22 febrero 2026

La operación secreta para que los trabajadores festejen su propio ajuste

 

Por: Mariano Quiroga  (Periodista, poeta y editor internacional para Pressenza)

Detrás de la reforma laboral que propone la LLA hay una ingeniería de percepciones diseñada para que el que pierde derechos crea que lo están liberando.

Hay preguntas que un gobierno nunca debería hacerle a la ciudadanía. Pero hay una que el núcleo duro de La Libertad Avanza no solo se hizo, sino que respondió con una maquinaria de precisión suiza: ¿cómo hacemos para que un trabajador acepte una reforma que lo perjudica?

No es una pregunta menor. Los equipos económicos del oficialismo saben, porque sus propios asesores se lo dijeron, que la reforma laboral que impulsan reduce el costo del despido, individualiza la negociación, transfiere riesgo del empleador al empleado. Saben que, en términos materiales, es un retroceso en derechos. Saben que, si el trabajador comprende eso, vota en contra. Entonces el problema no es económico: es comunicacional. Pero ni siquiera. Es más profundo. Es cultural.

Lo que el espacio libertario necesita no es explicar mejor la reforma. Necesita reprogramar el significado del trabajo, del derecho, del perjuicio. Necesita que el trabajador no solo acepte la pérdida, sino que la festeje como una conquista. Y para eso no alcanza un eslogan. Se necesita un método. Ese método tiene nombre y apellido: Frank Luntz.

Luntz no es un teórico de la comunicación ni un académico de salón. Es un mercenario del lenguaje. Durante treinta años enseñó al Partido Republicano que los hechos no importan: importa el marco mental. Su método es empírico, casi quirúrgico. Junta votantes indecisos, les coloca un dial en la mano y mide en tiempo real qué palabras activan miedo, bronca, orgullo o culpa. Después fabrica un diccionario paralelo y lo replica hasta la saturación. No refuta al adversario: cambia el tablero. Y cuando el tablero cambia, el que pierde derechos cree que lo están liberando.

Eso es exactamente lo que está pasando con la reforma laboral en Argentina. No es una operación improvisada. Es ingeniería de percepciones aplicada con disciplina militar.

El primer movimiento es siempre el mismo: cambiar la palabra central del debate. Durante décadas, los trabajadores argentinos entendieron que tenían derechos. Eso fue un problema para el mileísmo desde el primer día. Porque no se puede sacar un derecho sin generar rechazo. A menos que ese derecho deje de llamarse derecho y pase a llamarse privilegio. El salto semántico es sutil pero devastador: el trabajador registrado, el que tiene indemnización, el que negocia colectivamente, deja de ser un sujeto de derechos para convertirse en un privilegiado que le cierra la puerta al pibe que busca su primer empleo. La bronca se desplaza del patrón al compañero. El enemigo ya no es el que te explota, es el que tiene algo que vos no tenés.

Así, cuando el gobierno dice “vamos a sacarle el privilegio a la casta sindical”, el trabajador activo escucha “privilegio” y piensa en el otro. El joven sin trabajo escucha “primer laburo” y se siente representado. La gestión libertaria no está reduciendo derechos: está igualando para abajo, pero presentado como justicia social. El que pierde siente culpa. El que gana siente orgullo. Y ambos celebran.

El segundo movimiento es la inversión del perjuicio. Luntz lo enseñó hace décadas: nunca digas lo que vas a sacar; decí lo que vas a dar. El oficialismo no puede decir “vamos a facilitar el despido”. Eso suena a amenaza. Entonces dice “vamos a dar libertad de contratación”. No dice “vamos a eliminar la indemnización”, dice “vamos a sacar una traba que te impedía conseguir trabajo”. El trabajador no pierde un derecho: pierde una atadura. No es víctima de un recorte: es protagonista de su propia liberación.

El giro es magistral. El que queda desprotegido no se siente desprotegido. Se siente liviano. Se siente libre. Agradece.

Pero el framing no funciona solo con palabras bonitas. Necesita un villano. Luntz lo comprobó en los años noventa: la bronca social no se dirige al que tiene más, se dirige al que tiene algo que yo no tengo y no merece. En Argentina, la figura del empleador es difusa, lejana, a veces incluso abstracta. La figura del sindicalista, en cambio, es concreta, visible, a menudo con privilegios reales y ostentosos. La estrategia libertaria entendió eso mejor que nadie. Por eso no hablan de empresarios que se quieren enriquecer. Hablan de la casta sindical que vive de tus derechos.

El trabajador deja de ver al sindicato como su herramienta de defensa. Lo ve como su carcelero. Cuando la reforma elimina un derecho, no lo percibe como una pérdida: lo percibe como un golpe al sindicalista. El oficialismo no le está sacando nada al laburante: le está sacando herramientas al enemigo del laburante. Y el laburante celebra.

Después viene el frame del mérito. Luntz descubrió que, para ciertos segmentos, la palabra “mérito” es más poderosa que “igualdad”. El mileísmo lo traslada al mundo del trabajo con eficacia letal: el empleo protegido es “asistencialismo”, “plan”, “no te esforzás”. El empleo desregulado es “te la jugás”, “emprendés”, “sos libre”. Se construye el arquetipo del pibe que quiere laburar pero no puede porque las leyes se lo impiden. Se contrapone al empleado público o sindicalizado que vive de privilegios. El trabajador precarizado deja de querer un empleo formal: empieza a despreciar al que lo tiene.

Ahí la operación alcanza su punto más alto. Porque la reforma laboral ya no es una herramienta para que las empresas contraten más barato. Es una herramienta de justicia social. Iguala hacia abajo, sí, pero lo hace en nombre del mérito: ahora todos vamos a tener que esforzarnos igual. El que pierde derechos no exige, aplaude.

El momento más brillante de Luntz, sin embargo, es otro: cuando logra que la gente vote contra sus propios intereses materiales y lo sienta como una victoria moral. La gestión libertaria replica esa mecánica con precisión. El frame es siempre el mismo: la casta política y sindical te tiene dominado mediante derechos que te convierten en un esclavo dorado. Te saco esos derechos, pero te doy libertad. El trabajador que pierde estabilidad no se siente perjudicado: se siente protagonista de su propio rito de pasaje. Aceptar la precarización es probar que sos un adulto que no necesita tutela estatal. Es, de algún modo, un acto de hombría.

Esto ya no es comunicación política. Es batalla cultural en estado puro. Transformar una derrota material en una victoria simbólica. Hacer que el esclavo ame sus cadenas. O mejor: hacer que las llame alas.

Javier Milei, además, no delega. Él mismo es el frameador en jefe. Repite “casta sindical” en cada cadena nacional. Contrapone “trabajadores libres” a “esclavos del Estado”. Nunca dice “reforma laboral”, dice “Ley de Empleo Joven” o “Ley de Libertad de Contratación”. Asocia derecho laboral con costo, con desempleo, con pobreza. El votante internaliza que defender derechos es defender la pobreza. La única forma de ser ético, entonces, es aceptar la desregulación.

Cuando el presidente siembra, la militancia riega. El frame se replica en cuentas libertarias, en memes, en TikToks. Un pibe en moto dice “yo no quiero indemnización, quiero laburar”. Un gráfico explica que “un empleado con indemnización le cuesta cuarenta por ciento más a la empresa, ese cuarenta por ciento es tu aguinaldo que le das al sindicalista”. Una consigna se vuelve viral: “Que laburen todos, no que mantengamos vagos”.

El trabajador que acepta la reforma no lo hace por convicción técnica. Lo hace porque su grupo de pertenencia —el espacio libertario— define la aceptación como un acto de lealtad identitaria. Rechazar el frame es ser un tibio, un zurdo, un casta. Y nadie quiere ser eso.

El objetivo estratégico de La Libertad Avanza, en esto, no es ganar una votación en el Congreso. Es mucho más ambicioso: volver impensable la defensa del derecho laboral. Cuando un pibe de veinte años diga “la indemnización es un curro”, cuando un empleado en negro diga “yo soy más libre que el de blanco”, cuando un despedido diga “no me echaron, me liberaron”, la reforma ya no necesitará ser aprobada por ley. Ya estará aprobada en las cabezas. Y cuando la mayoría cree que el derecho es un privilegio, ningún gobierno futuro podrá restaurarlo sin ser acusado de volver a esclavizar al pueblo.
Eso es lo que está en juego. No es una reforma. Es la deslegitimación del contrato social que Argentina construyó durante un siglo. El oficialismo busca instalar, con el método Luntz, que el trabajo no es un derecho sino una mercancía, que el Estado no debe proteger al débil sino liberarlo del Estado mismo, que la desigualdad no es un problema sino un resultado del mérito.

La gestión libertaria sabe que la reforma perjudica al trabajador individual en el corto y mediano plazo. Sabe que reduce su poder de negociación, que aumenta su incertidumbre, que abarata su despido. Pero eso no importa. Porque la batalla no es económica: es simbólica. El trabajador no debe sentir que perdió un derecho. Debe sentir que se sacó de encima un privilegio ajeno. Debe sentir que ahora es más libre, más adulto, más argentino de bien.

Cuando Luntz dice “no importa la verdad, importa el marco mental”, está describiendo exactamente esto: la verdad material del perjuicio es irrelevante si la percepción emocional es de liberación. La Libertad Avanza no busca que el pueblo entienda la reforma. Busca que el pueblo celebre su propio perjuicio como un triunfo moral contra la casta.

Y si lo logra, habrá ganado la batalla cultural más profunda de la historia argentina: la que convence al esclavo de que sus cadenas son alas.

(Diario Tiempo Argentino, 12/2/2026)

21 febrero 2026

PROGRAMA EL TREN DEL 17 DE FEBRERO DEL 2026

 

El martes 17 de febrero del 2026 se subió a EL TREN, en la segunda hora el sociólogo uruguayo, argentino por adopción, Luis Alberto Quevedo, profesor, investigador, especialista en medios de comunicación. Desde su época como estudiante militó por los derechos humanos en el Servicio Paz y Justicia, en el que fue asesor del Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, a quien redactaba informes y discursos y acompañaba a diversas gestiones en la Argentina y el exterior. En 1984 viajó a París (Francia), donde durante dos años estudió en la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales. Obtuvo su maestría en Sociología con una tesis sobre la revista argentina Primera Plana; su director de tesis fue Daniel Pecaut y asistió a cursos de Michel De Certeau, Claude Lefort, Pierre Rosanvallon, entre otros. En Argentina se desempeña como director e investigador de la FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales) ―sede Argentina―. Es Profesor Titular regular por concurso en la carrera de Sociología de la UBA (Universidad de Buenos Aires). Entre 1996 y 1997 fue director de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA) donde actualmente se desempeña como profesor titular de la materia Sociología Política en la carrera de Sociología.

Un viaje poco frecuente en radio con tiempo para la reflexión y el análisis. Algunas de ellas: “EE.UU es un imperio en declive”; “Milei usa la energía de las derechas en el mundo”; “Milei se monta en una doble frustración”; “Macri asume cuando había energía popular”; “El gobierno de Macri fue una frustración para la derecha”; “No es Milei el que cambia la cultura política sino la cultura política origina y apoya a Milei”; ¿ Donde están hoy los movimientos sociales? ; “La CGT es hoy el sector más conservador porque defiende los derechos obtenidos en otras épocas”; “Massa es la quintaesencia de la clase política”; “Néstor Kirchner también era raro cuando apareció”; “Argentina es una sociedad de ciudadanos rotos”;  “Pepe Mujica es mucho más admirado fuera del Uruguay que adentro”.  La historia de su padre del partido blanco y su admiración por Luis Alberto de Herrera por el cual lleva su nombre. El Uruguay antiperonista. La figura de Artigas y su concepción latinoamericana. La potencialidad de la concepción de la Unidad Latinoamericana. NO SE PIERDAN EL REPORTAJE

En la primera hora el programa analizó el mal llamado proyecto de Modernización Laboral, los gobernadores cómplices y los que se opusieron, un excelente texto de como la LLA transforma los derechos en privilegios a suprimir, distintos testimonios, desde Claudio Drescher a Carlos Presti, un texto conmovedor sobre el bloqueo a Cuba, los horrores del caso Epstein.

Súbanse a EL TREN, desde el andén de sus domicilios.



El TREN, UNA VOZ DIFERENTE PARA ESCUCHAR, REFLEXIONAR Y DISCUTIR




19 febrero 2026

LO INJUSTO COMO POLÍTICA DE ESTADO

 

La hipocresía brilla desde el título: “Ley de modernización laboral”. Es un intento de llevar las relaciones laborales a antes del surgimiento del peronismo. Se aduce que la ley de contrato de trabajo es vieja e inadecuada, pero las nuevas formas de trabajo o son anuladas o no las contempla el proyecto de ley aprobado en el Senado. La ley del teletrabajo N° 27.555 del 14 de agosto del 2020, una de las más modernas a nivel mundial, directamente es anulada y el trabajo de las plataformas no es contemplado, salvo que el contratante debe concertar una póliza contra accidentes a favor del contratado. Siguen sin ser considerados trabajadores: se los denomina “repartidores independientes”. 

El proyecto de ley redactado en los estudios de abogados que defienden a las patronales; es una oda a la inequidad. Es el equivalente del tratado comercial con los EE. UU, donde en forma impúdica la casi totalidad de las ventajas son para el país poderoso. Es una síntesis perfecta del gobierno de Milei: genuflexo y arrastrado ante EE. UU, soberbio, implacable con los trabajadores, demoliendo los derechos de los asalariados y trasladando privilegios a los empleadores. No hay un solo artículo a favor del más débil en la relación laboral. El ataque es generalizado, tanto en lo colectivo como en lo individual

Banco de horas para suprimir las horas extras e impedir de esa forma la planificación de la vida del trabajador; anulación en los hechos del derecho de huelga; vacaciones fraccionadas atentando contra la familia, al reservarse el empleador el derecho de concederlas una vez cada tres años en verano; el sueldo puede ser pagado en dinero, sea en moneda nacional o extranjera, especie, habitación o alimentos; disminución del sueldo en caso de ausencia por enfermedad o accidente ocurrido fuera del trabajo (50% de quita); y reducción del sueldo en caso de enfermedad inculpable (25% de quita), más la disminución de los plazos de licencia paga para los trabajadores con más de 5 años de antigüedad, a quienes se les reduce a la mitad (3 y 6 meses en lugar de 6 y 12). Reducción de los conceptos a considerar en las indemnizaciones, lo que implica una disminución de las mismas; posibilidad de ampliar la jornada laboral hasta 12 horas sin pago del plus de horas extras (se compensan con el “banco de horas”). Las asambleas sólo podrán realizarse en el lugar de trabajo, previa autorización patronal, y con descuento del salario por el tiempo de participación del trabajador. Acuerdos por empresa por encima del convenio colectivo; se elimina la ultraactividad que permitía que un convenio colectivo continúe vigente después de la fecha de vencimiento; se establece el progresivo traspaso de la Justicia Nacional del Trabajo a la justicia local de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (más proclive a beneficiar a los empleadores). 


Pero hay algo insuperable, que es difícil imaginar que a alguien se le ocurra proponerlo, más inverosímil aún que se lo escriba en un proyecto de ley y ya formando parte de la literatura fantástica que 42 senadores lo hayan llegado a aprobar: se trata del FAL, el Fondo de Asistencia Laboral, que se crea derivando el 1% de los aportes previsionales patronales de las grandes empresas y el 2,5% de las Pymes que iban al ANSES, para los jubilados y el pago de la Asignación Universal por hijo, ahora se destinarán para que las empresas puedan despedir sin ningún costo. 

Así, créase o no, los cinco millones de jubilados que cobran la mínima o alrededor de esa cifra, con un bono de $70.000 congelado desde el mes de marzo del 2024, se harán cargo de los despidos que realicen todas las empresas del país, incluida aquella cuyos dueños son multimillonarios.

Tanto hablar contra el inexistente comunismo que levanta el presidente Milei, para terminar construyendo un comunismo para empresarios. 

Es fácil imaginarse una forma rápida de desprenderse de un trabajador apuntado por el empleador: se lo convoca a trabajar un día 12 horas y si no acepta se lo despide sin costo porque la indemnización la paga el FAL 

Parodiando al politólogo Andrés Malamud: “La paradoja argentina, elegir a un fascista de verdad, creyendo que es de mentira, por miedo a un comunismo de mentira que creen que es de verdad.” 
Se estima que el sistema previsional se verá privado de alrededor de 2.500 millones de dólares anuales. Dicho en otros términos: el costo para los jubilados para darle una mano involuntaria a los empresarios, es estimado en 2.500 millones de dólares anuales. No es difícil predecir que en un tiempo no demasiado lejano el Presidente dirá:  "Prefiero decirles una verdad incómoda antes que una mentira confortable: no hay plata para los jubilados.”   

Así Marcos Galperín de Mercado Libre, según la revista Forbes 2025, es la fortuna más grande del país con 8.000 millones de dólares. Está entre las 500 fortunas más grandes del planeta ocupando el lugar 382.  Mercado Libre recibe millonarios beneficios fiscales y exenciones impositivas bajo la Ley de Economía del Conocimiento superando los 100 millones anuales en ahorro de impuestos y contribuciones. En 2024 facturó 20.277 millones de dólares y ganó 2.000 millones de dólares. Según una nota de Infobae del 2020, ya entonces era la empresa más valiosa del país, valuada en alrededor de 37.000 millones de dólares. Los jubilados le pagarán los despidos.

Paolo Rocca, líder del grupo Techint, según la revista Forbes 2025, ocupa el lugar 605 del ranking de millonarios, con un patrimonio de 5.800 millones de dólares. 

Según Ámbito Financiero del 18 de febrero del 2025, los resultados preliminares de Ternium Argentina, la acería del grupo Techint, cerró el ejercicio 2024 con una ganancia de $ 106.700 millones que representó un incremento del 67% contra los $ 64.000 millones del año 2023. Según el periodista Hernán Lacunza en una nota del Diarioar del 8-02-2026: “Entre 2016 y 2020, la empresa de Rocca invirtió US$1.900 millones en su proyecto de gas Fortín de Piedra y recibió US$1.500 millones de subsidio. Pretende otros US$640 millones por vía del reclamo judicial.” Los jubilados le pagaran los despidos.

No es una fake news. Es lo que votaron los 42 senadores libertarios, del PRO, radicales y algunos peronistas de provincias arrodilladas, bajo la pomposa denominación de “modernización laboral”. Es un triángulo del terror: Milei los hambrea, Bullrich los apalea(ba) cada miércoles (ahora lo hace con igual entusiasmo su sucesora y ex mano derecha Alejandra Monteoliva) y por iniciativa del ejecutivo, 42 senadores aprueban que los jubilados solventen los despidos de todas las empresas del país. 
Es la radiografía más perfecta de lo injusto como política de Estado.

Merece citarse como excepción, la resistencia a la extorsión dibujada como negociación, a los gobernadores de Tierra del Fuego (Gustavo Melella), La Pampa (Sergio Ziliotto), Buenos Aires (Axel Kicillof) y la Rioja (Ricardo Quintela).

Los gobernadores cuyos senadores se alinearon con el gobierno traficando los derechos de los trabajadores por oscuras contraprestaciones que la historia no perdonará fueron: Raúl Jalil (Catamarca), Leandro Zdero (Chaco), Alberto Weretilneck (Río Negro), Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Gustavo Sáenz (Salta), Osvaldo Jaldo (Tucumán), Marcelo Orrego (San Juan), Alfredo Cornejo (Mendoza), Maximiliano Pullaro (Santa Fe) y Nacho Torres (Chubut)

Finalmente, la feria de miserabilidades exhibió una CGT vacilante aferrada al mantenimiento de las cuotas sindicales, y no a la pérdida de derechos de sus representados. Los Bancos lograron desplazar a las billeteras virtuales en el pago de los sueldos y serán uno de los actores del gigantesco negocio del Fondo de Asistencia Laboral. Ahí hay una discrepancia entre La Libertad Avanza y el PRO que se exteriorizará en el tratamiento de este proyecto de ley en diputados: Macri y Ritondo a favor de las billeteras y en especial de Galperín (Mercado Libre); Bullrich a favor de los Bancos, en especial del Banco Santander.

No es extraño que en la historia de nuestro país se perpetren estafas legales en que los beneficios son para pocos y las cargas para la inmensa mayoría.     

Así la dictadura establishment militar, antes de abandonar su ciclo trágico y sangriento estatizó la deuda privada. Alrededor de 15.000 millones de dólares de los principales grupos económicos del país, incluyendo fraudulentos auto préstamos, se socializó entre toda la población. Según Matías Kulfas y Martín Schorr en “Deuda Externa y Valorización Financiera”, “Se trató de una fenomenal transferencia de recursos públicos hacia los sectores más concentrados del capital. Basta con mencionar que sólo 30 grupos económicos nacionales y algo más de 100 grandes empresas trasnacionales concentraban aproximadamente 65% de la deuda externa privada”

No es el “comunismo” que usan de espantapájaros los libertarios y sus socios, que en una ignorancia profunda o una intencionalidad maliciosa atribuyen al populismo. Es el sistema distributivo que consideran positivo.  Luego eso se completa en la existencia de un PBI permanente fuera del país resguardado en guaridas fiscales. 

Y como es tradicional, desde los sectores dominantes sus escribas justifican la irracionalidad y desde sus medios, sus economistas proponen falsas soluciones para diagnósticos truchos. En un ejercicio de insulto a la razón presentan la mal llamada “Ley de modernización laboral” como el medio para contratar empleados formalizados cuando es la puerta para abaratar los despidos hasta transformarlos en gratis, acentuar la informalidad por la ventana del fomento del monotributo. Sin la vigencia de este proyecto de ley, Milei se ha felicitado y celebrado en haber dejado en la calle a 270.000 trabajadores. Entre risas, abrazos y tuits, el Gobierno celebró la media sanción de la Reforma Laboral. Karina Milei, Patricia Bullrich, Manuel Adorni y Diego Santilli celebraron el triunfo en el Senado, mientras que el presidente expresó en redes que se trató de un triunfo "histórico".

En estos tiempos del individualismo exacerbado, del corazón helado, de la crueldad como bandera, la mal llamada Ley de Modernización Laboral es la continuación de la línea que priva de remedios a los enfermos oncológicos o que libra una guerra increíble contra los discapacitados, o el cierre de institutos de salud mental y adicciones 

 Además de lo ya enumerado, si una trabajadora se enferma de cáncer y debe tomarse días para su tratamiento de quimioterapia se le abonara sólo el 75% del básico y sólo por tres o seis meses, según tengan personas a cargo. Antes lo indefendible, el gobierno retrocede parcialmente en este punto, ocultando que todo el proyecto de ley es un arrasamiento de derechos. Esos que los libertarios y sus cómplices consideran privilegios.    

La gestionadora del proyecto de ley en el Senado fue Patricia Bullrich que ahora queda revelado nítidamente, un misterio que la envolvió durante la campaña electoral cuando era candidata a Presidente por el PRO. Entrevistada por el periodista Diego Sehinkman para TN expresó: “Es pensar que los argentinos estamos muy dolidos, y vamos a armar un sistema que ponga el foco en el ser humano desde una perspectiva en la que todo aquello que tiene que ver con el ser humano (su vida, su educación, su cultura, su bienestar, su seguridad) esté todo bajo una filosofía muy interesante”. Antes el desconcierto del periodista que le manifestó que no entendía Bullrich contestó: “Ya lo vas a entender. Es que estamos rompiendo estructuras, vamos a hacer estructuras distintas……. Es un sistema que va a mirar integralmente a los argentinos para que pasen del llanto a la alegría, de la destrucción y el devastamiento (sic) al progreso.”

Todo el gobierno de Milei es una farsa, conformada en mentiras gigantescas e ideas estrafalarias, al punto que enarbolando la bandera de la libertad intenta hasta arrasar con el tiempo libre de los trabajadores. En su concepción, no hay patria sino mercado, no hay ciudadanos sino ganadores económicos, no hay soberanía sino genuflexión, y la libertad es un privilegio para pocos. 
Mientras detienen a soldaditos de la droga el gobierno le abre las puertas del país a los carteles del narcotráfico con coberturas legales insólitas como la actual denominada hipócritamente de “inocencia fiscal”    

Albert Einstein sostenía:  "Dos cosas son infinitas: la estupidez humana y el universo; y no estoy seguro de lo segundo.”

18-02-2026

  • Publicado en La Tecl@ Eñe, Diario Registrado