23 abril 2023

A 80 años del levantamiento del Gueto de Varsovia: relatos del informe nazi que contó el horror al detalle

Los judíos se opusieron a una nueva ola de deportaciones y Himmler ordenó reprimir la revuelta. Hubo decenas de miles de víctimas y todo fue arrasado por las bombas y el fuego. Jurgen Stroop, comandante a cargo de la masacre, presentó un informe con 53 fotos en las que se vanagloriaba de la devastación

 

 

Por Matías Bauso

19 Abr, 2023 INFOBAE

Una de las imágenes más célebres del Informe Stroop. Un chico y su madre se rinden ante las fuerzas nazis. Jurgen Stroop a cargo de la destrucción del Gueto de Varsovia y de controlar el Levantamiento, escribió un informe detallado de la devastación acompañado por decenas de fotografías que muestran el horror (Keystone/Hulton Archive/Getty Images)
 
16 de mayo de 1943. Varsovia. La construcción era imponente. Era la sinagoga más grande de Polonia, y uno de las más grandes del mundo. Se veía majestuosa pese a los incendios, los bombardeos y a que alrededor todo era ruina, escombros, humo, hedor y muerte. A varios metros de distancia un grupo de oficiales alemanes. Detrás de ellos unos cientos de soldados. El oficial nazi a cargo era Jürgen Stroop. Un miembro de las SS. Ambicioso, aplicado y feroz hacía casi un mes que intentaba cumplir con su misión.

Pocas horas antes había logrado que sus hombres mataran a los últimos resistentes. Ya no quedaba nadie. En dos años habían deportado y asesinado a 450.000 polacos judíos.

El Gueto de Varsovia había quedado vacío y (completamente) destruido. Nada quedaba en pie. Excepto la Gran Sinagoga de la Calle Tomaklie. Pero eso cambiaría en pocos minutos.

El horror del Gueto

El Gueto de Varsovia fue creado en octubre de 1940. La superficie equivalía al 2% del total de la ciudad. A los nazis no les importó hacinar allí al 30 % de la población. Encerraron a los judíos polacos. Los aislaron en condiciones infrahumanas. Luego la población del gueto fue alimentada con otros judíos deportados desde diferentes destinos. Llegó a tener una población de 450.000 personas. Los servicios sanitarios y médicos eran insuficientes, las viviendas no alcanzaban y la comida escaseaba. Las enfermedades comenzaron a propagarse con velocidad. A partir de 1942 comenzaron las evacuaciones masivas hacia los campos de concentración y exterminio que fueron despoblando el lugar.

Una de las fotos que integran el Informe Stroop. El fuego devora una de las propiedades. las llamas salen por las ventanas (Keystone/Getty Images)
 
19 de abril de 1943. La noche de Pesaj los batallones alemanes se disponen a ingresar al Gueto de Varsovia. Desde la revuelta de enero de ese año, habían perdido el control del lugar. Un grupo de insurgentes se levantó contra la reanudación de las deportaciones. A esa altura ya se había corrido la voz sobre lo que sucedía con los que eran llevados de ahí. Durante meses se armaron pacientemente. Las acciones de enero sorprendieron a los nazis que luego de algunos días de combate se replegaron.
Pero en abril, a Himmler se le acabó la paciencia. Destinó a Stroop al lugar y le dio la orden de controlar los focos rebeldes. Stroop se puso en marcha de inmediato, intentó deportar a los casi 60.000 judíos restantes. La insurgencia reaccionó.
 
A Stroop lo urgía finalizar la labor el 20 de abril: era el cumpleaños de Hitler y él le quería regalar al Führer la liberación del Gueto. Creyeron que sería cuestión de horas.
Pero no fue como lo planearon. Pese a las paupérrimas condiciones de vida, la disparidad de fuerzas y la escasez de armamento, los grupos de judíos insurgentes se multiplicaron y agobiaron y resistieron a los nazis durante casi un mes. El levantamiento del Gueto de Varsovia fue el mayor acto de resistencia civil a la tiranía nazi.

 

Jurgen Stroop junto a varios de sus hombres en los días finales del Gueto de Varsovia. Stroop en persona controlan la devastación
 
El levantamiento del Gueto
 
El líder de la revuelta fue Mordechai Anielewicz. Desde enero se habían organizado. Habían construido búnkers, trincheras, puestos de vigilancia.
Los nazis se habían armado, también. Tanques, armas químicas, lanzallamas, miles de hombres, muchas armas y municiones.
 
Muy rápidamente quedó claro que la orden era arrasar con todo, no dejar nada en pie. El Gueto se convirtió en una enorme pira. La superioridad material de los alemanes se impuso en pocos días. De todas maneras, los judíos resistían escondidos en refugios, sótanos o rincones tapados por los restos de los edificios.
 
Stroop llevaba un diario detallado de las acciones. En sus páginas narró hechos desgarradores.
 
El 1 de mayo consignó: “El primero de mayo fue un día memorable por varias razones. Fui testigo de una escena extraordinaria. Un grupo de prisioneros fue arriado hacia una plaza. Pese a estar exhaustos, muchos de ellos mantenían las cabezas levantadas. Me paré cerca, junto a mi escolta. De pronto escuché balazos. Un joven judío que debía tener poco más de veinte años comenzó a disparar contra uno de nuestros oficiales. Uno, dos, tres balazos. Uno de ellos pegó en la mano del oficial. Mis hombres lo acribillaron a balazos. Yo mismo me acerqué a él, que ya estaba tirado en el suelo, y disparé. Mientras agonizaba, me paré a su lado, y me quedé viendo como su vida se escurría”.

 

La portada del Informe Stroop presentado como prueba por el fiscal norteamericano en el Juicio de Nuremberg. La copia encontrado fue la que pertenecía a Himmler

El diario del horror

Familias enteras que se lanzaban desde las ventanas de los edificios para no sucumbir bajo las llamas; preferían una muerte más veloz. Mujeres que antes de caer en manos de los nazis y ser abusadas hacían explotar una granada en su cuerpo cuando los soldados se acercaban a ellas. También cuenta con fruición como decenas de personas eran incineradas bajo el fuego de los lanzallamas. Algunos pocos eran deportados; otros fusilados apenas eran hallados. “Capturamos a 1500 judíos y ejecutamos a 361 bandidos”, consignó Stroop en su diario el 6 de mayo.

Algunos pocos pudieron escapar por las cloacas y las alcantarillas. Esos eran perseguidos en la ciudad por los colaboracionistas polacos. Los denunciaban, los apresaban ellos mismos o los linchaban.

Mordachai y otros líderes, acorralados, se suicidaron durante la segunda semana de mayo.

El 16 de mayo, Stroop dio por terminada la tarea. Ya no quedaba nadie con vida de los antiguos ocupantes del Gueto de Varsovia. El paisaje era post apocalíptico. Nada permanecía sano. Se había extinguido todo vestigio de humanidad.

Ese día, Stroop alineó a sus hombres y se paró frente a la Gran Sinagoga con el detonador en la mano. No le bastaba con haber eliminado a todos los habitantes y con haber destruido cada edificio. Debía demoler lo único que quedaba en pie. Mucho más por su importancia simbólica y espiritual. Su victoria se convertiría en real cuando la sinagoga sucumbiera a la dinamita que los soldados habían colocado en cada una de sus columnas.

“Fue un paisaje maravilloso. Una fantástica pieza teatral. Mis hombres y yo nos paramos a una distancia considerable. En mis manos sostenía el detonador que haría explotar todas las cargas simultáneamente. Uno de mis oficiales pidió silencio. Giré y mire una vez más a mis valientes hombres, cansado y sucios, recortados contra el brillo de los edificios que todavía ardían. Alargué un poco el suspenso, generé tensión y grité: ¡Heil Hitler! Y apreté el botón. Fue como un trueno, un estallido ensordecedor. Se formó un arco iris en el horizonte, las llamas llegaron hasta el cielo. Fue un tributo inolvidable a nuestro triunfo sobre los judíos. No existía más el Gueto de Varsovia. La voluntad de Hitler y de Himmler se había cumplido”, contó años después a un compañero de celda, ya con la guerra finalizada y con el Tercer Reich aniquilado, mientras esperaba ser juzgado en Dachau.

Una panorámica de cómo queda el Gueto de Varsovia después de que los nazis sofocaran el levantamiento. Entre deportados y muertos, las víctimas fueron 56.000 (Photo by Keystone/Getty Images)
 
Pero el trabajo de Stroop no había terminado. Estaba tan orgulloso de su tarea que quiso dejar constancia de ella. Trasladó todo a un informe minucioso y exhaustivo en el que volcó sus vivencias día a día y en el que registró las acciones de sus hombres. Allí estableció que bajo su mando, en los días en que se apagó el Levantamiento, se mataron y/o evacuaron a Treblinka 57.065 personas. Las bajas alemanas, según él, fueron de 13 muertos y 97 heridos (aunque estudios posteriores y más fidedignos hablan de casi 1.000 soldados alemanes muertos).
 
A ese informe, Stroop le agregó fotos para darle más verosimilitud a cada palabra. No quería que pareciera que exageraba o que mentía. Quería demostrar a través de las imágenes que fue capaz de hacer muchísimo daño. El perpetrador dejó testimonio de su barbarie, se vanagloriaba de ella.
 
La foto célebre del niño con un tapadito y boina levantando los brazos, entregándose a los nazis, fue sacada por él mismo. En su escrito están, también, las que registran el incendio de los edificios con las lenguas de fuego saliendo por las ventanas, las de las mujeres caminando por las calles deshechas, las de hombres semidesnudos y famélicos emergiendo de pozos, las de una larga hilera de mujeres de frente a una pared con los brazos apoyadas en ellas a merced de los nazis, las de los cadáveres esparcidos en montículos de tierra luego de ser acribillados por los soldados y muchas más.
 
Fueron 125 páginas mecanografiadas con 53 fotos. El subtítulo del texto fue: “El Barrio Judío de Varsovia No Existe Más”. Allí consignó la lista de habitantes del gueto asesinados y de los deportados; también la nómina de las bajas de sus hombres. Luego de un resumen de las acciones y de ufanarse por la destrucción del Gueto y su gente, agregó los 31 informes diarios que envió desde el lugar Max Jesuiter, su hombre de confianza. También un inventario de los bienes que saquearon.

 

 
El General Jurgen Stroop observa como sus tropas destruyen el Gueto de Varsovia y acaban con la vida de los resistentes (Photo by © CORBIS/Corbis via Getty Images)

El informe fue presentado y archivado en las oficinas centrales de Varsovia. Tuvo tres copias más. Todas encuadernadas en tapa dura de cuero. Una edición de lujo que Stroop mandó a hacer especialmente para reglar a Himmler, como un tributo a los jerarcas del régimen. Las otras dos copias con tapas de cuero se las quedaron él y Jesuiter. El horror con encuadernación de lujo.
Tras la guerra se recuperaron dos de esos ejemplares. El de Himmler fue adjuntado como prueba al Juicio de Nuremberg.

El nazi convencido que comandó la masacre
 
Después de la destrucción del Gueto de Varsovia y la eliminación de su población, Stroop fue ascendido. Quedó a cargo de la policía y de las SS en la ciudad. Fue condecorado con la Cruz de Hierro. Tiempo después y con los mismos cargos fue enviado a Grecia.

Nueve aviadores norteamericanos fueron capturados y él ordenó que se los colgara en un bosque cercano. Cuando los generales atentaron contra Hitler, Stroop pidió que todos fueran ejecutados y se acercó aún más a Himmler. Fue de los pocos que se mantuvo sin críticas hasta el final. Y era de los que creía que la guerra se estaba perdiendo por las defecciones, por las traiciones internas. El final de la Segunda Guerra lo encontró al mando de un batallón de las juventudes hitlerianas, ese último desesperado nazi. Escapó hacia el oeste y adoptó una nueva identidad. Prefería ser capturado por los norteamericanos. Logró evadirse durante dos meses hasta que tuvo que reconocer quién era. Pese a llevar consigo una pastilla de cianuro, no la mordió. Cuando una de sus compañeros de celda le preguntó por el motivo, Stroop dijo: “Tuve miedo”.
 

Portada de la primera edición comercial del Informe Stroop. Tuvo varias ediciones que mostraron como los nazis consignaron el horror

Fue juzgado en 1947 en los Juicios de Dachau por el asesinato de los 9 aviadores de Estados Unidos. Él negó los crímenes. Fue condenado a muerte pero la pena se transformó en prisión perpetua.

Al año siguiente fue deportado a Polonia. Ahí lo volvieron a juzgar; en esta ocasión por integrar las SS y por los crímenes en el Gueto de Varsovia, por el asesinato de miles de niños y mujeres. Stroop negó nuevamente los crímenes. Nada quedaba del petulante que se vanagloriaba de la masacre y la dejaba asentada en encuadernación lujosa. Quiso desautorizar a los jueces acusándolos de judíos y de masones. Lo condenaron a muerte.

No pidió nada especial para sus últimas horas de vida. No tuvo una última voluntad. Tampoco se arrepintió de sus crímenes.

El 6 de marzo de 1952, en la prisión de Mokótov, fue ejecutado en la horca.

Levantamiento del gueto de Varsovia: la lucha hasta la última gota de sangre contra la maquinaria de muerte de Hitler

El 19 de abril de 1943 los judíos hacinados en el gueto se levantaron en defensa de la dignidad humana y la vida. Libertad o Muerte, dijeron. Y pusieron en jaque al nazismo. Esta es la heroica historia de los que nunca se rindieron frente al horror



Entre los muros grises de cuatro metros de altura, levantados a todo vapor, quedaron atrapados en un rectángulo de 8 kilómetros cuadrados 300 mil judíos, que llegarían a 500 mil en el apogeo de la guerra (AP)

Entre octubre y noviembre de 1940, a poco de que las tropas nazis aplastaran a Polonia –primero de septiembre de 1939– y mostraran las garras y fauces de la Segunda Gran Guerra –60 a 80 millones de muertos–, todos los judíos de Varsovia, la capital, y de otras regiones, fueron confinados a lo que sería el gueto de Varsovia. Pleno centro y sobre las ya invisibles ruinas de un gueto similar, pero de la Edad Media.

Entre sus muros grises de cuatro metros de altura, levantados a todo vapor, quedaron atrapados en un rectángulo de 8 kilómetros cuadrados 300 mil judíos, que llegarían a 500 mil en el apogeo de la guerra.

La diabólica prisión era un punto de paso: desde allí, en incesante goteo, los reclusos serían llevados en vagones a la muerte en los campos de exterminio de Auschwitz, Treblinka, Majdanek.

La vigilancia era tan estricta como cruel. Y el asesinato, sangre cotidiana. Custodiados por soldados de la SS y la policía polaca, todos los cautivos debían llevar de manera visible la Estrella de David en colores azul y blanco.

Desalojados de sus casas a palos y privados de toda libertad, debieron soportar burlas y humillaciones: desde lo alto de una carretera, crueles y estúpidos turistas los fotografiaban como animales en un zoológico.

Los judíos decidieron continuar con sus vidas, a pesar del horror. No cesaron sus ritos religiosos. Nadie interrumpió la lectura de la Torá. Sólo tenían luz y gas desde las diez de la noche hasta las nueve de la mañana, pero lograron que los niños tomaran clases en escuelas hebreas

El hambre no tardó en retorcer de dolor los estómagos. Además del hacinamiento (72 habitantes por habitación de 10 metros cuadrados), mientras los soldados del ejército alemán y de la SS consumían 2.130 calorías diarias…, los judíos apenas 920 gramos de pan, 295 de azúcar, 103 de mermelada y 60 de grasas… ¡por semana!

Una papa, un pescado, un bocado de carne, una fruta, un puñado de verdura que lograba eludir el cerco era una fiesta inolvidable.

Desde luego, las enfermedades se propagaron. Una epidemia de tifus sembró el gueto de cadáveres. Registro oficial promedio: 5.500 judíos muertos por hambre cada mes. Y el episodio límite de horror: una madre famélica comió una nalga de su propio hijo, muerto el día anterior.

Pero el espíritu humano suele ser invencible. Y en los judíos del gueto se multiplicó hasta el asombro. Decidieron, perdido por perdido, continuar con su vida. Con sus costumbres. Con sus oficios, más allá de los brutales castigos, los culatazos, los arreos en masa hacia la muerte, la aniquilación a golpes sin distinción: también mujeres y niños.

Establecieron un mercado negro en las orillas para conseguir comida. Los emisarios y repartidores eran los niños. Que, pequeños, ágiles, escurridizos, cavaban los cimientos, conseguían comida del otro lado del muro, y la llevaban a destino. Desde el cementerio judío, sin vigilancia, un día lograron pasar 23 vacas…

No cesaron sus ritos religiosos. Nadie interrumpió la lectura de la Torá. Sólo tenían luz y gas desde las diez de la noche hasta las nueve de la mañana, pero lograron que los niños tomaran clases en escuelas hebreas. Y de la nada urdieron mínimas industrias: lámparas hechas con papel de cigarrillos, y preservativos con chupetes en desuso…

 


El 19 de abril, centenares de soldados entraron en el gueto disparando cañones y morteros, mientras aviones Stuka de la Lutwaffe demolía los edificios con bombas. Pero la resistencia no levantó bandera blanca (United States Counsel for the Prosecution of Axis Criminality; United States Exhibits)

El correo estaba prohibido para ellos, pero no el ingenio: cruzaron cartas con parientes británicos, soviéticos, palestinos. Publicaron, entre gallos y medianoche, pequeños diarios y revistas en hebrero y en yiddish. Fundaron una biblioteca. No renunciaron al milagro de la música: los conciertos de violín se abrieron las puertas de la barbarie nazi.

Eso, a pesar de los apaleos porque sí, por el perverso placer de herir, y del diezmo en zloty (la moneda polaca) que exigía el dueño de un árbol… para que un judío pudiera sentarse un rato a la sombra. O el caso del guardia SS al que llamaban “Frankestein”, porque su rutina exigía matar a un judío cada día, por simple diversión.

En 1942, los conatos de rebeldía, las filtraciones y las fisuras parciales del telón de acero nazi obligaron a construir una cárcel (dentro del gueto, por supuesto) para 350 prisioneros. Pero en pocas semanas la atestaron casi 1.300 almas. No conformes, los monstruos construyeron otra… para 500 niños

Iniciado el mayor crimen contra la Humanidad (la Solución Final – acabar con todo el pueblo judío de Europa, 22 de julio de 1942) – el general SS Herman Höffle ordenó el vaciamiento del gueto de Varsovia "para el reasentamiento": sinónimo de muerte segura en los campos.

El alcalde se negó. Respuesta: cayeron sobre los judíos, en horda y de noche, tropas SS, polacos de la Policía Azul, milicianos y mercenarios de Ucrania, Lituania, Letonia, Estonia, más brutales que todo lo imaginado. Además de los apaleos y los fusilamientos, 5 mil judíos fueron subidos a vagones de ganado, deportados a Treblinka, y gaseados hasta morir.

Hasta nacer agosto, los exterminados sumaban 66.700. Cifra aterradora. De los iniciales 500 mil judíos, en el gueto quedaban apenas 70 mil.

 


En 1942, los conatos de rebeldía, las filtraciones y las fisuras parciales del telón de acero nazi obligaron a construir una cárcel (dentro del gueto, por supuesto) para 350 prisioneros. Pero en pocas semanas la atestaron casi 1.300 almas. No conformes, los monstruos construyeron otra… para 500 niños
La hora de la rebelión había llegado. Era preferir morir luchando que asesinados día a día por el Tercer Reich.
 
Reunieron un pequeño ejército de resistencia: 1000 guerrilleros en 22 grupos de 30 partisanos en dos cuarteles generales –calles Mila y Zamenhofa–, más almacenes de armas: pistolas, fusiles, ametralladoras, mil litros de gasolina y una carga explosiva de clorato de potasio.
 
El Día LM (Libertad o Muerte) fue el 18 de abril de 1943. Soldados SS que llevaban a una columna de judíos a la estación para ser deportados…recibieron una lluvia de balas. Otro grupo corrió hasta la plaza Muranowska e izó la bandera de Polonia y la Azul de Israel.
 
En su cuartel general, el monstruo Heinrich Himmler, jefe de las SS, ordenó aplastar la resistencia judía con 2.100 hombres entre granaderos alemanes, colaboracionistas polacos de la Policía Azul, soldados letones, un tanque francés, dos vehículos blindados, un cañón y dos piezas de artillería aérea.
Un día después, el 19 de abril, centenares de soldados entraron en el gueto disparando cañones y morteros, mientras aviones Stuka de la Lutwaffe demolía los edificios con bombas.
 
Pero la resistencia no levantó bandera blanca. Desde huecos y trampas, los judíos disparaban con furia. Algunas mujeres se ataron con cuerdas a las chimeneas, se impulsaban, y arrojaban cócteles Molotov contra los verdugos…
 
Las bajas judías fueron enormes: más de 6 mil muertos. Las tropas nazis no lograron ocupar un solo edificio de la resistencia. Cuatro días después… ¡ordenaron retirada!
 

70 mil judíos muertos, 13 mil caídos en combate, 56 mil prisioneros (7 mil fusilados en el acto y el resto muertos en las cámaras de gas de Treblinka). La última capturada: una niña, el 13 de diciembre

La lucha siguió durante 27 días: del 19 de abril al 16 de mayo de 1943. Los verdugos fracasaron: no hubo tabla rasa. Avanzaron calle por calle, piso por piso, pero fueron burlados: los judíos darían su último grito de libertad desde sótanos, bodegas, alcantarillas y todo rincón que los mantuviera a salvo y a favor del factor sorpresa.

Pero los nazis eran más y tenían, además de sus órdenes y su vocación criminal, armas ineludibles: válvulas de agua a presión, gases lacrimógenos y perros adiestrados para matar a todo judío que lograra eludir esas trampas.

Los últimos reductos fueron pulverizados con lanzallamas y explosivos. Muy pocos fugitivos alcanzaron a refugiarse en los bosques polacos, mientras entre el 4 y el 8 fueron capturados 4 mil en un refugio subterráneo. El 15, dinamitada una sinagoga. Y el 26, desgarrador recuento: 70 mil judíos muertos, 13 mil caídos en combate, 56 mil prisioneros (7 mil fusilados en el acto y el resto muertos en las cámaras de gas de Treblinka). La última capturada: una niña, el 13 de diciembre.

El gueto quedó vacío y en escombros. Allí donde la vida se había abierto paso con la sola fuerza del espíritu, y después con armas desiguales (conmovedoramente desiguales y bravías).

En el invierno de 1945, ya perdida la guerra y destrozado el delirio de un Reich para mil años, los alemanes demolieron las ruinas, cubrieron esos restos con tierra, y sobre los cimientos urdieron un verde parque.

 

 El himno de los jóvenes del Levantamiento del ghetto de Varsovia

 

22 abril 2023

PROGRAMA EL TREN DEL LUNES 17 DE ABRIL DEL 2023

 


El lunes 17 de abril se subió a EL TREN Claudio Katz, Licenciado en Economía y Doctor en el área de Geografía. Se desempeña como profesor de las cátedras de Economía para Historiadores y Economía II en las Facultades de Filosofía y Letras y Ciencias Sociales de la UBA. Es docente de seminarios de doctorado y posgrado y ha sido profesor invitado en universidades de varios países. Es autor de “Bajo el imperio del capital”, “Las disyuntivas de la izquierda en América Latina”, “El porvenir del socialismo” entre otros.  Un viaje distendido y profundo donde se abordó entre otros temas desde las dos derechas al intento de adelantar la crisis con una megadevaluación. Desde lo llamativo de la inexistencia de cacerolazos a pesar de la gravedad de la situación a la descripción de tres escenarios posibles. Desde el comportamiento del poder económico al plan Stanley del intento de EE. UU de manejar nuestros recursos naturales.  Desde porque se pasó de “volver mejores” a “la hora referí” al peso enorme de la deuda externa como explicación. Desde la discusión en la Argentina de la dolarización mientras hay una tendencia en el mundo hacia la desdolarización. Desde la polémica sobre el extractivismo hacia la experiencia de un peronismo ineficiente en su gestión. Desde la situación en América Latina a la presencia de fenómenos como Milei. Apenas algunos de los temas tratados.
En la segunda parte el programa trató la situación en ambas coaliciones, las fuertes tensiones, las posibilidades o no de fracturas, la decisión de Cristina Fernández, aportes de periodistas a la interpretación de los hechos. Un recuerdo a Dante Panzeri, a 45 años de su muerte y las recomendaciones en libros, series, películas y teatro.
Súbanse a EL TREN, desde el andén de sus domicilios.
 

 
 
El TREN, UNA VOZ DIFERENTE PARA ESCUCHAR, REFLEXIONAR Y DISCUTIR

02 abril 2023

METAMORFOSIS

 
 
A 50 años del 11 de marzo de 1973, la distancia en lo político supera las cinco décadas del tiempo cronológico. Una fecha cargada de sueños e ilusiones. Una sociedad corrida y representada mayoritariamente por lo nacional y popular. Hasta el radicalismo de entonces hablaba el lenguaje de la época, que hoy horrorizaría al claudicante partido centenario actual. Las fuerzas sociales desatadas y el temor del poder económico buscaron en Perón el único catalizador que podía transitar favorablemente la situación. Si Dios alguna vez se lo imaginó argentino, la muerte no lo es. Al viejo y enfermo líder lo vino a buscar la muerte que en alianza con la proscripción de 18 años cambiaron el posible rumbo distinto de la historia. Lo que vino después fue el descontrol de las fuerzas enfrentadas que llevó a que una parte significativa de la población viera con ojos permisivos el derrocamiento de Isabel Martínez y abriera la puerta al horror infinito. Muerto Perón había que terminar con las bases populares de apoyo del peronismo y a eso se abocó el plan de Martínez de Hoz.
 
A casi 40 años del inicio de la etapa democrática, es preciso recordar que Alfonsín ganó las elecciones levantando el preámbulo de la Constitución, aquel que fuera redactado por los triunfadores de Caseros, por los ganadores de las guerras civiles de lo que después fue la Argentina del siglo XIX. De las que concluyeron provisoriamente en la batalla de Pavón en 1861, con el triunfo del Sur en términos de la Guerra de Secesión norteamericana, la que justamente se iniciaba ese año y que sólo duraría cuatro años. Entre 1976 y 1983 apenas pasaron siete años, pero la derrota social, económica, militar y cultural, junto con los horrores interminables, son una piedra inaugural de una Argentina definitivamente distinta y que nunca recuperó índices muy bajos de pobreza y desocupación anteriores al quiebre. El juicio a las tres primeras juntas es la base de cuatro décadas de democracia y la lucha de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, resistencias sindicales y la derrota militar en Malvinas que la hizo posible, paradójicamente engendró “una democracia de la derrota”. La idea que no se puede enfrentar al poderoso, porque indefectiblemente implica el fracaso constituyó la desmalvinización.
 
La crisis de la deuda, el endeudamiento superlativo de la dictadura, la gigantesca transferencia de recursos de la estatización de la deuda privada, la hiperinflación, adelantaron la finalización del gobierno de Alfonsín. Carlos Menem fue el peronismo adaptado a la caída del Muro de Berlín y la implosión de la Unión Soviética. El neoliberalismo triunfante fue bandera del peronismo menemista y contribuyó a seguir desmantelando el sólido modelo de sustitución de importaciones que el peronismo histórico había afianzado. Pasaron más de siete décadas y el modelo fue seriamente deteriorado, pero siempre, aunque muy herido, vuelve a resucitar cual ave Fénix. La Alianza supuso que el menemismo sin corrupción era el modelo modernizador y la crisis del 2001 demostró que la realidad no toleraba más la convertibilidad y la entrega. Duhalde hizo política de reparación en pequeñas dosis y Kirchner inauguró doce años de ampliación de derechos, recuperación de algunas bases económicas, un intento importante de independencia económica, alejando al FMI, pero aun así no se logró remover las limitaciones tradicionales del modelo nacional y popular. La disminución de la fractura social tuvo como respuesta una ampliación de la fractura política.
 
El macrismo es la vuelta al intento de imponer definitivamente el modelo agro-primario-exportador de valorización financiera. Para el macrismo el futuro está en 1910. De granero del mundo a supermercado. Es el último intento de la línea Martínez de Hoz- Cavallo. Sus cuatro años fueron desastrosos y facilitaron el regreso del peronismo.  

EL ESCENARIO DE NUESTROS DÍAS

 

Lejos ha quedado la habilidosa jugada estratégica del 18 de mayo del 2019. Nuevamente se convocó a la esperanza sin más articulación que derrocar al macrismo. Eso fue exitoso, pero después de cuatro años el resultado del gobierno Fernández-Fernández está muy lejos de las expectativas despertadas. Cristina Fernández eligió a Alberto Fernández en la convicción que no ganaba como candidata a presidenta, y si lo lograba no iba a poder gobernar. Alberto Fernández debía negociar con el establishment económico y mediático, con el FMI, y su conocimiento y supuesta influencia en el poder judicial, allanarle a la vicepresidenta las consecuencias de la embestida del partido judicial. Una interpretación supone que la elección a dedo de Alberto Fernández fue equivocada porque nunca dejó de representar al establishment ante Cristina Fernández y no a ésta ante el círculo rojo. Una repetición a más de cincuenta años de distancia de Jorge Paladino, quién de representante de Perón ante Lanusse, pasó en los hechos a ser representante de Lanusse ante Perón. Si se sale de la teoría conspirativa, y más allá de la sucesión de plagas que azotaron a su gobierno, (herencia macrista, pandemia, guerra, sequía infernal, nueva crisis financiera internacional, conflictos internos a granel), fue la personalidad de Alberto Fernández lo que condujo a su gobierno a un laberinto en el que se encuentra encerrado. Su aversión a la administración y resolución de conflictos, la conjugación sostenida del verbo procrastinar como su favorito, su exagerada moderación, su necesidad de evitar enemigos, fueron rasgos indelebles. En ese pozo de limitaciones, moderación y falta de audacia, quedaron reducidos o minimizados algunos hechos muy positivos de su gobierno. El presidente no fue un títere de la vicepresidenta y simultáneamente cedió claramente ante las reiteradas críticas públicas, en general acertadas de su vice. Nunca intentó, ni en su mejor momento que fueron los primeros meses de la pandemia crear una fuerza propia. El loteo de los ministerios convirtió a cada uno de ellos en el escenario de una guerra larvada. Cuando en uno de los hechos más criticables se evaporaron los superávits comerciales de tres años por unos 48.000 millones de dólares (desde diciembre del 2019 a enero del 2023, basado en información del Banco Central, un 45% se destinó a pagar intereses de deuda pública y privada) y el gobierno visualizó el abismo, los Fernández recurrieron a Sergio Massa a pesar de que ninguno de los dos confiaba en él con razonables fundamentos de su currículum. El intendente de Avellaneda y ex ministro del gabinete nacional Jorge Ferraresi lo dijo brutalmente, sin anestesia: “Sergio Massa asumió un día antes de que nos vayamos en helicóptero”

Se negoció extensamente y mal con el FMI, con el cual nunca se pensó ni en revisar la deuda ni en romper. El acuerdo al que se arribó condiciona al extremo el presente y la deuda total es impagable. Entre el 2024 y 2027 se deberán pagar 76 mil millones de dólares y eso es sólo una parte que se continúa en los años posteriores. Un parámetro es la comparación que realizó el periodista Alejandro Bercovich en Diario Bae: “El gobierno de Sri Lanka (ex Ceylán) acaba de tejer un acuerdo con sus acreedores bilaterales para que apoyen un nuevo acuerdo de facilidades extendidas con el FMI, pero con 10 años de gracia y 15 para saldar su deuda con el organismo. La isla en el Océano Índico, con la mitad de la población de Argentina, entró en default y está al borde de otro desde el año pasado. La pandemia y una crisis con su principal cultivo (el té) pusieron a su economía contra las cuerdas. La inflación llegó al 80% en septiembre y hubo saqueos por la disparada de los alimentos. Ante la perspectiva de un ajuste que la hundiría todavía más, el gobierno de Sri Lanka optó por involucrar a los países a los que les debe y consiguió algo inédito: que sean sus garantes ante el FMI.”
La posición de Máximo Kirchner con relación al acuerdo con el FMI lo definió con agudeza el periodista Fernando Rosso en Diarioar del 5 de febrero: “Se desmarcó diez minutos después de la aprobación del pacto para buscar un equilibrio imposible: no apoyar el acuerdo con su voto y no hacer mucho para evitarlo” 
 
Alberto Fernández, ha pasado a ser un presidente formal, pero con el poder de la lapicera, empecinado en ser candidato en octubre, en el momento de mayor deterioro político, tal vez sólo para ser menos pato rengo, aunque algunos cercanos informan de que es su real deseo. Sólo recuerda la vieja imagen del perro del hortelano: no come ni deja comer.

Cristina Fernández ha perdido poder de fuego y sobre ella se registra un malentendido. Es la principal política argentina, un cuadro valioso, con una oratoria brillante, con una formación muy superior al político medio, pero con déficits importantes en la estrategia política y en la selección de colaboradores. Sobre ella hay un doble equivoco: sus seguidores más incondicionales la consideran revolucionaria y el establishment exagera su peligrosidad. Ambos la ven como una especie de Rosa Luxemburgo. Es una política que intenta llevar a cabo una transformación burguesa en el marco capitalista con distribución del ingreso y ampliación de derechos. Y ahí entramos en el nudo de la cuestión colonial de nuestro país: una clase dominante pero no dirigente, sin proyecto ni concepción de país, al que considera sólo un territorio para hacer negocios. La burguesía industrial y de servicios, ven al populismo como un enemigo cuando es el que mejor los representa debiendo ceder a cambio algunos privilegios reales y otros simbólicos.  Por eso Perón fue derrocado y proscripto y Cristina Fernández sujeta a campañas mediáticas y persecuciones judiciales que culminaron con un intento de magnicidio que el Partido Judicial apaña reduciéndolo a loquitos sueltos. El poder económico en sus delirios ideológicos alentado por EE.UU, la visualizan como una revolucionaria bolchevique o chavista. Su concepción comercial del país lo llevan a muchos de ellos a ganar en la Argentina, residir en Punta del Este, sus utilidades fugadas o evadidas se encuentran en empresa off-shore radicadas en guaridas fiscales. Y los jóvenes empresarios, más allá de la tecnología que pueden exhibir, imagen de modernidad, como Marcos Galperín o Gustavo Grobocopatel, son una copia de sus antecesores gorilas.  Un dato refleja las inversiones de argentinos en otro de los lugares preferidos que es Miami. Según la Asociación de Agentes Inmobiliarios de Estados Unidos, en 2022 los principales compradores de viviendas y residencias en Miami fueron argentinos, superando una suma de mil millones de dólares.
 
Caída de reservas a un límite inferior a un mes de importaciones, inflación desbordada de tres dígitos, aumento de la pobreza, distribución regresiva del ingreso (51,8% para los trabajadores al finalizar el gobierno de Cristina Fernández al 46,1% al terminar el gobierno de Mauricio Macri. Se recuperó hasta la pandemia a un 48% y ha descendido a menos de un 43% en el gobierno de Alberto Fernández.). Por otro lado, la economía creció en los dos últimos años, la desocupación bajó, y la industria exhibió el mejor enero desde el año 2015. Ello convive con la distorsión de los precios relativos, multiplicación de tipos de cambios, endeudamiento explosivo en pesos, reservas anoréxicas, dificultades extremas para la importación de insumos, precarización laboral, informalidad que supera el 40%, formalizados que ganan por debajo de la línea de pobreza. Y por si fuera poco auditados por el FMI, y sus imposiciones inflacionarias y recesivas. En el horizonte lógicamente, la recesión empieza a ganar terreno. La crisis política del Frente de Todos agudiza la económica y se visualiza una descomposición de todos contra todos, que se asemeja a ir al baño con la puerta abierta. Parecen inconscientes que discuten mientras se incendia la casa.  Contra las cuerdas, sin ideas, sin proyectos, sin propuestas de cara al futuro, se arrastra penosamente hacia unas PASO, que incluso pueden malograr la idea de entregar el gobierno al sucesor, en los plazos previstos.
 
Un solo dato puede exteriorizar el drama social y es el consumo per cápita de carne: en 2010 alcanzaba a los 63 kilos, en el 2015 se redujo a 59 kg, en el 2019 a 50 kg y en el 2022 a 47 kg.  
 
Con este escenario, sólo un milagro y una fragmentación electoral extrema, junto al miedo a las propuestas desenfrenadas de la oposición que provoque una reacción en los cuatro millones de votantes que perdió el oficialismo en las legislativas del 2021, puede alentar en el “Frente de Todos” alguna lejanísima expectativa. La irrupción de Milei ha halconizado a Juntos por el Cambio. Ahí no hay palomas, sólo más o menos halcones, que como los buitres son rapaces. Mauricio Macri maneja el espacio con una habilidad que hasta ahora mantenía oculta. La pandemia fue una especie de indulto para su pésimo gobierno. En los primeros meses posteriores, era una mancha venenosa para muchos de los referentes de su coalición. Lentamente los tropiezos del gobierno y la distancia del 2019, las feroces internas de “Juntos por el Cambio”, y un despliegue inteligente, lo fueron ubicando en el centro del escenario. En el verano, el Country Cumelén, en Villa La Angostura fue su Puerta de Hierro. Y no es una casualidad que ese country nació en 1950, cuando Exequiel Bustillo se enteró de que el gobierno de Juan Domingo Perón había expropiado las tierras de la familia Lynch en la península de Quetrihué, y avizoró que su estancia estaba en peligro.

 
 
El actual es el verdadero Macri que tiene el mérito de alinear electoralmente a casi todo el antiperonismo. No necesita maquillarse ideológicamente como en el 2015. El haberse bajado de ser candidato fue presentado por los poderosos medios macristas como “un renunciamiento” Los referentes de su espacio político repartieron loas, pero nadie pidió que continuara en su aspiración de volver por “la revancha” Las encuestas lo ubicaban por debajo de Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta con un porcentaje de adhesión que variaba entre el 8 y 12 %. La situación tiene alguna semejanza, cuando allá por 1971, el general Lanusse le ofreció al Perón que ambos renunciaran a presentarse en las cercanas elecciones. Perón le contestó con su particular manejo de la ironía: “Que el general Lanusse renuncie a su candidatura a la Presidencia en las próximas elecciones, es como si yo renunciara al trono de Inglaterra”        
 
La batalla cultural ha modelado por el momento una sociedad virada hacia muchos de los postulados habituales de la derecha. Sus disputas internas se originan fundamentalmente porque consideran que quien gana la interna es el próximo presidente o presidenta. Es posible que se estén apresurando como apunta el periodista Diego Genoud en Política On Line del 11-03-2023: “En los últimos seis meses, en coincidencia con la crisis más profunda del oficialismo y la disputa abierta en una oposición que se almuerza la cena, la marca Juntos cayó entre 4 o 5 puntos en intención de voto a nivel nacional …el juguete de la alianza antiperonista también está dañado”
 
Lo que está claro es que cualquiera de los referentes de Juntos por el Cambio que gane, viene dispuesta/o a arrasar con el modelo peronista y con seguidores y beneficiarios. Volver al pre peronismo. Terminar con el falso empate hegemónico de Juan Carlos Portantiero. Vienen ganando ampliamente por puntos y creen que se dan las circunstancias para ir por el nocaut. Piensan usar los primeros días para “ir por todo”. No lo podían hacer en el 2015 porque si bien había desarreglos importantes, aludían a una crisis inexistente que por lo tanto no se percibía. Macri quiere provocar que todo estalle para que anestesie a la sociedad y aplicar la amputación de derechos y reconversión económica. Las mezquinas y canallescas declaraciones del ex presidente de que “El gobierno está utilizando los dólares de los depositantes de los bancos” van en ese sentido. Se intenta repetir lo que hizo la violencia de 1975, como partera de la dictadura establishment-militar o la hiperinflación para aplicar todas las privatizaciones de la convertibilidad. Si eso sucede, el hijo de Franco tuvo razón, aunque en diferido, cuando en el Coloquio de IDEA, en Mar del Plata el 19 de octubre del 2018 se ilusionó: “Cambio cultural, soy yo y es ahora”         
 
Milei expresa con sus desbordes y sus propuestas delirantes la bronca que él canaliza exclusivamente hacia los políticos, solventados por sectores empresariales. En un padrón electoral conformado por más del 40 % por personas entre 16 y 40 años, Milei cosecha básicamente ahí, con pocas mujeres en sus filas. La distancia entre muchos políticos y los problemas reales de sus representados, el hecho que muchos ascienden económicamente, cosa que no sucede con sus votantes, es lo que expresa el acierto publicitario de la casta política. El otro caballito es la expresión libertad en abstracto en la cual se sienten interpretados muchísimos jóvenes que durante la pandemia atribuyeron al gobierno, y no a la enfermedad el haberse privado de fiestas, reuniones y encuentros, durante la cuarentena.
 
Sucesos como los protagonizados por EDESUR, la bronca generalizada y justificada de los miles y miles de afectados, la absoluta falta de respuestas, incluso las más elementales como la provisión de agua y de generadores por parte del gobierno nacional y de CABA, son indudablemente aportes involuntarios importantes a la prédica de Milei.
 
EL MEOLLO DE LA DECADENCIA  
 
 
En la contienda entre dos modelos, la destrucción que provocan los gobiernos de economía primaria exportadora y valorización financiera, no puede ser reparado por los gobiernos populares, por lo que se parte cada vez de niveles más bajos. Nunca desde la vuelta a la democracia hubo un partido que se asuma de derecha como ahora y que a diferencia de toda su trayectoria cimentada en la mentira dice con claridad lo que va a hacer y se muestra decidido a hacerlo, teniendo el terreno abonado por una victoria cultural donde los medios de comunicación y las redes cumplen un papel fundamental.
 
El Frente de Todos está superado e inmovilizado por la crisis y ahí está el meollo de la cuestión. Y no es cuestión meramente de nombres. Se repiten slogans correspondientes a otra sociedad argentina. La clase obrera ha perdido peso, los sectores de clase media baja odian a los que se encuentran en el mismo escalón social y son ayudados por el Estado, los piqueteros son familias de ex obreros que sobreviven en los bordes del sistema, en donde el piquete reemplaza a la huelga de otras épocas, la economía popular es un sustituto precario de lo que debe ser la economía de un país desarrollado, las villas dejaron de ser un lugar de tránsito para convertirse en poblaciones permanentes. Algo para ejemplificar el relato inadecuado para esta realidad: Cristina Fernández en su discurso en Río Negro habló de once millones cien mil personas con trabajos informales. La oposición habla de cambios entre los que está la reforma laboral que en su concepción es reducir la legislación laboral a la mínima expresión. Desde el campo popular se le dice no a esa reforma, pero no se propone una legislación que haga posible junto a medidas económicas reducir a cifras manejables la informalidad de ciudadanos con derechos menguados y que produce una situación explosiva del sistema jubilatorio. Al que no le alcanza la legislación laboral, poco le dice el no a la reforma laboral. Debe plantearse una desde el campo nacional y popular, esa que brilla por su ausencia. La falta de propuestas que abran el futuro es otro camino que conduce a la derrota. Eso que entre otros factores lo ha llevado a pasar de “volveremos mejores” a pedir con desesperación “la hora referí”. Sin descartar la posibilidad de fracturas en el “Frente de Todos” que vaciaría también su nombre.   
 
Posiblemente la crisis del campo nacional y popular se debe a que el peronismo se encuentra superado y sin respuestas ante la crisis. La profundidad de la misma, la superación de las crisis recurrentes, exige medidas de una profundidad que va desde la recuperación de los recursos naturales al comercio exterior, desde volver a tener la soberanía sobre los puertos al Río Paraná, de recuperar territorios tomados por el narcotráfico a una nueva ley que regule y controle las actividades bancarias y financieras, modernizar y eficientizar el ESTADO, que debe tener un protagonismo fundamental, protección de la industria vinculada a un plazo de modernización, tener y difundir claramente una política de seguridad, entre tanta otras decisiones imprescindibles.
 
Por supuesto que no consiste meramente en enunciar medidas, sino que para concretarlas hay que tener una relación de fuerzas favorables. Pero si no se tiene políticas que construyan esa relación de fuerzas, el “no se puede” pasa a ser la exteriorización de la impotencia.
 
Juntos por el Cambio habla de cambios, que está claro es una restauración conservadora, en todas las líneas, no sólo económica sino claramente entre otras áreas en derechos humanos, como quedó exteriorizado en los pésames de Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta a la muerte de Carlos Pedro Blaquier, de la empresa agro-industrial Ledesma, instigador, cómplice militante y beneficiario del golpe establishment-militar.
El Frente de Todos debería proponer también cambios. Exactamente en sentido contrario. Los que abren el futuro.           
 
METAMORFOSIS
 
 
Las marchas del 24 de marzo han demostrado que quedan importantes reservas de resistencia en nuestra sociedad y que no será “una fiesta” ir por la quita de derechos.

En 1973, el futuro se presentaba propicio para vivir días inolvidables. En 1983, como bien lo reflejó un slogan publicitario “No era una salida electoral, sino una entrada a la vida”. En el 2023, existe la posibilidad que los que ganen lo hagan prometiendo que van a sacar derechos, que vamos a estar peor, para que en un futuro inabarcable puede ser que lleguemos a estar mejor. Si la religión te promete la vida eterna después que concluya la vida terrena, el neoliberalismo, la derecha que hace años ganó las calles, te promete sacrificios, pérdida de derechos, un falso punto de partida para la meritocracia y una sociedad de emprendedores y de CEOS. 

La Metamorfosis es una conocida novela de Kafka.  La historia trata sobre Gregorio Samsa, que se transforma repentinamente en un enorme insecto.  Pero eso es ficción y esta nota intenta abordar la realidad, intentando comprender la metamorfosis que puede apreciarse en la sociedad argentina de cara a agosto y octubre del 2023.  Aunque muchas veces la ficción se adelanta a la realidad o la realidad adopta la trama de una ficción. 

Lo que no es ficción, es lo que dijo Salvador Allende en su último discurso, el 11 de septiembre de 1973: “… mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor…La historia es nuestra y la hacen los pueblos.” O lo que hace un tiempo con la sabiduría de viejo sabio dijo Pepe Mujica, con el lenguaje de la política uruguaya: “La gente no olvidará lo que la izquierda le dio y terminará por recordar lo que la derecha le quitó” Y si finalmente ocurre lo que hoy es previsible, ahí está Mario Benedetti, alentando eternamente desde la poesía para no bajar los brazos: “Cantamos porque el grito no es bastante/ y no es bastante el llanto ni la bronca/cantamos porque creemos en la gente/ y porque venceremos la derrota”
 
29-03-2023

*Publicado en La Tecl@ Eñe, Diario Registrado, Portal de Radio R770