HUGO PRESMAN
20 abril 2026
Se cumplen 83 años del levantamiento del ghetto de Varsovia
Oyneg Shabbes
Por Elina Malamud
19 de abril de 2026 - Página12
Varsovia Meses antes de que se creara el ghetto, un grupo de habitantes de la ciudad iniciaron un archivo como una forma de resistencia. (Archivo-)
Hacia fines del año de 1939, poco tiempo después de que los nazis invadieran Polonia, el político, historiador y activista social Emanuel Ringelblum comenzó a observar, con cierto asombro y preocupación, la suerte de los judíos de Varsovia. Estaba en contacto con la calle, recibía noticias de lo que pasaba en la ciudad y en los suburbios y sintió cómo la guerra, de pronto, había cambiado la vida judía. Cada día era diferente del siguiente por lo que no dejaba de estar atento, para captar cada suceso nuevo en el momento preciso, cuando todavía palpitaba su sustancia. Por la noche escribía todo aquello de lo que se hubiera enterado durante el día y se explayaba en sus comentarios.
Enmarcado en la rica vida comunitaria, social, política y cultural que vivía Varsovia, en mayo de 1940, varios meses antes de que se levantaran los muros que delimitarían el sector de la ciudad en donde se encerró a los judíos locales y a los acarreados desde otras ciudades, desde las áreas rurales y desde los pequeños pueblitos judíos de Polonia, Ringelblum consideró la importancia de organizar un trabajo colectivo que recogiera y registrara un cuadro fotográfico, cuidadoso y detallado, de la azarosa existencia en que se había transformado la vida de los judíos, de lo que deberían experimentar, pensar y sufrir. Convocados por él, intelectuales, académicos, escritores, artistas, científicos así como estudiantes jóvenes e incluso niños habitantes del ghetto de Varsovia, se dieron a la subversiva tarea de construir memoria. En un principio Ringelblum pensó en un archivo que facilitara la tarea de los futuros historiadores, pero a medida que avanzaba la guerra y se iban revelando las intenciones de la solución final, lo entendió como una forma de resistencia y de denuncia de las atrocidades que se palpaban en la vida del ghetto y que se iban revelando desde el afuera. El grupo se reunía los sábados por la tarde en la más íntima clandestinidad, para protegerse, no solo de la vigilancia nazi y de los soplones de la policía judía, sino también de los vecinos más medrosos del ghetto que rechazaban con lamentosa indignación cualquier acto subrepticio que pudiera traer una nueva desgracia a sus desgracias. Por eso es que dieron en llamarse Oyneg Shabbes, la alegría del sábado.
Todo lo que transitaba por el ghetto se constituyó en material de archivo: diarios personales, periódicos, bonos de racionamiento, boletos de tranvía, cartas, postales, carteles con edictos y decretos de la ocupación alemana, invitaciones a eventos, entradas y programas de las funciones de teatro, obras literarias escritas durante el tiempo del encierro, dibujos y pinturas en acuarela. Se consideraba un deber sagrado para todos y cada uno anotar lo que habían visto o escuchado de otros sobre lo que hacían los alemanes. Aunque la necesidad de discreción restringía su alcance, todo debía ser grabado sin dejar de lado un solo hecho, así, cuando llegara el momento, como ciertamente llegaría, el mundo habría de enterarse de las atrocidades cometidas por la ocupación del Tercer Reich en Polonia.
Muchos escritores ya estaban en una etapa avanzada de su trabajo cuando, en el verano de 1942 descendió sobre la judería de Varsovia la gran deportación. En un tiempo en que cada segundo era una amenaza de captura y transporte al campo de exterminio de Treblinka, ya no se podía pensar en una recolección sistemática de datos. Solo un puñado de personas continuaban manteniendo los diarios y registrando sus experiencias. Hubo una interrupción de varios meses en las actividades de Oyneg Shabbes, pero Abraham Lewin alcanzó a contar en su diario sobre el regreso de un deportado escapado de Treblinka, donde había sido obligado a cavar fosas para sepultar cadáveres no solo de judíos de Varsovia sino de más lejos en Europa, dijo. Izrael Lichtensztajn dejó escrito en el material escondido que “lo único que quiero es que se acuerden de mí para que mi gente, mis hermanos y hermanas, al otro lado del mar, sepan a dónde fueron a parar mis huesos.” “Mientras escribo estas líneas --dice Peretz Opoczynski-- más calles son cerradas, hay menos espacio, la soga es apretada alrededor de nuestro cuello. ¿Podremos salvar al niño judío?” “El mundo está girando al revés, un planeta se derrite en lágrimas, y yo tengo hambre, hambre, tengo hambre” escribió en su diario Leyb Goldin.
El 3 de agosto de 1942 Dawid Graber y Nachum Grzywacz secundados por su maestro, Izrael LIchtensztajn escondieron la primera parte de lo que hoy se conoce como el Archivo Ringelblum, enterrándolo en el sótano de la escuela Ber Borochov, en la calle Nowolipki Nº 68. Se trataba de diez cajas de metal en las que agregaron sus propios testamentos. “Queremos vivir no por una razón personal, sino para alertar al mundo --alcanzó a escribir Dawid Graber-- (...) Lo que no pudimos gritar al mundo lo escondimos bajo la tierra“. No se sabe que fue de él, probablemente haya muerto en la gran deportación de ese verano del cuarenta y dos. Una parte del resto de los archivos fue escondido en febrero de 1943 y el resto al estallar el levantamiento, en abril de ese mismo año.
En septiembre de 1946, los sobrevivientes Rachel Auerbach, Hersh Wasser y Bluma Wasser, guiaron a un grupo de académicos a uno de los lugares, en las ruinas del ghetto, donde habían sido enterrados los archivos. En 1950 el grupo descubrió el segundo alijo del material escondido, enterrado en tarros de leche, pero el tercero aun permanece perdido.
Mientras todo se derrumbaba a su alrededor, Ringelblum no perdió la esperanza de que los historiadores tuvieran algo que contar al mundo de la posguerra... lecciones que impidieran otro genocidio... Logró sobrevivir a la destrucción del ghetto y el 1º de marzo de 1944, uno de sus últimos actos fue escribir una carta al mundo libre. Denunciaba que el 95 por ciento de los judíos de Polonia habían perecido y los que aún quedaban vivos, él incluido, pocas esperanzas tenían de sobrevivir, y dejaba constancia de la existencia del archivo, al que describe como una voz de alarma que detalla el más grande crimen de la Historia... El 7 de marzo fue capturado y fusilado junto a su familia, en las ruinas del ghetto.
Todos los años, en este mes de abril, no solo los judíos, sino la Humanidad toda, memoramos a los que se levantaron contra la barbarie nazi, dejando las esencias de sus vidas y sus pensamientos, en unas cajas de metal y unos botes de leche enterrados bajo las ruinas.
Te preguntarás como yo, atribulado lector, qué hicieron con esa memoria los que fundaron un país, recostados, de alguna manera, en la atribulada amargura de las revelaciones de la posguerra, los que eyectados de tradiciones humanistas hicieron del país de Israel una tropa de legionarios que extiende su corazón genocida por el Oriente Medio, más allá aun de Gaza, aliado al Imperio que quizá recuerde que, aunque tarde, una vez desembarcó en Normandía para combatir al fascismo. Qué remembranzas guardarán en Europa, el continente que ha desatado las guerras más tremebundas, las persecuciones y las rapiñas planetarias más escandalosas desde que existe la historia escrita y que hurga nuevas o repetidas enemistades para incentivar la industria de las armas y hundir a sus pueblos en un nuevo infierno.
Me pongo de pie ante mi computadora y deposito una flor en recuerdo de Emanuel Ringelblum y de la gente de Oyneg Shabbes, que se deslomaron, en la inestabilidad de sus vidas, tan al pedo. Ojalá me equivoque.
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El riesgo de liberar al verdadero Milei
Santiago Caputo asumió la estrategia de azuzar al Milei salvaje para atacar en lugar de defenderse. El riesgo es abrir el debate sobre su verdadero estado emocional.
Gustavo González PERFIL 12-04-2026
X. El Presidente vive en la red, publica y replica unos 250 mensajes por día, dedica 2:30 hs diarias, casi no duerme. Cada vez con más ira. | cedoc
La desinhibición de Javier Milei más su obsesión por la red X, permiten una bitácora bastante exacta de sus estados de ánimo, el uso de su tiempo de trabajo y hasta sus problemas para conciliar el sueño.
En marzo, por ejemplo, tuiteó o retuiteó 6.596 mensajes, a razón de 213 cada 24 horas. Eso le demandó un promedio diario de 2 horas y 31 minutos. En los primeros diez días de abril lleva publicados una media de 248 por día, superando el promedio de marzo.
El análisis hora por hora de su actividad tuitera, indica que casi no existe un horario en el que no esté activo. Corta a la madrugada (el jueves pasado lo hizo a las 4) y retoma entre las 6 y las 8 de la mañana. Sigue todo el día intensamente, incluso en plena jornada laboral, con picos de hasta 42 mensajes por hora.
Los datos surgen de la cuenta milei.nulo.lol, un sitio que monitorea en tiempo real la actividad del Presidente en la red de Elon Musk.
Ciberadicto. En el Gobierno se reconoce que vive pendiente de las redes, que celebra sus tuits más vistos y los que más “likes” reciben, y que sufre con un presente en que la enorme mayoría de los comentarios que le devuelven en X son negativos.
La ciberadicción es una enfermedad de nuestro tiempo que activa los mismos centros de recompensa cerebral que las drogas de origen químico. Los especialistas la vinculan con personalidades impulsivas, con dificultades para socializar y con baja autoestima, personas que buscan en los “likes” virtuales el afecto que en su vida privada les es esquivo.
El tema de la obsesión de Milei por las redes resurgió durante las Pascuas, cuando utilizó esos días de recogimiento espiritual del catolicismo y el judaísmo, para insultar y replicar insultos y llamados al odio en contra de los periodistas. En esos cuatro días, el colega Martín Rodríguez Yebra, de La Nación, contabilizó casi mil mensajes con ese destino. Semejante frenesí le demandó 14 horas y 23 minutos de su valioso tiempo.
Sobre esos mil mensajes, en general de tono violento, se sumaron miles más provenientes de funcionarios, políticos y trols oficialistas que profundizaron la agresividad presidencial de Semana Santa.
Desde el Gobierno se justifica en que tal virulencia fue una respuesta a la revelación de la existencia de dinero ruso destinado a una veintena de periodistas y medios (no aparecen empresas tradicionales como La Nación, Clarín y PERFIL) para promover supuestas operaciones en contra de Milei. Dicha justificación no tiene en cuenta que esa revelación fue realizada por periodistas como el argentino Santiago O’Donnell.
Liberar el odio. Lo cierto es que el Jefe de Estado explotó en las redes insultando o replicando insultos como “basura”, “inmundos”, “mentirosos”, “corruptos”, “traidores a la Patria”, “roñosa”, “hijos de mil putas” y “delincuentes”, entre otros. Además de su reiterado “No odiamos lo suficiente a los periodistas” o, en formato de sigla, “NOL$ALP”. Una incitación pública y explícita al odio que los jueces y fiscales de la Nación siguen haciendo de cuenta que no encuadra en la ley 23.592 que castiga, precisamente, la incitación pública al odio.
La mayoría de los análisis vinculó el nuevo brote presidencial con una estrategia de Santiago Caputo para desviar la atención de la crisis económica y de las denuncias de corrupción. Pasando de la defensa al ataque.
La estrategia comunicacional de Caputo radicó siempre en trabajar a partir de aceptar a su mejor cliente tal cual es (una enseñanza que le dejó el paso por la escuela de su maestro Jaime Duran Barba). Milei recuerda que lo eligió como su estratega porque fue el primero que no lo quiso cambiar. El Presidente es pulsión en estado puro. Sus brotes son anteriores a la estrategia que luego el consultor suele elegir para, según el momento, contenerlos o azuzarlos. Esta vez, eligió esto último. La estrategia sería recuperar al Milei salvaje que en 2023 había seducido al 56% de la sociedad.
Comunicar la ira. Los raptos de ira como el de Semana Santa, vienen sucediendo con más frecuencia desde comienzos de año. Algunos lo relacionan con la reciente muerte de uno de los perros clonados de Conan, el que respondía al nombre de Robert y el cual, según la revista Noticias, era el que Milei presentaba con poderes para “pelear contra la oscuridad”.
No debe ser fácil diseñar estrategias comunicacionales en un contexto de crisis y cuando las encuestas muestran un crecimiento del malestar social. Y más difícil aún debe ser controlar la ira presidencial. Pero otra cosa es incentivarla sin medir las consecuencias.
En primer lugar, porque lo que resultó novedoso en su momento puede perder efecto con el paso del tiempo. Sobre todo, con una inflación que crece desde hace nueve meses y una crisis económica que se evidencia en la baja constante de la recaudación impositiva, con una actividad industrial que solo en los dos primeros meses de este año cayó otro 12%, con cierre de empresas y el consiguiente aumento del desempleo y la pérdida del poder adquisitivo.
Pero, además, el hecho de volver a exponer y celebrar al verdadero Milei (después de esconderlo en las legislativas de octubre en las que el oficialismo ganó con el 41%), corre el riesgo de poner el foco en ese costado tan sensible de esta administración como es la estabilidad emocional de su líder.
El peligro de transparentar a Milei para tapar escándalos y crisis, es el de tirar por la borda todo el esfuerzo hecho por la sociedad y sus dirigentes para hacer de cuenta de que todo esto es normal.
Tapar problemas con un problema mayor. Es que estos casi dos años y medio de gestión hicieron la suficiente mella como para que empiecen a aparecer interrogantes molestos sobre los extraños comportamientos públicos y privados de Milei que hasta ahora se intentaron naturalizar.
¿Por qué es tan violento, por qué no es capaz de contener sus impulsos, por qué cree que Dios le encomendó la misión de enfrentar al Diablo, por qué nunca desmintió los chats de su Whatsapp en los que describe las capacidades paranormales de cada uno de sus perros, qué lo lleva a seguir diciendo que Conan está vivo cuando en realidad falleció en 2017?
Y, en especial, ¿cuál es el verdadero rol que cumple su hermana. Por qué tiene tanto poder. Qué capacidades sobrenaturales le atribuye. Por qué repite que ella es la reencarnación de Moises y él, la de su hermano Aarón?
Las investigaciones de Noticias vienen explicando desde el inicio de esta presidencia, las complejidades psicológicas de quien fuera un niño maltratado, su debacle emocional tras la muerte de Conan y el lugar de contención que desde entonces ocupó su hermana, quien lo convenció (quizá ella misma esté convencida) de que es capaz de conectarse con Dios y predecir el futuro.
La tapa de esta semana de la revista se titula el “Brote Místico”. En línea con el poder que Milei le concede a Karina, revela que en septiembre pasado el Presidente le anticipó a su tiktoker personal, Iñaki Guitiérrez, los resultados electorales de octubre: “Quedate tranquilo, hablé con el Uno y me dijo que vamos a ganar.”
La nota también menciona a sus “consejeros espirituales”, entre los que se cuenta el rabino Richard Kaufmann, especialista en manejo de la ira; y muestra los talismanes y “escudos protectores” que aparecieron cerca de funcionarios de alto nivel, como Manuel Adorni y Luis Caputo.
Habrá que ver si volverá a funcionar la estrategia de liberar al verdadero Milei.
O si, en el afán de esconder otros problemas y recuperar la iniciativa, lo que se libera esta vez sea un problema mayor. El que siempre estuvo detrás de todos los demás.
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