23 abril 2014

Mesa de Periodistas 22 04 14

Apoyo de Estados Unidos: si o no. Ley para reglamentar piquetes: si o no. Gimnasia campeón: si o no.

Mesa de Periodistas 23-04-2014 con Gabriel Fernandez, Hugo Presman y Gustavo Ramirez





22 abril 2014

El viernes 18 de abril  llegó a la estación AM 770 Radio Cooperativa, la escritora Alicia Dujovne Ortiz y tomó EL TREN, el programa que desde hace 11 años conducen Hugo Presman y Gerardo Yomal, de lunes a viernes de 19 a 20 horas. Un viaje apasionante con un relato de la historia de  Elisa Lynch, la amante de Francisco Solano López, la protagonista de su último libro “LA MADAMA”. Una travesía en donde la realidad supera ampliamente a la ficción, en el Paraguay inmerso como víctima, en la guerra de la triple infamia. Un genocidio dirigido por el fundador de “La Nación”, Bartolomé Mitre. Ida y vuelta con la Francia actual, país donde reside buena parte del año la escritora y el análisis del avance de la derechista Marine Le Pen.

 ¿Cómo y por qué escribió un libro sobre Maradona no sabiendo nada de fútbol?  Si Ud. no se sube a EL TREN como lo hizo Alicia Dujovne Ortiz, se lo pierde. Eso sí, no vaya a decir que no le avisé.      

21 abril 2014

El escritor Rodolfo Braceli se subió a El Tren el lunes 21 de abril y nos cuenta entretelones de su entrevista a Gabriel García Marquez en 1996. Un relato interesante, Imperdible.

19 abril 2014

                                                                   GABO

La muerte despeja “la hojarasca”. El coronel ahora sí que no tiene quien le escriba. Ha llegado “la mala hora” en que Gabo se fue muy lejos de Macondo para quedarse definitivamente en Aracataca. La literatura latinoamericana sin vos, parece como “el relato de un náufrago”. Miramos a la tenebrosa muerte con “los ojos de un perro azul”. Ahora nuestro sufrido continente, que vive en algunos de sus países, balcanización de una nación inconclusa, una ruptura con los más de “cien años de soledad” poblados de explotación, matanzas y despojos. Por un momento, nos quedamos como aquel “general en su laberinto”, el libertador que murió pensando que había arado en el mar. Reivindicado en el siglo XXI, creyó que su existencia había sido como “la increíble y triste historia de la Cándida Eréndira y de su abuela desalmada”, que muchos años después, algunos autores la utilizaron para ejemplificar la relación de Sudamérica con la deuda externa.




Estos últimos años en estas tierras parecen desmentir  o tal vez sólo relativizar aquél final de tu libro más conocido y vendido: “…porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”
Aunque las últimas noticias sobre tu salud, anticipaban “la crónica de una muerte anunciada”, hoy te lloran hasta “la memoria de tus putas tristes”. Conocimos la historia  en tu autobiografía que sólo merece ser escrita, sin estropear bosques por páginas innecesarias, por aquellos de los que “viven para contarla”. Lamentablemente la vejez es un prólogo hacia la muerte, una etapa de limitaciones, “un otoño del patriarca”. Ahora hasta los que ignoran la belleza de la literatura se acordarán de vos y nos contarán cuentos, más de uno, tal vez “doce cuentos peregrinos”. Se apropiarán de vos como “la noticia de un secuestro”, serán muchos más dolientes que los que llegaron para acompañar “los funerales de la Mama Grande”. Pero los que siempre te reconocieron, los que disfrutaron con tus novelas y cuentos, con tus magníficos trabajos periodísticos, sentirán algo parecido al intenso amor de Florentino Ariza  hacía Fermina Daza en “El amor en los tiempos del cólera”.

El misterio de  la muerte nos atrapa, pero ahí, en ese lugar eterno donde te has trasladado y en el que seguramente ya te has encontrado con el Coronel Aureliano Buendía, aquél que ante el pelotón de fusilamiento recordó el día que su padre lo llevó a conocer el hielo, le podrás contar a Dios, si existe, sobre “Del amor y otros demonios”. Tal vez ahí será realidad aquello de “Cuando era feliz e indocumentado”. Aquí no te olvidaremos porque dejaste  “El rastro de tu sangre en la nieve” de la mejor literatura y la de un hombre comprometido con su tiempo.      
18-04-2014

18 abril 2014

RECORDANDO A  ERNESTO

Lo conocí a Ernesto Laclau hace 47 años. Él tenía 32 años pero aparentaba  un lustro menos. Era uno de los dirigentes del Partido Socialista de la Izquierda Nacional al que yo ingresé en 1967, en pleno Onganiato. Ernesto se había integrado unos años antes a la agrupación junto a varias figuras como Blas Alberti y Ana Lía Payró. Justamente ésta última iba a ser la responsable política de nuestra militancia universitaria en la Facultad de Ciencias Económicas donde con Eduardo Fosatti fundamos ARCE (Acción Reformista de Ciencias Económicas). El Partido había sufrido una escisión encabezada entre otros  por Jorge Raventos y había quedado sin militantes universitarios. Nosotros nos habíamos integrado a través del accionar de un militante de hierro, Rodolfo Balmaceda, después de una asamblea universitaria clandestina realizada en una iglesia, en medio de una dictadura “dura” (que luego quedaría “blanda” ante el infierno que llegaría en 1976 y los adelantos del horror de los últimos meses de 1975). 
Durante dos años conocí la capacidad didáctica de Ernesto y la profundidad de su pensamiento, en charlas brindadas repetidamente a grupos que empezaban a interrogarse sobre la nueva realidad, a consecuencia de que Onganía terminó con la isla universitaria democrática y la introdujo en el país donde las mayorías populares estaban proscriptas.




Una de las tareas militantes era convocar para charlas sobre historia nacional y la actualidad que daban Jorge Abelardo Ramos, Jorge Enea Spilimbergo, Blas Alberti y Ernesto Laclau. En 1968 la sociedad no resultaba favorable a los planteos originales de la izquierda nacional. Un día convocamos a una charla, a la que sólo concurrió una persona, un primo mío, Carlos Presman que hoy vive en Israel. Ernesto decidió que la charla se diera igual, en una insólita escena de un disertante frente a un solo oyente y dos militantes que oficiaban de “claque”.
Dirigió el diario partidario “Lucha Obrera” y aportó sus escritos para la revista libro  “Izquierda Nacional”
En 1969 Ernesto viajó y se radicó en Inglaterra con el padrinazgo de Eric Hobsbawm, el mayor historiador de las últimas décadas. El propósito original era alejarse por tres años, pero las sucesivas dictaduras lo impidieron  y no volvió por quince años. De alguna manera, en el clima de época, la deserción de la lucha revolucionaria para insertarse en el mundo académico, se vivió como una frustración de quien estaba destinado a ser un dirigente de fuste. En ese año se consuma el Cordobazo y como consecuencia se produce un crecimiento importante del PSIN y de su brazo universitario AUN (Agrupación Universitaria Nacional) que llegó a codirigir la Federación Universitaria Argentina (FUA)
Pasaron los años en los que Argentina vivió momentos  históricos como los que desembocaron en el regreso de Perón y jornadas inolvidables como el 25 de mayo de 1973.
De vez en cuando llegaban noticias de la consolidación académica de Laclau, profesor en la Universidad de Essex. Pero era una noticia perdida en medio de años tumultuosos.
El kirchnerismo  lo sedujo y Cristina Fernández quedó entusiasmada por el autor de “Hegemonía y estrategia socialista”, a quien conoció recién en el 2012. Reivindicó el populismo y apoyó entusiastamente los gobiernos populistas, que son convertidos en bestias negras por el establishment. Para afianzar sus posiciones teóricas y políticas, publicó en el 2005 “La razón populista”. Sostenía: “Yo creo que el populismo significa ni más ni menos que división de la sociedad en campos antagónicos, es la interpelación a los de abajo y también al poder. En cierta medida, todo proceso de cambio debe tener una dimensión populista.  Cualquier proceso de cambio social necesita ruptura  con el statu quo y esa ruptura no puede ser aislada de demandas parciales, tiene que haber una ruptura en la que haya una confluencia de estas demandas en torno a un punto común de aglutinación. Si hay esa aglutinación de la pluralidad de demandas hay populismo.” 

Javier Ozollo, doctor en sociología de la Universidad Nacional de Cuyo escribió: “Esta nueva mirada sobre los movimientos populistas latinoamericanos con liderazgos carismáticos el mundo se lo deberá, en gran parte, a Ernesto Laclau.”  
Enarboló su pertenencia histórica a la izquierda nacional y a la figura del Colorado Ramos.
Visitaba periódicamente la Argentina. Hacía años que intercambiábamos correos electrónicos. En una de sus llegadas le grabamos un extenso reportaje con mi compañero Gerardo Yomal  para nuestro programa EL TREN. En otra ocasión se acercó a la radio y durante una hora realizamos  en vivo otra entrevista. En varias ocasiones cambiamos figuritas en extensas conversaciones telefónicas. La última fue, creo, en octubre. Tenía una agenda muy apretada y no pudo subirse nuevamente a EL TREN. Combiné con quien se encargaba de su agenda, Brenda Daney, que en el próximo arribo al país, posiblemente en el mes de abril de este año, nos encontraríamos. Lamentablemente la muerte se atravesó en el camino.
En la última conversación le manifesté que venía formulando críticas a su concepción que aseguraba que la construcción política pasaba por la juventud y las organizaciones sociales y que disminuía a un papel de acompañamiento a la clase obrera. La aplicación en la práctica de esa concepción había debilitado considerablemente al gobierno de Cristina Fernández. Quedamos en debatirlo en un nuevo encuentro. Lamentablemente la muerte, que no estaba invitada, se apareció de improviso en una piscina en suelo español.
El Ernesto Laclau que se radicó en Inglaterra durante tantas décadas, que combinó a Gramsci Althusser, Derridá, Lacan, sin archivar a Marx, engrosó su pensamiento pero su lenguaje se volvió más críptico, en relación con aquel joven de una claridad sorprendente, el mismo que habló para un solo concurrente, anécdota que revivimos en algunos de los encuentros.


Fundó la revista “Debates y Combates” y luego de 59 años volvió a la Facultad de Filosofía y Letras, ubicada ahora en otro sitio, a la que le daba un lugar especialísimo en su trayectoria.
Llegó a decir: “Esta facultad fue la cuna de todo lo bueno y lo malo que produje intelectualmente.”
El ensayista y novelista José Pablo Feinmann recordó: Tengo un libro de Laclau que en la dedicatoria dice: “A Viamonte 430, donde empezó todo”.       
Me hubiera gustado que se radicara en la Argentina y diera la lucha en el propio territorio local y continental que se desarrollaba. 

Su último deseo fue que sus cenizas descansen en su país al que amó  con intensidad.
Como escribió  Horacio González: “Al conocer la muerte de Laclau, nos dieron ganas de volver a nuestra adolescencia”
A esa nostalgia del Director de la Biblioteca Nacional, se contrapone la certera definición de la poesía de Serrat: “Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”

15-04-2014   

17 abril 2014

Una resurrección. Muchas.


Eduardo de la Serna

A Carlos Mugica a los 40 años de su martirio.
Crucificado. Resucitado

Era una tumba vacía
Y todo era desconcierto
Si aquí pusieron al muerto
Hace nomás unos días”.

Muchos dicen “¿qué ha pasado?”
hay quienes creen que fue un robo
Otros dicen que no hay modo,
lo vieron resucitado.

Con tantos crucificados
Que hemos tenido en la historia
No está mal hacer memoria

Y ver donde “se para Dios”
Para pararte también vos
Y juntos sacar esos clavos.


Foto tomada de historiasdelahistoria.com