HUGO PRESMAN
09 julio 2026
08 julio 2026
UN DÍA FUTBOLISTICAMENTE HISTÓRICO
Como decía el escritor uruguayo Eduardo Galeano: “El futbol es lo más importante de las cosas menos importantes”. El triunfo ante Costa Verde y Egipto fueron dramáticos y además de los méritos de nuestro equipo, la suerte jugó a nuestro favor. La generalizada alegría demuestra la necesidad de tener algo para celebrar en medio de un clima político gélido, un proyecto económico de destrucción y un futuro donde la esperanza se ha exiliado. El camino recorrido hasta acá muestra un equipo lento, sin sorpresas, muy lateralizado en su juego que ha aprovechado un fixture extraordinariamente favorable: Austria, Jordania y Argelia, Costa Verde y Egipto. Todos en una segunda o tercera línea mundial. Ahora espera Suiza, lejos de las potencias europeas. Y si se gana, como es altamente probable ya estamos en semifinales, uno de los cuatro mejores, sin haber enfrentado a ningún equipo de los importantes. Argentina tiene mucho para mejorar y en el banco están algunas de las soluciones para darle más movilidad y profundidad. Si se logra, y a eso se suma un Messi en una sabia madurez, el cuarto campeonato es muy probable. Que así sea.
Subidos a la esperanza, escoltados de plegarias
Esta vez nos tocó sufrir, buscando lugares inhóspitos donde refugiarnos.
Por José Luis Lanao
08 de julio de 2026 – Página 12
Messi, en medio de los festejos argentinos. AFP. AFP
Existe un fútbol que te muerde las tripas, que te aprieta el hígado, que te sopla la nuca. Lo notas enseguida. Es todo nervio. Bulle en los gestos, en los quiebros, en los detalles. No tiene porque ser de contacto. Con la pelota en los pies también se puede crear un fútbol de alta intensidad, que hierva la sangre, que te desencaje el talante.
Argentina lo tiene todo para hacerlo, pero no lo hace. Sabemos que lo importante es que el balón te quiera, que esté de tu parte, que le caigas bien; pero a veces te pide algo más. Una mayor profundidad, más intensidad, con un ritmo más “insultante” con el adversario. Argentina lo tiene, pero no lo usa. Se refugió en el toque intrascendente, poco transversal, indoloro, que terminó por convencer al adversario de que si “tu no vienes yo no voy”. Y Egipto no “fue”. Se atomizó atrás, edificando un comportamiento defensivo eficaz, para desequilibrar el encuentro con un cabezazo aislado de Yasser. A partir de ahí, la desesperación; que se volvió más acuciante luego del penal desaprovechado por Messi, y el segundo tanto egipcio.
El triunfo llegó en los últimos 15 minutos de partido, con la aparición, una vez más, del faraón Messi. Un sufrimiento innecesario. Se está llegando lejos, muy lejos, con poco, muy poco; ante un calendario favorable de selecciones de poca envergadura.
Pero para eso son las victorias, para mirarse en el espejo, analizarse, y quererse un poco más. Para imaginar el mañana con el placer de hoy, para recuperar la fe en el futuro, y la confianza definitiva con todas sus imperfecciones a cuestas.
Argentina vuelve una vez más a dibujarnos una sonrisa; con un fútbol escaso, no en actitud de alegría sino de plegaria. Nada es tan hermoso como ese fútbol luminoso que provoca el contagio colectivo, de pertenencia, de cobijo. Esta vez nos tocó sufrir, buscando lugares inhóspitos donde refugiarnos.
Del hecho de que todo sea irrepetible nace la belleza de estar vivo. La felicidad es un concepto abstracto que se concreta en un pedazo de pan con dulce de leche en una mano y una pelota en la otra. En un país renovado, más limpio, con el aire más puro.
(*) Ex jugador de Vélez, clubes de España, y campeón Mundial Tokio 1979
La simpleza del arte de Messi
En su editorial, el periodista y conductor de La Mañana analiza el agónico triunfo de Argentina y se pregunta “por qué cuesta tanto hacer lo mismo con el resto de la vida”.
Por Víctor Hugo Morales
08 de julio de 2026
Así de simple es la alegría, el fútbol tiene esa particularidad, abre el corazón a la simpleza del arte de Messi, por la inteligencia de Paredes, valora lo colectivo, la resiliencia ante la adversidad.
Estaba dos goles abajo y ya parecía imposible, pero la Argentina no se la vio nunca derrotada. Egipto dio la nota obligando a la selección a mostrar sus documentos y está todo en orden.
Número 2022 del certificado de campeón del mundo, respalda Messi y compañía seguros de calidad.
¿Por qué cuesta tanto hacer lo mismo con el resto de la vida? ¿Por qué el número del país es 483 mil millones número de cuenta en el banco de los buitres?
El Mundial nos va a ocupar hasta la vuelta olímpica o algo muy cercano, seguro, es posible. ¿Y después qué? ¿Volveremos a todas las derrotas de los argentinos que van perdiendo por goleada y no tienen a Messi?
La intrepidez del equipo de Scaloni arrolló la esperanza de Egipto, lo hizo porque sus valores constan en el ánimo de cada jugador.
Bien, ¿están al tanto los argentinos de a pie que pueden revertir la historia jugando con ese sentido de grupo en el que aquel que más sabe es el más generoso?
El Mundial deja algunas enseñanzas: el mamarracho de Trump puede perder, sí señor, los Infantinos también son fulleros que cuando los descubren no aparecen.
Me pregunto si se presentará Trump a enfrentar la silbatina que a él y a sus secuaces les aguarda si se anima a entregar la copa al capitán de los ganadores el día de la final.
Mientras tanto, démosle al fútbol como tal el lugar que se merece: países en guerra y destruidos se alivian con los goles de los equipos que aman, cualquiera puede ganar sea rico o pobre, la Argentina puede ser más feliz, lo fue hasta el 2015, puede inclinar la cancha como ayer o emparejar la lucha todavía puede.
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