28 septiembre 2026

La propiedad privada de los demás

 

                                                                Por Patricio Pron                                                                        
                                                  25 de septiembre de 2026 - Página12

     afp

Existe una diferencia tan grande entre la cita y el plagio que sólo alguien muy limitado intelectualmente, un estudiante con granos o una persona que desea engañar a otras puede no reconocerla. Curiosamente, ese es el tipo de persona que más ganas tiene de escribir aunque no tenga nada para contar ni sepa cómo hacerlo. Unas semanas atrás, el economista Roberto Cachanosky acusó en redes sociales al presidente Javier Milei de haberle plagiado un artículo que él había publicado dos veces: en 2019 y en 2022. Se suele decir que entre bueyes no hay cornadas, pero Cachanosky —que parece no tener problemas con el autoplagio— no perdonó el del presidente: según él, “el concepto original, el recurso del título numérico, la explicación inicial, el punto de partida y parte del recorrido argumental” del artículo de Javier Milei eran iguales a los de sus textos. “Pues bien. Me equivoqué. Volverá a suceder, quizás”, escribió en una oportunidad Rodolfo Fogwill. Puede que el presidente —de estar en condiciones de hacerlo— suscribiría todas sus palabras menos el último adverbio. Decenas de columnas ‘suyas’ en El Cronista fueron denunciadas como plagios en 2021. Pandemonics, ‘su’ libro de 2020, plagiaba un artículo de los investigadores mexicanos Alberto Rodríguez y Jorge Cervantes. Dos años después, en 2023, fue acusado de plagiar a los chilenos Verónica Mies y Raimundo Soto en ‘su’ libro Capitalismo, socialismo y la trampa neoclásica. Ni siquiera el Conicet —donde, como afirmó el presidente en 2023, sólo se “escriben estupideces”— quedó al margen de su voracidad por las ideas de otros: Milei también plagió el trabajo de uno de sus miembros, el economista Fernando Toledo.

Posiblemente, Milei comparta con Richard Nixon algo más que una relación complicada con la realidad; como escribió el periodista estadounidense Nourman Cousins en el Daily Telegraph en una ocasión, “la frase de cabecera del presidente Nixon era que ‘si dos errores no hacen un acierto, prueba con un tercero’”. Desde luego, un error es tan sólo un accidente, dos tal vez constituyan una mala racha y tres dan cuenta de una inteligencia, por lo menos, reducida. Pero en las figuras públicas —y, especialmente, entre los políticos— parecen ser prueba de algo más, del tipo de narcisismo potencialmente autodestructivo que lleva a una persona a creer que siempre se saldrá con la suya. Ésa es la pasta de la que están hechos los grandes líderes, por supuesto. Pero también es el material con el que son confeccionados los dictadorzuelos, los niños malcriados, los taxistas desaprensivos, los vendedores de criptomoneda y los idiotas fatuos. Dos o tres fantasías de omnipotencia y el descaro del adolescente que roba chicles en un kiosco hacen un político hoy en día.

Si alguien quisiera detenerse a considerar cuál es la causa de los plagios del presidente tal vez tuviera que preguntarse si el autoproclamado candidato al Premio Nobel de Economía sabe usar ChatGPT: “Escala mínima viable”, el paper académico acerca del “andamiaje teórico” de su plan económico que publicó en julio de 2026 junto a Demian Reidel, fue escrito por esa inteligencia artificial, según denunció a El País Jesús Fernández-Villaverde, profesor de economía de la Universidad de Pensilvania. Otra posibilidad que esa persona debería tomar en cuenta es que el presidente no cumpla las promesas que hace a sus ghostwriters: cuando la presentadora televisiva española Ana Rosa Quintana incumplió las suyas al ‘colaborador’ que había empleado para escribir la novela Sabor a hiel, éste hizo circular la noticia de que el libro contenía varias páginas copiadas de novelas de Ángeles Mastretta y Danielle Steel y la editorial Planeta se vio obligada a destruir todos los ejemplares.

Por supuesto, la propiedad intelectual es propiedad privada, y resulta especialmente fascinante observar que —como demuestran los escándalos de corrupción más recientes y estos plagios— los defensores más vociferantes de su inviolabilidad no tienen ningún interés en defenderla cuando esa propiedad privada es la de los demás. De algún modo, también es interesante comprobar que el respeto intelectual al que el presidente aspira con ‘sus’ publicaciones lo pone en una lista con cuyos integrantes Milei posiblemente crea que no tiene nada en común. Benito Mussolini publicó una novela titulada Claudia Particella diez años antes de comprender que los rendimientos de la política son mayores que los de la literatura y treinta y cinco antes de terminar colgado en una plaza. Saddam Hussein publicó bajo pseudónimo numerosos poemas y cuatro novelas con títulos como Zabiba y el rey, El castillo fortificado y Aléjense, demonios. Kim Jong-il escribió una ópera titulada “Mar de sangre” que mandó representar durante décadas en el principal teatro de Pionyang, la capital de Corea del Norte. Muamar el Gadafi publicó en 1993 una obra titulada La huida en el infierno en la que podía leerse, entre otras, la siguiente declaración: “Soy un ser humano como ustedes. Me gustan las manzanas”. Diez años después, Gadafi añadió a esa obra otra en la que proponía la solución al conflicto desatado por la ocupación israelí de Palestina mediante la creación de un estado mixto denominado “Isratina”. Saparmyrat Nyýazow, primer presidente de Turkmenistán, fue el autor de un tratado moral titulado Ruhnama o “Libro del alma” que debía ser memorizado por estudiantes y aspirantes a funcionario y del que en una ocasión envió un ejemplar al espacio mediante un cohete para ilustración y entretenimiento de otras formas de vida. Donald Trump es el ‘autor’ de varios libros que asegura no haber leído, entre ellos, El arte de la negociación. Adolf Hitler —lo sabemos— fue un pintor poco dotado.

26 septiembre 2026

PROGRAMA EL TREN DEL 22 DE SEPTIEMBRE DEL 2026

 El martes 22 de septiembre del 2026, se subieron a EL TREN, en la segunda hora, Horacio Lutzky y Guillermo Lipis. 

 Horacio Lutzky
Abogado y periodista, Horacio Lutzky fue codirector de noticias de la señal de TV por cable Alef Network (1995) y docente de la Universidad de Palermo en las carreras de Publicidad (Derecho y Práctica Profesional) y Periodismo.  Ya cuando estudiaba derecho notó que las normas jurídicas, la historia y las instituciones no lograban apasionarlo. En ese momento empezó a colaborar con notas en medios alternativos. Asesor parlamentario en el juicio político a la Corte Suprema menemista por no investigar el atentado a la embajada de Israel y observador en el juicio oral por el atentado a la AMIA; es autor del libro de investigación periodística "Brindando sobre los escombros, la dirigencia judía y los atentados: entre la denuncia y el encubrimiento”, “LA EXPLOSIÓN” y con Miriam Lewin “Iosi, el espía arrepentido”. Fue director del periódico Nueva Sión.

Guillermo Lipis
Es periodista. Escribió en El Porteño; Nueva Sión (que dirigió entre 2000 y 2008); Página/12; el suplemento Enfoques del diario La Nación, donde realizó artículos especiales desde Medio Oriente; y colaboró para la edición latinoamericana de Le Monde Diplomatique. Fue, también, director de Comunicaciones del Club Náutico Hacoaj y en la Federación del Voleibol Argentino ejerció la jefatura de Prensa de la Liga Mundial, entre el 2000 y 2002; la Copa América 2001; y la Dirección Nacional de Prensa del 15º Campeonato Mundial en 2002. En 2004 fue consultor en la Oficina Anticorrupción del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, para la Dirección de Planificación de Políticas de Transparencia; y en 2005 reorganizó el Departamento de Prensa de la Superintendencia de Servicios de Salud de la Nación. Fue secretario de redacción en la agencia nacional de noticias Télam. Publicó Zikarón-Memoria. Judíos y militares bajo el terror del Plan Cóndor (2010). En 2012, el Canal Encuentro estrenó la serie documental Sara Rus, tengo que contar, del que fue coautor y coguionista. Es autor demás de “No lo perdono. El testimonio de Erika Lederer, hija de un médico obstetra genocida”  
Un viaje apasionante en que se abordó entre otros temas, la relación de la comunidad judía argentina con el gobierno de Javier Milei, el Juicio en ausencia en el caso AMIA, la interna peronista, el papel de Axel Kicillof y Cristina Fernández, el gobierno de Javier Milei.    


En la primera hora, se analizó el ejemplo y valentía de Lali Espósito que con infinito menos poder que mucho de los poderosos de la Argentina no retrocedió antes los ataques del Presidente, lo enfrentó con canciones que lo desnudaban y terminó ganando. Se analizó largamente la interna peronista y las características crueles del Presupuesto 2027.

Súbanse a El TREN, desde el andén de sus domicilios


El TREN, UNA VOZ DIFERENTE PARA ESCUCHAR, REFLEXIONAR Y DISCUTIR