14 febrero 2026

LAS CONSECUENCIAS SOCIALES DE PEGARLE AL CAÍDO*

 


Es frecuente en las últimas décadas, ver patotas de jóvenes pegándole a otro joven que, estando caído es pateado en el piso, sin preocuparse criminalmente de hacerlo en la cabeza.  Se ha hecho habitual, peleas entre mujeres jóvenes arrancándose los pelos, revolcándose en el piso, en duros forcejeos. Los espectadores incitan a las contendientes enceguecidas con expresiones violentas como “¡matala!” 
El autor de esta nota recuerda las habituales peleas, algo más de seis décadas atrás, a las salidas diarias del secundario donde se dirimían a los golpes algún problema surgido dentro del colegio entre compañeros. La escena era presenciada por un grupo de jóvenes espectadores, compañeros de los peleadores y curiosos. Había una regla implícita que era respetada a rajatabla cuando uno de los peleadores caía: los curiosos gritaban ¡basta! ¡se acabó! Y si era necesario intervenían para separar. Por más enfurecido que estaba el ganador, era consciente que, si le pegaba al caído, su victoria se convertiría en una derrota y sería repudiado por todos los que habían presenciado el combate. Fuimos generaciones que nos criamos con la norma moral: “No se le pega a un caído”. Por eso, tal vez, hubo muchísimos jóvenes, entre los que me incluyo, que nos incorporamos a la política para mejorar la sociedad y abrazamos conceptos como el de la justicia social, que las luchas debían ser colectivas y que nunca había que ponerse enfrente de los sectores más débiles de la sociedad y mucho menos denostar al caído. En mis recuerdos del secundario, nunca presencié una pelea entre dos chicas.

Es un hecho conocido que el segmento de los jóvenes varones, entre 16 y 35, Milei arrasa electoralmente. Son jóvenes, en general, con mucho conocimiento de la tecnología, de una cultura adquirida en las redes sociales y mucha ignorancia de la historia del país. La dictadura establishment-militar les queda tan lejos como el cruce de los Andes por San Martín. Donde la pandemia y el aislamiento social jugaron un papel importante para acentuar el individualismo y el alejamiento de lo colectivo. El discurso de Milei que con su intemperancia representaba un enojo colectivo y su discurso con insultos insuflados de odio que representaba un creciente malestar social, encontró naturalmente ávidas orejas. La prédica de los cuatro años de Macri y su exaltación del emprendedurismo había abonado el terreno.

El Estado pasó a ser un enemigo. El mercado a conquistar con el esfuerzo individual una utopía seductora. El emprendedor un activo protagonista con reconocimiento social. Y el otro, alguien que no importa. Por eso si en lo cotidiano se podía patear al caído en una pelea, socialmente se puede mantenerse indiferente o alentar que se les pegue a los jubilados, se reprima a los discapacitados, se prive de remedios oncológicos a los enfermos de cáncer, se mantenga absoluta pasividad ante la destrucción del país. Se destruya la Argentina moderna bajo la premisa de “terminar con la inflación”. El superávit fiscal es el undécimo mandamiento agregado a los diez mandamientos que Dios le entregó a Moisés. El Presidente lo recibió de su hermana, reencarnación de aquel que en el relato bíblico abrió las aguas del Mar Rojo. Claro, que si nos atenemos al humor sarcástico de Jorge Luis Borges: “La Biblia es la más notable creación de la literatura fantástica”  
    
El que le pega a un caído reflexiona: “Mientras la catástrofe no me afecte directamente, a mí no me importa. Que les peguen a los caídos, como le pegué a mi compañero cuando lo tiré al suelo y le pateé la cabeza.” 

Ser cruel no es un demérito. Por eso la diputada Lilia Lemoine puede burlarse de un chico autista de 12 años, como antes había polemizado el presidente que se negó a bajar un Twitter contra el niño. Si un abuelo que le mataron un nieto en medio del dolor pide que los chicos asesinos sean educados en la cárcel, eso provoca la reacción del deleznable Gordo Dan, vocero informal del gobierno, quien a través de X escribió: “Pero viejo de mierda, te torturaron y acuchillaron a tu nieto en un baldío mientras lo filmaban implorando por su vida y cagándosele de risa, y vos estás pidiendo que aprendan a coser en vez de pudrirse bien en la cárcel, la concha bien de todo pelotudo hijo de puta”

En este clima gélido, se proscribió la piedad, se envió al exilio cualquier comprensión del semejante. Exhibir la crueldad merece en franjas significativas el elogio y no el repudio. El insulto, la denigración, el bullying, fueron alentados desde la Presidencia de la Nación y sus esbirros mediáticos. En uno de sus infinitos exabruptos, el Presidente afirmó rojo de ira: “Sí, soy cruel, kukas inmundos, soy cruel con ustedes, con los empleados públicos, con los estatistas, con los que les rompen el culo a los argentinos de bien”. O con una imprudencia delictiva afirmar: “No se odia lo suficiente a los periodistas”
Es la sociedad que engendró a Milei y que él representa. Sin embargo, es solo una primera minoría con un reducido grupo militante que se asume orgullosamente de derecha y que enarbola el odio como bandera. El 60% restante está huérfano de liderazgo y representación. La política como la naturaleza aborrece el vacío. En el subsuelo, tal vez, la Argentina de los grandes hitos históricos esté preparando el contrataque. 

Si se renuncia a la lucha, las propuestas psiquiátricas del Presidente y su seleccionado terminarán venciendo y diseñando una sociedad invivible donde sobrarán 20 millones de argentinos. Si no se coordinan las resistencias hasta hoy aisladas; si no surge un proyecto seductor que enamore, que despierte sueños, que visualice un futuro donde todo argentino tenga un lugar, trabajo, seguridad, acceso a la vivienda, educación y salud públicas de calidad, el modelo colonial se impondrá. Hoy parece imposible, pero es absolutamente viable revertir esta derrota y emprender un real camino de progreso nacional con justicia social y distribución, si la administración de nuestras enormes riquezas se explota y administran con sentido patriótico. 

No es tiempo para que predominen las miserias personales. Ello sólo facilita el accionar de quienes planifican una miseria económica colectiva. 

Es muy poco, extremadamente insuficiente, funcional a Milei, reducir una alternativa a sólo oponerse a la demolición mileísta.

Es un período histórico donde la cordura peligra, la sensatez se retrae, la alegría se eclipsa, la mentira encandila y el optimismo flaquea.

Como mantener la cordura frente a un gobierno que descree de las vacunas, del calentamiento global, que supone que el mercado carece de fallas y los monopolios son beneficiosos, que el Estado debe ser destruido, que los héroes son los delincuentes que desfinancian al Estado desde el evasor, el contrabandista, y el narcotraficante, y que la soberanía consiste en arrodillarse antes el poderoso y actuar en espejo. Eso llevó a papelones como que Argentina votara en Naciones Unidas contra la eliminación de la violencia contra las mujeres, en contra de eliminar las torturas, contra los derechos de los pueblos indígenas.

Su lógica de razonamiento, le permite incursionar por el alambicado terreno del absurdo como quintaesencia de la razonabilidad. Descubierto que la inflación es mayor a lo que el Indec mide con una canasta cuya composición refleja a la sociedad argentina de hace 22 años, decidieron que la nueva del 2018, sólo se aplicará cuando no haya inflación. Es como si un médico le dijera a la madre de un niño con fiebre: “No use el termómetro hasta que su hijo no tenga fiebre” 
    
Pero como dijo el escritor Mempo Giardinelli al cumplirse el primer año del gobierno (se puede anteponer DES) de Javier Milei: “No estás deprimido, es que gobierna Javier Milei”

10-02-2026 

*Publicado en Diario Registrado   

13 febrero 2026

MARTA EZCURRA

 Fuente: Se acabó la merluza

Fuente: https://www.facebook.com/seacabolamerluza/

Esta charla ya no charlada, es una restitución. Es un homenaje a las víctimas, una mojada de oreja al sistema que quiere que siempre olvidemos. La hicimos en la radio, pero sentí que estaba incompleta. No teníamos ningún dato biográfico de su protagonista. La biografía de Marta Ezcurra ha sido, durante décadas, sutilmente ocultada, para que no sepamos qué fue de ella, para que no podamos imaginar qué cosa origina una mente tan perversa, para que no podamos preguntarle a los parientes, para mantenerla lejos del destino que sufrió la enemiga que eligió y creyó vencer, la querida compañera Eva Duarte de Perón. Pero, bueno: desde su cielo, Evita ilumina y hemos podido desenmascarar a esta verdadera hija de puta, la asistente social Marta Ezcurra. Cuando los romanos sojuzgaban un pueblo, realizaban la Damnatio Memorae, o Destrucción del Recuerdo. Borraban todo lo que recordaba el pasado de ese pueblo, junto a lo que llamaban Abolitío Nominis o abolición del nombre y Rescissio Actorum, que consistía en anular todo el conjunto legal de ese enemigo.

Cuando la Revolución Fusiladora usurpó el poder, el designado ministro de salud, Coronel Ernesto Alfredo Rottger, saqueó primero la casa de Ramón Carrillo, antecesor en el cargo. Carrillo tenía cuadros y libros muy queridos.

Rottger pone al frente de la Fundación Eva Perón a un personaje infame: la asistente social Marta Ezcurra, con el cargo de Directora de Asistencia Social. Fundadora en 1931, de la juventud de la Acción Católica, Ezcurra estuvo toda su larga vida ligada a distintos estamentos de la jerarquía católica y de esa especie de agrupaciones que la van de benéficas, practicantes de la dádiva instituida que las familias patricias consienten para no ser alcanzadas por impuestos altos.

También fue presidenta de ALPI, esa organización que decía velar por los niños víctimas de la polio. 

Marta María Ezcurra Real de Azúa, cuyo apodo interno en la Acción Católica era “el azote de Dios”, nació el 2 de mayo de 1900 en Buenos Aires. Fue la cuarta de doce hermanos y tataranieta del hermano de Encarnación Ezcurra, esposa del Restaurador Juan Manuel de Rosas. Y por lo tanto, sobrina tataranieta de Pepa Ezcurra, la novia de Belgrano con la que tuvo a su hijo Pedro Rosas, del cual era sobrina bisabuela. Su padre, Pedro Tomás Dionisio de Ezcurra Pardo, más conocido como Pedro Ezcurra, fue un ingeniero y ministro de agricultura de la Nación durante la presidencia de Figueroa Alcorta. Durante su gestión, el 13 de diciembre de 1907, se descubrió petróleo en Comodoro Rivadavia. Un equipo enviado por el gobierno había estado buscando el llamado “oro negro” desde 1904, pero al ser descubierto, Ezcurra lanzó la versión, aún difundida, de que el hallazgo había sido casual, lo que generó una reprimenda postal de quien estaba a cargo del equipo de exploración. La madre de Marta Ezcurra, que también se llamaba Marta y su apellido era Real de Azúa, había nacido en el Uruguay, aunque ya muy joven, el censo nacional la encuentra viviendo en Trelew.

Pedro Ezcurra muere a sus 53 años, en 1913.

Marta Ezcurra fue pupila del Colegio Sagrado Corazón de Almagro, ahí en Avenida La Plata y Rivadavia. De allí egresó en 1915. Estudió en la Universidad del Museo Social Argentino, escribió el Manual de Doctrina Social de la Iglesia y un par de libros relacionados con su profesión de asistente social. Durante su larga vida participó de varios congresos de su especialidad, donde siempre representaba a la Iglesia y era catalogada como “ultraconservadora” por sus propios colegas, y eran muy discutidas y criticadas sus intervenciones. Durante su estada en la Argentina, Marta trazó lazos de amistad con Spruille Braden, el embajador norteamericano que parecía una especie de camionero patovica y se oponía abiertamente a la candidatura de Perón. El mismo de Braden o Perón.

La familia Ezcurra y la familia Mitre terminan vinculadas por parentescos y uno de los sobrinos de Marta, periodista de La Nación,  Ignacio Ezcurra muere en la guerra de VietNam. Por acá vino el encubrimiento de su persona.

El ingreso de hordas vikingas en las ciudades europeas de los siglos IX o X fue más civilizado que la entrada de Marta Ezcurra a la obra de Eva Perón.

El 23 de septiembre de 1955, una semana después del golpe y cuando aún algunas provincias resistían, ordena “intervenir, desmantelar y disolver la Fundación Eva Perón” y hace ocupar militarmente todas las Escuelas Hogar, en las que vivían niños. Delante de esos niños, delante de sus ojos, la fundadora de la juventud de Acción Católica, reconocida por su firme vocación mariana, retira y destruye todos los símbolos del gobierno. Los valientes soldados de la Patria arrancan de las manos de los niños frazadas, sábanas, colchones, pelotas y juguetes de todo tipo con el logo de la Fundación Eva Perón, y los hacen arder en fogatas. Los bustos de Eva son decapitados. Al día siguiente, 24 de septiembre, convoca a los miembros de Acción Católica que componían los Comandos Civiles, esos grupos armados en los que había militantes de la UCR, del socialismo, de familias acomodadas, y también católicos que realizaban atentados con bombas contra el gobierno constitucional de Perón, y dispone la intervención de cada uno de los institutos que tenía la Fundación. La Clínica de Recuperación Infantil Termas de Reyes, en la Jujuy de Milagro Sala, es desalojada y sus niños dejados en la calle de inmediato, para cedérsela a un grupo que inaugura allí, un casino para la oligarquía.

Tropas armadas ingresaron en la Escuela de Enfermería de la Fundación, donde se habían formado 858 enfermeras y 430 especialistas, y era una de las envidias de Marta Ezcurra. Desmantelaron toda la estructura sanitaria, entre ella, el Hospital de Niños más grande de Latinoamérica, quemando en los patios y en la calle, aparatología y toda la ropa de cama y colchones, disponiendo su cierre definitivo.

En previsión a la epidemia de polio que hacía estragos en Europa, la Fundación Eva Perón había comprado pulmotores al principio de la década del ´50.

A las llamas se arrojaron los costosos pulmotores, porque tenían el logo de la Fundación. Cuatro meses después, Aramburu, Rojas y varios “salvadores de la república”, ante el avance de la poliomielitis, tuvieron que comprar 31 pulmotores.

Manda tirar al río Mendoza toda la vajilla y cristalería, importada de Finlandia y Checoslovaquia en la que comían los chicos en las unidades turístico-termales de alta montaña de Puente del Inca y Las Cuevas. El odio sigue: destruye todos los frascos de los Bancos de Sangre de los hospitales de la Fundación porque contenían “sangre peronista”.

Determina la confiscación de todos los muebles de los hospitales, hogares para niños, hogares escuelas y hogares de tránsito por ser demasiado lujosos para niños. Pero los “Comandos Civiles” se los roban y se los llevan a sus casas. Los camiones del Ejército entraban a los edificios y depósitos de la Fundación y partían llenos. Desactiva absolutamente todos los programas de turismo social en Córdoba, Mar del Plata y Buenos Aires por ser “un peligroso ejemplo de demagogia populista y antidemocrática”. Decide el cierre definitivo de las casi 200 proveedurías de alimentos de primera necesidad, la clausura del Plan Agrario, el Plan de Trabajo Rural y los Talleres Rodantes. Interviene los Hogares de Ancianos y cierra los Hogares de Tránsito. A pedido de su jefe Rottger ordena que sean expulsados a la calle todos los estudiantes de la Ciudad Estudiantil “Presidente Juan Perón”, y usan las instalaciones como centro de detención de todos los miembros del gobierno constitucional que habían sido arrestados.

Cuando los interventores le envían los primeros informes de las Escuelas Hogar, Marta Ezcurra descubre con escándalo que “Desde el punto de vista material, la atención de los menores era múltiple y casi suntuosa. Puede decirse, incluso, que era excesiva, y nada ajustada a las normas de la sobriedad republicana que convenía para la formación austera de los niños. Aves y pescado se incluían en los variados menúes diarios. Y en cuanto al vestuario, los equipos mudables, una vez renovados cada seis meses, se destruían”. Es decir, la ropa que se le daba a los chicos, se la cambiaban a los seis meses, y se destruía aquello que se retiraba. Marta Ezcurra cambiará el menú y los nombres de todas esas escuelas.

Señala Alicia Dujovne Ortiz que “Una dama católica, doña Adela Caprile, que formó parte de la comisión liquidadora de la Fundación instaurada tras la caída del peronismo, nos ha confesado haber sentido una impresión similar: ‘Nunca hubiera creído que se pudiera reunir semejante cantidad de raquetas de tenis. Era un despilfarro y un delirio, pero no era un robo. No se ha podido acusar a Evita de haberse quedado con un peso. Me gustaría poder decir lo mismo de los que colaboraron conmigo en la liquidación del organismo’”.

Nadie pudo cuestionar ni un peso de los gastados en la Fundación Eva Perón. Sus cuentas estaban inmaculadas, no así sus saqueadores.

Escombros de la fundación

Acá estamos, Marta Ezcurra, pretendiste abolir el recuerdo, y la figura de Eva es cada vez más grande. Maldita seas por todos los siglos.

Marta Ezcurra nunca recibió castigo por lo que hizo, nunca un juicio ni condena. Nunca se casó ni tuvo hijos, acaso porque, coherente consigo misma, odiaba a los niños. Murió, o descendió a los infiernos, en 1996, durante la segunda presidencia de Menem, a sus 95 años.

Eva sólo vivió 33 años.

*Juan Rodriguez, Ex cuadro de la Armada. Maquinista y buzo de profundidad. Baja a mi propia solicitud en agosto de 1975, efectiva en diciembre del mismo año. Luego ingreso, exámenes de aptitud mediante a la Marina Mercante Nacional como oficial de máquinas hasta mi jubilación como jefe de máquinas.





Bullrich y su sincericidio


 

12 febrero 2026

PROGRAMA EL TREN DEL 10 DE FEBRERO DEL 2026

El martes 10 de febrero del 2026, se subió a EL TREN, en la segunda hora Luis Fernando Beraza, profesor de Historia y escritor recibido en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Fue becario de CONICET y ejerce la docencia secundaria. Asimismo, es integrante del staff de producción del Centro Cultural Francisco “Paco” Urondo, dependiente de la Facultad mencionada. Ha escrito los siguientes libros: Nacionalistas (2005), José Ignacio Rucci (2007), Grandes conspiraciones de la historia argentina (2009), Antiperonistas (2010), y Julio César (2011), y El pensamiento de Ezequiel Martínez Estrada (2012). Ha escrito también artículos de historia y política en la revista católica Criterio, “Todo es Historia”, y el diario Perfil. Fue columnista de diversos programas de radio. El último de ellos es “Series Retroponderosas. Las series de ayer con la mirada de hoy”, donde explica la historia de los Estados Unidos a través de sus series de TV. En la actualidad trabaja en una novela sobre la Universidad en la época del Proceso de Reorganización Nacional.
Un viaje entrelazando el presente y el pasado, que es una marca registrada de EL TREN. Así se analizó las perspectivas de Kicillof y el robo del sable corvo de San Martin. Su conocimiento con el mentor de ese hecho histórico, Osvaldo Agosto, que además estuvo estrechamente vinculado José Rucci. El acto en San Lorenzo y las mentiras de Millei. La falta de un líder en el peronismo y el total manejo de la agenda por parte de Milei. El eclipse de la figura de Cristina Fernández. Apenas algunos de los temas abordados en un viaje intenso
En la primera hora se abordó el conflicto policial en Rosario, la deuda como forma de dominación, la impunidad que el gobierno con la complicidad de la jueza Capuchetti, Milei retiró al Estado como querellante en la causa del crédito del FMI a Macri, para favorecer a Caputo y Sturzenegger. El decreto que determina “El año de la grandeza argentina”, con más mentiras que palabras. El Acuerdo Comercial con EE. UU, una entrega lisa y llana. Un contrato de adhesión. Una oda a la desigualdad y a la inequidad. Testimonios exclusivos para EL TREN, de Juan Carlos Schmid, Secretario General de la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte, del Padre Francisco “Paco” Olveira, referente de los curas en opción por los pobres y Matías Jáuregui, Ingeniero Agrónomo y Productor Agropecuario de la Zona de Tandil



Se escucharon audios de Victoria Montenegro y Marcelo Saín. 
Súbanse a EL TREN, desde el andén de sus domicilios


El TREN, UNA VOZ DIFERENTE PARA ESCUCHAR, REFLEXIONAR Y DISCUTIR


 

09 febrero 2026

Fundador de la Izquierda Nacional

 

JORGE ABELARDO RAMOS, UNA VOZ CLARA Y POTENTE EN LA POLITICA LATINOAMERICANA

Para Manuel Pecci, con cariño y respeto

 

Por Mario Casalla

BUENOS AIRES (especial para Punto Uno) Fue en una casa de Flores al sur donde nació este porteño de cuna, un 23 de enero de 1921. El mismo barrio donde también nació Jorge Bergoglio. Argentino de alma y latinoamericano por decidida convicción, ajustó primero cuentas con el Partido Comunista Argentino, en un libro imperdible aún hoy: “Historia del estalinismo” en la Argentina (1969). Luego se hizo trotskista pero enseguida se centró en los aportes de Trotski al pensamiento latinoamericano y difundió su obra con avidez de estudioso y con pasión militante. Su edición de “La revolución permanente y otros textos sobre América Latina” (1962) representó un aporte invalorable para todos quienes se iban acercando al pensamiento nacional. Años antes había escrito “América Latina, un país” (1949) que él mismo considera como “la primera tentativa de concebir en términos marxistas el destino histórico de la gran patria dividida”. Polémico como siempre referirá después que “a causa de esa inocente jactancia los diputados Visca y Decker secuestraron dicha obra en 1949, como Presidentes de la Comisión Bicameral del Congreso Nacional” que la había editado agregando –como al pasar- “aunque la lectura no se contaba entre las pasiones privadas de ambos legisladores”. En 1973 publica su “Marxismo para latinoamericanos” en cuya Advertencia Preliminar aclara “la idea rectora que ha guiado al autor en los últimos treinta años: el marxismo en América Latina será latinoamericano o no será”. ¿Acaso porque siempre tuvo conciencia que eso no sería nada fácil de cumplir, entre las citas con que inicia su “Historia del Stalinismo en la Argentina”, puso una triste premonición del mismísimo Marx: “He sembrado dragones y cosechado pulgas”? Pero en ese año de 1973 –en que Perón regresa definitivamente al país y la fórmula Cámpora-Solano Lima derrota en las urnas al Proceso Militar- fue cuando Abelardo Ramos terminó de consumar su ingreso al peronismo y su Frente de Izquierda Nacional (el FIP, heredero del histórico PSIN) formó parte de Frente Justicialista de Liberación Nacional (FREJULI) y así participó de su triunfo. “Vote a Perón por izquierda” fue su perspicaz lema y la boleta del FIP –con el nombre de Perón bien grande- hizo la mejor elección de toda su historia, aunque él bien sabía que esos votos no eran todos propios. Muchos votos de la izquierda vinieron por ese lado (y algunos perdió el mismo Ramos por hacerse peronista a su manera) y Perón, por su parte, le sumó a la fórmula sectores que de otra manera no hubieran votado a su Frente. Pero así ocurrió y fue sin lugar a dudas un acto de inteligencia política de ambas partes. No ocurrió lo mismo cuando –transformado ahora el FIP en Movimiento Patriótico de Liberación, MPL- decidió apoya la candidatura presidencial de Carlos Menem en 1989 y luego integró su gobierno como embajador de Argentina en México, anunciando más tarde que se afiliaría directamente al Partido Justicialista. Lo cual impidió su muerte física pocos días antes de que eso se concretara. Pero aquella veterana Izquierda Nacional se rompió, la diáspora de sus principales referentes fue grande y ya nada volvió a ser como era. Rehacer ese espacio aun vacante es una herencia que el chico de Flores, el Colorado, dejó vacante.           

UNA VIDA DE LUCHA Y PELEAS CONSTANTES 

En ese mes de enero de 1921 en que nació Jorge Abelardo, Buenos Aires no sólo ardía por la temperatura de un verano tórrido, sino también por el clima político, económico y social que vivía el país. Hipólito Yrigoyen estaba terminando su primera presidencia, pero ese gobierno –de indudable origen nacional, popular y democrático- daba ya signos evidentes de agotamiento y de contradicciones. Al jurar el cargo de Presidente había dicho, “No he venido a castigar ni a perseguir, sino a reparar”, pero en el mes que nacía Ramos, el Coronel Varela ya estaba haciendo de las suyas por la Patagonia (trágica) y diferentes huelgas en el campo y en las principales ciudades del país eran demostrativas de que la Semana (también trágica) de enero de 1919, no había quedado del todo atrás. Y esa grieta, esas contradicciones dentro del propio campo nacional, se daban también en el seno del hogar Ramos-Gurtmann. El papá (Nicolás), siguiendo la línea de su propio padre, era de pensamiento anarquista; mientras que su mamá (Rosa), simpatizaba con Yrigoyen. Cuentan que ésta -con su hermana Elisa- lo habían visitado en la mítica casa de la calle Brasil para pedirle trabajo y que lo consiguió; por eso tampoco es de extrañar que en 1930 –llevando de la mano esta vez a su hijo Jorge Abelardo, de apenas 9 años- cruzara en lancha a la isla Martín García y visitara al viejo Caudillo allí prisionero para solidarizarse en la desgracia. En cambio, a los primeros mítines políticos lo llevó su tío Abraham Gurtmann (hermano de Rosa) quien –como recordara luego uno de sus discípulos, Julio Fernández Baraibar- se ufanaba de ser “el socio n°3 de la Cooperativa El Hogar Obrero” y todos los 1° de mayo llevaba a Jorgito a los actos del Partido Socialista. Pero seguramente fue del papá Nicolás (separado luego de Rosa) de quien heredó el Colorado esa combinación de rebeldía y desparpajo que lo hiciera inconfundible, tanto entre amigos como entre ocasionales adversarios. Cuando uno repasa los muchos proyectos (intentados o realizados, ciertos o atribuidos, a ese niño de Flores) cómo no pensar en aquél padre anarquista que (a la manera de un personaje de Roberto Arlt) imaginaba poder socavar el sistema capitalista distribuyendo dólares falsos en la calle Florida; o que anunciaba una todavía inexistente máquina de hacer ravioles (con cuyos numerosos pedidos luego no pudo cumplir); o que más tarde hiciera lo propio con un nuevo procedimiento para recauchutar cubiertas de automóviles, en sociedad con otro inventor de la época. Tengo para mí que sólo combinando –en debidas dosis homeopáticas, claro- aquél histrionismo de papá Nicolás, con el amor y lealtad a lo popular de mamá Rosa, más la militancia del tío Abraham y agregándole, eso sí, varias cucharas soperas de inteligencia propia penetrante e intuitiva, es posible (acaso) obtener ese producto inconfundible llamado, Jorge Abelardo Ramos. Atravesó como un rayo siete décadas de la vida política argentina del siglo XX y ya hace muchos años que se lo extraña (falleció el 2 de octubre de 1994) en estos últimos con más fuerza aún. Es que el Colorado fue en esto un “vacunador” implacable: allí donde vio lo nacional –crecido o en barbecho- inoculó entusiasmo y ordenó a su gente marchar en la misma dirección. Por eso acertó y se equivocó tantas veces, pero siempre del mismo lado: lo popular, lo nacional, lo antiimperialista, lo latinoamericano. A veces peleó de más pero nunca peleó de menos, ni abandonó la lucha. A veces se alió mal o con quien no debía hacerlo, pero estimo que nunca de mala fe ni por intereses subalternos. Tuvo un implacable sentido del humor (me consta, lo he tratado personalmente en varios nutridos almuerzos en el restaurante “El Globo”, donde gustaba ir y uno de los comensales era nuestro querido senador nacional Armando Caro,  sentido que siempre lo protegió del bronce, de las solemnidades, de las academias y de los falsos oropeles. Era simpático, cautivante en la charla, implacable seductor y de respuestas tan lucidas y repentinas como –recuerdan también propios y extraños- tan arbitrario por momentos que provocaba odios o adhesiones viscerales. Es que respecto de Jorge Abelardo Ramos uno no puede ser indiferente, ni neutral. Sucedía con el Colorado -como con un exclusivo puñado de figuras políticas e intelectuales- que las cosas terminaban en el clásico, “tómelo o déjelo”. No voy ahora a hablar aquí de su vasta obra escrita pero permítaseme señalar que debemos a la corriente denominada Izquierda Nacional (de la cual Jorge Abelardo Ramos fue sin dudas uno de sus principales promotores) algunos puntos destacados dentro del pensamiento latinoamericano contemporáneo: 1°) haber conectado adecuadamente la cuestión nacional con la cuestión social, algo que los nacionalismos latinoamericanos de cuño conservador no hacían; 2°) haber pensado lo social en términos de lucha clases, pero también como pueblos en complejos procesos de liberación nacional, algo que otros pensadores de izquierda no valoraban todavía en su real dimensión política y cultural; 3°) haber comprendido entonces –desde el marxismo y sus variantes ideológicas- a los movimientos populares de liberación y a los partidos políticos latinoamericanos de cuño popular (el peronismo, por caso, en la Argentina). Hoy por cierto estas cuestiones están mucho más y mejor digeridas, pero en aquellos años Ramos era un predicador (al estilo de Scalabrini Ortiz o de Arturo Jauretche) y un polemista crítico, rebatido tanto por la derecha como por la izquierda del espectro político argentino. Lo primero es comprensible, lo segundo fue conceptualmente mucho más rico y vocinglero. Generó un debate al interior de ese campo ideológico, como sólo un hombre de esa misma cepa podía hacerlo. El agregado del adjetivo “nacional” al sustantivo izquierda, no fue una herejía que se le admitiera (o admita ahora mismo) fácilmente. Tan provocador era que –en uno de los tantos finteos preelectorales- despachó al ocasional emisario con una sola y lapidaria frase: “estoy de acuerdo con la unidad de las izquierdas, a condición de que nos excluyan”. Y con el peronismo –su gran interlocutor político de toda la vida- el diálogo no le fue nunca del todo fácil ni transparente. Acaso su momento de mayor gloria política fue aquélla noche del 23 de septiembre de 1973 cuando el FIP (llevando a Perón en la boleta presidencial de la Izquierda Nacional) sacó casi 900.000 votos, o sea el 12,5% de los que obtuviera el FREJULI oficial. Y le pienso amigo lector, qué falta haría hoy –en tiempos de los Milei- un polemista implacable como Jorge Abelardo Ramos sentado en una banca en la Cámara de Diputados de la Nación, con Martín Menem presidiendo una sesión. Seguramente sería para alquilar balcones!         


06 febrero 2026

PROGRAMA EL TREN DEL 3 DE FEBRERO DEL 2026


El martes 3 de febrero se subió a EL TREN Pablo Semán, Doctor en Antropología Social y Licenciado en Sociología. Investigador del Conicet. Docente universitario. Autor de “Vivir la fe. Entree catolicismo y el pentecostalismo, la religiosidad de los sectores populares en la Argentina”, “Está entre nosotros. ¿De dónde sale y hasta dónde puede llegar la extrema derecha que no vimos venir”?  
Tres de las muchas afirmaciones fuertes: “Milei se cree que es más fuerte de lo que realmente está y la oposición más débil de lo que efectivamente está”.
“Hay que pedir un habeas corpus por la oposición”
“Guillermo Moreno es un personaje siniestro, es antisemita y reivindica a Netanyahu”.

El viaje transitó por diversos temas, tratados con una profundidad que no es habitual en los medios. Algunas de las consideraciones: “La sociedad está muy heterogeneizada”; “ Desde el 2012, con un voto popular del 54%, se escindieron las agendas” ;  “Milité en el Partido Intransigente”; “Estoy dentro del campo nacional, popular, democrática”; “El progresismo se peronizó”; “Milei ataca a lo viejo”; “Milei construye su propio bloque de poder”;  “Hay una nueva etapa en el régimen de acumulación”; “El progresismo a principios del siglo XX era de derecha: orden y progreso”; “En Argentina cambiaron los parámetros del proceso político”; “Axel Kicillof hace esfuerzos notables para salir de la carta de navegación vencida”; “Este es un gobierno revolucionario, entendiendo por revolucionario, también aquellos procesos que no me gustan” ” Una interpretación del conflicto Milei-Rocca”  “No funcionan los viejos parámetros”. “Cambiaron totalmente las coordenadas y no se asume que cambiaron”; “La importancia de la categoría emprendedor.”

En la primera hora el programa transito los problemas y el descrédito de Donald Trump en la sociedad norteamericana al escándalo del INDEC, deteniéndose en un análisis minucioso del conflicto Milei-Rocca. El deterioro industrial. Una síntesis en la lectura de la nota publicada en La Tecla Eñe del Ingeniero Agrónomo y Productor Agropecuario (Zona Tandil) Matías Jauregui titulado “Las alpargatas, el helado y el mercado interno”Testimonios del periodista Jairo Straccia, del ex presidente Mauricio Macri, de un vendedor de plataforma.

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04 febrero 2026

Las alpargatas, el helado y el mercado interno

 Por Matías Jauregui

El helado que hoy vende Lucciano’s en sus franquicias de Miami, Orlando, Barcelona y Punta del Este, nació primero del consumo interno argentino. Con Milei, el libreto vuelve a repetirse, pero sin anestesia: Apertura total, mercado interno deprimido, industria “que se tiene que reconfigurar”. Nadie despega sin pista. Igual que las alpargatas.

Por Matías Jáuregui*
(para La Tecl@ Eñe) 2-02-2026

La semana pasada vimos al Presidente recorrer una heladería en Mar del Plata. Lucciano’s: moderna, luminosa, exitosa. El dueño habló con honestidad, reconoció que hay sectores que la están pasando mal, el textil, por ejemplo, pero sostuvo que el rumbo es el correcto.

Cuando un empresario habla desde su experiencia, merece una respuesta desde la historia.

Yo no tengo una heladería, pero si tengo una memoria familiar. Y en esa memoria no hay helados, pero si alpargatas.

En Tandil, sobre la calle Paz, mi bisabuelo Donaciano Arenas fundó una fábrica de calzado. Llegó en 1912, el mismo año en que cayó la Piedra Movediza, desde Cantabria, de donde no trajo capital, pero sí un oficio, llegando a un país que todavía entendía que la industria no era un costo, sino una herramienta de integración social.

Las alpargatas Arenas y Picapedrero no eran moda, estaban pensadas para los trabajadores de las canteras, para resistir jornadas largas de calor, polvo y piedra. Eso fue, y es, la industria nacional, que resolvía las necesidades concretas del pueblo.

Mi historia familiar, no fue una excepción. Fue parte de una historia mucho más grande.

La historia de las alpargatas en la Argentina arranca en 1885 cuando nace la Fábrica Argentina de Alpargatas. Calzado barato, durable, hecho para trabajadores rurales, ferroviarios y obreros urbanos. La ola inmigratoria multiplicó la demanda. El país crecía con industria.

En el siglo XX, las alpargatas se volvieron el calzado del trabajador inmigrante y rural, transversal a las clases sociales. Peones y estancieros, chacareros y obreros.

Durante los primeros gobiernos de Perón, la producción total de calzado alcanzó los niveles más altos de la historia, empezó a crecer el calzado de goma y caucho, más accesible para los sectores populares, democratizando el consumo.

El Estado jugó un papel importante: compras públicas, campañas contra la descalcez y salarios reales en alza. El mercado interno sostuvo a la industria cuando las exportaciones se retraían por causas externas, teniendo un efecto político: trabajo estable, calificación obrera y poder sindical. Algo que algunos nunca perdonaron.

En los años ‘60, la historia volvió a adelantarse. En 1962 nacieron las zapatillas Flecha de lona, puntera de PVC y producción en serie. Fueron el primer calzado deportivo masivo argentino, que usaba la juventud. Recordemos: zapatillas Flecha, Jeans Oxford, guitarras y Sui Géneris.

En 1975 nació Topper, otra vez desde adentro, sin consultoras, como producto nacional pensado para competir en calidad.

Después, vino la historia conocida. Apertura indiscriminada, primero con la dictadura, después con los ’90 -siempre del siglo pasado-. Extranjerización. Cierres. Plantas vaciadas. En los ‘90, Alpargatas perdió control nacional. En 2016, con Macri, llegaron las suspensiones y despidos masivos: Tucumán, San Luis, Catamarca, La Pampa. El argumento fue siempre el mismo: “no somos competitivos”. La realidad también: importaciones abiertas, consumo destruido.

Hoy, con Milei, el libreto vuelve a repetirse, pero sin anestesia. Apertura total, mercado interno deprimido, industria “que se tiene que reconfigurar”. Esa palabra, “reconfigurar”, suele ser elegante para decir cerrar.

Como dice Gustavo Campana: “la respuesta está en la historia”.

Soy biznieto de vascos, que crecieron en un país que los protegió para poder hacer quesos y alpargatas. Ninguno de nuestros abuelos hubiera sobrevivido en un país donde entraba todo importado y el trabajo local era una molestia.

El helado que hoy vende Lucciano’s en sus franquicias de Miami, Orlando, Barcelona y Punta del Este, nació primero del consumo interno argentino.

Nadie despega sin pista. Igual que las alpargatas.

Lunes, 2 de febrero de 2026.

*Ingeniero Agrónomo y Productor Agropecuario (Zona Tandil)


30 enero 2026

PROGRAMA EL TREN DEL 27 DE ENERO DEL 2026


El martes 27 de enero del 2026, se subió en la segunda hora en El Tren, Teresa Donato, escritora, periodista. Es la autora de la excelente obra teatral “Mi vida anterior” y de la apasionante novela sobre la misma protagonista “Desaparecida dos veces”. Un viaje atractivo sobre la vida de Donato y de la protagonista de la novela y obra teatral Ana María Massochi de Livieres. La vida de la oficial montonera. La muerte de su marido en el intento de tomar el Cuartel de Formosa el 5 de octubre de 1975. La clandestinidad con su hijo pequeño. Su admiración a Tulio Valenzuela. La estremecedora historia de Valenzuela y su mujer. Un relato donde están las grandezas y miserias de la década de los setenta. Las dos criticas fundamentales de Ana María a la conducción Montonera: el asalto al Cuartel de Formosa y el asesinato de Rucci. Su secuestro el 24 de mayo de 1978 y su detención, lugar que nunca es revelado. Las torturas. Su relación con un militar que aparece bajo el nombre de Beto que será su pasaporte hacia su exilio en Brasil. Su libertad vigilada. El convertirse en una empresaria gastronómica en el país donde vive ya hace cerca de cincuenta años. La particularidad que nunca declaró en sede judicial.  
Teresa Donato es Licenciada en Turismo. Empezó a trabajar como periodista en la Revista Claudia. En el 2005 empezó a escribir guiones de telenovelas con éxitos como Nina, Patito Feo. Trabajó en radio como crítica de teatro, cine, de música. Formó parte del equipo de la Negra Vernacci, de Lalo Mir, de “El horno está para bollos” con la conducción de Marcelo Zlotogwiazda. Durante el reportaje hubo un cálido recuerdo de este notable periodista. Con relación a los 70, Teresa afirma que seguimos hablando porque las heridas no están cerradas. Para los jóvenes los hechos tal vez le parezcan tan lejanos como San Martín. El drama es consecuencia que no se aplicó la ley. El caso italiano de las Brigadas Rojas. Teresa es hija de un obrero metalúrgico cordobés y una madre socialista de Palacios antiperonista. Su padre afirmaba: “Con Perón llegaron los derechos”



En la primera parte, el programa abordó los incendios con un testimonio estremecedor, la absoluta indiferencia del gobierno y el presidente haciendo su show en Mar del Plata. El abordaje de la ley de reforma laboral hipócritamente presentada cono de modernización. Los gobernadores cómplices. Distintos spots sobre quitas de derechos. Un acierto del programa hace 15 días que en función de las pretensiones de Trump sobre Groenlandia se adelantó que podría intentar hacer lo mismo en el Sur argentino. Un recuerdo a 81 años del ingreso del ejército soviético en el infierno terrenal de Auschwitz. 

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28 enero 2026

Vida de country, retórica de barricada. Apunte sobre la casta militante de la «década ganada»

 

                   Por Bruno Carpinetti* en PANAMÁ REVISTA (NO TODO ES POLÍTICA)

https://panamarevista.com/vida-de-country-retorica-de-barricada-apuntes-sobre-la-casta-militante-de-la-decada-ganada

Hay contradicciones que la política puede tolerar y otras que la corroen desde adentro. Entre estas últimas, pocas resultan tan devastadoras como la distancia sostenida entre lo que se dice y la forma en que se vive. No se trata de una cuestión moral en sentido estricto, sino de una experiencia sensible: el momento en que el cuerpo del dirigente deja de habitar el mismo mundo que el cuerpo de quienes dice representar.

En la Argentina reciente, esa fisura adquirió una densidad particular durante el ciclo conocido como la “Década Ganada”. Un proyecto que emergió como respuesta a la crisis de representación de 2001 terminó, con el paso del tiempo, por producir una nueva élite estatal, legitimada por un lenguaje nacional-popular, pero crecientemente encapsulada en formas de vida ajenas a la intemperie social que le dio origen.

El problema no fue —como suele simplificarse— la traición de ideales, sino algo más sutil y, por eso mismo, más persistente: la normalización de una disociación.

De la intemperie al despacho

Para una generación que se politizó en la resistencia al neoliberalismo de los años noventa, el estallido de diciembre de 2001 no fue solo un evento histórico: fue una experiencia formativa decisiva. Asambleas barriales, piquetes, horizontalidad, desconfianza radical hacia la política profesional. La militancia, entonces, no prometía carrera ni estabilidad; prometía desgaste, exposición y precariedad compartida.

Néstor Kirchner comprendió que esa energía no podía permanecer en estado salvaje y ofreció una traducción institucional de la rebeldía: el Estado como escenario de la transformación. Miles de militantes cruzaron el umbral de la protesta a la gestión, convencidos de que administrar el Estado era una forma superior de militancia.

Y durante un tiempo, lo fue.

El desplazamiento no se volvió problemático por el ingreso al Estado, sino por lo que ese ingreso fue produciendo en las subjetividades. La militancia dejó de ser una práctica de riesgo y pasó a funcionar, en muchos casos, como una trayectoria laboral. La épica sobrevivió en el discurso; el cuerpo, en cambio, encontró abrigo.

La lealtad como virtud política

Con la reconstrucción de la autoridad presidencial tras la crisis, se consolidó una forma específica de ejercicio del poder. La lealtad, entendida como obediencia irrestricta, se transformó en el principal capital político. No la coincidencia ideológica —que podía admitirse con matices— sino la adhesión acrítica al liderazgo y al relato.

En los organismos públicos, el técnico fue desplazado por el “cuadro político”. La capacidad de gestión cedió terreno frente a la obediencia. Señalar errores, proponer alternativas o simplemente dudar se volvió un gesto sospechoso. Quienes administraban el Estado dejaron de premiar el saber y comenzaron a recompensar la docilidad.

Esta lógica no solo deterioró la eficacia institucional; redefinió el sentido mismo de la militancia. El militante estatal ya no era quien tensionaba el poder desde adentro, sino quien lo reproducía sin fisuras. La crítica dejó de ser una forma de compromiso y pasó a ser una amenaza.

El Estado como ecosistema cerrado

A medida que esta dinámica se consolidaba, se produjo paulatinamente un proceso de endogamia política. Unidades básicas, centros culturales, medios de comunicación afines, organismos públicos se convirtieron en espacios donde la realidad circulaba filtrada, domesticada para no contradecir el relato.

La militancia traslocada a los despachos estatales, seguía “bajando al territorio”, pero ya no para escuchar, sino para explicar. La inflación, la inseguridad o el deterioro de los servicios no eran negados solo por estrategia; eran, en muchos casos, genuinamente ajenos a la experiencia cotidiana de una dirigencia protegida por sus propios privilegios.

Es en ese momento donde aparece y comienza a consolidarse lo que hoy llamamos, con notable precisión sociológica, la nueva “casta”: no solo una acumulación de cargos, sino una forma de vida. Una burbuja material y simbólica que permite sostener un discurso igualitario sin experimentar sus condiciones.

La batalla cultural como sustituto

Frente a las dificultades crecientes de la gestión material, la militancia estatalizada profundizó una estrategia que ya estaba presente: la llamada “batalla cultural”. Derechos humanos, revisionismo histórico, confrontación discursiva con medios de comunicación y poderes fácticos ocuparon el centro de la escena.

No se trata de negar la importancia de esas disputas, sino de observar su función. La batalla cultural operó como un desplazamiento: cuando la economía no respondía, el conflicto se mudaba al plano simbólico. La política se estetizaba.

Para la nueva élite militante, esta estrategia ofrecía una coartada moral perfecta. Era posible habitar barrios cerrados, consumir bienes importados y vacacionar en el exterior sin sentir contradicción alguna, siempre que el discurso permaneciera intacto. La revolución se volvía lingüística; el cuerpo, conservador.

El hartazgo y el péndulo

Toda disociación tiene un límite. Cuando la distancia entre el relato y la experiencia cotidiana se vuelve demasiado grande, el lenguaje pierde eficacia. La sociedad comenzó a percibir que la batalla cultural era un lujo de quienes tenían las necesidades básicas resueltas.

En ese vacío emergió la contraofensiva libertaria. El éxito de Milei no radica solo en sus propuestas económicas disruptivas, sino en haber señalado con crudeza esa incomodidad difusa: la sospecha de que el progresismo estatalizado se había convertido en el nuevo orden a conservar.

El concepto de “casta” funcionó porque nombró una experiencia compartida. No denunció solo corrupción, sino hipocresía. Al invertir la estética de la rebeldía, el libertarismo logró algo impensado años atrás: que la derecha apareciera como ruptura y la izquierda como sistema.

Epílogo provisorio

La tragedia de la militancia estatalizada de la “Década Ganada” no fue haber fracasado en transformar las estructuras económicas, sino en haber naturalizado una disociación que terminó vaciando de sentido su propio lenguaje y minando definitivamente su densidad ética. Cuando el igualitarismo se convierte en retórica y el privilegio en experiencia cotidiana, la consecuencia natural es el descrédito y la política pierde irremediablemente su potencia transformadora. Salir de este ciclo exige algo más que “nuevas canciones”. Exige volver a alinear discurso, cuerpo y práctica. Restituir la incomodidad como valor político. Recordar, en definitiva, que ninguna épica sobrevive demasiado tiempo cuando se la pronuncia desde un despacho climatizado mientras la intemperie sigue afuera.

El Dr. Bruno Carpinetti es guardaparque. Se diplomó y obtuvo una maestría en ciencias en Biología de la Conservación en la Universidad de Kent, Inglaterra Completó el Diploma de postgrado en Antropología Social y política en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO 

– Buenos Aires) y se Doctoró en Antropología Social por la Universidad Nacional de Misiones. Es Profesor Titular regular del área Gestión Ambiental/Ecología en la Universidad Nacional Arturo Jauretche.


25 enero 2026

PROGRAMA EL TREN DEL 20 DE ENERO DEL 2026


El martes 20 de enero del 2026, se subió a EL TREN, en la segunda hora, Jonatan Emanuel Baldiviezo. Abogado. Fundador del Observatorio del Derecho a la Ciudad y de El Movimiento La Ciudad Somos Quienes La Habitamos. Un viaje de preguntas y categóricas aseveraciones: ¿En cuánto se parecen Javier Milei y Jorge Macri? “Desde su derrota en la Ciudad, Macri intenta identificarse. Hace ajuste en los social y en materia de viviendas. Incumple su propio compromiso de viviendas, demolió las que tenían y no construye las que prometió. En la ciudad el 3% puede acceder a la propiedad, el 97% de la población necesita apoyo. Hay persecución, inhumanidad, limpieza social. Sistemacidad en la violación de los derechos humanos. En los barrios populares hay una herencia social acumulada. Los que viven en las villas viven 10 años menos. El 15% no tiene agua potable. El presupuesto para las villas es el menor de los últimos 15 años”; “La ciudad tiene memoria asamblearia”; “Jorge Macri se vanagloria de los desalojos sin orden judicial”; “En la calle Carlos Calvo vivían 23 familias que habitaban ese inmueble desde hacía más de 30 años, alegando peligros de derrumbe”; “Sale a festejar que protege la propiedad privada”; “Macri autoriza el corte del agua para usuarios residenciales, te baja la presión, que es la que además la que garantiza la potabilidad, flexibilizó los standard de calidad del agua”.
¿Qué pasa con los medios? “Hay disciplinamiento económico. 
“La gestión del PRO fue la más privatista. Acaba de vender 8 hectáreas de un parque público. Remata todo. Privatiza la costanera o un parque público como el Sarmiento”; “El bautismo de la policía fue con dos muertos en el Parque Indoamericano”; “Los gobiernos del PRO, bastante corruptos tienen protección periodística.”; “Los porteños quieren participar, cuando tuvieron en el Parque Salguero que elegir entre parque o torres, eligieron parque” Apenas algunos de los temas abordados en un viaje intenso y atractivo.
En la primera hora, se hizo un minucioso análisis de la política de TRUMP, sus consecuencias en la Argentina y el posicionamiento de Milei. Hubo tiempo para recordar a Juan Carlos Mareco al cumplirse cien años de su nacimiento en la voz de Víctor Hugo Morales. 
 
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21 enero 2026

Se vende el increíble "Chalecito" de la Avenida 9 de Julio: cuánto vale el ícono que nació con la radio argentina

 Por José Luis Cieri 
 AMBITO FINANCIERO 12-01-2026

A pasos del Obelisco, la propiedad se ofrece en block y despierta interés por su posible reconversión en un negocio premium dentro del mercado inmobiliario.

El histórico chalet sobre la avenida 9 de Julio, una rareza arquitectónica incrustada en el corazón del Microcentro porteño, rodeada por torres y edificios de distintas épocas
Coldwell Banker SER

Desde la vereda, entre bocinazos, colectivos y el pulso incesante del Microcentro, cuesta creer que en lo alto de un edificio sobreviva una postal salida de la Costa Atlántica. Un chalet con tejas francesas, ventanas en arco y espíritu marplatense flota sobre la Avenida 9 de Julio como un gesto de fantasía urbana. No es un decorado ni una rareza caprichosa: es el Chalecito Díaz, una de las construcciones más singulares de Buenos Aires, con ingreso por Sarmiento 1113/1117 en el barrio de San Nicolás, hoy protagonista de una operación inmobiliaria excepcional.

El conjunto completo —chalet y edificio— se ofrece en block por u$s8 millones. La venta incluye más de 10.300 m2 construidos, nueve pisos de oficinas, planta baja comercial, subsuelo con cocheras y una azotea que corona el paisaje porteño con uno de sus símbolos más reconocibles. No se trata solo de ladrillos: se trata de historia, identidad y una perspectiva única sobre la ciudad.

Un refugio en el cielo antes del Obelisco

El chalecito se terminó en 1927, nueve años antes de que el Obelisco marcara el centro geográfico y simbólico de Buenos Aires. Desde esas ventanas, Rafael Díaz observó el crecimiento de la ciudad y, tiempo después, la construcción del monumento que hoy parece dialogar con su casa suspendida.

Vista aérea del inmueble conocido como el “Chalet Díaz”, ubicado sobre Sarmiento, con su inconfundible techo a dos aguas emergiendo entre las construcciones del centro de la Ciudad

Díaz, inmigrante español llegado desde Valencia a comienzos del siglo XX, construyó su fortuna a fuerza de trabajo y visión comercial. Tras sus primeros pasos en el Once, apostó por la fabricación de muebles y levantó la Mueblería Díaz, un negocio que ocupó todo el edificio de Sarmiento 1113/17 y se convirtió en referencia de la época.
Cada piso funcionó como un showroom temático: camas, sillas, sillones, aparadores. El edificio completo operó como una experiencia comercial adelantada a su tiempo, con venta por catálogo y financiación que llegaba a distintos puntos del país. La clientela de clase media encontró allí una propuesta novedosa, moderna y accesible.

El estado del inmueble es muy bueno y en el Chalecito se conservan carteles de épocas "doradas"

El chalet nunca funcionó como vivienda permanente. Cumplió un rol preciso: almorzar, descansar y retomar la jornada laboral sin perder horas de viaje. Un refugio de mediodía, inspirado en el amor de Díaz por Mar del Plata. Un pedazo de costa incrustado en el cielo porteño.

Estilo normando y materiales originales

Con unos 200 m2 cubiertos y una terraza de 245 m2, el chalecito conserva una identidad arquitectónica intacta. El estilo normando, heredado de la arquitectura francesa y tan presente en los chalets marplatenses, define su silueta: techo a dos aguas, fuerte inclinación, bow windows (un tipo de ventana saliente, que sobresale hacia afuera de la fachada del edificio y forma una curva o arco suave) y detalles constructivos que resisten el paso del tiempo.

Hall de acceso del edificio, con pisos de mármol original, escalinata y núcleo de ascensores que conecta con las plantas superiores y el histórico chalecito ubicado en la terraza

En el interior permanecen pisos originales, carpinterías de época, puertas, ventanas y mobiliario histórico. Arañas de principios del siglo XX cuelgan del techo como testigos silenciosos de otra Buenos Aires.

El altillo, accesible por una escalera angosta, permite observar la estructura de hierro que sostiene las tejas francesas y enmarca una vista directa al Obelisco.

El "Chalecito", de estilo Normando e impronta marplatense, posee 200 m2 cubiertos, a pasos del Obelisco, dos íconos porteños (Foto: @maikofpv y @nicoferreyra6)

Desde allí, el horizonte incluye el Palacio Barolo, el Congreso y el pulso completo del centro porteño. Un mirador privado sobre la historia urbana.

Cuna de la radiofonía argentina

El edificio no solo alojó una mueblería emblemática. También ocupó un lugar clave en la historia de la comunicación. Rafael Díaz aprovechó la visibilidad de su chalet para instalar cartelería en altura, una estrategia publicitaria innovadora para la época, inmortalizada en fotografías históricas, incluso por la revista LIFE.

Vista histórica del edificio sobre la avenida 9 de Julio, con el chalecito en la azotea y las antenas que lo convirtieron en un punto clave de las primeras transmisiones de la radiofonía argentina

En ese contexto nació LOK Radio Mueblería Díaz, una emisora con música y contenidos propios que con el tiempo se transformó en Radio Rivadavia, uno de los grandes nombres de la radiofonía argentina. El chalecito y el edificio quedaron así vinculados para siempre al origen de la radio comercial en el país.
Esa carga simbólica suma una capa adicional al valor patrimonial del inmueble, declarado Bien Integrante del Patrimonio Cultural de la Ciudad de Buenos Aires en 2014, dentro de la categoría Sitios o Lugares Históricos.

El Chalecito ya era parte del ecosistema de la zona y se inauguró 8 años antes que el Obelisco. Aquí la Avenida 9 de Julio, en plena ejecución de obra

El edificio: escala, flexibilidad y potencial
La operación inmobiliaria contempla la venta del conjunto completo. Son 10.374 m2 totales, con 7.820 m2 rentables distribuidos en nueve pisos. Cada nivel presenta plantas de aproximadamente 800 m2, divididas en semipisos de frente y contrafrente. El edificio cuenta con tres ascensores, grupo electrógeno, planta baja con local comercial, subsuelo con cocheras y azotea. El estado general varía de muy bueno a regular, según las plantas.

                                                    Otro de los espacios del icónico inmueble

El arquitecto Jorge Bustos, estuvo a cargo del proyecto de recuperación hace cuatro años. Sostuvo que el inmueble es ideal para un esquema de usos mixtos: oficinas, espacios de trabajo compartidos, salas de reuniones, áreas educativas y propuestas culturales.
Las plantas libres permiten adaptaciones a normas actuales de accesibilidad, seguridad contra incendios y eficiencia energética.

La incorporación de nuevas tecnologías apunta a mejorar aislación térmica y acústica, ventilación, iluminación natural y espacios verdes para expansión, una demanda creciente tras la pandemia.

De sede corporativa a polo cultural

Por ubicación, escala y carácter, el inmueble admite múltiples lecturas dentro del mercado inmobiliario. Desde Coldwell Banker SER, la comercialización a cargo de Sergio Esteban Romaniuk, destacó el perfil estratégico de la propiedad.

                                                       Con varias salas y áreas para reuniones

Entre los destinos posibles aparecen una sede corporativa o institucional con impronta icónica, proyectos educativos, universidades, centros de formación, propuestas mixtas de oficinas y marca, o desarrollos culturales con impacto urbano.

La licenciada Gabriela Papaianni, del área de captación de Coldwell Banker SER, señaló que se trata de un inmueble icónico, con potencial para reconvertirse en un shopping urbano con propuesta gastronómica en el chalecito. "La mejora en iluminación permitiría realzar el entorno a metros del Obelisco", acotó.

                                           Otra imagen del ayer, el Chalecito emerge en la foto

El chalecito, por su parte, concentra la mayor carga simbólica. Las alternativas incluyen un centro cultural, salas de exposición, espacios para conferencias, gastronomía de autor o recorridas guiadas que cuenten su historia. También surge interés de una escuela de idiomas con propuesta integral: clases, hostels y un espacio de capacitación en la “corona” patrimonial del edificio.
"La salida al mercado del Chalet Díaz junto con el edificio completo configura una operación poco frecuente en la Ciudad. Con oficinas distribuidas en nueve pisos, plantas amplias y flexibles, planta baja comercial, cocheras, azotea, tres ascensores y grupo electrógeno, todo emplazado en un punto estratégico", describió Romaniuk.

Por su valor, queda enmarcado entre las propiedades más cotizadas de las que se publican actualmente en portales inmobiliarios de CABA, superado por algunas unidades en Puerto Madero, Palermo, Retiro, Belgrano o Núñez.

La terraza que rodea al chalet conserva la estructura original y permite una vista abierta del entorno urbano, con el cielo y los edificios del centro como telón de fondo

Papaianni amplió que se trata de una oportunidad a pasos de varias líneas de subte, "con un perfil ideal para una sede corporativa o una universidad, en una zona que ya concentra instituciones educativas".

Pasado vivo, futuro abierto

Tras el fallecimiento de Rafael Díaz en 1968, el edificio inició una nueva etapa. En los años siguientes, los pisos se alquilaron a distintas compañías. Desde 1986 funcionaron allí empresas como Editorial Perfil, Laboratorios Roemmers y PricewaterhouseCoopers. El chalet, incluso, alojó por un tiempo el estudio de un fotógrafo y también operó como comedor de oficinas.

Diego Sethson Díaz, bisnieto de Rafael Díaz, añadió que el verdadero valor del inmueble reside en lograr que esa historia siga viva. "Aunque lo más probable es que los inversores lo conviertan en un edificio comercial".
El chalet aún conserva objetos personales y mobiliario de época que remiten a distintas etapas de su historia. "Permanecen las arañas de principios del siglo XX, escaleras y los pisos originales de cerámica tanto en el primer nivel como en el altillo", concluyó Sethson Díaz.