09 enero 2014

EVITA: LA SENSIBILIDAD PRESENTE











La grandeza de Evita perdura por sus virtudes, entre las que merece señalarse su notable sensibilidad. Cargó con una hipoteca de origen: provenía de la marginalidad extrema: hija extramatrimonial, mujer, provinciana y pobre, su futuro carecía de puertas en la sociedad argentina de la tercera década del siglo XX. Dejó atrás su Junín natal, buscando el ascenso y la popularidad en el radioteatro. Encontró en un naciente movimiento popular, el peronismo, el papel histórico que superaría largamente su interpretación de mujeres famosas que representaba en mediocres radioteatros. Con sólo veintiséis años de edad, realizó una gigantesca obra que a través de la fundación que llevaba su nombre, llegó a todo el país para suplir las carencias temporarias de un proceso de redistribución del ingreso y nacionalización de la economía. Fogosa y tenaz, sus discursos de barricada identificaban con precisión al enemigo. Su odio de clase hacía pie en los sectores más plebeyos del peronismo.
A Evita no había que contarle las carencias de la pobreza. Las llevaba grabadas en su piel y nunca las olvidó cuando accedió a las alfombras y los timbres del poder. Tenía un techo señalado por la devoción incondicional a su esposo. Su obrerismo trocaba de signo si algún sindicato se oponía a él. En una sociedad dividida visceralmente, tuvo apoyos incondicionales y animadversiones insuperables. Ningún cabecita negra, sus hijos y nietos  olvidarán jamás las máquinas de coser, los colchones, las dentaduras, los zapatos, los juguetes, las casas dignas que dejaban muy atrás el concepto de “casas para pobres”; el trabajo, las campañas de salud pública, las colonias de vacaciones, los torneos infantiles, la protección, la defensa y dignificación de los sectores postergados que quedaron asociados a su incesante batallar. Sus enemigos convocaron a los calificativos más peyorativos para denigrarla.
Una mistificación de su figura, realizada desde lo que fue Montoneros, la convirtió en revolucionaria, para contraponerla a la de un Perón conservador. El enfrentamiento de los sectores juveniles con el Perón vivo, permitió la versión contrafáctica de suponer que “Si Evita viviera, sería Montonera”. Posiblemente, conociendo su trayectoria y su posición ideológica, hubiera seguido siendo la compañera del General. 



Antes que el cáncer abatiera su fogosidad y vitalidad increíbles, Evita convirtió en ley el voto femenino. No fue feminista, pero concretó la posibilidad que en el cuarto oscuro las mujeres accedieran a su condición de ciudadanas y al ejercicio de la política. No pudo llegar a la vicepresidencia por una relación de fuerzas desfavorables, pero su renunciamiento en la 9 de Julio tiene el dramatismo y la belleza de las tragedias griegas, donde el coro es sustituido por una multitud enfervorizada exigiéndole que aceptara un cargo que la realidad le arrebataba.


El odio se ensañó con su cadáver, propulsado por aquellos que hablaban de superar las diferencias (prédica que aún hoy sólo enarbolan cuando corren cierto riesgo sus intereses y propiedades, pero son feroces cuando tienen el sartén por el mango).  
En una nota anterior que escribí (“La sensibilidad ausente”), abordaba la deserción casi generalizada de la dirigencia política ante las dramáticas consecuencias de la crisis energética en su etapa de distribución,  y concluía: “No podemos malversar esa herramienta fundamental que es el Estado. Porque, como dice Discépolo en Yira- Yira: “Cuando manyés que a tu lado/ se prueban la ropa que vas a dejar”, esos de al lado, están esperando para volver para atrás buena parte de lo que se hizo bien en esta década. Y porque como dijo Germán Abdala, en pleno reinado neoliberal menemista: “El Estado tiene que ser más fiscalizador, programar más, dirigir más e incidir más en áreas que son clave en la economía. Necesitamos un Estado que resuelva estos problemas, ellos los llamarán ‘benéfico’, nosotros lo llamaremos un Estado con rol social, un Estado popular, un Estado al servicio de las mayorías”. Un estado y dirigentes donde la sensibilidad no se ausente ni se tome vacaciones. Y si alguien busca un espejo donde mirarse, puede inspirarse en la sensibilidad notable de Eva Perón.
Soy consciente que el paso de tiempo suele diluir algunas aristas difíciles de los protagonistas históricos; que en todos pueden encontrarse flancos criticables y que los contemporáneos, en las comparaciones, suelen dar un hándicap al no ser juzgados con la suficiente perspectiva histórica.
Intentaré ejemplificar la sensibilidad de Evita usando un botón de muestra y recurriendo a una extraordinaria nota publicada en “Tiempo Argentino” con la firma del periodista Esteban Shoj bajo el título: “Mi papá Noel fue Evita” que dice: “ Me aplastó contra un alambrado. Ese día, mi vida de chico de barrio pobre se volvió muy difícil, por no decir casi imposible." Saúl Macyszyn tiene 75 años. Como consecuencia de aquel terrible accidente, ocurrido cuando tenía apenas 10, sufrió la amputación de su brazo derecho, disminución visual y secuelas en ambas piernas.
"Aquel día, por la mañana, hubo otro accidente en el que un tren arrolló a un camión y murieron 40 personas. Evita había ido a visitar el hospital de San Isidro, y a la tarde, cuando se estaba por ir, aparecí yo. Ella se enteró de que me traían, se interesó, preguntó y un médico le dijo que no iba a sobrevivir", cuenta Saúl. Pero para Eva Perón esa respuesta no fue suficiente: consultó a los médicos qué se podía hacer para salvarlo, y le respondieron que lo mejor era que lo atendiera en el Hospital Rawson de la Capital,  el reconocido cirujano Ricardo Finochietto. "Así fue como Evita lo mandó a Domingo Mercante para que se hiciera cargo de mí", recuerda.
Saúl pasó tres años internado, y "gracias a Dios, a Evita y a Finochietto", pudo recuperarse. Durante todo ese tiempo, "desde la Fundación Eva Perón me llevaban regalos constantemente para que me entretuviera, y elementos didácticos para que pensara. Estaba faltando al colegio, y a través de lo lúdico se me estimulaba. Pero el regalo más importante fue el tren que me permitió bajarme de la cama."




El tren de hierro y hojalata, a cuerda y con sus vías, ocupaba unos cuatro metros en el piso, donde Saúl lo armaba y desarmaba todos los días. "Ese juego era muy especial, no se encontraba en cualquier juguetería", cuenta hoy Saúl en el Museo Evita, donde se exhibe ese trencito que él mismo donó para su exposición, con los amados vagones que también lo ayudaron cuando volvió a su casa y que ahora están del otro lado de una vitrina, entre una muñeca negra, dos surtidores de YPF de latón y un bebote, otros juguetes de la fundación, inalcanzables a las manos de Saúl, pero con la potencia de una locomotora que despierta recuerdos y emoción.
Cuando Evita lo vio malherido en San Isidro, el pequeño Saúl estaba inconsciente. Sí pudo verla tiempo después, cuando la Primera Dama fue al Hospital Rawson por otro motivo. "Cuando la vi quedé deslumbrado. Me dijeron que era Evita y me emocioné, porque yo sabía lo que ella había hecho por mí. Mi padre y mi madre me contaban todo. Ese día Evita me dijo: 'Saulito, mirá que vos tenés que estudiar, eh. Porque no vas a poder, con un solo bracito, hacer lo que hace tu papá.” Su padre, albañil, mojaba ladrillos en la obra, y eso era lo que quería ser Saúl, "obrero como él".
Tras la internación, el chico volvió a su casa, en un conventillo de San Isidro, y como todavía no podía salir a jugar a la calle con sus amigos, ese tren se convirtió en "un polo de atracción" para todos los chicos del barrio. Así hizo muchas amistades y se entretuvo durante su convalecencia.
Después, siguió el consejo de Evita. La fundación becó sus estudios en la Escuela Santa Isabel, de San Isidro, y posteriormente en el Instituto Superior de la Administración Pública, donde se recibió de analista de organización y métodos. Saúl se casó y formó una familia, pero su realización personal no le alcanzaba: "Yo quería hacer algo en homenaje a Evita. Algo solidario. De lo que más sabía era de la discapacidad, de lo que sufrí para conseguir trabajo. Entonces abrí pequeños emprendimientos y contraté personas con discapacidad."
Actualmente Saúl es el presidente de la Asociación Microemprendimientos Solidarios, que crea y gestiona empleos formales para discapacitados. Pese a las trabas, a los malos augurios y a lo novedoso del emprendimiento, siguió adelante. "Yo quería ser el imitador de Evita, con todo respeto", aclara. En DiscaPanch, la panchería que desde 1998 funciona en el hall de la estación de trenes de Retiro, invirtió todo su capital. "Lo que hago, al lado de lo que hizo Evita, es nada. Trato de hacer lo que puedo para agradecerle esta oportunidad que me dio de volver a nacer un 19 de diciembre de 1948, hace ya 65 años."
Se propuso dos objetivos: "Darle trabajo a gente discapacitada, para que tenga una vida digna, y mostrar a la sociedad que hay un local atendido por personas con discapacidad que funciona y que sus trabajadores son eficientes. Tenemos que instalar en el imaginario social la figura del discapacitado capaz."
Se acerca la Navidad y Saúl confiesa: "Mi mejor Papá Noel fue Evita. Porque el mejor regalo que he recibido fue la ayuda solidaria de Eva Perón, que miró a un chico humilde que según algunos médicos no sobreviviría, y le dio la posibilidad de estudiar para que luego se ganara la vida. Me quiero ir de este mundo con la tranquilidad de haber hecho lo más que pude, como Evita, para que, desde donde ella esté, diga que haberme ayudado no fue en vano, sino que valió la pena."
El Museo Evita funciona en Lafinur 2988, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, de martes a domingos de 11 a 19. Abrió sus puertas el 26 de julio de 2002, el día en que se cumplieron 50 años de la muerte de “La abanderada de los humildes.”



EVITA: LA SENSIBILIDAD PRESENTE



Es fácil entender por qué la figura de Evita perdura en los sectores populares. No sobreactuaba el cariño hacia los desposeídos: lo sentía. Cuando besaba a un leproso, lo hacía sinceramente. Cuando daba la mano, no iba luego corriendo a lavársela con alcohol. Y eso el beneficiario lo percibía.
Dirigía y controlaba. No tercerizaba responsabilidades. Por eso las Comisiones Investigadoras creadas a partir de la Revolución Fusiladora no pudieron encontrar, pese a sus esfuerzos, ningún tipo de defraudación en la Fundación que llevaba su nombre. Escribió Felipe Pigna en Clarín del 16 de septiembre del 2007: “La comisión investigadora de las cuentas de la Fundación Eva Perón no pudo encontrar irregularidades. Halló intactos los depósitos bancarios de la Fundación que sumaban 3.500 millones de pesos, unos 250 millones de dólares al cambio de octubre de 1955  que no fueron depositados en las Cajas de Jubilación como se había previsto.
En su dictamen la comisión "libertadora" se quejaba por los "excesos" de la Fundación Evita: "Desde el punto de vista material, la atención de los menores era múltiple y casi suntuosa. Puede decirse, incluso, que era excesiva, y nada ajustada a las normas de la sobriedad republicana que convenía para la formación austera de los niños. Aves y pescado se incluían en los variados menúes diarios. Y en cuanto al vestuario, los equipos mudables, renovados cada seis meses, se destruían."
“Señala Alicia Dujovne Ortiz que "Una dama católica, doña Adela Caprile, que formó parte de la comisión liquidadora de la Fundación instaurada tras la caída del peronismo, nos ha confesado haber sentido una impresión similar: “Nunca hubiera creído que se pudiera reunir semejante cantidad de raquetas de tenis. Era un despilfarro y un delirio, pero no era un robo. No se ha podido acusar a Evita de haberse quedado con un peso. Me gustaría poder decir lo mismo de los que colaboraron conmigo en la liquidación del organismo'".
Cuando inspiraba la construcción de viviendas para los sectores populares, las concretaba con las comodidades de los sectores medios y medios altos. Solía decir: “Cuando el rico piensa en el pobre, piensa en pobre.”
Son miles y miles de casos como el de Saúl Macyszyn, cada uno con sus características particulares.
Concretaba en hechos una de sus frases memorables: “Donde hay una necesidad, hay un derecho”
Por todo eso Eva Perón, a 61 años de su muerte, sigue siendo EVITA. Alojada por derecho propio en el corazón de todos aquellos que entraron a la vida de su mano. Y porque nunca su sensibilidad se ausentó.

8-01-2014

07 enero 2014

                                                 Se subió a El Tren Alejandro Kaufman  





                                       Se subieron a El Tren Hugo Montero y Oscar Cuervo




                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       

05 enero 2014

Mi Papá Noel fue Evita
El reencuentro de Saúl con el trencito que le regaló Eva Perón en la Navidad de hace 65 años, tras el accidente en el que perdió un brazo y se ganó la vida.


El 19 de diciembre de 1948, un camión se subió a una vereda de San Isidro, me atropelló y me aplastó contra un alambrado. Ese día, mi vida de chico de barrio pobre se volvió muy difícil, por no decir casi imposible." Saúl Macyszyn tiene 75 años. Como consecuencia de aquel terrible accidente, ocurrido cuando tenía apenas 10, sufrió la amputación de su brazo derecho, disminución visual y secuelas en ambas piernas.

"Aquel día, por la mañana, hubo otro accidente en el que un tren arrolló a un camión y murieron 40 personas. Evita había ido a visitar el hospital de San Isidro, y a la tarde, cuando se estaba por ir, aparecí yo. Ella se enteró de que me traían, se interesó, preguntó y un médico le dijo que no iba a sobrevivir", cuenta Saúl. Pero para Eva Perón esa respuesta no fue suficiente: consultó a los médicos qué se podía hacer para salvarlo, y le respondieron que lo mejor era que lo atendiera el doctor Ricardo Finochietto, un reconocido cirujano, en el Hospital Rawson, de la Capital. "Así fue como Evita lo mandó a Domingo Mercante para que se hiciera cargo de mí", recuerda.
Saúl pasó tres años internado, y "gracias a Dios, a Evita y a Finochietto", pudo recuperarse. Durante todo ese tiempo, "desde la Fundación Eva Perón me llevaban regalos constantemente para que me entretuviera, y elementos didácticos para que pensara. Estaba faltando al colegio, y a través de lo lúdico se me estimulaba. Pero el regalo más importante fue el tren que me permitió bajarme de la cama."
El tren de hierro y hojalata, a cuerda y con sus vías, ocupaba unos cuatro metros en el piso, donde Saúl lo armaba y desarmaba todos los días. "Ese juego era muy especial, no se encontraba en cualquier juguetería", cuenta hoy Saúl en el Museo Evita, donde se exhibe ese trencito que él mismo donó para su exposición, los amados vagones que también lo ayudaron cuando volvió a su casa y que ahora están del otro lado de una vitrina, entre una muñeca negra, dos surtidores de YPF de latón y un bebote, otros juguetes de la fundación, inalcanzables a las manos de Saúl, pero con la potencia de una locomotora que despierta recuerdos y emoción.
Cuando Evita lo vio malherido en San Isidro, el pequeño Saúl estaba inconsciente. Sí pudo verla tiempo después, cuando la Primera Dama fue al Hospital Rawson por otro motivo. "Cuando la vi quedé deslumbrado. Me dijeron que era Evita y me emocioné, porque yo sabía lo que ella había hecho por mí. Mi padre y mi madre me contaban todo. Ese día, Evita me dijo: 'Saulito, mirá que vos tenés que estudiar, eh. Porque no vas a poder, con un solo bracito, hacer lo que hace tu papá.'" Su padre, albañil, mojaba ladrillos en la obra, y eso era lo que quería ser Saúl, "obrero como él".
Tras la internación, el chico volvió a su casa, en un conventillo de San Isidro, y como todavía no podía salir a jugar a la calle con sus amigos, ese tren se convirtió en "un polo de atracción" para todos los chicos del barrio. Así hizo muchas amistades y se entretuvo durante su convalecencia.
Después, siguió el consejo de Evita. La fundación becó sus estudios en la Escuela Santa Isabel, de San Isidro, y posteriormente en el Instituto Superior de la Administración Pública, donde se recibió de analista de organización y métodos. Saúl se casó y formó una familia, pero su realización personal no le alcanzaba: "Yo quería hacer algo en homenaje a Evita. Algo solidario. De lo que más sabía era de la discapacidad, de lo que sufrí para conseguir trabajo. Entonces abrí pequeños emprendimientos y contraté personas con discapacidad."
Actualmente, Saúl es el presidente de la Asociación Microemprendimientos Solidarios, que crea y gestiona empleos formales para discapacitados. Pese a las trabas, a los malos augurios y a lo novedoso del emprendimiento, siguió adelante. "Yo quería ser el imitador de Evita, con todo respeto", aclara. En DiscaPanch, la panchería que desde 1998 funciona en el hall de la estación de trenes de Retiro, invirtió todo su capital. "Lo que hago, al lado de lo que hizo Evita, es nada. Trato de hacer lo que puedo para agradecerle esta oportunidad que me dio de volver a nacer un 19 de diciembre de 1948, hace ya 65 años."
Se propuso dos objetivos: "Darle trabajo a gente discapacitada, para que tenga una vida digna, y mostrar a la sociedad que hay un local atendido por personas con discapacidad que funciona y que sus trabajadores son eficientes. Tenemos que instalar en el imaginario social la figura del discapacitado capaz."
Se acerca la Navidad y Saúl confiesa: "Mi mejor Papá Noel fue Evita. Porque el mejor regalo que he recibido fue la ayuda solidaria de Eva Perón, que miró a un chico humilde que según algunos médicos no sobreviviría, y le dio la posibilidad de estudiar para que luego se ganara la vida. Me quiero ir de este mundo con la tranquilidad de haber hecho lo más que pude, como Evita, para que, desde donde ella esté, diga que haberme ayudado no fue en vano, sino que valió la pena." «
Museo Evita

Funciona en Lafinur 2988, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, de martes a domingos de 11 a 19. Abrió sus puertas el 26 de julio de 2002, el día en que se cumplieron 50 años de la muerte de La abanderada de los humildes.

04 enero 2014

LA SENSIBILIDAD AUSENTE




El notable sindicalista Germán Abdala al que un cáncer lo mató  cuando apenas tenía 38 años, sostenía: "Los poderosos no necesitan de la política porque ya tienen el poder, ya sea a través del dinero, de las armas o de las corporaciones. El pueblo sí necesita la política, porque es la única manera que tiene para construir poder y cambiar las cosas."

En un final de año atravesado por escenas dramáticas, la insuficiencia energética en su etapa de distribución, puso en evidencia la falta de sensibilidad de la dirigencia política, prácticamente sin excepciones. Cuando la política se aleja de los problemas elementales, su poder transformador se debilita, el escepticismo invade a los que la necesitan imprescindiblemente  y se abona el terreno para la prédica de aquellos que bajo la máscara de la antipolítica, garantizan la intangibilidad de sus intereses y el mantenimiento de su tasa de ganancia.
El eternamente ausente Secretario de Energía Daniel Cameron jugando al golf en un country; el Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires Mauricio Macri, como es habitual, lejos de los problemas, vacacionando en el sur;  Rodríguez Larreta descansando; Sergio Massa y Martín Insaurralde gozando su cercanía en un mismo country en la costa;  Cristina Fernández en Calafate, rompiendo sólo su silencio para desmentir a Carlos Kunkel sobre una posible candidatura; Echegaray pasando el fin de año en Río de Janeiro, junto a su familia y en compañía de un empresario;  el presidente de Edenor, Marcos Marcelo Mindlin, disfrutando de los placeres de Punta del Este; los máximos dirigentes de la posible coalición no peronista, reunidos y planeando el 2015; los aguerridos militantes del Frente de Izquierda, más cerca de los libros de Trotsky que de dar una mano en la emergencia; los soldados de La Cámpora, enamorados de las oficinas y lejos de la calle,  son algunos de los botones de muestra de la distancia de lo que también afirmaba Germán: “Hay que vivir como se piensa y actuar como se habla.”
La cantante Liliana Felipe, en forma muy simplificada, pero indudablemente didáctica, le declaraba a la periodista Ana Cacopardo: “La izquierda invoca el nosotros, la derecha el yo”. Cristina Fernández acuñó una frase afortunada cuando dijo: “La Patria es el otro.”





Todas estas frases se convirtieron en papel picado cuando miles y miles de ciudadanos, en la endeblez proverbial de una ciudad y en medio de un calor insoportable que ha venido para quedarse e intensificarse cada verano, abandonados por sus representantes y sometidos por las empresas, se vieron privados de la electricidad que hace la diferencia entre el siglo XXI y doscientos años atrás.
En medio del escandaloso pase de facturas entre dirigentes, empresas y gobiernos, que no tienen el tacto mínimo de esperar superar el problema para arreglar cuentas; una ciudadanía desprotegida recurría a la acción directa de cortar calles y autopistas como estrategia generalizada de llamar la atención.
La oposición y sus medios  se regodean con la situación y gozan pronosticando la salida anticipada del gobierno nacional al que hacen responsable absoluto  de la situación, mientras éste  y los medios oficialistas responsabilizan exclusivamente a las empresas, en un juego tramposo en donde cada uno dice una parte de la verdad.
ACLARANDO EN UNA PARTIDA DE TRUCO   
El gobierno nacional ha incrementado, en una década, la generación de energía en aproximadamente 10.000 megavatios. Y también se ha mejorado  el transporte de la misma. Esto suele omitirse desde los sectores opositores. El grueso del problema está en la distribución donde se ha invertido mucho menos de lo que se necesita o directamente no se ha hecho. En zonas como la Boca o Barracas permanecen cables de la ya olvidada Compañía Ítalo Argentina de Electricidad estatizada (único caso) durante la dictadura establishment- militar.
Las empresas  han ganado en los primeros 9 meses del año concluido, una cifra cercana a los 2.000 millones de pesos, aunque con un fuerte endeudamiento, al no pagar mayormente la energía que distribuyen,  aducen que las deficiencias que reconocen se deben a la falta de actualización de las tarifas. Al respecto responde el ensayista  Alejandro Horowicz: “Federico Pinedo hace centro en la estructura tarifaria. A su juicio se trata de una inadecuada política de precios. Y esa es una responsabilidad exclusiva del gobierno nacional, no de las empresas. Como los valores son inadecuados, dice, la energía termina siendo demasiado barata, por eso la inversión no resulta posible. Este argumento no deja de ser curioso. Si la producción de energía fuera el problema y no la transmisión, se podría considerar. Pero la inversión requerida para que el sistema soporte el aumento de la trasmisión –en los momentos pico– es mucho menor que la requerida para incrementar su producción. Recordemos, cuando durante el gobierno de Raúl Alfonsín se produjeron los cortes de energía el problema era doble: no sólo el mantenimiento de la planta eléctrica era deficiente, sino la producción era insuficiente. Hoy claramente no es así.
Vamos Horowicz, es cierto que invertir en producción es más oneroso que invertir en mantenimiento, pero en todos los casos se trata de una reducción de los beneficios netos. Y los beneficios son la madre del borrego. Touché, ese es el punto: cuando se calculan los ingresos adicionales que tendría la empresa por incremento de la venta de energía, y se le descuentan los costos que tal incremento demanda, queda claro que no le conviene hacer la inversión. Los costos son mayores que los ingresos adicionales. Y si hubiera que aumentar la tarifa hasta el punto en que tal cosa no suceda, el precio del kilovatio resultaría prohibitivo. Los que desresponsabilizan a las empresas, como Pinedo, ni siquiera se proponen aumentar la tarifa, saben que no es el camino para resolver el problema, sólo intentan mantener la situación sin cambios, después de todo el verano no es eterno.”
De manera que es indudable la responsabilidad de las empresas. Pero eso no absuelve al gobierno de su obligación de controlar.  Situación que se incrementa en Edenor. Como resultado de la excelente decisión de la estatización de las AFJP, el Estado tiene una participación accionaria en esta empresa del 25% y por lo tanto cinco de los doce directores. Los mismos están ahí no solamente para tener un puesto rentado, sino para representar los intereses de sus mandantes, que es nada menos que el pueblo argentino.
Y ya que hablamos de empresas, veamos qué hay detrás de Edenor y Edesur: un especialista como Federico Bernal nos informa: “El estado italiano, más específicamente el Ministerio de Economía y Finanzas de Italia, es el accionista controlante del Grupo Enel, a su vez controlante de Edesur (vía Endesa). El Grupo Enel opera en 40 países de cuatro continentes diferentes y llega a más de 61 millones de clientes. ¿Cuánto puede importarle que el Servicio Meteorológico Nacional confirme la peor ola de calor de las últimas cuatro décadas en la Argentina? El último balance de Enel (2012) arrojó ingresos por 84.889 millones de euros y una utilidad neta de 7735 millones en la misma moneda. El ejercicio de Edesur entre enero y septiembre de 2013 registró un resultado integral positivo de 1124 millones de pesos, dato por supuesto censurado por los ex secretarios de Energía del desmantelamiento estatal energético y petrolero entre 1983 y fines de 2002.
¿Es negocio Edesur para el Ministerio de Economía y Finanzas de Italia? (¿y por qué diablos esta cartera de la nación europea es la responsable de llevar la electricidad a millones de argentinos?).
Es evidente que además de Enel, debe haber otros accionistas, locales tal vez, para los que nuestro país y la distribución eléctrica les represente un lucro más que deleitable. ¿Por qué diablos también la distribución eléctrica debe ser un negocio más? Veamos. Hay algo que se llama SADESA. Se trata de una sociedad de capitales argentinos y accionista minoritario de Edesur (a través de Distrilec) y controlante incluso de varias usinas generadoras. ¿Quiénes la conforman? En orden de importancia: Guillermo Pablo Reca (presidente y ex Merril Lynch, la nefasta calificadora), Inversora Los Arroyos SA (Eduardo Escasany) y Coinvest Argentina SA.
Aparecen después la firma Cantomi Uruguay SA y la familia Miguens Bemberg, a saber: Carlos José Miguens, Cristina Teresa Miguens, Diego Fernando Miguens y María Luisa Miguens. Los Miguens Bemberg son los ex propietarios de Cervecería Quilmes, aunque tienen negocios por doquier (desde dulce de leche hasta fondos de inversión multimillonarios).
Por último, aunque no menos importante, está Eduardo Escasany, figura prominente de una de las familias que más dinero ganan en la Argentina, presidente del Grupo Financiero Galicia y participante del insólito almuerzo de agosto de 2012 en apoyo al procesado Carlos Pedro Blaquier (conjuntamente con Luciano Miguens y De Mendiguren, entre otros). Pero la cosa no termina aquí, no. Bien pegadita en participación accionaria aparece otra familia prominente, los Caputo. ¿Un miembro o varios?  Unos cuantos, a saber: Jorge Antonio Nicolás Caputo, José Luis Marcelino Caputo, Mónica María Caputo, Nicolás Martín Caputo. Al respecto de este último, hablamos de uno de los empresarios de la construcción más poderosos de la Argentina, a la sazón amigo y asesor de Mauricio Macri, inseparables desde una primaria y secundaria juntos en el Cardenal Newman. Nicky Caputo ha hecho fortunas con la administración macrista. Llama la atención pues que el intendente despotrique contra los cortes de luz responsabilizando al gobierno nacional, ignorando el pequeño detalle del vínculo entre uno de sus principales socios y el control de SADESA. Finalmente, a los Caputo le siguen Aferlux SA y un tal Roberto Gustavo Vázquez. Pasemos ahora a Edenor. ¿Su controlante? Pampa Energía SA. ¿Y quiénes figuran al frente? Los hermanos Mindlin y Gustavo Mariani en primerísimo lugar. Siguen después varios fondos de inversión entre los que destacan Dolphin Fund Management y Eton Park Capital Management (uno de los más importantes del mundo)".
LO NEGATIVO DE LO POSITIVO



Gobernar se parece mucho a las tareas hogareñas, en donde cuando se termina de limpiar ya hay que volver a hacerlo porque se ensució en otro lado.  A medida que se mejoran las condiciones, aparecen nuevas exigencias. En términos económicos, no se debe gobernar sin tener en cuenta la matriz de insumo-producto. Posiblemente el Ministro de Planificación Julio De Vido encargado del tema, no haya cursado como arquitecto “Principios de Economía 1" y por lo tanto desconozca ese instrumento fundamental que hace a su Ministerio.
Los records en la fabricación y venta de automóviles deben ir acompañado de mejores rutas y autopistas y capacidad para guardar los vehículos. Si no se produce un doloroso cuello de botella y los beneficiarios empiezan a despotricar por la imposibilidad de transitar o estacionar. Uno de los grandes impulsores del crecimiento económico ha sido el consumo. Uno de los rubros donde se han batido todos los records, es en la venta de equipos de aire acondicionado. El abaratamiento de los precios, el mejoramiento del poder adquisitivo de los sueldos y los planes en cuotas facilitaron un incremento notable de las ventas que implicó entre el 2002 y 2012 un aumento del 1400%. En 10 años se vendieron ocho millones doscientos mil aparatos de aire acondicionado. Si en el 2003 la cifra alcanzaba las 146.000 unidades, en el 2012 se elevó a 2.224.000 (Fuente: diario Clarín, del 22-12-2013 página 12, que a su vez lo toma de ABECEB. COM, Economía en línea). Esto demanda, entre tantos otros requerimientos, que la distribución de la energía esté adecuada a las necesidades de este tiempo y a la tropicalización ambiental.
En cuanto a la generación de energía, las usinas térmicas, que funcionan a base de combustibles derivados del petróleo y de gas natural y donde se origina el agujero de la demanda de importación, implican el 65%, aportando las hidroeléctricas un 30% y la energía nuclear y la eólica un 5%.
El boom de la construcción en la mayor parte de la década, especialmente en la Capital, se realizó sin una adecuada planificación y ha producido cuellos de botella en la prestación de servicios.
LA SENSIBILIDAD AUSENTE
Hay problemas que no se pueden resolver en el corto plazo. El de la energía es uno de ellos.
En la vida diaria, cada uno se ha enfrentado a situaciones donde el amigo o el familiar poco podían hacer algo para ayudar. Pero que se acerquen, den un abrazo, traigan una palabra de aliento, es valorado enormemente, porque permite sentirse apoyado para afrontar y superar esas condiciones difíciles.
En términos políticos: si Cristina Fernández hubiere abandonado, siempre que su salud se lo permitiera, su descanso en el Calafate. Si se hubiere establecido en la Casa Rosada con todos sus ministros y secretarios; hubiera requerido la inmediata comparecencia de los presidentes de las compañías prestadoras del servicio; le hubiera exigido que en 24 horas le presentaran un cuadro de situación de todos los lugares afectados y el tiempo que necesitaban para restablecer el servicio. Todo esto informado por una más que necesaria cadena nacional de radio y televisión. A las 24 horas, con la contestación recibida, acompañada por los presidentes de las empresas, informar nuevamente en cadena nacional de lo recibido y comprometido, al tiempo de anunciar que en 24 horas se daría a conocer las multas generadas cuyo pago debería efectuarse en el término de quince días y que se publicaría en todos los medios fotocopias de los depósitos de las mismas realizados y cuyo monto se destinaría en su totalidad al resarcimiento de los afectados.
Hubiera sido una clara demostración que  “La patria es el otro”. Que un gobierno nacional y popular tiene una sensibilidad diferente. Que de este lado el nosotros es más importante que el yo.




No podemos malversar esa herramienta fundamental que es el Estado. Porque, como dice Discépolo en Yira- Yira: “Cuando manyes que a tu lado/ se prueban la ropa que vas a dejar”, esos de al lado, están esperando para volver para atrás buena parte de lo que se hizo bien en esta década. Y porque como dijo Germán Abdala, en pleno reinado neoliberal menemista: “El Estado tiene que ser más fiscalizador, programar más, dirigir más e incidir más en áreas que son clave en la economía. Necesitamos un Estado que resuelva estos problemas, ellos los llamarán ‘benéfico’, nosotros lo llamaremos un Estado con rol social, un Estado popular, un Estado al servicio de las mayorías” Un estado y dirigentes donde la sensibilidad no se ausente ni se tome vacaciones. Y si alguien busca un espejo donde mirarse, puede inspirarse en la sensibilidad notable de Eva Perón.


02-01-2014             

02 enero 2014

LA LECCIÓN DEL MAESTRO

                       UN REGALO PARA EMPEZAR BIEN EL AÑO

LA LECCIÓN DEL MAESTRO

                                                                                           Una lección imperdible de Adrian   Paenza