23 marzo 2026

Adorni es un síntoma

 

 Jorge Fontevecchia

      13-03-2026  PERFIL

CANDIDATO DE KARINA. Adorni festeja en el escenario tras haber derrotado al PRO en mayo pasado. | cedoc

Como sucede en los matrimonios, la causa de la separación no es aquella que la precipita, sino apenas el disparador de muchas otras causas acumuladas a lo largo del tiempo que, cruzado un umbral, rebasa su dique, pero que ella misma, tiempo antes, hubiera estado contenida formando parte de la acumulación.
La historia indica que los casos de corrupción indignan públicamente a los ciudadanos recién cuando se suman a otras insatisfacciones mayoritariamente económicas.

Un ejemplo actual es la cuestión de Estado en la que se convirtió el viaje de la mujer de Manuel Adorni en el avión presidencial, que abrió el seguimiento periodístico del caso a otro viaje del jefe de Gabinete y su mujer en un avión privado a Punta del Este durante el Carnaval, el cual, sin el viaje a Nueva York, no hubiera sido objeto de interés periodístico, como los fondos con que se pagó el viaje de la mujer de Adorni en primera clase por una aerolínea comercial, que igual hubiera tenido que usar porque en el avión presidencial solo pudo ir la comitiva de ida, ya que a la vuelta Milei regresó antes, y un pasaje de un tramo cuesta casi lo mismo que ida y vuelta.

El clásico efecto dominó: una pieza, al caer, hace caer otras sucesivamente. Pero Adorni no es el sujeto del escándalo, sino Milei, y bien lo entiende el Presidente cuando sale a defenderlo. Adorni es el síntoma en forma de respuesta al creciente malestar con el Gobierno incubado, por un lado, tras la continua suma de poderes fácticos agraviados por Milei y la falta de resultados positivos para la mayoría (población, empresas) de su plan económico.

Un año atrás, cuando Adorni ganaba las elecciones anticipadas de la Ciudad de Buenos Aires y la esperanza en que la economía de Milei terminaría en el futuro no muy lejano dando buenos resultados para la mayoría, ese mismo viaje de su mujer no hubiera generado tanta controversia y quizás el video de su viaje a Punta del Este en avión privado hubiese quedado en los archivos de la Policía Aeroportuaria dentro de los servicios de inteligencia y no habría sido filtrado al público.
Cuando el Presidente les pide a todos los ministros y principales referentes de LLA que salgan a respaldar al jefe de Gabinete, hace lo correcto, porque Adorni no es Adorni, sino la metonimia del Gobierno y del propio Milei, o acaso se podría creer que quien ganó las elecciones de mayo de 2025 en la Ciudad de Buenos Aires fue Adorni mismo y no como realmente fue, él como representante de Milei y sus ideas.

Adorni es un síntoma, y como bien enseña el psicoanálisis, hay una economía del síntoma que se conforma sustituyendo el verdadero objeto del conflicto por un reemplazante menos costoso emocionalmente.

La inefable Lilia Lemoine se sumó a la defensa de Adorni recordando los vuelos del avión presidencial que todos los fines de semana viajaba a Río Gallegos llevando los diarios de Buenos Aires para la lectura de Néstor Kirchner. La comparación omitió recordar que el costo de la flota de aviones presidenciales viajando sin pasajeros recién se convirtió en un escándalo varios años después de que el kirchnerismo tomara el poder, cuando la combinación de factores lo hicieron “económicamente” expresable, ya sea porque las promesas del gobierno no cumplían las expectativas, porque el paso del tiempo había ya erosionado frente a la sociedad la figura presidencial, ya sea porque se le había perdido el miedo inicial; en suma: su capital político había mermado.

Milei debería tomar en cuenta la velocidad con que escaló el tema de los aviones de Adorni en la misma sintonía que escaló en agosto pasado la relación de Espert con el millonario argentino acusado de negocios con el narcotráfico en Estados Unidos, Fred Machado. Una bola de nieve que en el caso de Espert tenía además la paradoja de que no se trataba de un hecho nuevo, sino que cobraba dimensión y velocidad porque estaba en sintonía con el clima político del momento de mayor debilidad de LLA, confirmado en la derrota electoral en la provincia de Buenos Aires en septiembre.

Probablemente, el estigma de los aviones de Adorni haya herido de forma no necesariamente reversible al principal candidato de LLA para competir el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en 2027, dejando la cancha libre a Patricia Bullrich si deseara avanzar en esa candidatura, aunque ella siempre haya preferido lo nacional que administrar un distrito. Probablemente hoy sería gobernadora de la provincia de Buenos Aires si hubiese elegido ir a ganarle al kirchnerismo en su bastión en lugar de encabezar la candidatura presidencial de Juntos por el Cambio en las elecciones de 2023.
La foto que ilustra esta columna del momento de gloria de Adorni en el festejo, tras haber derrotado al PRO en su Capital, refleja en su abrazo de Karina Milei el sector político que representa, en la interna dentro del Gobierno, fundamento de las hipótesis que colocan a Santiago Caputo –el Rasputín todoterreno al que le caben como verosímiles todas las maldades– como operador de la visibilización de las evidencias que terminan incriminando a Adorni como de una campaña en las redes sociales de grupos afines al asesor.

Llegaron a comparar el viaje de la mujer de Adorni en el avión presidencial, luego en primera a Nueva York, y del matrimonio en avión privado a Punta del Este, con la foto de Alberto Fernández en el cumpleaños de Fabiola Yañez, cuando estaban prohibidas las reuniones sociales en medio de la pandemia. Es decir, una herida al corazón de lo más simbólico del relato oficial. Pero volviendo a que la sociedad se enoja por faltas morales de sus gobernantes cuando la economía no los disculpa, si la economía de Martín Guzmán primero y Sergio Massa después no hubiera desembocado en una progresión geométrica de inflación, esa misma foto del cumpleaños de Yañez habría sido resignificada con menos rigor.

Milei debería entonces preocuparse más por el casi 3% de inflación de febrero y los nueve meses consecutivos de quiebre de tendencia en el descenso de la inflación, sumado al parate del consumo, la demanda y la producción con la pérdida de empresas y empleos. Adorni podría ser hasta un fusible como lo fue Espert, cuya cara estuvo en la boleta con la que LLA terminó ganando en octubre, porque lo determinante fue la contención del dólar con el apoyo del Tesoro norteamericano.
En la medida en que no resuelva la economía, a Milei se le comenzará a cuestionar hasta el costo de sus propios viajes internacionales como el que acaba de hacer a España sin justificaciones en cuestiones de Estado.



22 marzo 2026

Una sobreviviente de La Noche de los Lápices habla sobre cómo volver a generar una juventud militante de los Derechos Humanos

 Emilce Moler: “Habrá que volver a explicar todo, pero no con las mismas palabras”

En una extensa charla con Buenos Aires/12 sostiene que las consignas se desgastan, que los propios jóvenes deben entablar una conexión renovada y que la agenda de los Derechos Humanos debe pasar de la resistencia a la vanguardia

Por Andres Miquel - 19 de marzo de 2026 - Página12

Emilce Moler sostiene que "hay una crisis de palabras en el campo de los Derechos Humanos" 
(Archivo-)

Conversar sobre Derechos Humanos con Javier Milei y Victoria Villarruel a la cabeza del gobierno nacional tiene el desafío de construir una nueva agenda en la materia que despierte empatía y apropiación por parte de las nuevas generaciones. Así lo ve Emilce Moler, sobreviviente de la Noche de los Lápices. Hoy, a pocos días de cumplirse 50 años del golpe cívico-militar de 1976, sostiene que “habrá que volver a explicar todo, pero no con las mismas palabras”.

No lo dice con enojo, lo explica como estrategia y una mirada hacia el futuro, porque la agenda de derechos humanos, subraya, se convirtió en un eje de resistencia y no de vanguardia. En una extensa charla con Buenos Aires/12, Moler advierte que “hay una crisis de palabras y significados en el campo de los derechos humanos”, lo que amerita, dice, el surgimiento de nuevas generaciones que hablen con el lenguaje actual. Es decir, que entre pares se desarrollen los mecanismos de diálogo bajo los actuales patrones de convivencia entre jóvenes.

“Las nuevas generaciones son otras, con otra escucha, con otra comprensión de los hechos. No podemos explicarles hablando 45 minutos de la dictadura porque no te escuchan, no te entiende lon las palabras. Muchas veces no comprenden palabras como negacionismo o crímenes de lesa humanidad”, relata desde su experiencia.

Como docente jubilada, asegura que las pretensiones no pueden estar en que el Nunca Más, el pañuelo de Madres y Abuelas, junto con distintos símbolos que son parte de la vida militante de los Derechos Humanos, tengan la misma connotación profunda en los chicos y chicas de hoy. “Nosotros también fuimos irreverentes con algún signo y, sin embargo, pudimos aprender y ser sensibles, entonces tenemos que volver a reconstruir eso, pero no alcanza con repetir como un karma los símbolos”, señala.

Su mirada no convive con ningún descarte. En más de una ocasión aclara que tejer este nuevo mensaje no implica ocultar ni dejar de lado aristas estructurales de la militancia por los DDHH. No se trata, afirma, de dejar de señalizar calles, colocar baldosas, enjuiciar a los genocidas o construir nuevos sitios de memoria donde funcionó un centro de clandestino de detención y tortura. “Eso está y tiene que estar, pero ¿cuál es la agenda que les proponés a los pibes para que vengar a militar los DDHH?”, pregunta Moler.

“Hoy estamos a la defensiva y hay que volver a estar a la vanguardia”, remarca en más de una ocasión.

Salir de la perplejidad

La historia de Emilce Moler cambió radicalmente la madrugada del 16 de septiembre de 1976. A sus 17 años, fue secuestrada de casa en La Plata por integrar la Unión de Estudiantes Secundarios, por militar, por ser joven y pensar un proyecto político que no contemplaba la aniquilación del que piensa distinto. Junto a ella, al menos, otros diez tuvieron el mismo destino. De todos ellos, solo cuatro sobrevivieron a la que se conoce como La Noche de los Lápices.

Años atrás, decidió dejar asentada su historia en un libro. Escribió La Larga Noche de los Lápices, donde volcó recuerdos, dolor, enojos, angustias y vestigios de esperanza. Esa esperanza, sostiene, florece en cada movilización del 24 de marzo, en cada encuentro con jóvenes, en cada comentario sobre su relato escrito, “como el caso de una chica en una biblioteca de Catamarca que me escribió diciéndome que estaba leyendo mi libro, cosas increíbles”.

Moler señala que los pañuelos siguen vigentes en ventanas y balcones. Y, también, pone en valor “las nuevas luchas”. Entre ellas, el feminismo. “Yo no vi venir la ola verde, fue maravillosas y sucedió en democracia, con familias divididas, partidos político divididos, chicas con el pañuelo verde en escuelas católicas, y bueno, creo que se viene algo así, algo que nos va a sorprender”, repasa.

Moler sostiene que nada debe descartarse, pero sí encontrar un puente generacional para volver a generar empatía en la juventud (Archivo -)

De todas maneras, remarca que es un camino que debe gestarse y planificarse. “Nosotros construimos frases, palabras, símbolos e íconos que fueron un emblema que permitieron reconocernos, avanzar, unirnos y generar un entramado social que posibilitó que cuando uno dice Nunca Más quiere decir que nunca más hay que dirimir los conflictos con violencia”, detalla.

—¿Qué sucede hoy cuándo pregunta por el Nunca Más a un pibe?

—Te pueden decir que es consigna de DDHH o, a lo sumo, una consigna kirchnerista, pero no con la contundencia que se hablaba en otros años. Pasa que los símbolos y las consignas se desgastan, hay que recrearlas y alimentarlas.

Desde su mirada, la democracia que logró consolidarse en más de 40 años ininterrumpidos, “está en un punto crítico”. Alerta que está débil y carece de densidad, porque Javier Milei gobierna a base de decretos, con autoritarismo, pregona y gesta la pérdida de derechos, con un agravante que, considera, es peligroso: “Fue en democracia y lo votaron”.

Este escenario, apunta Moler, dejó a los militantes quedaron “perplejos, atónitos y paralizados”. “Es lo peor que le puede pasar a un militante y no se puede salir de ahí, porque cuando se cree que el gobierno ya hizo todo, hay un paso más”, explica.

Una historia de “demonización”

Moler subraya que no puede caer en el enojo con un chico de 15 años que cuestiona el número de 30 mil desaparecidos o que relativiza su historia. Una historia que tiene casi dos años de cárceles, con torturas en el Pozo de Arana, y que la llevó a mudarse de La Plata a Mar del Plata, ciudad donde reconstruyó su vida y arribó a la docencia universitaria.

“Cuando un joven cuestiona hay que habilitar la palabra, el diálogo y, obviamente, exigir que escuche, pero tenemos que dar ese diálogo porque podemos darlo con certeza”, asegura. Repite que hay que salir de la angustia y la perplejidad, aun cuando esa tarea amerite que “haya que volver a explicar todo”.

Recuerda que, en gran medida, la posibilidad que tienen Milei y Villarruel de desprestigiar, agredir, desfinanciar y combatir las políticas de Derechos Humanos, nace en una campaña de “demonización”. Cita la frase de Mauricio Macri cuando aseguró que los Derechos Humanos son un “curro” y lamenta hoy en día ni siquiera tenga valor la verdad. Lo asocia directamente a cómo los militares practicaron el mismo método con los militantes políticos que derivó, incluso, en el acompañamiento o complicidad de la sociedad civil.

Pero cree en un posible “salto de la historia”. Pone como ejemplo cuando se cumplieron 20 años del golpe, en una época que surge la agrupación HIJOS. Desde entonces, las movilizaciones del 24 de marzo se volvieron masivas e incorporaron nuevas generaciones a la militancia. “Eran hijos que les decían a sus compañeros de secundario o de fútbol que su viejo estaba desaparecido, y ahí hicieron simbiosis”, apunta.

Moler propone llevar el trabajo con los jóvenes al territorio, a caminar por el barrio, a buscar referencias locales, a que vean una placa de un desaparecido y alguien les cuente la historia de manera que se apropien. “No tiene que ser una historia de letras muertas, porque si no, los chicos se pueden sensibilizar, pero no hacen el link con el presente, hay respeto, pero no apropiación”, explica.

Toma como ejemplo el programa Jóvenes y Memoria y el caso del cementerio de General Lavalle. Allí, donde se encontraron los restos de Azucena Villaflor, entre varias decenas, los alumnos de una escuela secundaria hurgaron en la historia de su pueblo e impulsaron el que hoy es un Sitio de la Memoria reconocido y visitado.

Pide que, bajo este camino, vuelva la empatía con el de al lado. “¿Desde cuándo un pobre piensa que está como está por culpa de otro pobre y no por los poderosos?”, pregunta Moler. Une su inquietud a que hoy se rompió “la mátrix de lo consensuado”. Por eso, señala, la reconstrucción debe ir de la mano del idioma actual y no de la imposición de conceptos que, quizás, ya no despiertan empatía.





No podrán los negacionistas ni los reivindicadores del Terrorismo de Estado

 


21 marzo 2026

Los amantes del odio

 

   Por Sergio Olguín

14 de marzo de 2026 - Página 12

(NA)

El jueves se conoció la noticia acerca del exconvencional chileno Rodrigo Rojas Vade que fue encontrado tirado en una ruta de la Región Metropolitana de su país. Estaba inconsciente, gravemente herido, desangrándose por un corte en la cabeza, las manos atadas y el cuerpo rociado con nafta. En el brazo izquierdo, uno de sus agresores escribió con un marcador: “viva Kast”. En el derecho aparecía escrito “no + zurdos”. A la hora de escribirse estas líneas, Rojas Vade se encontraba en coma inducido con riesgo de muerte.

Rojas Vade ya no participaba en política, desde que se había descubierto que había mentido con respecto a un supuesto cáncer. Su militancia, nacida en el fragor de las protestas chilenas de los últimos años, se basaba en críticas al sistema de salud poniéndose como una de las víctimas. Resultó un fiasco: no estaba enfermo de cáncer y se había quedado con fondos recaudados para su tratamiento. Su figura se eclipsó tan rápido como había surgido. Sin embargo, las consignas políticas pintadas en su cuerpo y el hecho de que lo hubiesen atacado a las pocas horas de la asunción presidencial de José Antonio Kast, no dejan dudas sobre que se trata de una agresión con “mensaje”: intimidar a los militantes de izquierda, mostrarles el odio que sienten por los que piensan distinto utilizando un ensañamiento físico demencial.

En estos días también se conocieron los resultados del relevamiento que realiza en la Argentina el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBT. El estudio tiene como finalidad registrar los ataques que sufre la comunidad de lesbianas, gays, bisexuales y trans (travestis, transexuales y transgéneros). Agresiones que terminan con asesinatos o heridas gravísimas en las víctimas y de las que, en muchos casos, los agresores salen impunes.

Durante el año pasado en Argentina se cometieron 227 crímenes de odio (en este caso el término “crimen” refiere tanto a asesinatos como a agresiones graves), un aumento alarmante si se consideran los casos de los años anteriores: 120 en 2021, 129 en 2022, 133 en 2023 y 140 en 2024. La cifra casi se duplicó en cuatro años.

No es gratuito alimentar discursos de odio, ni en Chile, ni en Argentina, ni en ninguna parte. Las palabras generan secuelas. El odio apuntado hacia un sector social o político habilita la violencia hacia cualquiera que no piense o no viva como el odiador pretende. Y cuanto más poderosa es la persona que lo expresa, más grave son las consecuencias. Si el Milei panelista insultaba y agredía en un programa de televisión, su acción tenía un límite claro, incluso algunas veces ese límite lo ponía el conductor televisivo (como hizo Marcela Tinayre cuando lo echó de su programa mientras salía en vivo). Pero desde el momento en el que Milei se convirtió en diputado, y mucho más desde que es presidente, sus palabras se convirtieron en un claro mensaje político de odio, cuyas consecuencias todavía no han sido lo suficientemente evaluadas. Sus palabras, pero sobre todo sus actos.

Como nunca en democracia, las fuerzas de seguridad están en función de reprimir cualquier manifestación contraria al gobierno. El gobierno aprovecha cada reclamo de los jubilados o de sectores vulnerables para sacar a relucir su fascismo larvado. Ganan el centro de la escena a fuerza de golpes y detenciones. Tienen claro que el odio no es “piantavotos” sino todo lo contrario: un sector de la sociedad compró (o ya tenía, mejor dicho) el discurso odiante del gobierno, lo alimenta, lo cuida, lo hace crecer. Aman el odio con un fervor despreciable.

Desarmar el Inadi, acabar con las políticas públicas de género, la falta de cumplimiento del cupo laboral travesti-trans en el Estado, son medidas coherentes con el discurso que promueven los libertarios. Si el Estado no se hace cargo de desarmar prejuicios y, en cambio, los asume como propios, el crecimiento de la violencia sobre los sectores más vulnerables es la consecuencia natural.

Cuando Ramiro Marra, patrulla perdida y humillada de los libertarios, insulta en redes sociales a una mujer musulmana, no hace más que incentivar a que otros hagan lo mismo. El gobierno, tan rápido para copiar cualquier cosa que llegue de Estados Unidos, también lo imita persiguiendo a inmigrantes de países vecinos. El gobierno nacional libertario y también su segunda marca, el PRO que gobierna la Ciudad de Buenos Aires.

En pleno furor de persecución por parte del ICE en Estados Unidos, la Dirección Nacional de Migraciones y la Policía Federal lanzaron un operativo para detener a inmigrantes bolivianos en Liniers. Por su parte, el Gobierno de la Ciudad anunció que a partir de este año en los hospitales públicos tendrán prioridad los residentes de la Ciudad, como si no hubiera una continuidad (laboral, cultural, económica) con el Conurbano. Los trabajadores extranjeros que no cuenten con papeles de residencia (algo que no les es fácil de conseguir especialmente a bolivianos, chilenos o peruanos) la tienen peor: deberán pagar los tratamientos médicos. “La Ciudad no va a ser más la prepaga gratuita de ningún extranjero”, expreso con orgullo Jorge Macri. O sea, los extranjeros pueden trabajar hasta deslomarse en negro, pero mejor que no se enfermen.

Mientras el presidente argentino hace de sus discursos una cloaca maloliente de prejuicios y agresiones, otro presidente pone un poco de cordura desde la política. Se trata de Pedro Sánchez, el primer mandatario español, que participó del Foro contra el odio que se desarrolló en Madrid el 11 de marzo, casualmente el mismo día que asumía Katz en Chile. En su discurso dijo: “¿A cuántas personas han odiado en su vida? ¿A una, a dos, a ninguna? Odiar a una persona no es tan fácil. Alguien, evidentemente, puede no gustarnos. Podemos discrepar, incluso sentir rechazo. Odiar es otra cosa. Para odiar antes hay que dar un paso más concreto y es dejar de ver al otro como un ser humano. Y ese proceso lo conocemos bien porque el punto de partida son los estereotipos. Etiquetas que reducen a las personas a clichés: un inmigrante presentado como delincuente, una mujer libre como una amenaza, la persona trans reducida a una burla. (…) El odio se cultiva y se promueve, se fabrica. Es como un virus en un laboratorio con el que se experimenta. Se propaga de manera fría y calculada con estrategias que sirven a determinados intereses. Porque el odio se ha convertido en un arma política, un arma que no solo sirve para atacar o acosar, sino sobre todo para acallar voces”.

No se trata, inocentemente, de contraponer el odio al amor. La discusión política no es –no debería ser- una mala telenovela. El desafío es desarmar el discurso libertario desde una propuesta política superadora, que incluya hacerse cargo de nuestro enojo y nuestras ganas de que algún día paguen los que permitieron que Milei y los suyos hayan destrozado la Argentina.



La medalla que te está devolviendo


 Por Graciela Geuna

15 de marzo de 2026 -PÁGINA 12


 Desaparecidos Dictadura (Sin CreDesaparecidos Dictaduradit)

Tengo en mis manos una foto. Es de una medalla dorada, redonda, chiquita. De un lado tiene un rostro de perfil, el de la Virgen Niña. Del otro lado, bien clarito, dice GRACIELA en mayúsculas y abajo una fecha: 3-9-74.

Cincuenta años. Dentro de ese pequeño fragmento de metal caben 50 años, mucha vida, dolor en cantidades difíciles de precisar. Caben también certezas que deshacen silencios.

Esa medalla tiene mi nombre porque fue mía. Fue tuya. Es nuevamente mía. Se cerró el círculo. Yo soy la “Graciela” de la medalla. Graciela Geuna. A veces tengo que decirlo todo junto porque mi historia tiene dos partes que no se separan: soy familiar de desaparecido -mi esposo, Jorge Cazorla- y soy sobreviviente del campo de concentración y exterminio La Perla de Córdoba. Desde 1980, como sobreviviente, me cargué el testimonio al hombro: la denuncia de la metodología del exterminio y sus autores. Como familiar, estoy buscando con el colectivo de querellantes en la causa enterramientos clandestinos.

Esa medalla, tiene una fecha grabada, es la de mis 19 años, el 3 de septiembre de 1974.

Y esa medalla apareció. Apareció en los trabajos de excavación, en Loma del Torito. El Equipo Argentino de Antropología Forense la encontró en “el sedimento cercano a LTZB-T14”. Y eso, para mí, dice algo muy claro: que ahí estuvo Jorge. Jorge Omar Cazorla, mi marido, asesinado y enterrado clandestinamente por el Tercer Cuerpo de Ejército en 1976. La medalla marca un lugar preciso, único, donde Jorge ahora aparece. Aparece su rastro.

Medalla Desaparecidos Medalla Desaparecidos (Sin Credito)

¿Qué es una medalla? ¿Qué es esta medalla hoy?

Para mí fue siempre un objeto protector. Mediador también, entre mis padres y yo. Mis padres me la regalaron ese día que cumplí 19. Era una marca de amor que me acompañaba, era la presencia de mamá y papá a donde fuera. No me la sacaba nunca. En la foto de mi casamiento con Jorge estoy con la medalla puesta.

Cuando vimos que nos estaban matando a todos, unos días antes de que cayéramos, se la puse alrededor del cuello para que lo protegiera. No recuerdo qué me dijo ni sé qué pensó, pero sé que la aceptó y ya no se la sacó más. La tuvo hasta el final. Y después... ¿hasta cuándo habrá estado con él? ¿Veinte, treinta, cincuenta años?

Un amuleto, según la Real Academia Española, es un “objeto pequeño que se lleva encima, al que se atribuye la virtud de alejar el mal o propiciar el bien”. Cuando la muerte rondaba cerca, yo quise compartir esa protección a Jorge. Se la di, se la puse alrededor del cuello como un gesto de cuidado, para estar con él, acompañarlo en esos días de terror. Tomá esto mío, llevalo con vos; te doy mi medalla, mi estampita, mi cosito de la suerte. Estoy con vos.

Ese amuleto no pudo evitar la muerte, pero lo acompañó y protegió su identidad. Ha sido un hilo de amor. Un hilo conductor de amor: de mis padres hacia mí, de mi hacia Jorge. Y hoy vuelve. Para decirme que estás o al menos estuviste allí, aunque tus huesos no hayan sido identificados.

La medalla es también una marca. Señal, signo, muesca, distintivo, indicador, dice el diccionario. Es la certeza de que ahí, exactamente ahí, te llevaron. Un punto exacto, que se puede ubicar en el mapa, geolocalizable, único. Una coordenada inequívoca en el gigantesco predio de 14 mil hectáreas que tiene el III Cuerpo de Ejército. La medalla marcó un pedacito de terreno claramente identificado dentro de las hectáreas que excavó el EAAF en 2025. ¿Cuánto es eso? Un puñadito de tierra entre montes y cerros.

Los expertos nos contaron que otros objetos los encontraron con detectores de metales. Pero la medalla apareció casi en la superficie. Así nomás, como si la tierra la hubiera protegido y devuelto en el momento justo. Salió por fortuna, salió por destino, salió por deseos. La tierra se abrió para decirnos que guardó la medalla de Jorge.

Pensé que se la habrían a robar como a todo, porque a los desaparecidos les robaban todo. Pero cuando se llevaron a Jorge, era invierno y tenía puesto un pullover con cuello redondo que ocultaba la medalla. La ropa la escondió, el cuerpo se fue con su amuleto y la tierra cuidó de ese círculo dorado, ese hilo de amor. Hoy me la devuelve y habla en tu nombre Jorge. Vos no podés hablar, la medalla sí.
Jorge tenía 22 años cuando el ejército lo secuestró, lo mató y escondió su cuerpo. Estudiaba abogacía en la Universidad Nacional de Córdoba, militaba en la Juventud Universitaria Peronista. Era de Villa Mercedes, la ciudad de la calle angosta, la de una vereda sola. Además de la militancia y el Derecho, amaba la música: había trabajado de disc-jockey, daba clases de matemáticas, era un torbellino de energía vital. Era la persona más sociable del mundo. Salir con él era pararse cada dos pasos a saludar amigos.

Todavía no hemos recuperado tu cuerpo, pero ya sabemos que estuviste ahí, que está en algún lugar de esa tierra. En ese lugar preciso, que ahora está marcado.

La medalla es también una evidencia, una prueba. Un objeto que existe, que se puede tocar, analizar. Tangible.

Apareció junto a huesos, junto a 1.263 restos y fragmentos óseos que recuperaron entre septiembre y diciembre de 2025 en el paraje conocido como Loma del Torito, dentro de los terrenos del III Cuerpo de Ejército.

“Huesos de manos o pies: carpos, metacarpos, tarsos, metatarsos y falanges; así como piezas dentales, algunas vértebras y algunas costillas”, dice el reporte del EAAF. Dice también que hallaron “cráneo, mandíbula, miembros superiores, miembros inferiores y pelvis”.

Se identificaron a 12 desaparecidos, a vos aún no. Pero por la medalla sabemos que estuviste allí. La medalla es una certeza. Pero también es un enigma y una pista: ¿Qué recorrido hicieron con tu cuerpo? ¿Con los cuerpos que estaban con vos? ¿Dónde estuvieron antes? ¿Adónde después? La medalla es una marca en ese camino, y ese camino lo vamos a rehacer.

Siguen secuestrados, sí. Pero nuestra búsqueda está cambiando todo. Cincuenta años después los estamos encontrando. La muerte es parte de la vida, pero la desaparición no. Los estamos trayendo de regreso a un mundo compartido.

Esa medalla dice que nuestra búsqueda tenía sentido. Que sigue teniendo sentido. Que sigamos.