29 agosto 2026

Una explicación brillante sobre la ciencia y sus aplicaciones

 

El crimen de Hind Rajav

 

Después de casi dos años, el estado de Israel se reconoció culpable del asesinato de la pequeña Hind Rajav, de su familia y de los paramédicos que a bordo de una ambulancia llegaban a rescatarla. Un crimen que simboliza el genocidio palestino y los asesinatos de decenas de miles de niñas y niños como ella. Desgarradoramente recreados en la película La voz de Hind Rajav.

20/08/2026

Por Claudia Rafael

(APe).- Y ya no pudieron sostener más la mentira. Casi dos años después de decir que el ejército israelí no estaba ahí, se reconocieron como los culpables de la muerte de una nena de 5 años, su tía, su tío, varios primos y los rescatistas que llegaban en ambulancia a salvar a la niña, que era la única con vida hasta ese momento. El Kia Picanto negro había salido con la familia de la zona de Tel al-Hawa, en Gaza, para escapar de las tropas israelíes y llegar al Hospital Ahli, al este de la ciudad. Después de las primeras ráfagas, las únicas con vida eran Hind Rajav -la nena de 5- y su prima Layan, de 15. Protegidas por los cuerpos de sus familiares ya muertos lograron llamar a la Media Luna Roja de Palestina y durante media hora eran las dos, una con la otra. Después ya no, sólo la pequeña. Durante tres horas más. En una conversación imposible para tratar de imponer la vida contra tanta muerte. De aportar ternura ante tanto terror. De intentar salvarla de los que después negarían lo evidente hasta ahora.

Ya está oscuro. Tengo miedo. Decía Hind Rajav con su vocecita de 5 años aquel 29 de enero de 2024. Hanood, cariño. Le respondía la voluntaria de la Media Luna Roja de Palestina con una fortaleza que sólo podían provenir de la convicción y la decisión de salvarla. Horas de intercambio de un diálogo doloroso desde las entrañas, sabiéndose a 8 minutos de distancia. 8 minutos. Nada más que 8 minutos. Unos pocos metros. Un recorrido simple, fácil, común. Que se entremezcló con las voces de los actores en la película La voz de Hind Rajav, de la directora franco-tunecina Kaouther Ben Hania.

Estoy aquí contigo. No tengas miedo. ¿Puedes decirme dónde estás exactamente? ¿Ves algo alrededor?. Preguntaba Rana Faqih, la voluntaria. A lo que Hind contestaba el tanque está muy cerca. Se está moviendo... Está al lado del carro.


Ver el video de reconstrucción del grupo de investigación Forensic Architecture, en colaboración con periodistas de Al Jazeera y el colectivo Earshot.

Tres horas de esa conversación. Que se volvía llanto. Que la película reconstruye desgarradoramente. Que golpea las entrañas. Porque se escuchan las voces reales entre las de ficción. Y fue la mamá de Hind, de Hanood –como ella se presentó al inicio- la que autorizó a Kaouther Ben Hania a incluir en la película los audios verdaderos. Porque era la mamá la que había mandado a su pequeña con los tíos en el auto (ella y su hijo mayor irían caminando) en el intento de salvarla de las garras asesinas de Netanyahu y se quedó en su casa en una triangulación de los diálogos telefónicos en la esperanza de que la salvaran. Y finalmente fue la muerte. Provocada por algunos de los 335 orificios de disparos en el Kia Picanto encontrado recién 12 días después de la masacre.

Esa muerte que el gobierno y el ejército israelí negaron hasta ahora. En ese intento de borrar de sus pergaminos el horror del que son portadores. Y del que se tuvieron que hacer cargo porque las evidencias –película galardonada incluida- eran contundentes.
Tan contundentes como la voz de la directora rechazando el premio a la cinta más valiosa en el Festival Internacional de Cine de Berlín de febrero pasado por la complicidad de los organizadores con el genocidio de Israel en Palestina. En el que la voz de la pequeña Hind Rajav es el símbolo de las decenas de miles de niñas y niños asesinados en el holocausto palestino.

Trailer de La voz de Hind Rajav



27 agosto 2026

La radio cumple 106 años SIEMPRE ESTUVO AHÍ *

 

Siempre estuvo ahí. Con su forma de capilla, con su tamaño de televisor, con un diseño poco estilizado y con sus válvulas que había que esperar que se calentaran, para que emitiera sonido.

Siempre estuvo ahí. Como hoy que es pequeña, portable, transistorizada, digital, de bellas formas. 

Siempre estuvo ahí. Acompañando, entreteniendo, informando. A veces, reflexionando. 
Pasó del comedor o la cocina y localizada en un lugar fijo, a recorrer las calles en un bolsillo con los auriculares en las orejas del oyente. 

Siempre estuvo ahí. En la pelea Firpo – Dempsey en 1923. En las carreras de Fangio en Europa. Cuando Pascualito Pérez ganó el título mundial mosca en Tokio en 1954. En los boletines de la guerra. 
En aquel sábado 26 de julio, cuando a las 20,25 medio país lloraba y otro medio país sentía alivio, recuerdo el escenario como si fuera hoy: en Jubileo, Entre Ríos, ese pueblo caído del mapa donde pasé los primeros años de mi infancia, el único contacto con el mundo era la RCA Víctor a batería. La noticia se escuchó en una cerrada noche de invierno, mientras cenaba con mis padres, pertenecientes a la clase media antiperonista. Yo tenía 7 años. El silencio invadió el ambiente alumbrado con faroles a kerosene. Una pregunta rompió el clima que provocaba la noticia. El niño preguntó: ¿Quién le cocinará ahora a Perón?

Siempre estuvo ahí. Esperándome al regreso de la escuela, o a la vuelta del campito donde la pelota era el único juguete disponible e imprescindible. Escuchando los pasos de Tarzán en la selva, o luchando contra las momias, en habitaciones en donde subía el piso o bajaba el techo y había que esperar hasta el día siguiente,  a las seis de la tarde, para saber qué suerte correría el héroe. El café con leche con pan y manteca, a veces con jalvá, que muchos años después se llamó Mantecol, mientras me angustiaban las desventuras del León de Francia. 

Siempre estuvo ahí. Los jueves a las 21 horas, y los domingos a las 12,30 horas con los programas emblemáticos de Jabón Federal.

Siempre estuvo ahí. En el relato de los abuelos venidos de Rusia a las colonias judías de Entre Ríos. En una de ellas, Colonia López, donde se habían asentado, un vecino trajo la primera radio e invitó a los demás colonos a escuchar algo que sonaba a mágico y sorprendente. Por esos azares el aparato no funcionó. Uno de los invitados, con aire sobrador le dijo con sorna al dueño de casa: “¿Como podés creer que de ese cajón va a salir una voz?”   

Siempre estuvo ahí. Desarrollando nuestra imaginación, alentando la curiosidad. 

Siempre estuvo ahí. En las transmisiones de fútbol de los domingos. Con Fioravanti, con Aróstegui, con Lalo Pelliciari, con Bernardino Veiga. En aquel mundo mucho más ingenuo, el niño de Jubileo se preguntaba si el partido se suspendía cuando se pasaba la publicidad. Aquel cándido interrogante infantil se transformaría en realidad, parcialmente, cinco décadas más tarde con el reinado omnímodo de la televisión.

Siempre estuvo ahí. Con “Los Pérez García”, con “El Glostora Tango Club”, con”La Craneoteca de los Genios” de Tincho Zabala y Marianito Bauzá, con la genial “Catita” de Niní Marshall o el “Felipe” de Luis Sandrini. 

Siempre estuvo ahí. Con “La Revista Dislocada”, en las largas transmisiones del escrutinio de las elecciones con tres mesas de Paraná, dos de Comodoro Rivadavia, tres mesas femeninas de Almagro y dos masculinas de San Miguel de Tucumán. No había encuestas, bocas de urna, ni analistas de tendencias. 

Siempre estuvo ahí. En los partes militares, en los derrocamientos de los gobiernos elegidos con y sin proscripciones, en la lucha de azules y colorados. 

Siempre estuvo ahí. Con el cine Lux de los sábados a la noche.

Siempre estuvo ahí. En los campeonatos mundiales de fútbol, en el comunicado a las tres de la mañana del 24 de marzo que inició un silencio de radio durante los años de plomo, o en los partes victoriosos de la guerra de Malvinas. 



Siempre estuvo ahí. Con las voces emblemáticas de Cacho Fontana, Héctor Larrea, Antonio Carrizo, Julio Cesar Barton, Juan Alberto Badia, Quique Pesoa. Con las noches románticas y perturbadoras de Betty Elizalde, Nora Perlé y Nucha Amengual. La revolución del estilo y las formas que llegó con Hugo Guerrero Marthineitz. El nacimiento de la radio intimista que no hablaba a la audiencia sino a cada escuchador. 

Siempre estuvo ahí. Cuando había que madrugar los sábados a la mañana, con la dictadura criminal en retroceso,  para escuchar cosas sorprendentes, en ese programa insólito de un tal Eduardo Aliverti, una voz nacida para la radio,  y la dulzura expresiva de Liliana Daunes.

Siempre estuvo ahí. Cuando a partir del 10 de diciembre de 1983 aparecieron nuevas voces en la sorprendente Radio Belgrano dirigida por Daniel Divinsky, que los nostálgicos de la dictadura criminal llamaban Radio Belgrado.

Siempre estuvo ahí. Renaciendo de sus cenizas, cuando la televisión, la hermana menor y prepotente, pensó que se quedaba con todo. Y hoy con los avances tecnológicos de Internet llegando a cualquier lugar del planeta o escuchando en diferido el programa elegido por Radio Cut.   
 

Siempre estuvo ahí. Soportando los malhumores de los dieciocho años sin campeonatos de River. Escuchando desde 1981 al más notable relator de fútbol de todos los tiempos, el uruguayo-argentino Víctor Hugo Morales. Lenguaje rico, metáforas ingeniosas, vuelo poético, para “ver” un partido por radio.

Siempre estará ahí. Distribuyendo música a domicilio en algunas de las frecuencias de FM. La radio es imbatible, aunque se la ningunea en los otros medios. Cambiando con los tiempos. Entretenimiento ayer, periodismo hoy. Recorriendo el camino de las válvulas a los transistores y de éstos a los integrados. De la RCA Víctor a la Spica, de la Hitachi a la Sony. Habiendo pasado por la Tonomac y la Noblex Siete Mares. De la onda corta a la frecuencia modulada. De las radios alternativas por Internet, a las conexiones con cualquier lugar del planeta.

Siempre estará ahí. Con los mensajes de los oyentes, con Vela ayer, y hoy con Ángela de Piñeyro, Marta del Obelisco, Julio de Colegiales, Oscar de Chacarita, Eduardo del Barrio Copello, o Sergio de Monserrat.
Y visto desde la emisión, la magia permanece y se consolida cuando desde el estudio una reflexión, una mesa redonda, un reportaje, lo recibe un trabajador en el campo, un obrero en la fábrica, alguien que lleva la radio al baño, una chica la sintoniza en su celular, caminando o en el colectivo o un automovilista la selecciona en su vehículo.

Siempre estuvo ahí: parafraseando a Jorge Luis Borges, “a mí se me hace cuento que nació en 1920, la juzgo tan eterna como el agua y el aire” 

Siempre estuvo ahí: para estimular la imaginación a través de uno de los atributos más maravillosos de los seres humanos: la voz.
   
Siempre estuvo ahí: y estará para que Carlos Ulanovsky siga haciendo radio al tiempo que escribe su historia. 

Siempre estuvo ahí. Porque la locura de “los locos de la azotea” que hicieron la primera transmisión, es contagiosa y se prolonga genéticamente. Pasa de generación en generación. Por eso la radio no deja de ser una adolescente de apenas 100 años, cálida y generosa.  La radio, la radio,  siempre está y estará ahí.    

27-08-2020

•Texto apenas modificado que fue transcripto generosamente por Carlos Ulanovsky en su libro de reciente aparición: “ 36.500 días de radio” 
*PUBLICADO EN LA TECLA Ñ  


PROGRAMA EL TREN DEL 25 DE AGOSTO DEL 2026

 


El martes 25 de agosto del 2026, se subió a EL TREN, en la segunda hora, el músico y humorista Alejandro Sanz. Músico de cuatro décadas de experiencia profesional en folklore y humor costumbrista, productor, creador de proyectos musicales y humorísticos para radio, teatro y formatos en vivo. Artista versátil con experiencia en composición, interpretación, humor sonoro y producción integral de contenidos. Docente y tallerista especializado en narrativa sonora y edición de audio. Es músico desde 1973. Fue fundador del Trío Laurel (1973-2010), agrupación destacada dentro de la música popular argentina. Inició la carrera de solista en 2010, con colaboraciones en diversas formaciones, entre ellas con el actor y director Claudio Gallardou y el músico cubano integrante de la trova Rafael de la Torre. Es integrante de la orquesta teatral Cosa ’e Mandinga desde 2015, dirigida por Claudio Gallardou. Es creador y productor de contenidos humorísticos y artísticos para radio. Ganó el Martín Fierro por labor humorística. Es integrante del dúo DOS BARDOS, junto a Claudio Gallardou, con el espectáculo “La nueva edad media”. Ha participado de espectáculos junto a Adrián Stoppelman y Rudy.

Un viaje inolvidable con canciones divertidas y diálogos chispeantes. Un recorrido sobre su vida. Sin dejar de lado la realidad política 



En la primera hora se analizó minuciosamente la salud presidencial, su aislamiento, sus desequilibrios, sus insultos descontrolados, con anécdotas sorprendentes. Testimonios solventes de periodistas que conocen al Presidente. Los números económicos. La falta de empatía en general y ahora con los endeudados en particular. La destrucción de la ciencia. Un testimonio de una ingeniera nuclear conmovedor. Testimonios de diferentes analistas

Súbanse a El Tren, desde el andén de sus domicilios



El TREN, UNA VOZ DIFERENTE PARA ESCUCHAR, REFLEXIONAR Y DISCUTIR                



26 agosto 2026

Mientras su padre podía morir

 

Por Martín Smud

21 de agosto de 2026


Messi PATRICIA DE MELO MOREIRA. AFP

Hay imágenes que necesitan tiempo para poder ser entendidas.

Cuando vi llorar a Messi después del Mundial pensé, como tantos, en el resultado, en la Selección, en el final de una competencia que probablemente significaba muchísimo para él.

Hoy, con algunos datos que entonces no conocíamos, vuelvo a mirar ese llanto de otra manera.
En febrero de 2026 su padre ya atravesaba una enfermedad grave. No podemos saber, a partir de aquellos estudios, si los médicos conocían cuál iba a ser el desenlace ni cuánto tiempo podía quedarle. La medicina tampoco dispone de semejante reloj.

Pero visto desde hoy, aquellos datos adquieren otro peso. Durante el Mundial la muerte de su padre ya era una posibilidad concreta en la vida de Messi.

Tan concreta que ocurrió algo extraordinario y terrible: en pleno Mundial una periodista argentina llegó a anunciar que Jorge Messi había muerto. La noticia era falsa. Hubo que desmentirla.

Pero una falsa noticia también puede decir algo acerca de la verosimilitud de aquello que anuncia. Nadie hubiera podido anunciar la muerte de un hombre perfectamente sano. La posibilidad estaba ahí.
Jorge Messi murió finalmente el 8 de agosto, pocas semanas después de terminado el Mundial.

Eso quiere decir que mientras Messi estaba concentrado, mientras entraba a una cancha, mientras millones de personas discutíamos si tenía que correr más, si debía bajar a buscar la pelota, si Argentina dependía demasiado de él, su padre podía estar muriéndose.

No sé cuánto sabía Messi, qué le habían dicho exactamente los médicos, qué hablaba con su familia ni qué temía cuando se quedaba solo.

Y no quiero inventarlo.

Pero hay algo que sí podemos preguntarnos: ¿cómo se juega un Mundial cuando al mismo tiempo se está jugando algo mucho más importante fuera de la cancha?

Estamos acostumbrados a pedirles a los jugadores que sean profesionales.

Como si ser profesional significara dejar la vida privada en el vestuario, ponerse la camiseta y transformarse durante noventa minutos en otra cosa. Pero debajo de la camiseta sigue habiendo un hijo.
Messi salió a jugar sabiendo que su padre estaba gravemente enfermo. Corrió, pateó, dirigió al equipo, recibió golpes, soportó la presión de un país entero y tuvo que hacer aquello que tantas veces le exigimos: ser Messi.

Como si ser Messi fuera una obligación y no también una carga.

Eso, para mí, lo engrandece todavía más.

Porque hay partidos que se juegan con las piernas y otros que se juegan mientras una parte de la cabeza está en otro lado.

En una habitación, en un teléfono que puede sonar, en un mensaje de la familia, en un estudio médico, en la pregunta que nadie quiere formular.

Quizás también haya que volver a mirar desde ahí a aquella Argentina.

Era un equipo que por momentos dependía demasiado de Messi. Esperábamos que apareciera. Que inventara algo. Que resolviera.

Durante veinte años construimos alrededor suyo una extraña dependencia nacional: cuando las cosas se complican, dásela a Messi.

Pero ¿qué ocurre cuando Messi también necesita que alguien le dé la pelota a otro?

Tal vez aquel partido contra España pueda leerse también desde ahí.

No para explicar futbolísticamente una derrota por la enfermedad de un familiar. Sería demasiado sencillo y seguramente falso. Un partido se pierde por muchas razones.

Pero los jugadores no llegan a la cancha desprendidos de sus vidas. Llegan con ellas.

Y Messi llegaba con la suya.

Ahora sabemos incluso algo más: fue su propio padre quien, mientras su salud empeoraba, lo alentó a jugar aquel Mundial.

Eso vuelve todavía más extraña la escena.

Messi no estaba solamente jugando mientras su padre podía morir. En cierto sentido, estaba jugando también porque su padre quería que jugara.

Por eso ahora entiendo un poco más aquel llanto.

Quizás lloraba por el Mundial. Quizás por su padre. Quizás por él mismo. Probablemente ni siquiera esas cosas pudieran separarse.

Hay un momento en la vida en que uno descubre que el padre puede morir.

No importa cuántos años tenga uno, cuántos Balones de Oro haya ganado ni cuántas personas griten su nombre.

Frente a esa posibilidad volvemos a ser hijos.

Y entonces la imagen cambia.

Ya no veo solamente al mejor jugador argentino tratando de llevar otra vez a su país hasta el final.

Veo a un hombre haciendo su trabajo mientras una parte de su vida estaba en otra cancha.

Durante toda su carrera, cuando algo parecía imposible, le pedimos a Messi que hiciera algo.

Esta vez no podía.

Había un partido en el que ni siquiera Messi podía hacer un gol.