Conrad navegó el Congo en 1890 y escribió El corazón de las tinieblas como testimonio de lo que vio. No trata sobre la corporación que celebran Milei y Sturzenegger, sino sobre el Congo belga, la colonia personal del rey Leopoldo II de Bélgica, que entre 1885 y 1908 fue administrada no por un Estado, sino por una empresa privada, la Société Anonyme Belge pour le Commerce du Haut-Congo, con una brutalidad que escandalizó incluso a los estándares coloniales de la época. Se estima que entre cinco y diez millones de congoleños murieron bajo ese régimen. Hubo una película que versionó a Conrad y retrató el horror de lo que ocurre cuando el poder opera sin contrapeso ni ley. Su nombre lo dice todo: Apocalypse Now. Cuando el poder no tiene rostro humano responsable, no hay a quién pedirle cuentas. Es lo que Milei ofrece al mundo desde el Financial Times.
17 junio 2026
16 junio 2026
La voz compañera de Taty, Alejandro y un carnet
Las luchas deportivas de una luchadora incansable.
Por Gustavo Veiga
16 de junio de 2026 - Página 12
Taty con el carnet de Racing su hijo Alejandro PRENSA RACING
No había lucha que Taty Almeida no diera, aún las más lejanas a su mundo interior, a su dolor, a su vida guiada por la búsqueda de su querido hijo Alejandro. Iba a donde se lo pedían, donde se requería su voz, donde un desaparecido todavía no ha sido encontrado. Su presencia era como un arrullo, una compañía que nos empoderaba, la palabra justa que empujaba hacia adelante.
Taty no se guardaba nada y en sus últimos años apareció una y otra vez en clubes de fútbol, en la Unión Argentina de Rugby (UAR), en la presentación de un libro dedicado a los atletas que fueron víctimas del terrorismo de Estado y hasta en un potrero de Villa Fiorito para homenajear a Diego Maradona. Taty siempre estaba. De pie o en silla de ruedas, con su aureola de madre de todos y todas, tan frágil a los 95 como fuerte en su compromiso por los derechos humanos.
Recuerdo cuando nos acompañó a la UAR en sus oficinas de San Isidro. Había que pedirle a sus autoridades que hicieran el demorado reconocimiento a la memoria de los jugadores desaparecidos. Los rugbiers son casi el 70 por ciento de todos los deportistas asesinados por la dictadura genocida. Ella se sentó a la mesa y dijo por qué era una más en ese grupo donde estaban Charly Pisoni de HIJOS y varios integrantes de la Comisión Memoria Verdad y Justicia de Zona Norte.
Taty visitó la cancha de Racing el 7 de diciembre de 2021 cuando el club les restituyó sus carnets a 46 hinchas, socios y socias desaparecidas. Esa noche levantó orgullosa el de Alejandro, con el número 30 mil y su foto, con la firma al pie del presidente del club, Víctor Blanco. Entre los socios eternos –como los llama el sociólogo Julián Scher en su libro alusivo– hay otro poeta como su hijo, Roberto Santoro, autor de Literatura de la pelota.
Dos meses antes, en octubre de 2021, Taty había participado de otro acto en el estadio de Huracán donde se entregaron los carnets de socios a ocho detenidos-desparecidos. Ocupó una larga mesa de espaldas a la cancha junto a Lita Boitano cuando la pandemia todavía mataba. Después caminamos por el césped donde compartimos una foto con las tribunas de fondo.
El 31 de marzo pasado se sumó a la mesa en la presentación de Memorias para construir el futuro. Fui orgulloso a buscarla por su departamento de Palermo, conversamos en el trayecto, bromeó con la coincidencia de que mi nuera se llama igual, Taty Almeida, y entre risas exclamó: “¡No te puedo creer!”. En la charla repitió un vez más sus principios de siempre, franca, directa: “Justicia legal, jamás justicia por mano propia” y nos compartió ese deseo con el que se ilusionaba cada día y que no pudo cumplir. “Quiero tocar los huesos de Alejandro y no pierdo las esperanzas”, decía.
Taty empezó a tornarse omnipresente en los escenarios donde late el deporte, donde se define la política deportiva, donde los clubes son escuelas de vida que ella apoyaba para que no los transformaran en sociedades anónimas. Visitó a Diego cuando era técnico de Gimnasia, lo homenajeó en el potrero de Fiorito donde jugó de pibe y dio el puntapié inicial. Era la madrina del equipo de fútbol femenino Descamisadas en La Plata.
Madre consecuente, se hizo un momento para acompañar al atleta Martín Sharples cuando denunció al intendente de Quilmes durante la dictadura, Julio Cassanello, en la sede del Comité Olímpico Argentino que presidía. Corría 2008. Fue una de sus primeras apariciones en el ambiente deportivo.
Taty no faltaba nunca en la medida que ella podía, era una luchadora que trascendió las fronteras con su pañuelo blanco, su voz ronca, inconfundible. Nunca se cansaba de repetir: “Hemos pasado la posta”. Para seguir su legado, su compromiso, como el de todas las Madres y Abuelas que nos van dejando pero que siguen acá, marchando, diciendo: “No nos han vencido”.
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