HUGO PRESMAN
28 julio 2026
*Carta abierta a Javier Milei*
Por Eduardo de la SERNA
Desde hace ya demasiado tiempo
usted hace referencia a temas teológicos. Temas que, ciertamente, ignora en
absoluto.
Es evidente que, como nos pasa a
todos, usted ignora muchísimas cosas. Y, sería sensato, no aludir a ellas,
precisamente por ignorarlas. Nadie le cuestionaría nada por su silencio.
Pero, y especialmente en
los últimos tiempos, usted habla de Dios, del horizonte judeo-cristiano, y
hasta en ocasiones osa citar la Biblia o aludir a ciertos textos. Y,
precisamente porque los ignora, cualquiera con un poco de conocimiento no
fundamentalista sabe que no dicen lo que usted dice que dicen.
Es más, mirando la Biblia (como un
todo, porque quedarse en un párrafo aislado es algo no solamente sin sentido,
sino, además falso de toda falsedad) creo evidente que si algo no inspira ni su
gobierno ni sus palabras es el mundo judeo-cristiano. La centralidad hebrea
en _mishpat we tzedaqá_ – derecho y justicia y cristiana en el _agape_ - amor,
la reacción de Dios ante el _tze’aq_ – clamor y las _splagjna_ – entrañas de
compasión de Jesús, no se parecen en nada a sus invitaciones de odio y
desprecio. ¡En nada!
Usted citó recientemente los
habitualmente llamados “Diez Mandamientos” (mal aludidos, por cierto);
permítame recordarle que allí hace referencia a la importancia dada al “nombre
de Dios” _(shem YHWH ‘elohim)_ pronunciado en vano, falsamente y que Jesús retoma
pidiendo que “santificado sea tu nombre” _(tò onomá sou),_ es decir, que
haciendo su voluntad en la tierra, como se hace en el cielo, la gente
“santifique” el santo nombre de Dios… Por lo menos, no provoque que mucha gente
se aleje o desprecie a Dios por lo que le oye a usted decir en su nombre.
En suma… No le pido que
cambie sus políticas perversas, injustas, coloniales y de pecado… Lo creo
incapaz de hacerlo (y ¡sería feliz de equivocarme!), pero creo que puedo
pedirle que deje de tomar el nombre de Dios en vano. Lo que hace en nombre del
dogma austríaco, hágalo en ese nombre, pero silencie el nombre de Dios. Dios no
se lo merece, y los que tratamos de seguir Sus huellas (de Él, no suyas, por
cierto) tampoco. No amontone “brasas ardiendo sobre su cabeza” (Proverbios
25,22 y Romanos 12,20) ya bastante tendrá que explicar cuando Dios, la Patria y
el pueblo se lo demanden…
_Pbro. Dr. Eduardo de la Serna_
