10 diciembre 2013

        TREINTA AÑOS DE DEMOCRACIA*










El domingo 30 de octubre de 1983 el sol brillaba en un día diáfano, mientras millones de argentinos acudían a las urnas sintiéndose  partícipes de un hecho que parecía muy lejano en los años de oprobio que se pretendían dejar definitivamente atrás. Los que miraron las tapas de los diarios de esa jornada podían encontrarse con estos títulos: “Llegamos” (Clarín); “Se elegirá hoy en todo el país a las autoridades nacionales” (La Nación). Eran los dos diarios que fueron socios de la dictadura establishment militar en Papel Prensa. “Tiempo Argentino”, de un grupo empresario y que a posteriori de las elecciones fue dirigido por la Coordinadora Radical,  puso en su portada: “Argentina hoy vota por la democracia”, mientras que La Prensa consignaba: “El pueblo argentino elige a las autoridades de la Nación”. Desde otra óptica Diario Popular anunciaba lacónicamente: “A votar”. El diario peronista de izquierda  “La Voz” rotuló: “Victoria del pueblo”. “La Época”, peronista de derecha, puso en su tapa: “El pueblo entierra al Proceso.” Pero el título más preciso fue el de Crónica: “Termina la pesadilla”. 

RECUERDO PERSONAL(1)


Ese día fui presidente de mesa. A mi mujer también le tocó cumplir ese deber cívico. Nuestro único hijo tenía entonces 4 años. Lo dejamos con mi hermana y mi cuñado, aunque uno de los dos podía haberse excusado. Pero eran tantos los deseos de participar en esa fiesta, que a las 7 de la mañana estuvimos los dos presidiendo las respectivas mesas. Ya había votado en 1963, en 1965, tres veces en 1973, pero era como si fuera a hacerlo por primera vez. Los meses previos habían sido de mucha efervescencia, una remake en otro contexto y expectativas que lo ocurrido una década atrás. Las elecciones del 11 de marzo de 1973 coronaban un notable avance de masas, surgida a partir del Cordobazo; y aunque no había sido su propósito, permitió un acontecimiento de la magnitud del regreso de Perón. El 25 de mayo de 1973 fue uno de esos días en que cada uno se sentía protagonista de una historia que podía culminar en una revolución. En cambio, el 30 de octubre de 1983, lo que se intentaba dejar atrás eran los años de noche y niebla.
LA DEMOCRACIA DE LA DERROTA


A ese 30 de octubre se llegó con incertidumbres y temores. La dictadura establishment-militar había implosionado, consecuencia de sus fracasos económicos, políticos, sociales y militares. Los intentos de resistencia fueron dispersos y aislados como la huelga de abril de 1979, el incansable batallar de los organismos de derechos humanos,  el accionar internacional de los exiliados denunciando lo que sucedía  y  esporádicas acciones de las organizaciones armadas.  
El modelo de rentabilidad financiera fue impuesto de la única manera que resultaba posible: mediante el terrorismo de estado, cubriendo de campos de concentración  buena parte del territorio nacional. Miles y miles de desaparecidos y exiliados.  Luego de seis años, el modelo económico se derrumbaba, la metodología para aplicarla era denunciada internacionalmente, la fragmentación social y la desindustrialización eran palpables y la salida bélica buscada por el gobierno de facto, había concluido en una derrota militar. No le quedaba más remedio que preparar la retirada, tratando de buscar la impunidad para sus crímenes. A diferencia del 17 de octubre que dio origen al peronismo; o el Cordobazo, que sin ser su objetivo desplegó una energía social que permitió el retorno de Perón, a las elecciones del 30 de octubre se llegó fundamentalmente porque la dictadura se auto derrotó. Por eso el ensayista Alejandro Horowicz, la denominó con precisión “la democracia de la derrota. “Nunca una derrota militar es una buena puerta de entrada y la desmalvinización posterior implicó la imposición de la nefasta idea que enfrentar a un poderoso conlleva inevitablemente a una derrota. Además de la impunidad buscada, el gobierno militar con inspiración y sostén del poder económico nacional e internacional, dejó un caballo de Troya que condicionaría el accionar de todos los gobiernos democráticos de estas tres décadas: una gigantesca deuda externa.
En ese estrecho sendero que desembocó en el 30 de octubre, había solicitudes como las del Centro de Oficiales de las Fuerzas Armadas, presidido por el general retirado Federico Toranzo Montero que decían, como precisa  Germán Ferrari en su libro “1983. El año de la democracia”: “Modificar sustancial y violentamente la conducción política a los fines de asegurar la subsistencia de la República y de sus FF.AA, debido a que el Gobierno ha perdido el control de la situación dejando por ello de estar en condiciones de continuar con el manejo de la cosa pública……la falta de reversión del proceso permitirá la subsistencia del régimen peronista, populista y marxista, que aún se encuentra instaurado e intacto en la Nación Argentina, por falta de una adecuada justicia revolucionaria que debió aplicarse inicialmente y que no se hizo….” Este comunicado es de febrero de 1983. En abril de 1983, con la firma de Nicolaides, Franco y Hughes se dio a conocer  el “Documento final de la Junta Militar sobre la Guerra contra la Subversión y el Terrorismo”, en un intento de justificar las atrocidades perpetradas. Ahí se decía: “Debe quedar definitivamente claro que quienes figuran en listas de desaparecidos y que no se encuentran exiliados o en la clandestinidad, a los efectos jurídicos se consideran muertos, aun cuando no pueda precisarse hasta el momento la causa y oportunidad del eventual deceso, ni la ubicación de su sepultura.”
Fue el prólogo a la ley 22924, conocido como de autoamnistía en donde decía: “Quedan extinguidas las acciones penales emergentes de delitos cometidos con motivación o finalidad terrorista o subversiva, desde el 25 de mayo de 1973 hasta el 17 de junio de 1982. Los beneficios otorgados por esta ley se extienden, asimismo, a todos los hechos de naturaleza penal realizados en ocasión o con motivo del desarrollo de acciones dirigidas a prevenir, conjurar o poner fin a las referidas actividades terroristas o subversivas, cualquiera hubiera sido su naturaleza o el bien jurídico lesionado” 
El cronograma electoral establecía al 30 de marzo como fecha tope para la afiliación partidaria. Un mes antes, Reynaldo Bignone anunció que las elecciones se realizarían el 30 de octubre y la entrega del poder, el 30 de enero. Finalmente se adelantó para el 10 de diciembre, no por casualidad “Día Internacional de los Derechos Humanos”.
El terror que logró introducir en la sociedad la dictadura establishment militar estaba en cada uno de los ámbitos.  En “Los años setenta de la gente común”, un muy  interesante  libro de Sebastián Carassai, puede leerse esta publicidad de Austral: “No es de buen gusto. Ni educado. Las cosas como deben ser. Derechas.  El vaso envuelto en servilleta de papel. La cara maquillada. El pelo bien peinado. La bebida antes que los canapés. Saber que tres soles es un Coronel y que a un obispo inglés se le dice “My Lord”. ¿Detalles, me dirán? Eso es estilo. Educación. Clase. Así son los auxiliares de AUSTRAL-ALA. Señoritas que saben lo que hacen, porque han sido entrenadas para hacer de un vuelo una cosa perfecta. Con la izquierda sostendrán la bandeja. Pero lo atenderán con la derecha. Por eso, si alguna vez le sirven con la izquierda, avísenos. Se nos filtró una zurda.” 
Otra acotación ilustrativa la menciona el autor en la página 207: “Varias empresas que utilizaban revólveres en sus publicidades, -por ejemplo, Cosak, Levi`s o Sorpasso- dejaron de hacerlo. …..Días después del golpe, la industria Musiplast, responsable de la fabricación de una metralleta de juguete llamada “Guerrillero”, publicó en los diarios Clarín y La Razón solicitadas dirigidas a mayoristas, distribuidores y minoristas jugueteros, donde anunciaba que dejaría de producirla y solicitaba que se la retirase de la venta. El dueño de la empresa se arrepintió públicamente de haber lanzado el producto”. Le declaraba a la revista Gente del 6 de mayo de 1976: “Era una barbaridad, los seres humanos a veces se equivocan. Por eso uno debe tener la posibilidad de rectificarse.” La revista titulaba: “NO AL GUERRILLERO”
Es la misma revista que entre tantas canalladas que pueblan su historia, consideró al tanquecito de la DGI, emblema del ente recaudador, como “el personaje del año”.

LA CAMPAÑA ELECTORAL
La campaña de Alfonsín fue impecable, tanto política como publicitariamente. Mientras el Partido Justicialista se referenciaba en el pasado y hacía hincapié en Perón, Evita e Isabel, no pudiendo remontar la hipoteca del penoso final del tercer gobierno peronista y la sombra ignominiosa de la Triple A, antecedente en escala menor de lo que harían después las tres Fuerzas Armadas, Alfonsín incluía en sus discursos a los referentes históricos de distintos partidos, incluso a los de sus adversarios, convocando a crecientes legiones juveniles. El nacido en Chascomús centró el eje de su discurso en la pacificación con justicia y propuso una fórmula de juzgamiento del terrorismo de estado. Ítalo Argentino Luder, al revés, cuando fue consultado dio por válida la autoanmistía, contestando no como político sino como abogado.


















En una sociedad sedienta de dejar atrás la pesadilla vivida, Alfonsín concluía sus actos con el recitado del preámbulo, mientras la consigna publicitaria acertaba con notable precisión definiendo que “No era una salida electoral, sino una entrada a la vida”. La publicidad justicialista utilizaba una consigna adecuada para los heroicos años de la resistencia pero inadecuada para la coyuntura, como expresión de resistencia y rechazo se afirmaba:“Somos la rabia”. Aludía a aquel falso concepto de la Revolución Fusiladora, sobre la forma de terminar con el peronismo matando a Perón. De ahí su pedestre elucubración: “Muerto el perro, se acabó la rabia”.
Una sociedad maravillosamente inquieta y movilizada cubrió la Avenida 9 de Julio, en dos manifestaciones extraordinarias convocadas por los dos partidos que se disputaban el resultado electoral.
Cierta pereza intelectual consideraba inexorable el triunfo justicialista, aunque las escasas encuestas deban triunfador a Alfonsín, que finalmente se impuso en forma amplia por 12 puntos.
Por otra parte, mientras el candidato justicialista carecía de habilidad oratoria y nunca se desprendió de su traje de jurista, Alfonsín manejaba un discurso mucho más seductor,  muy superior con propuestas mucho más concretas.
Parecían candidatos cambiados. Alfonsín daba mucho más que Luder como un candidato del justicialismo.
Antonio Cafiero que asomaba por segunda vez como posible candidato presidencial, para resultar finalmente desplazado (más adelante tuvo una tercera frustración)  escribió en sus memorias bajo el título “Militancia sin tiempo”: “En el acto de nuestra campaña hablaba alguien (por Luder) que no siente esa masa; que no fue discípulo del Jefe; que no conoció a Evita; que no debe haber llorado nunca ni sufrido el transitar del peronismo. Y otros que baratean sus significados, los felones tipo Bittel o incapaces como Lorenzo Miguel ¡ Ah, Juan Domingo, qué herencia triste ésta!” 
Merece una reflexión la distancia política entre 1973 y 1983. Mientras en la primera se discutía y se proponían slogans vinculados a la patria socialista, en la segunda se convocaba con el preámbulo de la Constitución de 1853, que fue la coronación jurídica del triunfo militar de los sectores sociales que proponían el modelo de economía primaria exportadora.
RECUERDO PERSONAL (2)






















A principios de 1980 tuve la posibilidad de acceder al Informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que visitara al país en septiembre de 1979, coincidiendo con los festejos populares por el triunfo mundial de la selección juvenil que ganó en Japón. Aunque conocía el tema de las desapariciones que habían afectado a compañeros, desconocía la magnitud. Era difícil imaginarse entonces que serían juzgados los criminales mayoristas. Por eso, todas las noches, sacaba de la mesita de luz el informe y leía un caso, con la idea de no olvidar y poder dar testimonio, si alguna vez era posible, siguiendo el ejemplo de aquellos que sobrevivieron a los campos de concentración nazis para que se pudiera conocer lo que padecieron los que no sobrevivieron y lo que pasó en esos años de plomo.
Por eso, el 10 de diciembre de 1983, con mi mujer y mi hijo sobre mis hombros, estuvimos frente al Cabildo, escuchando a un presidente que no voté.  


En esa plaza jubilosa, poblada de ausencias, frente al Cabildo, pasaron una ráfaga de recuerdos, los días vividos bajo tres dictaduras que asomaron como una trompada al hígado. Desde los libros prohibidos a la extensión del pelo; desde las películas imposibilitadas de ver, a la moralina ultramontana; desde las universidades donde los estudiantes eran revisados y debían exhibir la libreta universitaria para entrar, a los colegios secundarios que determinaban la extensión de las polleras. Los años de la proscripción popular y los de la resistencia. Los artistas desterrados por las listas negras. Los años que fueron una larga lista de prohibiciones con castigos que llevaban, con fortuna, a la cárcel; y en el peor a la desaparición, conocida como la muerte argentina. Y la ESMA,  La Perla y Campo de Mayo como referencias mayores del tiempo del desprecio.
TREINTA AÑOS DE DEMOCRACIA(1)





Uno de los slogans publicitarios de Alfonsín, reiterado intensamente, sostenía: “Con la democracia se come, se educa y se cura”. Era erróneo. La democracia, futbolísticamente, es la cancha; que se coma, se eduque o se cure, depende de los jugadores que entren a ella. En un mismo escenario, un equipo puede conseguir lo máximo: ganar, gustar y golear, que dependerá de sus propios méritos y lo que le permita el adversario; pero también jugar muy mal y descender.
En estos treinta años hubo de todo. Los primeros dieciocho meses de Alfonsín son muy reivindicables, pero su “Economía de Guerra”, el reemplazo de Bernardo Grinspun por Juan Vital Sorrouille, y las “Felices Pascuas”, iniciaron un declive que facilitó el golpe de mercado que lo llevó a renunciar antes de concluir su mandato.En apretada y arbitraria selección: el Juicio a las Juntas; el intento de hacer un frente latino americano para la negociación de la deuda; el improvisado discurso de respuesta a Reagan en los jardines de la Casa Blanca; el enfrentamiento limitado con Clarín y la Sociedad Rural; el lanzamiento del Mercosur; la ley de divorcio y la patria potestad compartida, son todos hitos muy positivos de su gobierno.
La hiperinflación que padeció marcó un click en la conciencia social que facilitó la implementación del plan económico de Carlos Menem, cuya perdurabilidad más allá de su gobierno le explotó a la Alianza. No es fácil encontrar facetas positivas, pero el acuerdo de paz con Chile terminando con centenarios conflictos; el fin del servicio militar en la forma que estaba implementado; y su decisión de concluir con los levantamientos militares, son también méritos de su gobierno.
La Alianza frustró a la clase media que los votó. Cumplió con la promesa que la condenaba: un peso es igual a un dólar. La crisis del 2001 fue inolvidable en su profundidad y sus efectos devastadores, aunque hay franjas enormes que la padecieron y hoy parecen sufrir de amnesia.
El breve gobierno de Duhalde tiene el mérito de haber iniciado, aunque a los tumbos, la salida de una de las situaciones más críticas. Néstor Kirchner fue el que mejor interpretó el mensaje del 19 y 20 de diciembre. Hay una larga lista de logros, pero en tren de elegir algunos: terminar con la desmalvinización que nos llevaba a la claudicación permanente con los poderosos; el juzgamiento a los criminales del terrorismo de estado; la renegociación de la deuda y el no al ALCA; la visión latinoamericana y el entramado para conseguirla, constituyen cumbres que le reservan un lugar significativo en la historia. A Cristina Fernández se la recordará por una notable ampliación de derechos, por su enfrentamiento claro contra las patronales del campo y los medios dominantes, por la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, por la Asignación Universal por Hijo, por la estatización de las AFJP, de Aerolíneas Argentinas, del 51% de YPF, por lo destinado a educación y a la ciencia, por la creación de universidades en lugares populares, por la repatriación de científicos, por continuar la política exterior latinoamericana, por leyes como la de las empleadas del hogar y la de los peones rurales.
RECUERDO PERSONAL (3)



Hice muchas cosas en mí ya extensa vida. Fui militante universitario y político, contador público, profesor universitario, gerente de empresas, y desde hace quince años periodista. Hace más de cincuenta años me siento integrante del campo nacional y popular desde la concepción ideológica de la izquierda nacional  y pienso que no he traicionado en ninguna de las actividades, los sueños que me convocaron a actuar en política desde la lejana década del sesenta y siempre a analizar la realidad nacional con  la visión de la unidad latinoamericana. Fui parte de la generación diezmada de la que habló Néstor Kirchner en el discurso inaugural de su presidencia.





Cuando todo parecía perdido,  cuando los sueños naufragaban en la dictadura y en los noventa, el siglo XXI nos acarició con el renacimiento de muchas esperanzas, en un contexto latinoamericano muy diferente al de la última década del siglo pasado.
Mi mujer y mi hijo, como yo, somos tributarios de un país que nos permitió la movilidad social ascendente, y el acceso a la Universidad Pública. Mi hijo es Doctor en Biología y su compañera Doctora en Química. Hicimos realidad una frase de mi abuelo materno, que llegó a la Argentina en 1907, huyendo de las persecuciones de la Rusia zarista y fue un gaucho en las Colonias Judías de Entre Ríos. Él decía: “Los colonos sembramos trigo y cosechamos doctores”
Amamos entrañablemente a este país cuya verdadera historia conocemos y por eso nos emociona. No podemos imaginarnos otro cielo que nos cobije, más allá que por unos pocos años, por razones estrictamente científicas, mi hijo y mi nuera están realizando un post doctorado en Washington.
He aprendido con dolor que estaba equivocado cuando despreciaba con arrogancia a la democracia burguesa, como meramente formal. Y al mismo tiempo, dialécticamente, estoy convencido, que en esa cancha de la democracia, hay gobiernos, posiblemente los más, que suben con el apoyo de las mayorías pero gobiernan para las minorías.  
TREINTA AÑOS DE DEMOCRACIA(2)
En la historia de un país, tres décadas son sólo un suspiro. Pero es mentira,  como dice el tango, que veinte años no son nada en la vida de las personas. Aquí nos estamos refiriendo a treinta. Por eso la casi totalidad de los protagonistas políticos de 1983 han muerto. Un detalle incompleto es el siguiente: Raúl Alfonsín murió en el 2009, siendo precedido en el 2008 por Ítalo Argentino Luder.
El dirigente sindical Lorenzo Miguel murió en el 2002. Oscar Alende en  1996, Alvaro Alsogaray en el 2005,  Francisco Manrique  en  1988 , Augusto Conte se suicidó en 1992, Saúl Ubaldini murió en el 2006, Jorge Abelardo Ramos en 1994, Deolindo Felipe Bittel en 1997,  Alejandro Armendáriz en el 2005, Bernardo Grinspun en 1996. Antonio Cafiero, Isabel Martínez, Víctor Martínez, están retirados y Carlos Menem en un ostracismo parlamentario.
El país del 2013 es diferente y mejor que el de 1983. Con sus enormes déficits, con una pobreza aún elevada, con islas de injusticia que son una hipoteca a levantar, es una sociedad que ha pegado saltos cualitativos importantes: después de pasar por situaciones tan traumáticas como la hiperinflación y la crisis del 2001, hoy tiene a los asesinos procesados o condenados y con el inicio del juzgamiento de los instigadores civiles.


El futuro, como todo futuro, alienta esperanzas y también aprensiones. Y como dice Woody Allen: “El futuro nos preocupa porque es el espacio donde viviremos el resto de nuestras vidas”
Incluso para aquellos que tenemos mucho más pasado que futuro.

10-12-2013
Publicadoen La Tecl@ Eñe, Edición61-Diciembre de 2013

08 diciembre 2013

“PATÉTICAS MISERABILIDADES”









La imagen hería los ojos. Los policías sublevados en Córdoba se abrazaban con sus parejas y hacían sonar las sirenas de sus patrulleros. Gritaban frases significativas y alarmantes como: “Sí, se puede”; “La ciudad es nuestra”; “¡Ahora vamos a salir a hacer de goma Córdoba!” Esa alegría desbordante contrastaba con una ciudad arrasada que durante muchas horas había carecido de Estado. Era como celebrar una fiesta en un velorio.
Las escenas parecían arrancadas del cine catástrofe. Gente que llegaba en vehículos, algunos de alta gama de la cual bajaban y rompían vidrieras.   Luego aparecían grupos de motociclistas que en operaciones coordinadas detenían el tránsito y rápidamente arrasaban con supermercados, tiendas, negocios de electrodomésticos, ferreterías, domicilios particulares, sin reparar en tamaños. A ello se sumaban en algunos casos, gente que aprovechaba la oportunidad.
Una sociedad atravesada por el terror ante la ausencia del Estado. Y el miedo despierta los sentimientos más atávicos y los instintos más mezquinos. En respuesta, grupo de comerciantes y jóvenes construyendo barricadas en las calles y haciendo justicia por mano propia contra todo motociclista sospechoso por portador de cara. Y algunos defensores envueltos en falsas emociones patrióticas cantando el himno detrás de sus parapetos. Propietarios disparando contra los depredadores. Sólo un milagro, o porque Dios es cordobés, evitó que el número de vidas humanas sólo fueran un muerto y un centenar de heridos.
HIPÓTESIS      
   
La policía de Córdoba, como otras, está atravesada por el narcotráfico. En Santa Fe y en Córdoba involucró a las máximas autoridades, que según una hipótesis, en esta última habría dejado de recibir los jugosos emolumentos que compensaban los bajos salarios. Al enfrentarse con una realidad de ingresos significativamente diferentes, el malestar fue creciendo rápidamente, situación que el gobernador subestimó. Mientras José Manuel de la Sota se encontraba en el exterior y su equipo de gobierno estaba paralizado, estalló un conflicto que un político atento hubiera prevenido. Muchos gobiernos provinciales tienen con sus respectivas policías un pacto doblemente nefasto: el gobierno deja que las policías hagan sus negocios delictivos en un nivel que estiman no afecte su gestión y éstas hacen un pacto similar con la delincuencia. Cuando alguna situación traba ésta relojería o se desborda, la bomba estalla. 
La otra hipótesis es una acción concertada entre la policía y grupos vinculados al narcotráfico, en donde se pasaba la factura por los policías desplazados y alguno detenidos y se creaba una situación anárquica que colocaba al gobierno provincial en una situación muy desfavorable para negociar los reclamos de los sublevados.
RESPONSABILIDADES







La responsabilidad de la policía cordobesa está en el primer plano, más allá de la justicia de sus reivindicaciones laborales.  Ante la magnitud de los actos de vandalismo no decidieron levantar su actitud, como si los médicos en huelga no mantuvieran las guardias o en caso de una epidemia no levantaran sus medidas para seguir con sus pedidos una vez superada la situación.
El segundo responsable es el gobernador que mintió cuando informó que se había intentado comunicar con las autoridades nacionales; dijo luego que envió un twiter, pero el fax con la solicitud de apoyo llegó recién a las 8,40 del día 4 de diciembre. Su propia Ministra de Seguridad desmintió al gobernador cuando informó que en los momentos álgidos de los hechos estuvieron analizando si pedir ayuda o no al gobierno nacional. Luego aparecieron los fondos que hubieran evitado, probablemente,  los hechos delictivos, aceptando  aumentos considerables que sientan un precedente hacia otros sectores de la administración pública y futuros levantamientos policiales, al tiempo que prescindió de todo tipo de sanciones y le habló a los uniformados como si recién asumiera la gobernación.
Tiene responsabilidad el gobierno nacional al no actuar rápidamente poniendo todos los recursos disponibles en beneficio de la provincia y de los ciudadanos cordobeses. Es absolutamente cierto que las provincias son estados federales y que la llave del pedido lo tiene la administración provincial. Pero es del preescolar político, tomar la iniciativa y deslindar públicamente responsabilidades. Si se hubiera utilizado la cadena oficial afirmando: “Estamos a entera disposición del pueblo de Córdoba y de sus autoridades legítimamente elegidas. Somos respetuosos de las autonomías provinciales, pero como gobierno nacional de los cuarenta millones de argentinos vemos con profunda preocupación los hechos de vandalismo que se están produciendo en la provincia. Sólo esperamos el pedido para movilizar todas las fuerzas que disponemos.”
Eso hubiera significado una divisoria de aguas. En cambio el Jefe de Gabinete Jorge  Capitanich, en conferencia de prensa en el aeropuerto,  camino al Paraguay por un problema sanitario vinculado al dengue, adujo no haber recibido ningún pedido en su celular y que cada uno se debía hacer cargo de su responsabilidad, recordando al federalismo. A los que sufrieron principalmente el saqueo y un día de miedo les resulta irritante el pase de facturas. En general es desagradable para toda la ciudadanía y atenta contra la respetabilidad de la política y sus representantes.  Primero se debe dejar claro la disponibilidad de ayudar y luego de ello, deslindar responsabilidades y pasar las facturas que correspondan. El gobierno no puede hacer pie en Córdoba. Tenía una magnífica oportunidad de sumar puntos. Decidió en cambio incorporarse a una comedia de enredos en medio de un drama, en donde, aunque tenga una proporción mayoritaria de razón, sale mal parado. Un caso parecido había ocurrido, en diciembre del 2010, durante los incidentes en el Parque Indoamericano, cuando los problemas entre las policías Federal y la Metropolitana, sobre su competencia, las llevaron a ausentarse, dejando enfrentados a vecinos de posiciones encontradas.
Cuando se retira el Estado, siempre aparece la ley de la selva.
COMPARACIONES FALACES










Hay comentaristas que han tratado de establecer comparaciones de lo sucedido con el Cordobazo y los saqueos del 19 y 20 de diciembre. Nada más alejado de la realidad. El primero fue un acontecimiento histórico en un contexto pre revolucionario con una confluencia  de la pequeña burguesía universitaria y la clase obrera con el apoyo de la mayoría de la población. La enorme energía desplegada allanó el camino, aunque ese no fue el motivo, para el regreso de Perón en 1972. Los acontecimientos de diciembre del 2001, fueron la exteriorización de la pobreza y marginalidad que quedó evidenciada a la implosión del modelo de rentabilidad financiera, sumiendo a la Argentina en la peor crisis del siglo pasado; es así que amplias franjas de la clase media afectadas por la crisis, el descenso social, la falta de futuro, la emigración de sus hijos y la congelación de sus depósitos,  confluyeron con sectores marginales en su reclamo.
En cambio lo sucedido el 4 de diciembre en Córdoba tiene otras características: un estallido concertado por problemas policiales salariales en confluencia con intereses económicos que inficionan la estructura de seguridad, cambiando su orientación y provocando una situación de anarquía que también es aprovechado secundariamente por sectores medios y marginales. Eso revela también las rajaduras en el entretejido social que la recuperación económica general aún no ha restañado. El empresario que fue saqueado por sus clientes y vecinos lo expresa con formidable potencia.         
“PATÉTICAS MISERABILIDADES”
Hipólito Yrigoyen, el que encabezó el primer gobierno nacional y popular del siglo XX,  acuñó la expresión “patéticas miserabilidades” para definir las miserias humanas.
En los sucesos de Córdoba, se dieron intensamente y en abundancia. Por un lado, una policía que desprotegió a la población y luego brindó por su mejoría económica sobre los escombros  que fueron posibles por su inacción.  Por otro, un pequeñísimo gobernador que no previó el conflicto, que luego lo subestimó, para finalmente claudicar, cerrando un conflicto para abrir muchos otros no sólo en su gobernación, sino mucho más allá de su territorio por efecto reflejo. Su ineficiencia llegó a tal punto que hasta carecía del teléfono actual del Jefe de Gabinete, que tiene disponible cualquier producción de cualquier medio.
Por último, el gobierno nacional que volvió a incurrir en el grosero error de evaluar que lo que sucedía en Córdoba sólo afectaría políticamente a las autoridades de la provincia.
Un cuadro que se ajusta como el anillo al dedo a la expresión de Don Hipólito: “patéticas miserabilidades”.

6-12-2013

06 diciembre 2013

                                                     Reportaje Imperdible con 
                               Andrés Soliz Rada 
                                        El Tren 

                                                         

Es Abogado, Periodista, Dirigente Sindical, Profesor Universitario y Político Boliviano.

Fue uno de los mas destacados defensores de los recursos naturales de Bolivia. Fue Nombrado Ministro de Hidrocarburos por el Presidente Evo Morales.

Como Periodista fue corresponsal de varias agencias internacionales de información, columnista y locutor en radio, prensa y televisión.

Trabajo en redacción de los diarios La Opinión de Buenos Aires y Le Mode de París y de la revista Tiempo de México     

03 diciembre 2013

LA HISTORIETA ENTRE LA REALIDAD Y LA FICCIÓN 










Un apuesto y millonario adolescente, como un anoréxico de la imagen, se sometió a múltiples operaciones y  se convirtió en el estereotipo de un personaje de historieta. La búsqueda de una pretendida perfección física lo llevó a ser al mismo tiempo Víctor Frankenstein y el monstruo que creó. Haciendo realidad lo que la escritora  Mary W. Shelley imaginó y escribió a los 18 años frente al lago de Ginebra, en compañía de su marido y acompañando a Lord Byron, Fort se instaló en Miami alejándose de un padre con el que tenía una relación pésima. Sus otros dos hermanos siguieron el mandato paterno de incrementar el patrimonio de la tradicional fábrica de chocolate.  Por  extrañas similitudes o paralelismos, Ricardo Fort careció de un padre real (quien lo despreciaba por homosexual y por sus veleidades artísticas); y Mary Shelley no tuvo madre ya que murió al nacer la futura escritora. En Miami, la capital de los exiliados cubanos, meca de los argentinos que hacen tours de compras y de los jubilados norteamericanos, el heredero desahuciado empezó su pertinaz visita a los quirófanos, junto con su larga permanencia diaria en los gimnasios y su ingestión desmesurada de anabólicos. Todo pasó a ser apariencia, desde la prótesis que le estiró la pera a las que en sus tobillos le permitió incrementar tres centímetros su altura o aquellos que le proporcionaron sus prominentes pectorales mantenidos luego con agotadoras jornadas de  gimnasios. Todas sus transformaciones incrementaron la masa corporal que resintió su estructura ósea afectando su columna vertebral que necesitó de operaciones y clavos.
Niño rico caprichoso acostumbrado a  hacer su voluntad, incluso atentando contra su salud, no cumplió con los largos períodos de reposo que la gravedad de su situación ameritaba, que terminaron afectando también sus extremidades y el cuello. A medida que el desequilibrio se hizo más pronunciado, el cuerpo pasó  sus facturas con dolores insoportables que fueron controlados con dosis crecientes de morfinas y analgésicos que finalmente lo condujeron a la muerte cuando apenas tenía 45 años.
RICARDO FORT  Y LA SOCIEDAD DE MERCADO          
Volvió de Miami cuando murió su padre, ocupándose de todos los trámites mortuorios  para asegurarse que estaba definitivamente muerto. 






Su aporte a la fábrica fueron las barritas de cereal que había conocido durante su exilio familiar. Teniendo el oro, fue por el bronce de la fama. Y para eso necesitaba del nuevo Registro Civil que es la televisión. Si ésta es la dispensadora del conocimiento público y el reconocimiento social, en un futuro no demasiado lejano los seres humanos tendremos dos fechas de nacimiento: uno cuando los padres anoten a sus hijos en la oficina estatal, y la segunda cuando éstos accedan a un estudio televisivo.
Carente de grandes virtudes artísticas, ingresó con la prepotencia y el exhibicionismo de los nuevos ricos, aunque él fuera el heredero de una fortuna que se empezó a originar en 1912. Mientras su familia tiene el comportamiento de los millonarios tradicionales de vieja prosapia que intentan que su fortuna pase desapercibida, el menor de los Fort necesitaba exhibirla para hacerse un lugar en la popularidad y en la fama.



 Es así como se expuso en programas de mucho rating como los de  Marcelo Tinelli y Alejandro Fantino; también en los de chimentos de la tarde en los que manifestó sus arbitrariedades y caprichos, mostró sus Rolls Royce, sus propiedades, sus joyas, y los regalos que prodigaba ostentosamente a sus amigos y a las falsas novias. Ese era el decorado donde exhibía sus dotes de canto y baile, su físico, sus tatuajes, las peleas de conventillo, que se intensificaron cuando pasó a ser jurado de algunas de las ocurrencias exitosas de Tinelli. Con esta mezcla explosiva de riqueza y algunas pizcas de talento, de rencillas y televisión basura,  llegó a la meta propuesta de ser una figura conocida y en segmentos de la población, una figura popular.


En la etapa en que quería demostrar su masculinidad, se hizo un casting de novias en el programa de Tinelli, donde chicas modestas del conurbano venían como cenicientas esperando ser elegidas por el príncipe azul y eran sometidas a degradaciones del tipo que abrieran la boca para observar la salud de su dentadura o las piezas dentales que les faltaban.
En algún momento decidió asumir su elección sexual, posiblemente en función del clima favorable de ampliación de derechos, y ya no necesitó seguir comprando a bellas mujeres que desempeñaran el papel de novias.
Luego alquiló un vientre y fue padre de mellizos.
Su irrupción durante el gobierno kirchnerista como un símbolo fuerte de la década de los noventa, sonó disfuncional pero en sintonía con franjas significativas que añoran la idea del ingreso al primer mundo por la puerta de servicio para comer las migajas de la mesa de los poderosos. Carente de afectos familiares, parecía representar la expresión de aquella propaganda electoral de Carlos Menem en 1989: “Los niños ricos que tienen tristeza”.
Esto quedó exteriorizado en la transmisión televisiva en cadena que se dio con total impudicia ante su muerte. 
Eduardo Fabregat apuntó correctamente en Página 12 del 27-11-2013:  “A esta altura del partido, los festivales del morbo que la TV suele armar en estas circunstancias no pueden sorprender a nadie. De hecho, el primer responsable de esta vidriera impúdica que involucra a dos menores de edad es el mismo Ricardo Fort, que los llevó a la TV y a producciones fotográficas, los dejó aparecer en cámaras, incluyendo a los niños en el show mediático que fue su vida y que es ahora su muerte. Pero así eran las cosas en el universo Fort. Los medios audiovisuales deberían ser –o intentar ser– otra cosa. ……Uno no puede salir de su asombro cuando ve en pantalla la imagen de dos niños sin pixelar y un zócalo que reza “Una herencia de 250 millones”. Fort no hizo mucho por proteger la imagen de sus hijos, pero con esa irresponsable imagen la tevé les pone precio.
No se piensa. Se mide. En la lógica del impacto, no hay lugar para que alguien ejerza un mínimo de humanidad y piense en dos chicos de 9 años sometidos a un vendaval que –es inevitable– tendrá consecuencias para su salud mental. Con la misma liviandad con la que se pormenorizan detalles de la intimidad de una menor asesinada, se tiran cifras de dinero y presunciones de toda clase sobre las imágenes de dos chicos que ya antes de todo este aquelarre concurrían a su escuela (a todos lados) con una custodia permanente…… Haciendo con dos criaturas cosas que jamás permitirían que les hicieran a sus propios hijos, simplemente porque así era Fort y entonces todo vale. Todo vale. 250 millones o un miserable punto de rating.”
Ricardo Fort, su éxito, su popularidad, sus fans, habla mucho de nosotros como sociedad. 
LA HISTORIETA ENTRE LA REALIDAD Y LA FICCIÓN
La periodista Sandra Russo, en su nota titulada “La radiografía de Fort”, reflexiona: “….en esos clavos que soportaban su columna vertebral, Fort deja por lo menos dos preguntas abiertas, más allá de su triste y disparatada biografía. Una es ¿Qué miramos cuando miramos a alguien? Y  la otra: Ser mirado o mirar ¿no es demasiado poco?”   
Un personaje millonario que físicamente parecía salido de una historieta en el escenario de la realidad, protagonizó una historia que bordea la ficción. Habiendo obtenido la popularidad que buscaba, soñó con un velatorio a lo Elvis Presley. No fue posible. Mientras la televisión revisaba una y otra vez su vida, con chimenteros llorosos  y  paneles encrespados, llantos y diferentes amantes, todo lo cual  hubieran satisfecho su ego, su familia, tal vez en venganza por ser el hijo descarriado, el rico que avergonzó a su clase, le negó esa posibilidad.


Llamativamente su madre, que también tiene veleidades artísticas, saludaba como si estuviera clausurando una función en una cancha de fútbol y repartía CDs que la tenían de intérprete. La periodista Flor Monfort, al respecto recuerda: “…..  a veces con alguna copa de más, se la vio cantando un bolero, de esos que Richard entonaba en el oído de su pareja de turno ante los ojos de toda la Argentina.” La misma que afirmó: Ricardo siempre fue heterosexual. Se volvió gay con la muerte de su padre” Y llama empleado a la ex pareja de su hijo, el que cuidará a sus nietos.    
Ricardo Fort fue enterrado al lado del padre que odió. Luego se ha exhumado el cadáver, por presunta negligencia médica en su muerte. Realidad y ficción entrelazadas en un concubinato novelesco.
Una historia de Mary W. Shelley, adaptada al siglo XXI. Sólo que en la realidad, superando a la ficción, Fort fue al mismo tiempo Shelley y Víctor Frankenstein
Sólo faltaba Sabina cantando “Pobre Cristina” referida a Cristina Onassis: “Era tan pobre que no tenía más que dinero”


  01-12-2013 

01 diciembre 2013

Queridos Amig@s, Colaborador@s y Lector@s:

Salió el último número del año de La Tecl@ Eñe, Revista Digital de Cultura y Política, Número 61 - Diciembre de 2013. http://lateclaene.wix.com/la-tecla-ene

Un año potente en términos culturales, político-estratégicos y emocionales también.

Cerramos el año, entonces, con este número en el que creemos, con convicción y prepotencia de trabajo, aportar una vez más muy buen material para la lectura, la reflexión y el debate.

Gracias por acompañarnos durante el año con sus trabajos, lecturas, críticas y opiniones.
Saludos a tod@s.

Conrado Yasenza 
Editor/Director de La Tecl@ Eñe

Escriben en este número:

·         Horacio González

·         Oscar Steimberg

·         Perla Sneh

·         Rubén Dri

·         Ricardo Forster

·         Julián Axat

·         Ari Lijalad

·         María Pía López

·         Flavio Crescenzi

·         Hugo Biondi

·         Rubèn Liggera

·         Edgardo Form

·         Florencia Saintout

·         Ronaldo Wright

·         Damián Huergo

·         Jorge Garaventa

·         Susana Cella

·         Ricardo Rouvier

·         Constanza Carrazco

·         Hugo Muleiro

·         Hugo Presman

·         Patricia Vaianella
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·         Conrado Yasenza
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La Tecl@ Eñe Revista Digital de Cultura y Política, ideas, cultura y otras historias. Editor/Director: Conrado Yasenza