01 noviembre 2016

PARECIDOS



A pocas semanas de producido el golpe de septiembre de 1955, escribió Jorge Enea Spilimbergo, uno de los referentes de la izquierda nacional, bajo el título de “El moralismo: utilización oligárquica de la clase media”
“El contubernio oligárquico ha encontrado su tema: la  moral. No hay político “democrático” ni usufructuario en general del 16 de septiembre que no presente al gobierno caído como una banda de facinerosos que logró mantenerse diez años en el poder, gracias a la ignorancia de los más y al silencio impuesto sobre las minorías “ilustradas”
Si antes del pronunciamiento militar la campaña servía para socavar las bases del gobierno peronista, derrocado este, las comisiones investigadoras y la prensa se apresuran a publicar los escándalos para justificar  la dictadura y obtener el apoyo de la opinión pública.
Pero ¿quiénes han ejecutado el golpe de septiembre? ¿El pueblo? No: la oligarquía  y ¿Cómo la oligarquía, la venal y corrupta oligarquía, se erige en custodio de la austeridad republicana  y en censora atrabalaria de sus enemigos, los gobiernos populares?  Porque necesita aliados, un mínimo de pueblo, en suma, para poder triunfar. Va a buscarlo a  la clase media, cuya debilidad y confusión explota, ocultando sus propios fines. Tras el canto de sirena de dos otras consignas eficaces.
La “moral” es una de ellas, vale decir, la lucha contra la “corrupción” del peronismo: gobierno y sindicatos. Que se trata de un pretexto  destinado a legitimar el alzamiento en armas contra un gobierno de mayoría popular, lo dice quién lo esgrime: el grupo social más comprometido por sus fraudes, peculados y entregas.
No obstante, el recurso obtiene resultados inmediatos e inflama el corazón de ciertos sectores de la pequeña- burguesía: tienen estos sus listas de agravios contra el movimiento de las masas, justos algunos, hijos de la miopía o el resentimiento los más. La propaganda oligárquica moviliza este sector social a modo de fuerza de choque, tras banderas especiosas como “moralizar”, “restaurar las libertades”, etc”  
Me permito adaptar el texto a las circunstancias actuales, donde el escenario es diferente, los gobiernos distintos, el acceso al poder por medios diametralmente distintos, pero con discursos similares o parecidos: “El contubernio Establishment-  mediático ha encontrado su tema: la  moral. No hay político “democrático” ni usufructuario en general del 22 de noviembre que no presente al gobierno caído como una banda de facinerosos que logró mantenerse doce años en el poder, gracias a la ignorancia de los más, el temor de muchos y al silencio impuesto sobre las minorías “ilustradas”


Si antes del pronunciamiento electoral la campaña servía para socavar las bases del gobierno kirchnerista, derrotado este, las denuncias mediáticas y la prensa en general (más allá de hechos probados bochornosos que merecen el repudio rotundo) se apresuran a publicar los escándalos para justificar  los superlativos ajustes y obtener el apoyo de la opinión pública.
Pero ¿quiénes vienen ejecutado este plan distractivo? ¿El pueblo? No: el establishment  y ¿ cómo el establishment,  venal y corrupto, se erige en custodio de la austeridad republicana  y en censora atrabalaria de sus enemigos, los gobiernos populares?  Porque necesita aliados para poder triunfar. Va a buscarlo a  la clase media, cuya debilidad y confusión explota, ocultando sus propios fines, tras el canto de sirena de otras dos consignas eficaces.
La “moral” es una de ellas, vale decir, la lucha contra la “corrupción” del Frente para la Victoria. Que se trata de un argumento que históricamente está  destinado a deslegitimar gobierno de mayoría popular, lo dice quién lo esgrime: el grupo social más comprometido por sus fraudes, peculados y entregas. No obstante, el recurso obtiene resultados inmediatos e inflama el corazón de ciertos sectores de la pequeña- burguesía: tienen estos sus listas de agravios contra el movimiento de las masas, justos algunos, hijos de la miopía o el resentimiento los más. La propaganda oligárquica moviliza este sector social a modo de fuerza de choque, tras banderas especiosas como “moralizar”, “restaurar las libertades”, etc      
04-10-2016          





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