17 enero 2017

CUENTITOS PARA UNA TARDE DE VERANO

Varios cuentos cortos para que los disfrutes
EL ESPEJO





Una vez un hombre muy rico fue a  pedirle un consejo a un rabino.
El rabino tomó la mano, lo acercó a la ventana y le dijo "mira".
El rico miró por la ventana a la calle.
El rabino le preguntó: "¿qué ves?".
El hombre le respondió: "veo gente".
El rabino volvió a tomarlo de la mano y lo llevó ante un  espejo y le
dijo:-  "¿qué ves ahora?".
El rico le respondió: -"Ahora me veo yo".
 - "¿Entiendes?  En la ventana hay vidrio y en el espejo hay vidrio.
Pero el vidrio del espejo tiene un poco de plata.
Y cuando hay un poco de plata uno deja de ver gente y comienza a verse sólo a sí mismo".
CUENTO: EL MONITO








Un monito observa que a sus espaldas se aproxima un tigre con el evidente propósito de convertirlo en su almuerzo. Piensa rápidamente cómo eludir su muerte inevitable y entonces se pone a deglutir los huesos de un tigre muerto. El felino que avanza decidido se detiene ante el espectáculo que se despliega ante sus ojos y piensa: qué monito bravo, se está comiendo un tigre. Ante la duda retrocede hacia la profundidad de la selva. Otro mono que contemplaba la escena le cuenta la verdad al tigre, que presa de furia vuelve hacia el lugar en que el monito descansa luego del susto recibido. Por el rabillo del ojo contempla nuevamente al tigre que avanza decidido con el mono delator sobre su cuerpo. El monito sabe que su suerte está jugada. Piensa velozmente, con la fuerza de la desesperación, y exclama como si estuviera hablando solo: “Que mono de porquería. Le pedí que me trajera otro tigre, y el muy mentiroso no viene”.
CORAZÓN DE RATÓN









Una antigua fábula de la India cuenta que había una vez un  ratón que siempre estaba angustiado, porque le tenía miedo al gato.
Un mago se compadeció de él y para salvarlo lo convirtió en gato. Pero, entonces, el ratón convertido en gato empezó a tenerle miedo a los perros, y el mago, para salvarlo, lo convirtió en perro. Entonces, empezó a tenerle miedo a los tigres ( que en la India hay muchos y se comen a los perros). El mago, entonces, lo convirtió en tigre, pero el ratón convertido en tigre, empezó a temer al cazador.
Llegados a ese punto, el mago se dio por vencido y volvió a convertirlo en lo que era, diciéndole: Nada puedo hacer para ayudarte; son inútiles mis esfuerzos, porque siempre tendrás corazón de ratón. 

EL DESALIENTO




Se había corrido la voz de que el diablo, por fin dejaba el negocio. Y parece que era así nomás, porque en la puerta de su enorme mansión había un largo caballete con todas las herramientas del diablo a la venta. Y por ahí estaban los odios, las guerras, todo, todo ahí expuesto y los interesados preguntando precios. Así que un señor requería ¿cuánto me sale ésta guerra? Y por dos ¿Me hace precio? Y así estaba hasta que en un costado había una herramienta con forma de cuña, muy gastada, muy usada se veía. Así que este hombre le preguntó al diablo: Y esto ¿Qué es? ¡Ah! Mi amigo, le contestó el diablo  eso, eso es el desaliento. Y ¿Cuánto cuesta? le preguntó el hombre. La respuesta lo dejó anonadado. Un despropósito el precio. Pero dígame porque tan caro. Sabe porque mi amigo, respondió con seguridad el diablo. Cuando a mí las otras herramientas ya no me dan resultado, yo apelo al desaliento. Yo con el desaliento, me meto en la persona y hago con ella lo que quiero. Bueno, el desaliento era tan, pero tan caro que el diablo no lo pudo vender, así que un consejo: anden con cuidado porque el desaliento sigue siendo propiedad del diablo
Este  cuento fue relatado por la Cuenta Cuentos Marta Lorente en el programa radial “ Mediodías con Opinión”. La transcripción que se efectúa proviene de la desgrabación de dicho relato.         
DIOS









Un hombre muere y es recibido por Dios en el cielo. Duda en entrar. Dios lo invita a pasar diciéndole: Pasa, buen hombre, conozco tú historia y puedes entrar. El hombre tímidamente le dice: Estoy dudando porque no si se debo entrar porque mi hijo se convirtió. Dios entonces le dice: no hay problemas, a mí  me pasó lo mismo, mi hijo cambió de religión. Estupefacto el hombre le pregunta  Dios ¿ Y Ud. que hizo?  Un nuevo testamento    
EL SUEÑO DE LA MOSCA HORRIPILANTE









Cuento Chino  anónimo  
Li Wei soñaba que una mosca horripilante rondaba por su habitación, interrumpiendo inoportunamente una de sus profundas meditaciones. Molesto, comenzó a perseguirla tratando de acallar con un golpe su desagradable zumbido. Portaba en la mano, con tal objetivo, la primera edición de Con la copa de vino en la mano interrogo a la luna, poema épico de su entrañable amigo Li Taibo. Corrió y corrió incansablemente entre el reducido espacio de esas cuatro paredes, sacudiendo sus brazos cual si fuera él mismo una mosca. Dicha empresa le sirvió de poco. La mosca, posada en el marco del retrato de su amada, lo miraba con aburrida indiferencia. Exhausto por la persecución, Li Wei se despertó agitado. Sobre la mesa de luz estaba posado, distraído, el fastidioso insecto. De un viril manotazo, el filósofo acabó con la corta vida de la triste mosca. 
Li Wei jamás sabrá si mató a una mosca o a uno de sus sueños.
LA OVEJA NEGRA
 







Por  Augusto Monterroso
En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada.
Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.
Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.


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15 enero 2017

Donde chocan la ciencia y el sinsentido

Esta nota, escrita por el director del Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias de la UBA, fue publicada ayer por Nature, una de las dos revistas científicas más prestigiosas e influyentes de todo el mundo, con cuya autorización se tradujo y reproduce.
(Imagen: Leandro Teysseire)
Por Alberto Kornblihtt *
El gobierno del presidente Mauricio Macri en Argentina cumplió su primer año el mes pasado, pero hay poco que celebrar para los científicos.
El malestar que se vivió en el país llegó a las tapa de diarios de todo el mundo cuando miles de investigadores, estudiantes de posgrado y posdoctorados ocuparon el Ministerio de Ciencia durante cinco días. Esa protesta terminó con concesiones paliativas de las autoridades –la oferta de 500 becas de posdoctorado a aquellos a los que se debería haber garantizado posiciones de investigador junior– pero los problemas son mucho más profundos.
Macri es el hijo de un poderoso industrial y antiguo socio del presidente electo de Estados Unidos Donald Trump en el desarrollo de negocios inmobiliarios.  Los Panamá papers, una enorme cantidad de archivos fiscales filtrados en abril pasado, mostraron que él (y su padre y sus hermanos) eran propietarios de varias sociedades offshore. El presidente está aplicando sin rodeos un plan contra-keynesiano de apertura de la economía, reducción del rol del estado, aumento de la deuda externa y creación de desempleo para reducir el costo de los salarios. Y –a pesar de que en su campaña prometió aumentar la inversión– la ley de presupuesto nacional impulsada por Macri y aprobada por el Congreso para 2017 recortó en un 30 por ciento los fondos para la ciencia y la tecnología.
Estos brutales ajustes se hicieron para revertir una década de sólida inversión y progreso en la ciencia argentina. Bajo los anteriores gobiernos, más de 1300 jóvenes investigadores regresaron al país y fueron puestos en órbita dos satélites de comunicación hechos en el país. Durante esos gobiernos también se creó el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva y se construyeron 150.000 metros cuadrados destinados a institutos de investigación, para albergar el creciente número de investigadores, estudiantes de postgrado, posdoctorados y técnicos que trabajan para el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Conicet), la institución que funciona como nave insignia del área.
La muestra más evidente del enfoque adoptado por el actual gobierno se vio en el intento de reducir el número de puestos para jóvenes investigadores financiados por el Conicet; fue esto lo que desató la toma del Ministerio y solo ha sido parcialmente resuelto.
Al mismo tiempo, fueron suspendidos los programas de desarrollo de satélites comunicacionales, y la inflación y la devaluación de la moneda redujeron el poder adquisitivo de los salarios y los subsidios para la investigación.
Los científicos en Argentina temen que se vuelva a repetir la fuga de cerebros ya sufrida por el país tanto en tiempos de gobierno militar como de crisis económica. En este momento, los colegas informan que jóvenes científicos argentinos que trabajan en Europa y Estados Unidos están repensando la posibilidad de volver al país. 
Los argumentos utilizados por ministros y funcionarios para justificar los recortes presupuestarios son falsos y falaces. La pobreza generalizada en la Argentina, se nos dice ahora, hace injusto y poco ético dedicar la misma cantidad de dinero que anteriormente a la ciencia. (¡Como si la pobreza no existiera antes!) A diferencia de otros países, Argentina debe su pobreza estructural no a la limitación de sus recursos naturales o humanos sino a una perversa y desigual distribución de la riqueza y a un sistema impositivo regresivo. Parece injusto castigar a los científicos por tal sistema, en especial cuando el presidente Macri eliminó los impuestos de exportación para la agricultura y la minería, tal vez las dos ramas de la economía más rentables del país. 
Pero es aún peor. Los funcionarios hicieron una serie de declaraciones provocativas que amenazan los valores sociales aceptados de la ciencia, la investigación y las iniciativas académicas. Entre ellas se incluyen: “Los investigadores deberían ser evaluados por el número de puestos de trabajo que generan y no por el número de ‘papers’ que publican”; “Cada doctor debe ser alentado a crear su propia empresa”; y “los científicos del Conicet son meros ‘publicadores de papers’ que no devuelven a la sociedad aplicaciones útiles”. En otras declaraciones se aseguró que “Los jóvenes científicos deben irse al extranjero”, sin ofrecer al mismo tiempo un programa gubernamental que respalde el perfeccionamiento en el extranjero de los posdoctorandos.
Con estas afirmaciones, el Gobierno intenta explotar los conflictos entre la ciencia básica y la ciencia aplicada, con el objetivo de sembrar en la sociedad la desconfianza hacia los científicos y su trabajo, y para atacar a las Ciencias sociales. Esta confusión entre la generación del conocimiento y la generación de la tecnología no es inocente, sino que está destinada a generar falsas concepciones sobre el papel de la ciencia en la sociedad.
Los científicos argentinos están orgullosos del desarrollo alcanzado: una potente red de universidades públicas gratuitas; dos premios Nobel en ciencia que hicieron sus descubrimientos en Argentina; y siete miembros extranjeros de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos. Llamar a estos científicos “publicadores de papers” es ofensivo, como si los “papers” científicos fueran el objetivo final de la investigación en lugar del medio a través del cual se hacen públicas las conclusiones relevantes.
                                         
Para completar este panorama de sinsentidos, el jefe de Gabinete de Ministros, Marcos Peña, atacó uno de los fundamentos de la ciencia diciendo que “el pensamiento crítico ha hecho demasiado daño a nuestro país”. Y continuó: “Alguna gente en Argentina piensa que ser crítico es ser inteligente. Nuestro Gobierno piensa que ser inteligente es ser entusiasta y optimista”.
Esto puede parecer un absurdo, pero encaja perfectamente con el concepto New Age de la “revolución de la alegría” proclamada por Macri como un lubricante para los conflictos sociales. Nuestros colegas de todo el mundo deberían saber que, en esta nueva Argentina, la ciencia y la tecnología pueden volverse prescindibles. Seguro habrá más protestas. No vamos entregar el pasado y el futuro de la ciencia sin dar batalla.
* Biólogo molecular, doctor en Ciencias Químicas y licenciado en Ciencias Biológicas, que se desempeña como investigador superior del Conicet y docente universitario en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires. Autor de trabajos publicados en las principales revistas internacionales. Miembro de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos.
PUBLICADO EN LA CONTRATAPA DE PÁGINA 12  11 DE ENERO DEL 2017


14 enero 2017

LA ENTRETELA DEL PODER


Poder económico, medios, periodistas, abogados, jueces constituyen un tejido que cuesta desentrañar. En el caso del macrismo, buena parte de esa entretela está a la vista. Constelación de CEOS, incompatibilidades con  empresas donde fueron dueños o personal jerarquico, la política como la continuación de los negocios salteando la intermediación de los profesionales de la política. A pesar de lo mucho que se denuncia, se mantienen oculto como en un iceberg buena parte de lo que queda está por debajo de la superficie. Lo que se percibe claramente una economía en suma atendida por sus dueños y gerentes
En el libro del periodista Ignacio Zuleta “Macri confidencial. Pactos, planes y amenazas”, en líneas generales muy favorable al Presidente, se puede leer algunas sorprendentes revelaciones referidas al inspirador del decreto por el cual se intentó designar dos jueces de la Suprema Corte, de lo cual el gobierno debió luego dar un paso atrás. Se trata de Fabián Rodríguez Simón, alias Pepín.  José Torello, íntimo amigo del Presidente, integrante de la cofradía del Cardenal Newman,  cuenta Zuleta: “le pidió a Simón Rodríguez un candidato para ocupar la Secretaría de Deportes de la gestión que comenzaba en 2007. Propuso a Juan Pablo Piccardo que estaba con él en el estudio de abogados Llerena y Asociados, pero le cambiaron el destino en el debate previo a  la asunción. Terminó a cargo del área de Espacio Público para el que se alistaba Carlos Tramutola (h), estrella fugaz del primer macrismo que regresó pronto a la actividad privada. Piccardo lo propuso  a Rodríguez Simón como jefe de Gabinete del Ministerio del Espacio Público. Ese último año después de haber vendido sus acciones como socio del estudio Llerena y con intención de descansar un tiempo, había viajado a ver un mundial de rugby en Francia  ……Piccardo intimó a Rodríguez Simón a que se sumara al equipo y regresó al país….Al frente del área del Espacio Público del gobierno porteño, Rodríguez Simón tuvo sus primeras apariciones en público debido a que  enfrentó manifestaciones callejeras  de vendedores ambulantes y otros géneros de piquetería criolla. En una oportunidad fue agredido de mala manera y se mostró su rostro por TV con escupitajos de agresores. Acuño su expertise en el enfrentamiento de emergencias que otros funcionarios preferían eludir, como el auxilio callejero de homeless, las manifestaciones en el Hospital Borda para evitar su traslado y construir la nueva sede del gobierno porteño, y otras tareas que lo acercaron a Macri  y lo volvieron imprescindible. Por eso, en mayo del 2009 dejó el  cargo en Espacio Público y pasó a ser asesor entonces directo del entonces jefe de gobierno de la ciudad.  En septiembre de ese año, asumió la dirección del proceso judicial del Grupo Clarín contra el Estado por la aplicación de la Ley de Comunicación Audiovisual, hasta el final de la querella en 2013. Dirigió la demanda en primera y segunda instancia, pero no lo hizo en la apelación final ante la Corte. “Les dije que nos iban a cagar en la Corte, y al final nos cagaron; yo tenía razón” expresó Rodríguez  Simón.



Estuvo cerca de Macri en todos los momentos claves de la gestión porteña. Fue el inspirador del decreto especial  que firmó Macri en mayo del 2013 para proteger los medios de comunicación”  Zuleta no dice medios hegemónicos sino que la ley a aplicar en el ámbito porteño era para defender “a los medios de comunicación que eran agredidos por el gobierno kirchnerista y amenazado de ser intervenidos” Continúa Zuleta: “Macri mediante el decreto del 15 de mayo del 2013 creaba un “Régimen de Defensa de la Libertad de Expresión en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Esa norma debió ser ratificada por la Legislatura, no sin un agrio debate y se justificó en la intención de proteger la tarea de los periodistas dentro de la jurisdicción de la ciudad y preservar los medios de comunicación. El texto lo redactó Rodriguez Simón sobre la base de la Constitución que prohíbe leyes de imprenta y la injerencia de la jurisdicción federal para recortar la libertad de expresión. Uno de sus artículos sostenía que ninguna autoridad pública podrá intervenir en manera alguna, ni designar ni interventores ni administradores coadyuvantes, ni veedores con o sin derecho a veto, ni participar, ni directa ni indirectamente, en la dirección, gerenciamiento o control societario de los medios de comunicación con domicilio e la ciudad. Asimismo, prohibía explícitamente la clausura de medios o la decomisación de equipos de comunicación” No le costó a Pepín convencerlo a Macri, ni tampoco a  José Manuel de la Sota que en los días siguientes hizo sancionar una norma similar en Córdoba”
Hasta aquí queda claro que un asesor  de Macri, que redactó un decreto de protección de Clarín en la Capital fue el jefe de abogados del grupo contra la Ley de Medios en primera y segunda instancia.
 Pero esto no termina aquí: su tarea se completó, consigna Ignacio Zuleta ya que : “fue asesor en los decretos que demolieron los organismos creados por la Ley de Medios de Comunicación Audiovisual. Colateralmente también participó en las leyes de blanqueo y en la crisis de las tarifas.
Por todo ello Zuleta  escribe en la página 221: “ Le cabe a Rodríguez Simón la calificación de partero de la Historia, sin quien no se explica el Macri que conocemos”
Más allá de las conclusiones del periodista, es un caso claro de la promiscuidad de Magnetto y Macri. De mandante y mandado. Fabián Rodríguez Simón, un abogado de bajo perfil, es el botón de muestra del primer párrafo de esta nota: Poder económico, medios, periodistas, abogados constituyen un tejido que cuesta desentrañar. En el caso del macrismo, buena parte de esa entretela está a la vista. Constelación de CEOS, incompatibilidades con sus empresas dejadas de lado, la política como la continuación de los negocios salteando la intermediación de los profesionales de la política. A pesar de lo mucho que se denuncia, lo que se mantiene oculto como en un iceberg debajo de la superficie  es precisamente lo que explica lo que sucede a la luz pública.  
13-01-2017


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12 enero 2017

Hace unos días, mi hijo y mi nuera me hicieron abuelo. Muchas veces a lo largo del embarazo les dije que ser padres, es vivir con diferentes miedos a lo largo del resto de vida de los padres. Esta nota publicada por la escritora Claudia   Piñeiro en Clarín del domingo  8 de enero lo refleja con calidad literaria
Hijos en tránsito
 “En la vida llega un momento, y creo que es fatal, al que no se puede escapar, en que todo se pone en duda: el matrimonio, los amigos, sobre todo los amigos de la pareja. El hijo, no. El hijo nunca se pone en duda.” "Escribir"Marguerite Duras.
        
Bajás a la playa, como lo hacías veinte o treinta años atrás, liviana de equipaje: la toalla, un libro y el bronceador. Ahora sumás el teléfono y los anteojos. Buscás un lugar donde ubicarte, el que a vos te gusta. No tenés que elegir más en función a otros. Sonreís aliviada. Extendés la toalla. Mirás las sombrillas a tu alrededor y te alegrás de que, por fin, solo tengas que pensar en vos. Ya no más cargar baldecito, palita, barrenador, tejo, pelota, una toalla para cada chico, paletas, cartas, dados, heladera con gaseosas y sándwiches. Ahora sos vos y tu alma. Tal vez, vos, tu alma y tu pareja, pero él se cuida solo. Te instalás mirando el mar, abrís el libro dispuesta a pasar un momento relajado. Como en el reflejo condicionado de Pávlov, el llanto de un niño a tu izquierda te pone en alerta. Pero te concentrás en el aquí y ahora y te das cuenta de que no hay por qué preocuparse. Ese chico no es tuyo, ese llanto no es tuyo. Desactivás la alarma interna, no te tenés que ocupar vos. Tampoco del otro que unos minutos después pide a los gritos que alguien lo acompañe al mar. Ni de la niña que viene corriendo desde la orilla a quejarse con el padre porque su hermano le tiró arena en los ojos. Ni de la cara de pocos amigos del adolescente al que la madre no convence de que se saque la ropa y salga de abajo de la sombrilla.

 Nada de eso es ya tu problema. Podés leer, caminar, mirar el mar, lo que te plazca. Otra vez intentás sumergirte en la lectura. Sin embargo, algo no te deja. Es que anoche, a las tres de la mañana, te despertó el mensaje de uno de tus hijos, el que se fue de vacaciones a Cuzco, para avisarte que des de baja su extensión de la tarjeta de crédito porque le robaron la billetera. “¿Estás bien? ¿Cómo fue”, le respondiste. Esperaste diez minutos en vela porque la respuesta no llegaba. Diste de baja la tarjeta. Al rato: “Pirañas, mamá, le robaron a varios en el mismo lugar”. Vos no entendiste, era tan tarde, tenías tanto sueño: “¿Pirañas?” Y él no respondió sino una hora después, cuando justo volvías a quedarte dormida. “Así llaman acá a esos robos”. Insististe: “¿Vos estás bien?”. Nada. Le avisaste que la denuncia estaba hecha y agregaste unas preguntas: qué más le robaron, si tenía documentos, si le alcanzaba la plata para continuar el viaje. Tu hijo seguía desconectado. “Ya es grande”, te repetiste en la noche de insomnio, “tiene que saber cómo manejar esto”. Pero a la mañana en la playa, por las dudas, antes de empezar a leer, rodeada de llantos y quejas ajenas, le sumás dos o tres mensajes más indicándole cómo manejarlo. De paso chequeás si tu otro hijo, el que fue a San Luis, está conectado, y verificás que la última vez que lo hizo fue hace tres días. Te decís que seguro no tiene señal o se quedó sin batería. Que ya lo va a hacer. Y antes de dejar el teléfono confirmás que tu hija, la más pequeña que se fue de mochilera a Los Siete Lagos con tres compañeras de la facultad, tampoco está en línea. Pero de ella no sabés cuánto hace que no se conecta porque le sacó al teléfono la función que indica si vio o no un mensaje. Respirás otra vez, mirás el mar, luego las sombrillas a tu alrededor y añorás aquella época en la que sólo se trataba de cargar el barrenador.
Cada etapa tiene sus encantos y sus vicisitudes. Y para algunas vicisitudes uno está menos preparado que para otras. Nadie te avisa, por ejemplo, lo difícil que será la etapa de “los hijos en tránsito”. Ese tiempo indeterminado que puede empezar en algún momento posterior a la finalización del colegio secundario y que se extiende hasta que ellos deciden que quieren ir a vivir solos y pueden hacerlo. Cuando empiezan a decirte “vieja” o “viejo”, aunque vos no te sientas que lo sos. Uno de mis hijos me tenía agendada en su teléfono como “Javie”. Pensé que era un error, que había mezclado mi número con el de algún Javier, hasta que entendí que Javie era vieja con las sílabas invertidas. Como cuando decíamos “el broli” por el libro, o “un langa” por un galán. Había empezado la etapa en que dejábamos de ser “ma” y “pa” , para ser Javie y Jovie. Pero no tuve consciencia en el momento porque todo lo demás, en apariencia, seguía igual.
Todo sigue igual. Viven en nuestra casa pero no conviven con nosotros, cohabitan. Están pero no están. Intentan hacer su vida sin que nos metamos en ella, y nosotros tratamos de controlarlos con la muletilla: “Mientras vivas en esta casa”. Francoise Dolto lo explica muy bien: “podemos satisfacer sus necesidades económicas pero no sus deseos.” Ni sus ilusiones, ni lo que esperan de su vida inminente. Y lo que verdaderamente nos inquieta, lo que nos perturba, es que, por fin, tenemos que asumir que se van a ir. Ya se están yendo. Apenas están en tránsito. El sentimiento es ambivalente, por momentos queremos que se vayan ya y por momentos no queremos que se vayan nunca. Lo interpretaron con gran veracidad Oscar Martínez y Cecilia Roth en aquella película del 2008 de Daniel Burman: "El nido vacío". El título refiere a la época posterior, aquella en que los hijos ya se fueron y la pareja queda sola. Pero en realidad el presente narrativo es el momento anterior a esa partida. Leonardo, un dramaturgo prestigioso, y Marta, una socióloga que no llegó a concluir sus estudios, vuelven de una cena a la casa donde aún conviven –o cohabitan- con sus hijos. Y la encuentran como la encontramos todos: zapatos tirados por el camino, la cocina revuelta, el living con restos de bebidas, papas fritas, cigarrillos y otros restos de la noche. Leonardo abre la puerta del dormitorio de la hija y comprueba que no está. Marta le dice que la chica había avisado que tal vez no venía a dormir. Pero a él no lo alivia el “había avisado que tal vez…” y decide pasar la noche en un sillón tratando de escribir una nueva obra. Y esperando a su hija. La etapa de los hijos en tránsito es básicamente eso: una espera insatisfecha. Y no esperás sólo que regresen por las noches: esperás un llamado, la confirmación de que cenan o no en casa, la respuesta a si pasarán el fin de año con uno o con sus amigos. Deseas que hagan un mínimo movimiento que te deje tranquila y ellos, como si quisieran educarte en la espera, no lo hacen.
En la época de las vacaciones es donde, si no lo captaste antes, se pone en brutal evidencia la situación de hijos en tránsito. Porque es el momento en el que pueden elegir no pasarla con uno. Pero como la decisión la toman a sus tiempos, durante el período anterior abrigás la esperanza de que a lo mejor alguno quiera ir con vos y por las dudas alquilás un departamento que excede las necesidades de tus vacaciones. “Si falta más de un mes para el verano, mamá”, te dicen sorprendidos por tu ansiedad. Simulás paciencia. Te entusiasmás con la idea de que vendrán a medida que pasan las semanas y no concretan otro plan. Pero no, unos días antes de partir se les arma su programa y vos te alegrás porque están contentos pero te maldecís porque otra vez esperaste en vano. Por fin frente al mar, con el murmullo de las olas mezclado con el llanto del chico que quiere ir al agua y nadie lo acompaña, te das cuenta de que estás pensando como tu madre, hablando como tu madre, quejándote como te molestaba que lo hiciera tu madre. Entonces abrís el libro dispuesta a no ser tu madre y que ellos no acaparen tu atención aún en ausencia, mientras te preguntás: “¿Hasta cuándo?”. Respiráschequeás una vez más el teléfono, le acercás la pelota que rodó hasta tu toalla al niño que juega a tu lado. Le sonreís a la madre que tiene cara de que no da más. Dejás la vista justo en el lugar donde rompe la ola. Y seguís esperando.

10 enero 2017

En marzo del 2009, escribí una carta abierta al rabino Bergman bajo el título de Sergio. Ahí se contrastaba un Bergman progre que transitó por Memoria Activa con alguien atrapado y al mismo tiempo feliz de ser cooptado por el establishment. Luego pasó a ser figura del PRO, siendo legislador por la Ciudad de Buenos Aires del 2011 al 2013, diputado nacional por la Capital Federal, y con la llegada de Mauricio Macri  a la presidencia, fue designado Ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable, desde donde exhibe una ineptitud  superlativa y declaraciones presuntamente serias que empalidecen a los humoristas. Dentro de la vida política y social de la AMIA, hizo alianza con los sectores religiosos ultra ortodoxos, facilitando su arribo al gobierno comunitario, más allá de disidencias posteriores.
De la nota, a pasado casi 8 años, sólo rectifico lo de su buena oratoria. La misma se fue degradando en juegos verbales vacíos, incluso en una imitación aún menor de los aforismos de José Narosky.             

SERGIO
 ¿Sabes una cosa Sergio? No te reconozco. Y sin embargo estás igual. La misma kipá multicolor. La misma buena oratoria. Tu rostro joven. Sí. Estás igual que cuando pedías justicia por las victimas del criminal atentado contra la AMIA. Ahí en Plaza Lavalle frente a tribunales. Cuando eras un referente de Memoria Activa. Junto a Diana Malamud y Laura Guinzberg. Pasó mucho tiempo. Por eso  tal vez se me confunden los tantos. Pero si mal no recuerdo te referenciabas en Marshall Meyer, el rabino que acompañaba a las madres en los años de plomo, en sus rondas alrededor de la Pirámide de Mayo. Aquel al que un día se le acercó un padre cuya hija estaba desaparecida y le dijo: Marshall ¿Qué haces aquí? ¿Tenes un hijo desaparecido? No le respondió. Estoy aquí porque vos tenes un hijo desaparecido.
Estás igual y sin embargo no te reconozco a pesar de la misma kipá multicolor. Dejaste Plaza Lavalle y reapareciste en la Plaza del Congreso colocándote en el palco a la derecha de Blumberg. Cambiaste a la libertad del himno repetida tres veces por la seguridad por triplicado. Y eso no es muy republicano. Aunque entonces aún no habías adherido al discurso del democratismo vacío. Marshall Meyer ya no te guiaba. Ahora te seducía el falso ingeniero. Y la prensa del establishment empezó a darte espacio. Ahora te buscaban, hacías declaraciones, te convertías en un referente moral. Aunque para ello estuvieras rodeado de admiradores del terrorismo de estado, de la mano dura. Lejos quedaban los lunes poco concurridos de Plaza Lavalle. Ya no estás en Memoria Activa. Ahora militas en Amnesia Activa. Nada de lunes sin gente y sin prensa. Velas y medios.  Buscaste la cobertura del cristianismo institucional: Bergoglio, Marcó. Escribiste un libro, El Manifiesto Cívico Argentino que parece una versión actual de los manuales de educación democrática, materia que se implementó a partir de la Revolución Fusiladora.  Para que el pueblo no cayera nuevamente en una dictadura.  
Ahí también se hablaba de república y democracia mientras se proscribían a las mayorías populares. No se podía, sin cometer un delito, mencionar a Perón, Eva Perón, Partido Justicialista. No tenían voz los millones que lo respaldaban. Pero los Bergman de entonces hablaban de la segunda tiranía. Y los que se decían democráticos y revolucionarios eran entre otros tus socios actuales Sergio: la Sociedad Rural, el diario La Nación, la Iglesia Institucional, el diario Clarín, las franjas de clase media que miraban despectivamente a los cabecitas negras que tenían el tupé de gozar de derechos solo reservados hasta entonces  a otros sectores. ¿Sabes Sergio que los cabecitas negras han sido discriminados, aquí, en nuestra argentina, como los judíos los han sido en otras sociedades? Y vos Sergio, el que tenía como referente a Marshall Meyer, al humanismo judío, el de la kipá multicolor, hoy bendecís a muchos de los discriminadores. Hablás de nuestros hermanos del campo. No te referís a los peones rurales. A los pequeños y medianos propietarios por fuera del modelo sojero, a los campesinos sin tierras o expropiados de la zona no pampeana. A ellos no los ves. Los “hermanos del campo” son Biolcatti, Miguens, Llambías, Grobocopatel. Te convocan a dar charlas de la Mesa de Enlace junto a Vicente Massot, el sólido cuadro intelectual y propietario de Nueva Provincia, tradicional vocero de la Marina, que justifica la tortura, defendió el terrorismo de Estado y minimizó el holocausto. ¿Será que si ese Dios en que crees, contemplara nuevamente impávido una remake de los años de plomo, vos estarías contra los que denostaban a las madres que buscaban a sus hijos? Si existe una vida después de esta, Marshall Meyer debe haberse muerto de nuevo.   
Pareces la versión religiosa en envase judío de Elisa Carrió. Por eso dijiste ayer: “Hay una Argentina que puede ser República después de Néstor” “No entreguen ningún voto, ni la dignidad”  “Hay que llenar las mesas para que no nos roben los votos” “Tenemos que tomar eso que aprendimos de los hermanos del campo. Hay que organizarse para defendernos. La inseguridad se resuelve con decisión política”.
Créeme Sergio que no te reconozco. Aunque estés igual. Con tu kipá multicolor, tu habilidad oratoria y tu figura de joven querible. Cambiaste tu discurso y tus amigos. Tus aliados. Nunca más la marginalidad. Ahora la primera plana del establishment. Por eso dijiste ayer, en un acto contra la inseguridad que convertiste en un acto opositor, que no hay que confundir “el legado de Perón con la locura de Nerón”. No seas hipócrita Sergio. Vos, si hubieras sido contemporáneo y mayor de edad entre 1945 y 1955, habrías estado contra “la segunda tiranía”.  Preguntale sino a tus nuevos amigos. Donde estuvieron o donde se hubieran ubicados. Hubieras dicho que Perón era Nerón. Que incendiaba la República y asesinaba la democracia. Y que sus seguidores eran la barbarie. Para que se concrete la República que vos y tus aliados quieren, hay que implantar el voto calificado. Y en la lógica de ese razonamiento de democracia blanca es posible que vos como argentino de origen judío también quedes excluido.


Tanto esperar el Mesías, que te impacientaste. Tu confusión te llevó primero a encontrarlo en Blumberg y ahora en la Mesa de Enlace. Crees que Alfredo de Angeli es la reencarnación de un combatiente del Gueto de Varsovia y Elisa Carrió una continuación de los profetas.
No te reconozco Sergio Bergman. Te ha encandilado el vellocino del oro mediático. Cada vez más cerca de los poderosos. Reemplazaste el Antiguo Testamento por el diario La Nación. Cada vez más lejos de Dios si este existe. Que él, que contempló impávido Auschwitz y la Esma, los bombardeos en Gaza, en la Plaza de Mayo, las atrocidades múltiples y tus involuciones, te perdone.                                    
 18-03-2009


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