08 septiembre 2026

Murió Norberto Galasso, el historiador de los excluidos

Notable ensayista y constante cuestionador de las historias oficiales, falleció en su casa este lunes por la mañana a los 90 años.

07/09/2026


Norberto Galasso en su estudio
Foto: Mariano Martino@marianomartino.photo
Por: Juan Pablo Cinelli - TIEMPO ARGENTINO
@j.p.cinelli

Suele decirse que la historia la escriben los vencedores. La frase, a la que su bien ganada reputación de lugar común no le quita ni un poco de la verdad que encierra, significa mucho más de lo que dicen esas seis palabras repetidas. Como ocurre con el fuera de campo en el cine, en este caso también es más potente todo lo que en ella queda omitido que aquello a lo que alude. Porque si la historia le pertenece a los vencedores —que es uno de los eufemismos para nombrar a los poderosos—, entonces los relatos de los oprimidos se convierten en una ausencia recurrente en los libros que nos cuentan lo que pasó, de dónde venimos y quiénes somos.

Norberto Galasso, de profesión contador y oficio de historiador, fue siempre a contramano de ese deber ser del relato histórico, eligiendo en su rol de narrador el punto de vista de los derrotados, de los sin voz. Para desgracia de quienes pertenecen a esos grupos, que en general constituyen la legión de las mayorías, Galasso acaba de fallecer este lunes por la mañana a los 90 años. Se va con él una voz empeñada en recordarnos que los excluidos también existen y eso convierte a su pérdida en irreparable.
El relato biográfico dice que Norberto Felix Galasso nació el 28 de Julio de 1936 en Buenos Aires y aunque estudió ciencias económicas en la Universidad de Buenos Aires, donde se recibió de contador público, muy prontó descubrió que su pasión estaba en otro lado. Que la verdad estaba en otro lado. Hombre comprometido desde su juventud, su primer contacto con la política fue desde la izquierda. En los años 1960 fue parte del Partido Socialista de la Izquierda Nacional, que lideraba Jorge Abelardo Ramos. Sin embargo, como a muchos otros argentinos, fueron las corrientes más populares del peronismo las que lo llevaron a cuestionarse su propia mirada de la realidad.

Norberto Galasso en su estudio
                                    Foto: Mariano Martino@marianomartino.photo
 
Ya en la década de 1970, tras la vuelta de la democracia y con Juan Domingo Perón de regreso (en el país y en el poder), Galasso ocupó el rol de síndico en la Editorial Universitaria de Buenos Aires, popularmente conocida como Eudeba, que por aquel entonces contaba con Arturo Jauretche como editor. A lo largo de su vida publicó cerca de cuarenta libros, donde en general solía ocuparse de abordar las vidas de personajes emblemáticos de la política y la cultura vinculadas a las expresiones más populares. De esta forma escribió sobre Atahualpa Yupanqui, Leonardo Favio, Enrique Santos Discepolo, John William Cooke o Juan José Hernández Arregui, entre otros.

Galasso x Galasso

Pero quizás no hay mejor forma de definir a Galasso y el trabajo que se impuso en su pasión por narrar la historia, que la que él mismo refirió durante un homenaje que recibió hace diez años en el Instituto Patria, uno de los tantos que recibió en vida y que, a pesar de todo, resultaron insuficientes: “Mi primer interés político, cuando tendría unos 20 años fue ir a la fábrica Royal, que estaba cerca de mi casa y pedirle al encargado de la planta que me permitiera hablar con un obrero que fuera socialista. En el mejor estilo criollo, el hombre me respondió: ‘Aquí no tenemos de esa mercadería’. Me quedé perplejo y le dije que había leído muchos libros que decían que los obreros tienen que ser socialistas. Y él me contestó una verdad: ‘Sí, pero usted sabe que hay libros buenos y libros malos. Además, a veces los libros dicen cosas que la vida contradice’. Era un chaqueño grandote y de aspecto muy popular. ‘Venga esta noche a mi casa —me dijo— Vivo en una pensión, pero lo voy a recibir con mucho gusto. Nos vamos a tomar un kerosene y le voy a explicar lo que pasa en la Royal y lo que pasa en el país’. Le llamaba ‘kerosene’ al vino tinto. Yo iba diariamente a la Facultad de Ciencias Económicas. El decano firmaba como William Leslie Chapman, cosa que me parecía extraña, luego me di cuenta de que de ahí iban a salir los Cavallo, los Krieger Vasena que ya conocimos y que ahora están asesorando los distintos ministerios. Me di cuenta de que excepcionalmente saldría un Calcagno o algunos de los economistas nacionales que lamentablemente son minoría. Ahora, cuando paso por esa zona voy por la vereda de enfrente, no vaya a ser que tenga algún efecto pernicioso”.

No deja de resultar hermoso que la profesión oficial de Galasso haya sido el de contador y que él haya decidido reconvertir ese simple titulo de grado, pasando de ser un simple “contador público” a un contador de las historias que fueron quedando al margen.

“El peronismo exaltó a la figura de José de San Martín como corresponde, y también puso en su lugar a la unidad latinoamericana y el concepto de Patria Grande. Pero al mismo tiempo dejó indemne, porque quizás el movimiento nacional no fue lo suficientemente fuerte para dar la pelea en todos los frentes, a otras figuras enemigas del pueblo. Ahí quedaron colgados los cuadros de Rivadavia y Mitre, que son la historia del coloniaje de Argentina y de toda América latina”, le dijo Galasso a Martín Suárez, en una de las tantas entrevistas que le dio a Tiempo Argentino, donde también solía publicar con asiduidad columnas sobre diferentes temas. El fragmento deja claro cuáles eran las historias que le interesaba contar.

El propio Galasso escribió, en la que fue su última columna para Tiempo Argentino, que “en la Revolución de Mayo aparecen el sector revolucionario y el sector contrarrevolucionario. En este caso, muchos revolucionarios fueron olvidados, ignorados, tapados en el silencio. Los otros conformaron una oligarquía que se expresó en el poder, o detrás de él, durante la mayor parte de nuestra historia, participando en los acontecimientos decisivos para defender sus intereses y los intereses entrelazados con los sectores imperiales, en un tiempo Gran Bretaña y después Estados Unidos”. Cuando se publicó este párrafo, el 24 de mayo de 2022, todavía faltaba un año y medio para que Javier Milei asumiera como presidente de todos los argentinos. Cuatro años después, con el diario de muchos lunes bajo el brazo, no es difícil notar que aquella conclusión se parecía mucho a una advertencia.

Hace apenas unos días circuló uno de esos memes que suelen condensar fragmentos de sabiduría popular: “Cuando alguien se muere, esta persona no se da cuenta que se murió. No siente nada: los que sufren son los que están alrededor. Algo parecido pasa cuando alguien es un hijo de puta”. Está claro que en esta explicación Galasso ocupa el lugar del muerto y nosotros, sus lectores, el de los que sufrimos su pérdida. Pero también, en gran medida gracias a gente como él, también sabemos quiénes ocupan el lugar de los hijos de puta, ya sea los del pasado como los de este presente destinado a convertirse en historia menos tarde que temprano. El problema es que Galasso ya no estará por acá para recordárnoslo.




07 septiembre 2026

El poder es impunidad

 

Por Gustavo Campana
07 de septiembre de 2026 - Página 12

Noticias Argentinas

La Constitución liberal de 1853 no fue fruto del consenso, no nació producto de la unidad nacional. Ni siquiera fue el resultado de una discusión entre las dos fracciones en las que estaba dividida la política argentina de mediados del siglo XIX. Surgió como resultado de una victoria militar, con la renta aduanera en el centro de la escena.

Por lo tanto, la primera Carta Magna es hija de una familia donde convivían todos los actores de la derecha local en proyección, encarnados en aquel momento por unitarios, el capital concentrado y terratenientes. Cuando la redactaron en soledad, creyeron que el enemigo había desaparecido para siempre. Fue escrita por los patrones, que pensaron ser los dueños a perpetuidad de la Argentina. Era imposible para ellos sentirse amenazados por la inimaginable Ley Sáenz Peña, que comenzó a operar en las elecciones de 1916 para votar sin trampas por primera vez.

Tomaron una decisión fundamental para asegurar que, en caso de emergencia, siempre contaran con uno de los tres poderes. Dos elegidos de manera directa por el pueblo y el restante saldría fruto de una decisión indirecta manejada por el poder real. Ante la posibilidad de un naufragio, los pasajeros de primera clase siempre tendrían un lugar en los botes salvavidas.

“Hacete amigo del juez y no le des de qué quejarse” y “Obedezca el que obedece y será bueno el que manda”, son recomendaciones de “La vuelta de Martín Fierro”, escritas 26 años después del nacimiento de la Argentina constitucional. Versos que hablaron muy temprano de un país que en manos de la derecha sería injusto sin remedio, para que el margen de ganancia empresaria se amparara en la falta de derechos. En síntesis, el Poder Judicial como guardaespaldas del privilegio y la impunidad como generadora de gobernabilidad.

En el país de presente libertario, a 173 años de aquellos consejos de Juan Baustista Alberdi, una familia se endeuda para comer utilizando su tarjeta de crédito. Paga los mínimos para seguir adelante e ingresa en una bola de nieve de intereses, que le roba un porcentaje muy alto del salario. Luego toma préstamos para pagar capital e intereses del plástico. Cuando ante la multiplicación de mangazos se le cierran las puertas institucionales, sale a buscar más combustible en las distintas ventanillas de la usura no oficial. Paralelamente, el banco vendió la cartera de deudores a un perverso estudio de abogados que persigue al pobre deudor a su domicilio, al laburo y en algunos casos, cruzando base de datos, le reclama la deuda a su empleador. Milei dice que es un asunto entre privados y que el Estado no va a solucionar la compra irresponsable de televisores para ver el último Mundial y, por supuesto, la Justicia se prepara para fijar sentencia dentro de una década, ante las denuncias de damnificados que necesitan ayuda urgente.
En el país de presente libertario, un expresidente de la Nación es absuelto por haber hipotecado dos o tres generaciones que no nacieron, obteniendo del FMI a mediados de 2018 un préstamo por 57 mil millones de dólares (el más grande de todos los otorgados por la entidad, desde su nacimiento en 1944), del que ingresaron 45 mil millones.

Un salvataje pedido por Mauricio Macri cuando nuestra deuda con el organismo estaba en cero, producto del pago total del gobierno de Néstor Kirchner, con reservas, de 9500 millones que el país debía entre 1958 y 2003.

Miércoles 29 de agosto de 2018. El mensaje duró exactamente un minuto 42 segundos. El texto más corto de la historia económica argentina se sumó a la consolidación de la dependencia política. La Biblia del macrismo bautizó al nuevo “abrazo del oso”, como un “financiamiento preventivo”.
Después de destruirlo todo en tiempo récord, Cambiemos le entregó las llaves de la Rosada al Fondo. Macri anunció desde Olivos que el FMI giraría 29.000 millones de dólares hasta 2019 partidas que estaban previstas originalmente para 2020 y 2021.

El presidente afirmó que con esos verdes en el bolsillo buscaba “fortalecer la confianza y retomar el sendero de crecimiento lo antes posible”. En realidad, el monto total tenía como destino las cuentas de los bonistas y esos dólares solo estaban proyectados, para no caer en un default previsible.

“Sé que estas situaciones tormentosas generan angustia y preocupación en todos ustedes. Pero sepan que estoy tomando todas las decisiones necesarias para cuidarlos. Estamos haciendo todo lo que está a nuestro alcance para salir adelante. Estoy convencido, más que nunca, que juntos vamos a poder superar nuestras dificultades, cambiando de verdad, de raíz, y entendiendo que no hay atajos mágicos”, concluyó el empresario que alquiló cuatro años el sillón de Rivadavia.

Después, la Sindicatura General de la Nación dijo que aquel acuerdo ruinoso generó “un perjuicio económico para la Argentina”, en 29.618 millones de dólares. La Oficina Anticorrupción dijo que hubo defraudación y la Auditoría General determinó que el acuerdo no fue suscripto por autoridad competente y que se violaron las leyes de administración financiera y de procedimiento administrativo.
La sabiduría de los padres del 53 posibilitó que la Cámara Federal porteña blindara la impunidad de Macri, el 4 de septiembre pasado. Con votos de Pablo Bertuzzi y Mariano Llorens, la Sala I confirmó el cierre y archivo de la causa penal que había dispuesto María Eugenia Capuchetti por la negociación, suscripción y ejecución del acuerdo stand by. Casualmente, en esta historia también participaron Luis Caputo, entonces titular del Banco Central y Federico Sturzenegger, como secretario de Finanzas.
El mismo amor, la misma lluvia. La Cámara Federal porteña confirmó el 24 de febrero de 2017 el sobreseimiento de todos los funcionarios y banqueros que estaban bajo investigación por el denominado Megacanje de la deuda externa del gobierno de la Alianza. La Sala II del tribunal, con las firmas de los jueces Farah e Irurzun, dejó firmes los sobreseimientos dictados en primera instancia por el juez federal Sebastián Ramos, luego de que un tribunal oral absolviera al exministro de Economía Domingo Cavallo. La Justicia ratificó los sobreseimientos del staff del Palacio de Hacienda: Jorge Baldrich, Horacio Liendo, López Isnardi, Ernesto Marcer, Carlos Molina y Guillermo Mondino. Además quedó limpio el banquero y exviceministro del Tesoro de los Estados Unidos David Mulford. Sturzenegger también estuvo imputado, porque en aquel momento era el secretario de Política Económica, pero fue sobreseído en septiembre de 2018.

Perdón, me olvidaba dos cosas muy importantes. La misma Constitución de 1853 también dice que para contraer empréstitos y arreglar la deuda externa el Congreso es ineludible. El artículo 75, inciso 4, es bastante claro. Sin embargo, aquel crédito de 2018 no pasó por el Parlamento, como tampoco fue discutido por los legisladores nacionales, el de 20 mil millones de dólares de abril del 25. Y por último, la mejor respuesta a ¿qué es el poder?, la dio Alfredo Yabrán: “Es impunidad”.