24 diciembre 2016

REPORTAJE A RICARDO ARONSKIND


¿Macri termina mal?
Para responder a esta pregunta, entre muchas otras, el jueves 22 de diciembre de 2016 se subió a El Tren, el economista, experto en temas internacionales y profesor de la UBA Ricardo Aronskind. En un análisis original se refirió al gobierno PRO con sus inconsistencias e ignorancias, tomó nota de la importancia del “cientista” Duran Barba y su apuesta a la despolitización. A contramano de Trump y el Brexit, el camino elegido por Macri, tarde o temprano, como ya pasó con otras experiencias de la derecha, se enfrentará a una nueva sorpresa de la historia, pronosticó Aronskind.   Un reportaje de El Tren que merece ser escuchado, palabra por palabra.
 
                         El TREN, UNA VOZ DIFERENTE PARA ESCUCHAR, REFLEXIONAR Y DISCUTIR
 
                           UN PROGRAMA QUE  NO TE LA DEBE, QUE SÓLO CIERRA, CON TODOS SUS OYENTES ADENTRO  

22 diciembre 2016

EL BEBE Y EL AGUA SUCIA

                                                  Por Ricardo Aronskind
La metáfora del bebé y el agua sucia sirve para explicar la estrategia de la derecha argentina. La historia alude a un bebé que es bañado, y advierte que lo que hay que tirar después del baño es el agua sucia, pero no al bebé. 
La derecha argentina lo que odia no es simplemente al kirchnerismo. Odia la igualdad, odia a las clases bajas, odia al pensamiento crítico y alternativo, odia al peronismo, la izquierda y todo lo que se salga de su control. 
Odia el distribucionismo, odia compartir la renta agraria, odia que le recorten el poder a las corporaciones, odia que el gobierno no le obedezca. Odia latinoamérica.
Todo eso lo ha puesto en el kirchnerismo. La maniobra es que todo el paquete sea tildado de kirchnerismo, y por lo tanto, sucio. Las universidades, el satélite, la qunita.
Que nadie se confunda: hoy será el kirchnerismo, para el objetivo es todo lo otro, todo lo que no son ellos. 
Algunos se ilusionan pensando que la derecha odia sólo la corrupción K, pero que en el resto se pueden poner de acuerdo, ser sensatos, sensibles, prudentes.
No es así.
Quieren tirar al bebé (la soberanía, la justicia social, la industrialización), con el agua sucia de la corrupción. 
Para la derecha, es peligro es el bebé, no el agua sucia. Ellos mismos son abundantes generadores de agua sucia.
Si pudiéramos lograr que los que quieren al bebé lo distingan del agua sucia, daríamos un gran paso adelante.

21 diciembre 2016

La mirada que restituye humanidad

La crónica escrita por Ana Cacopardo, luego de visitar a los estudiantes de la carrera de Trabajo Social en el penal de Sierra Chica, propone una reflexión sobre la mirada social-institucional que reproduce el discurso que condena a los sectores vulnerables a ser poblaciones sobrantes y muertes que no importan.

Por Ana Cacopardo*
                        (especial para La Tecl@ Eñe)
Leo las cartas que me dieron los muchachos del penal de Sierra Chica. Estuve allí recientemente con estudiantes de la carrera de Trabajo Social que puede cursarse en contexto de encierro. Como cada vez que voy a la cárcel y escucho las voces de los hombres y mujeres privados de libertad, me conmueven las formas de la resistencia en el encierro. Me refiero a esos gestos o prácticas, a veces mínimos o poco evidentes, que los afirman como personas. Como sujetos. Aún, en condiciones de asimetría, violencia y subordinación agobiantes. Cuando concluyó nuestro encuentro en Sierra Chica, Patricio, uno de los estudiantes, me regaló un auto que confeccionó con su infinita paciencia de artesano de la madera. La palanca de cambios está hecha con un perdigón de bala de goma. Los junta en el patio del penal y los recicla. Como se recicló él mismo estudiando Trabajo Social y comprendiendo que la educación “era un derecho, no una dádiva”.
Patricio está casi terminando la carrera a pesar de los pesares. A pesar de los manguerazos de agua helada y las noches sin fondo en buzones oscuros. Pienso en Pedro, y en sus palabras emocionadas: “siempre creí que esto era lo que me había tocado en la vida, pero fui entendiendo que no, que no era un destino, que no era natural lo que me había pasado”. Y Mariano que sumó su historia, cuando reflexionábamos en torno a los medios de comunicación y las formas de estigmatizar a las personas privadas de libertad. De animalizarlas. “Vinieron los de Cárceles de Telefé, nos propusieron grabarnos y cuando encienden la cámara nos dicen que contemos historias de motines... los echamos de la celda”. Pequeños gestos y afirmaciones que restituyen humanidad. En el corazón del penal de Sierra Chica, uno de los más antiguos de la provincia, panóptico perfecto para la mirada que vigila y castiga y se prolonga en las cámaras que nos graban. La que está a nuestras espaldas, en el zoom convertido en aula. Allí, sin embargo, impera otra mirada, la que instalaron docentes como Bernardo y Luis. Ellos mismos interpelados y transformados por esos Otros, muy Otros. Ellos habilitando el abrazo de esos cuerpos a la defensiva, contraídos y desconfiados que entonces se aflojan y traen la memoria de la ternura. No somos inocentes. No podemos serlo. Mientras conversamos entran por la ventana los gritos de los pibes que están en buzones: celdas de aislamiento, escenarios de la peor crueldad del sistema carcelario. Concreción y afirmación sobre los cuerpos de ese deseo oscuro de las sociedades del miedo: que se pudran en la cárcel.
Estamos perfectamente situados. En ese zoom de Sierra Chica hay apenas 60 o 70 estudiantes sobre los más de mil que se amontonan en la unidad. Pero ese puñado de personas detenidas se animan a nombrarse estudiantes. No justifican sus historias, pero empiezan a comprenderlas. El ministro de Justicia bonaerense, Gustavo Ferrari, dijo hace unos días que “la cárcel es un intervalo entre dos delitos”, y habló del fracaso de un sistema penal que no logra reinsertar. Los estudiantes de Sierra Chica entendieron revisando sus propias biografías, que no se puede reinsertar lo que jamás estuvo inserto. Y por eso comenzaron a buscar las razones de ese fracaso en otro fracaso mayor: el de un modelo de país más justo y solidario. Las palabras del ministro Ferrari omiten lo fundamental que es pensar el afuera. “El afuera que te deja afuera”, como dicen las chicas del penal de Ezeiza en su formidable revista Yo soy.  El afuera que lxs dejó afuera mucho antes de caer presxs. En la revista, cuentan una historia. La de Yamila abrazándose a la reja y repitiéndole a su defensor que no quería salir. “Soy una NN, ni en el Patronato ni en ninguna parte tienen alojamiento para mí y para mi hija, ni trabajo ni nada. Si salgo vuelvo a entrar porque al menos acá trabajo y no estamos en la calle”. Parábola cruel la de la cárcel ofreciendo malamente algún horizonte de inclusión. Cuánto nos dice este testimonio de Yamila no ya sobre el encierro, sino sobre inéditos y crecientes niveles de exclusión. Sobre la única grieta que importa.
"Los estudiantes de Sierra Chica entendieron revisando sus propias biografías, que no se puede reinsertar lo que jamás estuvo inserto. Y por eso comenzaron a buscar las razones de ese fracaso en otro fracaso mayor: el de un modelo de país más justo y solidario."

Vuelvo a esa tarde primaveral en Sierra Chica. Pienso en esos rostros de piel oscura. Porque como nos recuerda Rita Segato, la cárcel tiene color. Cada uno de estos pibes –hombres ya muchos de ellos- libra una doble batalla. La íntima, la propia, la que sólo cada uno de ellos puede nombrar. La de atreverse a imaginar otro horizonte posible. La de convivir con la incertidumbre de la libertad sin amparo ni políticas post-penitenciarias. Pero la peor de las contiendas, es otra. Es la de enfrentar los discursos que los condenan a seguir siendo lo mismo: pibes chorros, poblaciones sobrantes, muertes que no importan, eslabón menor y descartable de redes delictivas impunes, objetos del voyeurismo morboso de los realitys televisivos, estadísticas sin nombre ni voz propia. Pero sin embargo, ahí están dispuestos a dar esa batalla incierta y desigual. Ahí están, Alejandro, Patricio, Mario, Pedro, Mariano, haciendo pie en un concepto que aprendieron con sus profesores: resiliencia, esa capacidad de sacar recursos dónde parece no haberlos y comenzar a recuperar autoestima y proyecto. El perdigón de bala en el auto de juguete, como metáfora de esa resiliencia. Me voy acompañada por sus voces que resuenan mientras escribo estas líneas, como haciendo una petición de reconocimiento. Y mientras se cierran las rejas, pienso en el espacio que propician lxs jóvenes docentes que me acompañan hasta la salida. En la pedagogía liberadora de esa mirada que restituye humanidad. Esta columna es también un homenaje a ellos.

La Plata, 2 de noviembre de 2016

*Periodista, productora y directora de cine documental.