21 agosto 2026

Por qué gobierna Karina

 


Gustavo González 16-08-2026 Perfil 


Ella. Comanda la agenda política, legislativa y electoral, mientras en la última semana su hermano se recluyó en la soledad de Olivos. | cedoc

¿Qué hubiese pasado si en lugar de Norberto “Beto” Milei, el padre de Javier hubiera sido Jorge Messi?

Según el astro deportivo y todos los que conocieron al papá de Messi, Jorge se caracterizó por el afecto, el acompañamiento y la contención que siempre le dedicó a quien se convertiría en el mejor futbolista de su tiempo.

Darle amor a un hijo no garantiza que ese hijo vaya a ser exitoso en su actividad laboral, pero suele ser un buen punto de partida para que sea feliz y luego comparta ese amor con otros.

La historia de Milei fue dolorosamente distinta. Lo suyo fueron golpizas y humillaciones desde pequeño, según lo contó reiteradas veces. Y así como Lionel Messi se convirtió en una persona empática y cuidadosa con los demás, reproduciendo de grande lo que vivió de chico; Javier Milei se transformó en este hombre que destrata por igual a los que más tienen y a los que sufren por no poder pagar sus deudas.

Creo que lo que habría pasado si Milei no hubiera tenido los padres que tuvo, es que no habría llegado a ser Presidente de la Argentina.

Si no hubieran destruido desde pequeño su seguridad y amor propio, si no lo hubieran convertido en un ser solitario, desconfiado de los demás y con dificultades para generar relaciones personales duraderas, Milei no sería como es. No sería este hombre que aplica en otros la crueldad que recibió de niño y se muestra infalible para no revelarse roto. Ajeno a cualquier racionalidad política, siempre al borde de traspasar los límites del relacionamiento democrático, agresivo y extravagante.

“Es exactamente lo que voté”, repiten en las redes sus seguidores. Representan a ese 30% que lo fue a buscar en las PASO y en las generales de 2023 y fue la base de su triunfo. El 30% que, según las encuestas, sigue siendo su núcleo duro de apoyo.

Difícil que ese tercio extremo de la sociedad se hubiese sentido bien representada por un líder formado en un hogar como el de los Messi.

El origen del poder. Contra el dolor recibido, Milei desarrolló insensibilidad. Contra ese poder paternal que lo destruyó psicológicamente, se aferró a una ideología que promueve la destrucción del Estado paterno.

Y contra el desamparo, buscó la protección sobrenatural de su hermana menor que, como él dice, es la única –con a su perro Conan–, que nunca lo traicionó y siempre permaneció a su lado.
Karina está empoderada por un hermano que le atribuye poderes que los humanos no poseen, como la capacidad de comunicarlo con su perro muerto y con el mismo Dios.

Quienes conocen esa relación esotérica, no están seguros de si ella de verdad cree tener tales capacidades o si sólo trata de hacérselo creer a él. No necesariamente para controlarlo, sino para contenerlo emocionalmente y brindarle supuestas palabras desde el más allá que lo alienten y lo justifiquen.

Por eso, el poder de la mujer más poderosa de la Argentina es la segunda consecuencia de la educación que esos padres le dieron a sus hijos.

A la dureza que ella misma debió forjar para intentar resguardarse de las palizas que recibía su hermano, le sumó su inquebrantable aptitud para ayudarlo a sobrevivir a través de los años. Que es lo que hoy sigue haciendo.

Difícilmente Karina hubiera ocupado un rol protagónico en otra administración, pero la explicación de por qué gobierna el país está en el poder que ejerce sobre quien había sido elegido para ocupar ese lugar. No hay otro secreto, ni triángulos ni cuadraturas de poder: sólo hay un hombre elegido para manejar el poder y una mujer que controla a ese hombre.

Si en estos años se hizo evidente esa centralidad, a medida que se acercan las elecciones su protagonismo crece más. Lo que en estos días quedó en evidencia, mientras el Presidente se recluía en Olivos casi sin recibir visitas, como señalan los informes de ingreso de la quinta presidencial.

Como hacía cuando eran niños, ella adquiere más relevancia cuando los peligros acechan a su hermano mayor. Los peligros actuales son esta preocupante combinación de una economía que no termina de arrancar, una inflación que no termina de bajar y encuestas que confirman la incertidumbre social.

Objetivo reelección. Karina siempre fue la que puso y sacó funcionarios (al único que no logra echar, por ahora, es a Santiago Caputo), la que monitoreó los acuerdos legislativos y la encargada del armado electoral que enfrentó con éxito las elecciones de 2023 y 2025.

Su hermano es el responsable de la macroeconomía y de la política internacional. Ella, del resto.
En el medio sólo hay funcionarios que obedecen, a tiro de ser reemplazados ante el menor desliz. Sólo casos específicos como los Caputo, Santilli y Pettovello, conservan ciertos márgenes de maniobra, que nunca son amplios. Como lo acaba de sufrir Sturzenegger, condicionado a partir de ahora a rendirle cuentas a la mesa política que ella comanda.

Con la reelección como objetivo, todas las decisiones deben estar orientadas en esa dirección y pasar por ella.

Cerró filas con Patricia Bullrich, haciendo de cuenta de que le cree cuando la senadora jura que brega por la reelección de Milei. La secretaria general necesita que Bullrich sume votos en el Senado con la misma vocación con que Martín Menem lo hace en Diputados.

Karina no se preocupa tanto por su mala imagen en un 70% de la sociedad, sino porque la de su hermano es, apenas, diez puntos menos negativa que la suya.

Javier Milei es dogmático por origen divino (sostiene que Dios le dio una misión que los humanos no deben cuestionar), pero Karina por las dudas opera para garantizar que ese designio se haga realidad.
De ahí el apuro de las últimas horas para recrear alianzas legislativas, darle herramientas (dinero) a Santilli para que pueda ofrecer algo a los gobernadores a cambio de apoyo (los que antes apoyaron no lo volverán a hacer sin alguna contraprestación para sus provincias) y reflotar la nunca formalizada alianza con el PRO.

Cerca de Mauricio Macri se entendió que Karina debía estar muy preocupada con los números de las encuestas como para tener que llamarlo. Se sabe del desprecio mutuo que se dispensan.

Ella cree que el primer acuerdo con el macrismo debería ser por la postergación o eliminación de las PASO, para no darle esa herramienta a un peronismo que necesita de las primarias para saldar sus diferencias internas. Recién después llegaría el momento de hablar de candidaturas.

El razonable temor de Macri es que, de apoyar esa iniciativa, lo que sobrevenga sea la fábula del escorpión por la cual la naturaleza de los Milei los haga ir por todos los cargos de relevancia. Aún a riesgo de que ambos pierdan, LLA y el PRO.

Naturalizar a Karina. En cualquier caso, lo que sorprende es la flexibilidad de políticos, medios y sociedad para seguir naturalizando la trascendencia de una mujer que poco tiempo atrás perdió en un programa de Guido Kaczka la oportunidad de ganarse un televisor, pero que en 2023 ganó una elección presidencial en la que no había sido candidata.

El paso de Karina Milei del tarot y la pastelería a manejar los hilos de un país, será uno de los episodios más fascinantes que los historiadores del futuro deberán desentrañar y juzgar.

Es probable que, cuando eso ocurra, la sociedad ya haya dado su veredicto declarándola culpable.
Como si no hubiera sido la propia sociedad (o una mayor parte de ella) la que fue a buscar a los hijos que educó Norberto Milei para que la represente.

20 agosto 2026

PROGRAMA EL TREN DEL 18 DE AGOSTO DEL 2026

 

El martes 18 de agosto del 2026, se subió a EL TREN, en la segunda hora, el músico Esteban Morgado. Trabajó con diversidad de músicos, cantantes y actores del ámbito local e internacional, entre los que destacan Alfredo Zitarrosa, Isabel Parra, Ranko Fujisawa, Roberto Goyeneche, León Gieco, Susana Rinaldi, Litto Nebbia, Raúl Lavié, Adriana Varela, Ernesto Acher y Dina Rot. En el año 1999 crea el Esteban Morgado Cuarteto, dotado de un sonido particular y renovador dentro del tango. La formación, está integrada por bandoneón, violín, contrabajo y guitarra, permite el diálogo creativo, contrapunto a la manera de un cuarteto de cuerdas, sin perder la raíz tanguera. Con el Cuarteto realizan numerosas giras por el mundo, siendo aclamados por la crítica y el público. El último tour, en noviembre de 2009, incluyó siete ciudades de Italia, Londres, Múnich, Atenas, Luxemburgo y Madrid; realizando así, un total de trece conciertos en veintiún días. Fue ganador del Premio Gardel en tres oportunidades en la categoría Mejor Artista de Tango por el disco Cuesta arriba en 2003, por el disco En vivo en 36 billares en 2005 y en la categoría Mejor Orquesta de Tango por el disco Milongueros en 2008. 

Un viaje distendido y muy atractivo en una hora que recordará por mucho tiempo. Un recorrido por su vida, desde la iniciación musical con la guitarra teniendo un padre melómano. Los discos en el Winco. Su relación con Silvina Chediek. Como se conformó el memorable programa que integró “Letra y Música”. Sus recuerdos con Alfredo Zitarrosa. Su pasión por Boca. Su militancia sobre el final del secundario en la Federación Juvenil Comunista. La visión crítica posterior. Los trabajos con una cantante excepcional como Dina Rot. El recuerdo de Abrasha Rotenberg. Las canciones intercaladas a lo larga del encuentro desde el Violín de Becho a Canciones de la Guerra Civil Española. Un encuentro inolvidable.    


En la primera hora el programa partió de una frase de Albert Einstein: “Dos cosas son infinitas: la estupidez humana y el universo; y no estoy seguro de lo segundo” En algunos de los supermercados se pueden encontrar fideos búlgaros o pan miñon de Alemania. La estupidez humana es infinita. Una radiografía de Milei. La síntesis perfecta del sociólogo y ensayista Eduardo Gruner: “No puede surgir ningún loco de la motosierra sino allí donde de alguna forma se ha creado un consenso sobre la conveniencia de talar el bosque. Los datos semejan un cuadro de Guernica.  Todo el sistema es una distribución impúdica de abajo hacia arriba, mediante el sistema tributario Posiblemente la medida cúlmine es el FAL (Fondos de Asistencia Laboral) A partir de abril del 2027, los jubilados involuntariamente se encargarán de pagarles las indemnizaciones a todos los empresarios que despidan a sus empleados. A partir de noviembre del 2026, ese Fondo entrará al circuito financiero con el aporte del 1% de la masa salarial de empresas grandes, 2,5% en el caso de las pymes, que hasta ahora se destinaba al ANSES. Las atrocidades de la política exterior. La ley 1420 Roca y Sarmiento serían comunistas? Aspectos desconocidos. 

Súbanse a EL TREN, desde el andén de sus domicilios.

         
El TREN, UNA VOZ DIFERENTE PARA ESCUCHAR, REFLEXIONAR Y DISCUTIR                



19 agosto 2026

Cinco mil cruzaron los Andes y volvieron 78

Por Gustavo Campana

 17 de agosto de 2026

Cruce de los andes Imagen Web

Lunes 19 de febrero de 1826. La guerra con Brasil necesitaba un presidente. Las Provincias Unidas del Río de la Plata cubrieron la formalidad de un hombre con bastón de mando y banda presidencial para aparentar que ese país en formación tenía conducción unificada. En aquel verano porteño hacía solo 11 días que Buenos Aires había convertido a Rivadavia en el primer dueño del sillón.
La futura república estaba fragmentada en mil pedazos y el camino que recorrió Don Bernardino no fue precisamente el de la unidad con el país profundo. Su tiempo político estuvo marcado a fuego por el centralismo unitario que exigía la aristocracia porteña.
Una década después de la declaración de la Independencia, en la ciudad dueña del puerto, el “poder real” ya no soñaba con palabras como patria o soberanía. El inventor de la deuda externa prometía el primer mundo con las libras del empréstito de la Baring Brothers y apuntaba a convertir este punto del planeta en una colonia extraoficial de Londres.
Aquel 19 de febrero de 1826 la ciudad no advirtió que habían regresado los últimos hombres que pelearon más de una década, primero a las órdenes de San Martín y finalmente con Bolívar. Hacía dos años que el general correntino había partido hacia su exilio europeo.
El ejército sanmartiniano al que se le debía todo había sido abandonado a su suerte por la europeizada Buenos Aires: una ciudad que nació con aristocracia desclasada, con hombres y mujeres que se sentían exiliados en su propia tierra. Como diría Scalabrini, “vivían de prestado. Hablaban en castellano, pensaban en inglés, gustaban en francés, amaban en ruso y se apasionaban en italiano”.
Sin recursos, cansados de tanto andar, repletos de cicatrices pero cargados de gloria, aquellos uniformes azules con vivos rojos y correaje blanco pelearon hasta Ayacucho. Los viejos fueron fundamentales en las últimas dos fechas del campeonato. Primero en Junín, liderados por Mariano Necochea, y en Pampa de Quinua el 9 de diciembre de 1824 —el día que el paraguayo José Félix Bogado fue ascendido a Coronel Mayor—, fueron las figuras de la cancha.
Volvieron sin conducción política, porque en el camino habían perdido mucho más que a un general. Estuvieron cerca de uno de los más grandes estrategas en el campo de batalla, aprendieron todo del que derrotó al enemigo en la “guerra de zapa”, del político que a la distancia fue clave en julio de 1816 y del militar que fundó en El Plumerillo la primera fábrica metalúrgica del país para hacer las armas de la liberación. Recibieron órdenes del hermano de los indios, del que liberaba esclavos, del que por primera vez en la historia del ejército convirtió a un negro en oficial y del que escribió en el Código del Ejército de los Andes: “Come primero la tropa”.
Cuando retornaron, el sueño de la Patria Grande empezaba a quedarse huérfano en suelo argento.
Después de un mes de marcha desde Mendoza, el 19 de febrero de 1826 llegaron a la Plaza de Mayo en 23 carretas los restos del Regimiento de Granaderos a Caballo. A fines de junio de 1825 se embarcaron en Perú, bajaron hasta Valparaíso y cruzaron la cordillera para llegar a suelo cuyano.
Volvía a su lugar de nacimiento lo que quedaba del gran Ejército de los Andes, conformado por cinco mil soldados, en el que casi no había blancos. Nuestros libertadores negros, mestizos, mulatos y originarios representaron a la mayoría de un pueblo con dolor esclavo y siglos de explotación indígena.
El único documento periodístico que prueba el regreso son algunas líneas en La Gaceta Mercantil: “Retornan al mando del coronel José Félix Bogado. A sus órdenes llegan 78 hombres, entre ellos había seis que hicieron toda la campaña, desde San Lorenzo hasta Ayacucho: Paulino Rojas, Francisco Olmos, Segundo Patricio Gómez, Damasio Rosales, Francisco Vargas y Miguel Chepoya”.
El dato también aparece en las memorias de Juan Manuel Berutti: “Ha llegado a esta Capital Don Félix de Bogado con 100 soldados del regimiento de granaderos a caballo a su mando; única gente que le ha quedado de mil hombres que tenía cuando salieron para la conquista de Chile y Lima. Todos han quedado muertos, prisioneros o heridos en los referidos reinos, que libertamos del dominio español”.
Nadie conocía en Buenos Aires a estos siete apellidos. Nadie creía tener ninguna deuda con aquellos soldados que ataron sus caballos en los palenques de la Plaza de Mayo ante la indiferencia unitaria.
Lo que quedaba del regimiento regresó a su antiguo cuartel del Retiro para depositar sus pocas pertenencias y desaparecer con austeridad sanmartiniana: 86 sables, 55 lanzas, 84 morriones y 102 monturas. Poco después el grupo fue disuelto, pasando algunos de sus jefes y oficiales a cuerpos de reciente creación o, paradójicamente, a integrar las escoltas de los grandes enemigos de la gesta sanmartiniana.
Atrás había quedado un proceso militar irrepetible, basado en una certeza geopolítica que no atendía alternativas: no habrá independencia americana del dominio español hasta la erradicación total del imperio que se posó sobre el continente durante casi 300 años.
La pequeña gran aldea recibió con una dosis de crueldad, que después repitió muchas veces, a los héroes anónimos del Regimiento de Granaderos, porque las diferencias entre el modelo de país y el proyecto de colonia son tan viejas como la patria.
En aquel 1826 mandaban los agentes de la dependencia, y San Martín, tan lejos, fue el fruto de negarse a un cínico deseo liberal. El libertador no dejó que su ejército se abrazara a la teoría del enemigo interno; impidió que se incorporara al primer capítulo de la “Doctrina de la Seguridad Nacional” para terminar con los caudillos federales.
El paraguayo José Félix Bogado, nombrado por San Martín “trompa de órdenes” después de San Lorenzo, condujo el regreso de los veteranos granaderos a Buenos Aires con el grado de coronel que le dio Bolívar. Lo secundaban el capitán Francisco Olmos, el sargento mayor Paulino Rojas y los sargentos Miguel Chepoya, Damasio Rosales, Francisco Vargas y Patricio Gómez.
Por estos siete sobrevivientes que militaron con su vida el sueño de la libertad del continente, ese es el número de granaderos que custodia los restos de San Martín en la Catedral, desde que el cuerpo del padre de la patria regresó a Buenos Aires, 30 años después de su muerte.
Por favor, que Don José no se entere de que los herederos de sus hombres le regalaron para su cumple un morrión al presidente más cipayo de la historia democrática argentina y que tocaron canciones de ABBA para homenajear a Karina. Y mucho menos que sepa que los libertarios torcieron el destino de su sable, el que le regaló a Rosas por su decisión de combatir a la flota anglo-holandesa en el Paraná privatizado para los Neuss.

18 agosto 2026

“Sexto Panteón”, una colosal ciudad subterránea bajo el Cementerio de la Chacarita creada para albergar a más de cien mil difuntos

 Fue el primer y más grande ensayo mundial de arquitectura moderna aplicada al ámbito funerario. Su autora fue la urbanista Ítala Fulvia Villa, una mujer pionera, vanguardista y brillante que diseñó el descanso eterno de los porteños y que, sin embargo, fue sepultada por el olvido de su propio tiempo 

Por Gerardo Di Fazio

18 Jul, 2026  INFOBAE

El primer predio del Cementerio de Chacarita funcionó en los antiguos terrenos de la dotación del Colegio Nacional de Buenos Aires, conocido como la “Chacarita de los Colegiales” pero colmó rápidamente su capacidad y fue clausurado. Las sepulturas fueron trasladadas al sitio que ocupa hoy. Su fachada fue diseñada posteriormente por el arquitecto Juan Antonio Buschiazzo

Hay lugares en Buenos Aires donde el silencio no es solo la ausencia de ruido, sino una densa materia que se puede tocar. Quien camina hoy por las extensas hectáreas del Cementerio de la Chacarita, la necrópolis más grande de la Argentina y una de las mayores del mundo, suele buscar los mausoleos tradicionales, las estatuas de mármol que lloran un esplendor perdido, o las tumbas de los mitos populares como Carlos Gardel, Alfonsina Storni, la Madre María o Sandrini, entre otros. Sin embargo, pocos de los caminantes que recorren la superficie advierten que bajo sus pies se extiende una de las epopeyas arquitectónicas más audaces del siglo XX.

Se trata del llamado “Sexto Panteón”, una colosal ciudad subterránea de hormigón armado concebida para albergar a más de cien mil difuntos. Una obra que, mirada con los ojos de la historia y el arte, constituye el primer y más grande ensayo mundial de arquitectura moderna aplicada al ámbito funerario. Pero detrás de este laberinto de sombra y luz natural, se esconde otra historia de sepulcro y desmemoria: la de su creadora, la arquitecta Ítala Fulvia Villa. Una mujer pionera, vanguardista y brillante que diseñó el descanso eterno de los porteños y que, sin embargo, fue sepultada por el olvido de su propio tiempo.

Para comprender la magnitud de lo que Ítala Fulvia Villa edificó bajo la tierra, es necesario desandar los pasos del suelo que pisamos. El origen del Cementerio de la Chacarita está íntimamente ligado a la tragedia y a la emergencia sanitaria. Hacia 1871, la Ciudad de Buenos Aires fue azotada por una devastadora epidemia de fiebre amarilla que diezmó a casi el diez por ciento de su población. Los cementerios existentes, como el de la Recoleta o el Cementerio del Sur (hoy Parque Ameghino), colapsaron en pocas semanas. La muerte cotidiana se transformó en un problema logístico inmanejable.

Ante la desesperación, las autoridades municipales adquirieron tierras en lo que entonces eran los confines de la urbe: los antiguos terrenos de la dotación del Colegio Nacional de Buenos Aires, conocidos popularmente como la “Chacarita de los Colegiales”. Allí, con urgencia y desazón, se improvisó el primer cementerio, conectado por una línea de tranvía fúnebre ideada para trasladar los féretros desde el centro urbano. Aquel primer predio colmó rápidamente su capacidad y debió ser clausurado en 1875, trasladándose las sepulturas al sitio definitivo que hoy ocupa, cuya imponente fachada neoclásica fue diseñada posteriormente por el célebre arquitecto Juan Antonio Buschiazzo.
Con el correr de las décadas, Buenos Aires experimentó una mutación demográfica sin precedentes. La oleada inmigratoria europea y la migración interna transformaron a la gran aldea en una metrópolis masiva. Hacia mediados de la década de 1940, el cementerio ya contaba con casi 95 hectáreas de extensión, pero el espacio horizontal comenzó a agotarse de forma alarmante. La lógica tradicional de los grandes mausoleos familiares, las bóvedas individuales y las tumbas en tierra resultaba insostenible para una población que crecía a un ritmo geométrico.

Antiguos sepultureros del cementerio de la Chacarita. La necrópolis nació por la necesidad de darle sepultura a las miles de víctimas de la fiebre amarilla

La muerte, al igual que la vivienda, empezó a sufrir el problema de la densidad urbana. La Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires se enfrentó a un dilema de hierro: ¿cómo expandir los dominios de los fallecidos sin arrebatarle tierras vitales al crecimiento de los vivos?
La respuesta de las oficinas técnicas de la municipalidad a comienzos de la década de 1950 fue de una audacia inusitada. Si en la superficie la ciudad moderna crecía hacia arriba mediante los rascacielos y los bloques de departamentos colectivos, en la necrópolis la solución consistiría en el camino inverso. Había que expandirse hacia abajo. Nació así la idea de construir grandes panteones subterráneos de carácter masivo, una tipología que recuperaba, de manera secular y moderna, el concepto milenario de las catacumbas romanas.

El encargo para diseñar el Sexto Panteón recayó sobre la Dirección General de Arquitectura y Urbanismo del municipio. A la cabeza de aquel equipo técnico se encontraba Ítala Fulvia Villa, quien lideró un grupo de profesionales entre los que figuraba un joven y aún desconocido arquitecto: Clorindo Testa. Junto a colaboradores como Leila Cornell, Gunter Ernest y los demás miembros del departamento, Villa asumió la colosal tarea de excavar una parcela de casi trescientos metros de lado para levantar una estructura que debía ser, al mismo tiempo, eficiente, económica, digna e igualitaria.
La construcción, iniciada en 1950 y concluida en 1958, desafió las leyes de la ingeniería civil de la época. Se extrajeron miles de toneladas de tierra para conformar dos inmensos niveles subterráneos estructurados mediante galerías racionales y monumentales. En total, la obra se proyectó con la capacidad de albergar unos 23.200 nichos para ataúdes y miles de urnas de diferentes tamaños, organizados en una retícula perfecta. Aquello no era una simple acumulación de tumbas; era el urbanismo de los muertos aplicado con una precisión matemática. La verdadera genialidad de Ítala Fulvia Villa residió en transformar un espacio potencialmente claustrofóbico, oscuro y macabro en una experiencia arquitectónica sublime, donde el dolor de la pérdida se diluye en un marco de serenidad monumental. La propuesta estética se encuadró dentro del brutalismo, la corriente derivada de los postulados de Le Corbusier que propugnaba el uso del hormigón visto, rudo y desnudo, mostrando con honestidad las marcas del encofrado y la fuerza de la estructura.

La urbanista Ítala Fulvia Villa, única mujer del Grupo Austral, soslayada por la historia

Al revés de lo que dicta el prejuicio sobre un cementerio bajo tierra, el Sexto Panteón es un territorio inundado de luz. Villa perforó la gran losa del techo que separa el subsuelo del mundo exterior mediante inmensos patios arbolados a cielo abierto. Estos patios internos no solo garantizan una ventilación cruzada perfecta y constante, sino que funcionan como embudos que capturan la luz del día y la distribuyen suavemente a través de las galerías de hormigón. El sol penetra en las entrañas de la tierra, proyectando sombras mutantes a lo largo de las horas y dialogando de manera poética con la idea de la resurrección o la continuidad de la vida.

En la superficie, el panteón es prácticamente invisible para el distraído: se manifiesta solo como un inmenso tapiz verde de césped, interrumpido por la emergencia de volúmenes abstractos de concreto, escaleras geométricas y las copas de los árboles que emergen de las profundidades. Al descender por las amplias y monumentales escalinatas, el visitante experimenta un rito de pasaje. La arquitectura de Villa no busca intimidar al deudo ni abrumarlo con ornamentos sagrados o iconografías dramáticas; al contrario, lo sostiene. El hormigón visto ofrece una austeridad republicana e igualitaria: allí todos los nichos son idénticos, despojados de la opulencia clasista que caracteriza a la Recoleta. Es la muerte entendida como el destino común de la condición humana, cobijada por una belleza geométrica eterna.
¿Quién era esta mujer capaz de concebir semejante obra en una época donde el universo de la construcción estaba reservado exclusivamente a los hombres? Ítala Fulvia Villa nació en la Argentina en 1913. Impulsada por una vocación inquebrantable, ingresó a la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires, donde se graduó con honores en 1935, formando parte de las primeras promociones de mujeres arquitectas del país.

Lejos de conformarse con la labor tradicional de decoración o diseño residencial que el mandato social de la época asignaba a las profesionales de su género, Ítala se arrojó de lleno al urbanismo y a la vanguardia teórica. En 1938, se convirtió en una pieza fundamental para la constitución del Grupo Austral, el colectivo de arquitectos más importante de la modernidad argentina, integrado por figuras de la talla de Antonio Bonet, Juan Kurchan y Jorge Ferrari Hardoy. Villa fue la única mujer en aquel núcleo que introdujo las ideas de la arquitectura racionalista internacional en el Cono Sur y que redactó el famoso manifiesto del grupo, titulado “Voluntad y Acción”. Su labor continuó expandiéndose en el ámbito público. Junto a Horacio Nazar, obtuvo el primer premio del VI Salón de Arquitectura por su monumental plan de urbanización para el Bajo Flores, una propuesta innovadora destinada a solucionar el problema de las viviendas populares mediante supermanzanas y espacios verdes integrados. También participó activamente en el Plan Director para la Ciudad de Buenos Aires a fines de la década del 40, colaborando en los estudios enviados a la oficina de Le Corbusier en París. Ítala no solo dibujaba planos; pensaba la escala humana de las ciudades del futuro.

Ítala Fulvia Villa, creadora del Sexto Panteón del Cementerio de la Chacarita, formó parte de las primeras promociones de mujeres arquitectas del país

A pesar de su imponente currículum y de haber dirigido la obra del Sexto Panteón —una de las mayores estructuras de hormigón de la historia urbana porteña—, el nombre de Ítala Fulvia Villa fue borrado sistemáticamente de la historiografía oficial de la arquitectura argentina durante décadas. Falleció en 1991 en un silencio casi absoluto, desprovista de los grandes homenajes que sus colegas varones recibieron en vida y de manera póstuma.

Las razones de este olvido son múltiples y complejas, arraigadas en las contradicciones de una época y en los sesgos del propio campo profesional. El sesgo de género de la época: en los años cincuenta, el ámbito de la obra pública y la dirección de grandes infraestructuras civiles era un territorio hipermasculinizado. Las jerarquías institucionales tendían a invisibilizar el liderazgo técnico de las mujeres, atribuyendo el mérito de los proyectos a las firmas masculinas del equipo o a los directores políticos de turno. Otro de los tópicos para su olvido fue que, durante muchísimo tiempo, las enciclopedias y los manuales de historia del arte atribuyeron la autoría del Sexto Panteón de manera casi exclusiva a Clorindo Testa. Si bien el creador de la Biblioteca Nacional participó en el equipo como un joven colaborador en sus inicios profesionales, la directora general del proyecto, la encargada de la toma de decisiones estructurales y conceptuales, fue Villa. La posterior y descomunal fama de Testa terminó por fagocitar la figura de su jefa. También hizo mella que al tratarse de un proyecto diseñado dentro de las oficinas del Estado y no por un estudio privado con fines comerciales, la autoría individual se disolvió bajo el sello burocrático de la “Dirección de Arquitectura”. Esto dificultó que el nombre de Ítala trascendiera las fronteras de los archivos municipales. Y sobre todo, el hecho de que la arquitectura de los cementerios suele ser un tema incómodo para la crítica académica tradicional, que prefiere enfocar sus análisis en edificios corporativos, teatros o viviendas burguesas. El panteón subterráneo, concebido para las clases populares y medias en el contexto del dolor y la muerte masiva, fue relegado a un plano secundario de la valoración estética.

Afortunadamente, el siglo XXI trajo consigo una profunda corriente de revisión histórica con perspectiva de género que comenzó a hacer justicia con el legado de Villa. El hito fundamental de esta recuperación llegó de la mano de investigaciones internacionales, en particular el minucioso trabajo de la arquitecta e investigadora francesa Léa Namer. Namer pasó casi una década desenterrando planos, buceando en archivos olvidados de Buenos Aires y entrevistando a los propios cuidadores de la Chacarita —quienes custodiaban la memoria oral del lugar— para reconstruir la verdad histórica.

Proyecto Sexto Panteón del Cementerio de la Chacarita

Caminar hoy por los pasillos del Sexto Panteón es una experiencia sobrecogedora. Mucho abandono, mucha suciedad, y poco interés del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en temas de recuperación y mantenimiento de obras de arquitectura; más bien solo importa lo contrario. Pero a pesar del paso del tiempo y de los desafíos lógicos de conservación que enfrenta una estructura subterránea de semejante escala, la luz sigue cayendo de manera impecable desde los patios hacia los muros de hormigón. Es un monumento a la dignidad humana, una lección de cómo la arquitectura puede domesticar el subsuelo para albergar la memoria colectiva de un pueblo. Ítala Fulvia Villa demostró que el cementerio no tiene por qué ser un sitio de terror o de opulencia aristocrática, sino un espacio público de recogimiento, paz y luz compartida. Es hora de que los vivos, al caminar sobre ese césped de la Chacarita, pronuncien su nombre con el respeto y la admiración que la historia le negó durante tanto tiempo y que su memoria sea recordada y homenajeada. Porque la posteridad no puede ser un eco difuso que se pierde en los laberintos del subsuelo. El olvido de la monumental obra de Ítala no fue un accidente del tiempo, sino una silenciosa arquitectura de la omisión, pero un lauro oficial no debe ser mera burocracia, sino una ofrenda de luz; un desagravio soberano que devuelva a esta creadora de mitos al firmamento de los grandes de nuestra patria. Que el bronce y la ley reparen por fin lo que el silencio sepultó, para que cuando la luz del sol vuelva a besar ese hormigón despojado, Buenos Aires entienda que allí abajo no solo descansan sus muertos, sino también el genio eterno de una mujer que venció a la mismísima penumbra.