04 marzo 2015


El 24 de febrero se subió a EL TREN, el periodista Andrés Fidanza autor de una biografía sobre Francisco de Narváez y que acaba de realizar con la periodista Sonia Budassi, un interesante investigación sobre el fiscal Alberto Nisman publicada en la revista Anfibia de la Universidad de San Martín. Un viaje apasionante sobre aspectos poco conocidos del fiscal cuya denuncia y muerte ha conmovido al país en los últimos cuarenta y cinco días.

Póngase cómodo que lo llevaremos por territorios desconocidos. Le prometemos engrosar su equipaje de conocimientos  

01 marzo 2015

          MARCHA SIN DESTINO DE JUSTICIA
                             


       

Todo terminó siendo una gigantesca confusión. Una marcha multitudinaria que los medios dominantes exageraron en su volumen, pidiendo justicia a fiscales de los cuales varios de ellos la entorpecieron en forma reiterada y persistente y cuyos comportamientos cuestionables en diferentes causas ha sido profusamente informado.  Si se pasa a algunos convocantes ubicados en un discreto segundo plano, la situación se acentúa  como en el caso del ex juez Luis Cevasco presidente de la asociación argentina de fiscales  que falló cuando era juez a favor de  la escuela religiosa Santa Unión de los Santísimos Corazones aunque la autopsia reveló que Jimena Hernández, de once años, consumada nadadora no tenía agua en sus pulmones por lo que había sido asesinada y arrojada a la pileta. El ex fiscal Juan Manuel Romero Victorica se lo pudo ver sobre el escenario,  con un pasado vinculado a los terroristas de estado, a Bunge y Born, y cobertura del militar que le sustituyó su identidad a la nieta  Victoria Montenegro. Suponer que la nueva justicia esté representada por los cinco fiscales convocantes  y por personajes con la historia de los mencionados como fogoneadores de la marcha, llevará a una frustración cercana, cuando los meses vayan desvistiendo a los nuevos vestales coyunturales  de la justicia. A buena parte de los ciudadanos que concurrieron se le podría aplicar la ironía de un escritor británico cuando se refería al periodismo. Decía Gilbert Keith Chesterton: El periodismo consiste esencialmente en decir 'lord Jones ha muerto' a gente que no sabía que lord Jones estaba vivo”. La inmensa mayoría de los manifestantes conocieron la existencia del fiscal Alberto Nisman, cuatro días antes de su  muerte, cuando presentó la denuncia de la existencia de un plan delictivo destinado a dotar de impunidad a los imputados de nacionalidad iraní acusados en dicha causa para que eludan la investigación y se sustraigan de la acción de la justicia argentina” que implicaba a la presidente de la nación y su canciller.
La muerte del fiscal Alberto Nisman y su elevación a la categoría de héroe para algunos y de mártir para la inefable doctora Elisa Carrió queda encuadrada  en una certera e irónica frase de Jorge Luís Borges: “Nada mejor que la muerte para mejorar una vida”  
Precisamente durante su actividad de fiscal en la causa AMIA,  Nisman fue parte del problema más que del esclarecimiento, que no figuró para nada en la convocatoria y que difícilmente hubiera atraído la atención y preocupación de los manifestantes. 
Resulta fácil inferir que si la denuncia no hubiera implicado a la presidente, tal vez la convocatoria nunca se hubiera hecho y de haberse concretado, el grosor de la concurrencia hubiera sido considerablemente menor.
Se llegó a una rara coincidencia mayoritaria en la descripción de la composición social de la marcha: clase media fundamentalmente, pequeña representación de clase alta y algunos ciudadanos aislados de los sectores populares, con una distribución etaria mayoritaria a los  cincuenta años  y con poca presencia juvenil. Posiblemente el análisis del periodista Conrado Yacenza de en la tecla: “Esos jóvenes no orgánicos ¿desde qué estructura partidaria pueden ser convocados? ¿a través de qué organización política pueden canalizar sus expectativas de cambio? Sabemos que ni el trotskismo ni el kirchnerismo convocaron o adhirieron a la marcha, y la mención nos es caprichosa sino que allí puede hallarse una explicación ya que estas plataformas políticas están conformadas por un fuerte componente juvenil.”


 La marcha fue opositora y eso es absolutamente legítimo. El gobierno en lugar de levantar la bandera que mantuvo en forma irrestricta en buena parte de los doce años de no criminalización de la protesta social, que seguramente mereció la crítica de muchos de los manifestantes del 18 de febrero, decidió denostar, lo que fue un incentivo para los concurrentes.


Definirla como política es una redundancia obvia porque toda congregación de personas que protestan siempre es política y es excelente que lo sea. Lo que resulta equivocado es ocultar las verdaderas intenciones. El periodista Alberto Dearriba lo describió con precisión: “En verdad, la ofensiva antigubernamental sería legítima si no estuviera disfrazada de causa judicial y de defensa republicana. No es malo que los sectores conservadores se manifiesten en las calles como suelen hacerlo las fuerzas populares. En verdad, resulta saludable que asuman la defensa de sus ideas e intereses a la luz del día, en lugar de hacerlo como ocurre habitualmente en ámbitos oscuros vedados al pueblo. Muchos de ellos jamás reclamaron justicia por la masacre de la dictadura, ni se manifestaron para que se aclare la turbia investigación de la voladura de la AMIA. También resulta saludable para la democracia que el gobierno garantice el derecho de la oposición a manifestar sus reclamos. Pero no parece legítimo que se intente vender gato por liebre; que se disfrace una movida política contra el gobierno nacional de encendida defensa republicana. El verdadero contenido profundamente opositora de la marcha del miércoles se filtró en las declaraciones periodísticas de los dirigentes políticos que participaron, en algunas pancartas de los manifestantes y en el tratamiento de los medios. Por supuesto que entre la multitud que marchó pese a la lluvia pertinaz, había miles de personas que fueron a homenajear al fiscal Alberto Nisman. Pero a quién le pueden hacer creer que no se aprovechó la dudosa muerte del fiscal para promover una manifestación opositora al gobierno. Miles de aquellos manifestantes de abril del año pasado que veían en la reforma judicial promovida por el Ejecutivo una intromisión de la política en la justicia, estuvieron seguramente en la calle el miércoles haciendo política con la justicia. Por un lado cuestionaron las reformas por su contenido político y por el otro, le cargan al gobierno la sospecha de un asesinato político, mucho antes que la justicia se pronuncie. Y avalan la presentación de una denuncia que, según reconocidos juristas, no tiene asidero.”

El ensayista Alejandro Horowicz escribió: “la marcha del 18 F expresa una fuerza conservadora pero moderna y democrática, que electoralmente engrosaría las huestes del PRO de Mauricio Macri. La calle suele permitir que marchen juntos los que nunca votaran juntos, y que el silencio no remita al respeto sino a la dificultad de corear consigna comunes. Y la marcha simplemente es eso, miles de hombres y mujeres de cierta edad, casi sin jóvenes, manifestaron su alucinada convicción de que el gobierno impide que se esclarezca el caso Nisman. No se trata de una opinión fundada, sino de un nivel de desconfianza patológica alimentada por décadas de impunidad y ocultamiento.”



El ensayista Horacio Tarcus, autor de una de las mejoras notas sobre el tema escribió: “Dos operaciones retóricas se ponían en juego en perfecta simetría: el relato oficialista convertía en autor intelectual del asesinato al socio de anteayer ( Stiuso), al mismo tiempo que el relato opositor hacía del magistrado kirchnerista de ayer, el virtuoso Fiscal de la República de hoy. Pero fue sobre todo la alquimia opositora la que se mostró exitosa transfigurando a un hombre del poder en un héroe que enfrentó al poder, convirtiendo a un sumiso en un valiente, haciendo de una máscara sin rostro el rostro de una República en peligro. La marcha del 18F vino a probarlo, y una vez más la oposición ganó no sólo las calles sino la misma Plaza de Mayo al gobierno de la épica popular. La oposición republicana comparó la convocatoria con el Cabildo abierto congregado bajo la lluvia un 25 de Mayo de 1810, y coincidiendo con las mascaradas del carnaval, Patricia Bullrich y Laura Alonso se vestían de French y Berutti, y hasta el mismísimo Macri se probaba el disfraz de jacobino. El gobierno, desconcertado en el presente, buscaba un alivio en las comparaciones con el pasado, y remitía el 18F a la Procesión de Corpus Christi de junio de 1955. El pasado como legitimación para los que ganan, como consuelo para los que pierden.”
La justicia es tradicionalmente la última trinchera del poder económico. El filósofo griego Prótágoras, cuatrocientos años antes de Cristo afirmó: “La justicia es lo que el hombre rico dice que es” Más acá, en criollo, en nuestro Martín Fierro, José Hernández escribió: “La ley es tela de araña, y en mi ignorancia lo explico,/no la tema el hombre rico, no la tema el que mande,/pues la rompe el bicho grande y sólo enrieda a los chicos./Es la ley como la lluvia, nunca puede ser pareja,/el que la aguanta se queja, más el asunto es sencillo,/la ley es como el cuchillo, no ofiende a quien lo maneja.”
El intento del gobierno de democratizar la justicia es un proyecto interesante y seguramente   ampliamente perfectible, pero al mismo tiempo no puede evitarse la fuerte sospecha del intento oficial de neutralizar el avance de causas que lo perjudican. Esto le ha granjeado la fuerte animadversión de la corporación judicial afectada en sus intereses. A su vez es preciso señalar que hay jueces funcionales a todos los gobiernos como Norberto Oyarbide y otros que los medios dominantes llaman independientes y que generalmente responden incondicionalmente al poder económico.
A pesar de las puntualizaciones críticas sobre la marcha, el gobierno haría bien en no subestimarla. Los cacerolazos de noviembre del 2012 y abril del 2013, anticiparon el triunfo de Sergio Massa en Buenos Aires y la consolidación del macrismo en la Capital.         
LA MANIPULACIÓN DE LA CAUSA  NISMAN 
Cada vez que la fiscal Viviana Fein se acerca a la hipótesis del suicidio, aparece alguna operación que intenta direccionarla hacia el homicidio. El asesinato es funcional a los sectores que quieren jaquear al gobierno como responsable de la muerte del fiscal. Además la hipótesis del homicidio vaciaría de significado el intento de convertir a Nisman en un hombre que murió por llegar a la verdad en la Causa AMIA. Aunque a la fecha la hipótesis del suicidio es la que ha acumulado más pruebas, no puede descartarse la posibilidad del homicidio. Más allá de los aciertos y errores de la fiscal Viviana Fein, la presión para que oriente la investigación hacia la conclusión de homicidio tiene el objetivo adicional y fundamental que la misma pasaría al fuero federal, fuertemente adverso al gobierno y muy acogedor del poder económico. En el mismo sentido juega la ex mujer de Nisman, la jueza federal Sandra Arroyo Salgado.
La desorientación del gobierno pudo observarse en las contradictorias declaraciones de Aníbal Fernández que luego de denostar durante varios días a la marcha, el mismo día de realización de la misma afirmó que de no ser una persona conocida hubiera concurrido. Igualmente incurrió en una equivocación al referirse en forma despectiva de la fiscal, siendo funcional a los que intentan sacarle la causa y pasarla al fuero federal.
Todos los medios en general  actúan en forma sesgada, pero en esa materia ocupa un lugar principal, en el podio de las operaciones, el diario Clarín. Un día antes de la marcha aparecieron las declaraciones de la testigo Natalia Fernández, con un relato que de haber sido cierto el 10% de sus afirmaciones, hubiera llevado todo a foja cero y con la imposibilidad de reconstituir la escena de la muerte ( no la escena del crimen como habitual y en forma generalizada se la denomina). A pesar que luego se desdijo totalmente en sede judicial, el 23 de febrero Clarín sostenía en un recuadro en página 6: “La testigo insiste en que no cambió su testimonio”
En el magma de informaciones y desmentidas ha quedado traspapelado el editorial de Eduardo van der Kooy, que el domingo 15 de febrero escribió bajo e título “El horror en el país feliz de Cristina”: “Existiría…la constancia de otra irregularidad sospechosa a la hora del desenlace. Una vez que custodios, prefectos, médicos, Sergio Berni, el secretario de Seguridad,  y Sara Garfunkel, la madre del fiscal, comprobaron lo que había ocurrido en el departamento las autoridades buscaron un testigo público ocasional. Así lo estipula la ley en cualquier procedimiento, El destino tocó a una empleada gastronómica de la zona que fue conducida hasta el departamento. Allí permaneció no más de un minuto. Pero el acta fue firmada casi dos días después. En ese momento recibió la constancia para justificar la ausencia a su trabajo, con la firma del subprefecto Sergio Esquivel”
Dos días más tarde toda esta historia era desmentida en el mismo diario en donde  la imaginación creativa del editorialista competía con la mitomanía de la testigo. 
MARCHA SIN DESTINO DE JUSTICIA 


En medio de la notable conmoción de la muerte del fiscal, nadie se priva de la posibilidad de interpretar un papel actoral en una trama que deviene en novela tropical. La diputada Laura Alonso del PRO, afirmó sin que nadie pueda chequearlo que la última vez que se vio con el fiscal, este le dijo mirándola a los ojos: “Cristina lo planeó todo”. Estuvieron también aquellos que en un reduccionismo histórico forzado hasta el ridículo sostuvieron por la lluvia y los paraguas que era una remake del 25 de mayo de 1810.
El habitual solemne columnista Joaquín Morales Solá también recurrió al efectismo del melodrama. Escribió en “La Nación” del 22 de febrero bajo el título “El regreso del miedo a la Argentina: “El poder supuestamente conspirativo vive una atmósfera menos delirante. Vale la pena consignar un ejemplo. El fiscal Germán Moldes y Julio Piumato, el máximo dirigente sindical de los empleados judiciales, no se hablaban desde hacía décadas. Los dos militaron en corrientes distintas del peronismo en los años 70 y ambos sufrieron la cárcel y la tortura durante la dictadura. Dos días antes de la marcha del 18-F debieron participar de una reunión con el resto de los fiscales para organizar la manifestación. Cuando se encontraron después de tantos años de distancia, Moldes dudó durante un segundo fugaz y luego corrió para abrazar a Piumato. Así, abrazados, estuvieron durante varios minutos, mientras los dos lloraban desconsoladamente. "Otra vez tenemos un muerto", se repetían uno al otro. Los otros fiscales, que pertenecen a una generación más joven, observaban entre sorprendidos y conmovidos. "Yo tenía la piel hecha un gallinero", contó uno de los asistentes. El pasado parecía resolverse entre esos dos hombres. Quedaba el presente, pero Moldes y Piumato podrían explicar con ese gesto el espíritu lacerado que se posó en la Justicia y en sus funcionarios. Hay heridas, no golpismo. Lo que sucedió el miércoles último fue algo más que una marcha política y un homenaje póstumo al fiscal Alberto Nisman. Fue la aparición descarnada de un Estado capturado por una facción política, la exposición pública del temor que subyace en las personas que tienen que interpretar y aplicar la ley.”
 Justamente al dirigente sindical de los judiciales se refiere la periodista Mariana Moyano: (Ricardo) Sáenz (uno de los fiscales convocantes) es también quien se pronunció a favor de la constitucionalidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto final. Como sabemos, estos pronunciamientos, no se llevan a cabo “en general”, “en abstracto”, sino a partir de un caso específico. La causa en la cual se expidió, era la que tenía por objeto la investigación del llamado “Operativo Murciélago”, en el cual fue secuestrado Quique De Pedro, padre de Wado y entonces amigo de Julio Piumato. Piumato estaba en la foto, convocando codo a codo a la manifestación con Sáenz. Paradojas de los tiempos.
En esa misma nota, el columnista estrella del más antiguo diario argentino, de lenguaje republicano después de apoyar todos los golpes de estado aseguró: “Nisman no se suicidó. Fiscales y jueces lo dicen ahora abiertamente. Jamás Nisman se hubiera suicidado con un disparo en la cabeza, en el baño y en calzoncillos. Tenía un sentido demasiado obsesivo de la estética como para hacer las cosas de ese modo. Nadie encuentra, además, una sola razón personal o política para que haya llegado a esa determinación. "O lo mataron los servicios iraníes o algún sector de los servicios argentinos", resumió un fiscal que conoce el episodio de la muerte desde el primer minuto.” Contra afirmaciones tan categóricas y definitivas apunta el periodista Alberto Dearriba y las dificultades que encontraría la fiscal de llegar a la conclusión de suicidio: “La construcción mediática de la realidad ha llegado a un punto tal, que resulta difícil imaginar que la fiscal y la jueza que entienden en la causa de la muerte, se animen a avalar la hipótesis de un suicidio, aun cuando reunieran todas las pruebas en su poder.”
Aislado de sus colegas, despreciado por otros, Nisman encontraba una compensación de su fuerte autoestima cuando llegaba a EE.UU y era recibido con un despliegue halagador según una investigación de la revista Anfibia de la Universidad de San Martín realizada por los periodistas Sonia Budassi y Andrés Fidanza: “Un fiscal federal y un juez federal escucharon a Nisman hablar sobre las lujosas camionetas negras que lo esperaban cada vez que pisaba los EE.UU. En esa misma investigación se confirma la soledad del fiscal: “Desde el quiebre con Mullen y Barbaccia se convirtió en un paria ante los ojos corporativos de la familia judicial y cuando en 2004, por iniciativa de Kirchner quedó al frente de una fiscalía dedicada exclusivamente al caso AMIA —junto a Marcelo Martínez Burgos—, su condición de “extranjero” se potenció. Se mudó desde el noveno piso de Comodoro Py a un piso frente a Plaza de Mayo, y así redujo al mínimo su roce con los otros fiscales y jueces federales……”

El 26 de febrero el Juez Daniel Rafecas desestimó la denuncia de Nisman “que dio inicio al presente expediente por inexistencia de delito”. Basado en una estructura que encuentra en el propio escrito de Nisman la refutación de sus denuncias, basta señalar algunos de sus términos contundentes: “Por decirlo en términos llanos, la criatura concebida en el marco del Memorandum, esto es la Comisión de la Verdad, nunca pudo nacer. Desde aquél entonces transcurrieron ya dos años. Y luego, fue sepultada, seis meses atrás, a partir de haber sido declarada inconstitucional. Con este panorama, ensayar aún una hipótesis de delito de encubrimiento, realmente, carece de todo asidero. Tanto desde el punto de los hechos, como especialmente, del derecho………….Ha quedado claro que ninguna de las dos hipótesis de delito sostenida por el fiscal Pollicita en su requerimiento, se sostienen mínimamente, la primera (Comisión de la Verdad) porque el presunto delito nunca se cometió; y la segunda ( baja de las notificaciones rojas), porque la evidencia reunida, lejos de sostener mínimamente la versión oficial, la desmiente de un modo rotundo y lapidario, llevando también a la misma conclusión de la inexistencia de delito…….No hay un solo elemento de prueba, siquiera indiciario, que apunte a la actual Jefa de Estado- aunque sea a una investigación o preparación ( no punible) del gravísimo delito de encubrimiento …..” Posiblemente algunas consideraciones de alto contenido político favorables  a la Presidente y al Canciller  dejen flancos sobre los cuales harán blanco los fervientes defensores de la denuncia de Nisman.
Pero lo realmente increíble, difícil de discernir, es que el 23 de febrero Rafecas recibió de las actuales autoridades a cargo de la UFI AMIA, con documentación anexa para ser presentadas en estas actuaciones dos documentos idénticos en donde “ el Dr Nisman no sólo que no hace ninguna alusión a la inminente o consumada presentación en contra de las máximas autoridades del Poder Ejecutivo Nacional, sino que a lo largo de sus páginas, presenta una postura diametralmente opuesta, en el sentido que realiza consideraciones sumamente positivas de la política del Estado del gobierno nacional, desde el 2004 a la actualidad, destaca todos los discursos de los dos sucesivos presidentes todos los años ante la ONU y considera que tanto el ofrecimiento de juzgamiento en un tercer país (2010) como la firma del Memorandum ( 2013), ambas iniciativas del P.E.N, como consecuencia entendible de la “erosión” y “desgaste” que lograron hacer los iraníes debido a su irreductibilidad y negativa a colaborar en el avance de la causa AMIA, que llevaron al gobierno argentino, nos dice ahora el Dr. Nisman, a ir paulatinamente reduciendo sus pretensiones, con tal de lograr el objetivo de siempre: sentar a los acusados ante el juez, y de este modo, permitir avanzar la causa hacia el juicio oral”
Y llegamos entonces a esta sorpresa consignada en el escrito de Rafecas: “Sin embargo y ante cualquier eventualidad, el Dr. Nisman había dejado dos proyectos, uno para el caso en que el acuerdo fuera ratificado por Irán y otro para el caso que no. Ambos fechados en diciembre del 2014, dejó rubricadas las últimas hojas de cada uno de estos proyectos fechadas en enero del 2015, sin precisar día”        
 Todo terminó siendo una gigantesca confusión. Una marcha multitudinaria que los medios dominantes exageraron en su volumen, pidiendo justicia a fiscales de los cuales varios de ellos la entorpecieron en forma reiterada y persistente. Un fiscal muerto que fue parte del problema más que de la solución. Y tres de las cuatro agrupaciones de familiares víctimas del atentado a la AMIA, muy críticos de la investigación y del fiscal protagonistas de una ausencia estruendosa.



Macedonio Fernández, maestro de Borges y cultor de una ironía metafísica, escribió para otra oportunidad pero aplicable a este hecho de significación con alguna adaptación: “Faltaron tantos familiares de las víctimas, que si faltaba una más no cabía”


28-02-2014    


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26 febrero 2015

El 13 de febrero se subió a EL TREN, el sociólogo Jorge Elbaum, que fue director ejecutivo de la DAIA y actualmente representante especial ante el Grupo de Trabajo Internacional sobre el Holocausto. Es promotor del manifiesto de los argentinos de origen judío donde se cuestiona la representación formal de la DAIA Y AMIA. Un viaje por esos territorios y por el más amplio de la realidad nacional. No dejes de escucharlo. Después deja tus comentarios al pie, ahí donde está el libro de quejas. 
 


El 17 de febrero se subió a EL TREN, en forma telefónica el periodista Víctor Hugo Morales, lo que impidió de alguna forma la posibilidad de repreguntas. En este momento que el notable relator carece de micrófono, por una larga negociación con Radio Continental de resultados inciertos, es interesante conocer sus opiniones que hasta fines de enero realizaba todas las mañanas por esa emisora. Un viaje con el pensamiento de Víctor Hugo de 45 minutos. ¿ Te lo vas a perder? Victor Hugo Morales arreglo con Radio Continental y a partir del Lunes 2-3 vuelve a su Programa "La Mañana"  de 9 a 13



25 febrero 2015

El 29 de enero, Hugo Presman fue entrevistado en el programa que se transmite por la Radio Pública de Marcos Paz, en el programa Revista Internacional con la conducción de Ernesto Nuñez Nicolay  y Marisa Asgrizze y la participación protagónica de Rita Merlo, Miguel Giannattasio y Miguel Gaburri. Una conversación distendida y con el tiempo necesario para  abordar en profundidad el caso AMIA,  la denuncia y posterior muerte del fiscal Alberto Nisman.

Entre a esta Revista Internacional y escuche como se puede hacer un buen programa de radio en la Ciudad del Árbol, como se la conoce a Marcos Paz. Y además en la Radio Pública    

24 febrero 2015

El 28 de enero Víctor Hugo Morales reporteó telefónicamente a Hugo Presman en su programa en Radio Continental   “La Mañana”. Un recorrido sobre los temas que siguen siendo actuales, porque la agenda no ha cambiado

20 febrero 2015

           LA MUERTE DE UN FISCAL
                  

               
Nos ha llegado una novela del género policial negro, de autor anónimo, ocurrido en un país imaginario llamado Kamchatka. Es desbordante la imaginación del autor, que encadena una serie de hechos que sólo pueden ocurrir en la ficción. Ese acercamiento al realismo mágico es poco frecuente en las novelas del policial negro. Trataré de hacer una síntesis del mismo, cuidando de no revelar el sorprendente final. En Kamchatka fue volada la embajada de Judaiké mediante el uso de explosivos; dos años más tarde una mutual de los kamchatqueños de origen judío. La versión oficial aseguró que  los dos atentados se hicieron utilizando sendas camionetas ( una pick-up en el primer caso y una camioneta en el segundo). Aunque no hay  certeza en ninguno de los dos casos, más bien todo lo contrario. En el caso de la embajada, la investigación  quedó a cargo del Tribunal Supremo de Kamchatka por tratarse de territorio extranjero. La integración del Tribunal Supremo de aquél entonces  era denominada  “la mayoría automática” ya que sus votaciones estaban alineadas sin fisuras a favor del gobierno de entonces. El expediente judicial se llenó centenares de folios sin mayor contenido y el caso está definitivamente cerrado sin que ni siquiera el país afectado, que no actuó como querellante, se interese en reactivarlo.
En los dos casos, ambos edificios estaban sujetos a refacciones. En el caso de la mutual, el presidente de Kamchatka de ese momento le pasó el pésame al presidente de Judaiké. Como se verá, el autor de la novela tiene una imaginación difícil de creer bordeando el ridículo. Además que la camioneta con la que supuestamente se perpetró el atentado sólo fue vista por una sola persona que era muy corta de vista, pero eso no le impidió describir con minuciosidad los aspectos fisonómicos del conductor suicida que nunca fue encontrado. El juez encargado de la investigación tenía como antecedente de su carácter riguroso el haberle iniciado una causa a un preso que en un momento de distracción en una audiencia le comió el sándwich que había encargado su Señoría.
En ayuda del juez de la causa y de los dos fiscales principales, generosa y desinteresadamente actuaron y direccionaron la investigación los servicios secretos del país más importante del mundo, los Estados Imperiales del Norte (EEII) y de su aliado histórico, justamente Judaiké, el país cuya embajada había sido violada. Ambos servicios secretos con ligazón más que estrecha con los de  Kamchatka.
A pesar del interés que despierta el argumento, la novela cae en precisiones poco creíbles: en ambos atentados a los policías de custodia de esos edificios, el autor de la novela los desplaza del escenario de los hechos. A pesar que el presidente de Kamchatka de entonces prometió que se investigaría hasta las últimas consecuencias, cuando el juez de la causa fue a verlo a la residencia presidencial, observó que estaba más interesado en saber quien reemplazaría al director técnico de la selección de fútbol que había tenido un traspié en el reciente campeonato mundial de fútbol, que en los avances de la investigación.


El juez del sándwich no sólo procesó a un “truchador” de autos imputándolo de haber armado la camioneta con la que sostuvo se habría perpetrado el atentado a la mutual, sino que luego le pagó 400.000 dólares aportados por la secretaría de inteligencia  con la finalidad que señale a policías de la principal provincia de Kamchatka, de pésima fama, como cómplices en la ejecución del atentado. Como el autor de la novelesca trama no quiere privarse de nada, la que cobra la cifra mencionada es la mujer del “truchador” que declaró dedicarse al comercio, aunque los rumores al respecto difieren en forma insidiosa.
Todo esto con el apoyo entusiasta de las autoridades formales representantes de los kamchatkeños de origen judío que incluso llegaron a homenajear, según el novelista de tropical imaginación, a uno de los policías encubridores   El presidente de la representación política de los kamchatkeños de origen judío, era a su vez el presidente de un conocido banco crecientemente endeudado. Cuando los familiares de las víctimas protestaron con un enérgico discurso en el tercer aniversario del atentado, el banquero y otros dirigentes fueron acongojados a pedirle disculpas al presidente deportista.
Cuando todas las falacias y falsedades de la investigación del juez y los fiscales llegaron a juicio oral, cuenta el autor anónimo de la novela, el reducidor de autos truchos y los policías, fueron absueltos.
El autor de la  imaginaria trama ubica la absolución en el año 2004, al tiempo que envía a juicio oral por encubrimiento al presidente del país de ese momento, a su ministro del interior, al jefe de los servicios de inteligencia, al presidente de la institución política de los kamchatqueños de origen judío, al juez y a los fiscales. Cuando el autor pone punto final a la novela, en el 2015, el juicio aún no se concretó, lo que revela que el libretista, en su amarillismo, derrapa en la racionalidad de la trama. Para agregarle un dato de color optimista, imagina que los “malos”, seguramente autores de infinidad de otros delitos como el “truchador” de autos y el policía de mayor responsabilidad se recibieron de abogados en sus años de cárcel.      
Como la investigación del atentado estaba a fojas cero con la absolución de los acusados, un presidente del mismo partido que el que fue procesado pero con orientación antagónica crea una unidad dedicada exclusivamente a la investigación del atentado, con recursos materiales y humanos inéditos, a cargo de un fiscal que ya había participado en la que terminó con su investigadores procesados. Habiendo contado, dice el novelista truculento, con la colaboración del hombre fuerte del servicio de inteligencia nacional.


Éste fiscal desechó cualquier otra pista que no fuera la que consideraba a los iraníkos como culpables, en alineamiento incondicional con la orientación del jefe operativo de la inteligencia de Kamchatka, que a su vez tributaba a los servicios secretos de EEII y Judaike. El fiscal era un habitué a la embajada EEII, que le indicaba imperativamente que pista había que seguir- la iráníka- y cual había que desechar: la complicidad local y la pista de los siriakos. El autor de esta novela que desborda imaginación, para intentar darle verosimilitud a esta trama truculenta, cita a los libros de un periodista que recogió los cables secretos que la embajada de EEII de Kamchatka  enviaba a su gobierno, los que  que demuestran en forma incontrastable la situación subordinada a intereses foráneos de la investigación del fiscal. Uno de los hechos curiosos de su investigación, que es la continuación de la que llevó a sus autores anteriores a juicio, es  que determina con una precisión envidiable como se elucubró el atentado a 13778 kilómetros de distancia, en un pueblo de Irániko, y no pudo encontrar un solo responsable local del atentado. En la novela pasan 10 años en que éste fiscal cuenta con recursos extraordinarios y una dotación personal importante, sin mayores avances.
Ya por entonces había muerto el presidente que impulsó la unidad de investigación a cargo de este curioso fiscal. Su esposa elegida dos veces en elecciones democráticas, da un giro y firma un tratado de entendimiento con el gobierno de los iránikos. El fiscal y el jefe de la inteligencia se oponen. Sin entrar en los múltiples vericuetos en que transita la novela, lo cierto que el fiscal presenta una denuncia estruendosa con sostenes débiles que implica a la presidenta, a su canciller y actores de reparto que los ubica como protagonistas centrales. Dice de ellos que son parte de un plan criminal para desincriminar a los imputados iránikos a cambio de oscuros intereses económicos. El día anterior en que debía defender sus acusaciones en el parlamento kamchatko, el fiscal aparece muerto. Previamente, su  principal sostén informativo, el jefe de la inteligencia había sido desplazado. Sin embargo, el jefe de la policía internacional de ese momento desmiente enfáticamente, a 48 horas de su denuncia, la viga central de la misma que es el levantamiento de las alertas rojas. Se desploman  sus otras dos hipótesis: el incremento del comercio con el país investigado a cambio de petróleo;  y la  de los fascistas locales se demuestran equivocadas. El juez de la causa minimiza la denuncia y la jueza de turno no levanta la feria para dar curso a la misma. El fiscal pide a un colaborador del trabajo, con funciones  poco claras y un sueldo injustificadamente elevado, un arma que este le entrega ese mismo día sábado y con la cual aparece muerto en su baño al día siguiente. El autor de la novela, como se ve, no ahorra golpes bajos y ubica al luctuoso hecho en el barrio presuntamente más seguro de la capital de Kamchatka   

 La presidenta desorientada comete varios errores políticos consecutivos, entre lo que el novelista destaca dos cartas por facebook inclinándose primero por el suicidio y luego en la segunda por el asesinato. Otra vez el autor se va a la banquina: resulta impensable a una presidenta, considerada una política inteligente y avezada, incurrir en errores de principiante. Ni siquiera se digna a dar el pésame a los familiares del fiscal. Insólitamente, para hacer más inverosímil la trama, imagina a un grupo de prestigiosos intelectuales que apoyan al gobierno, pero que afirma se fueron transformando en meros justificadores de las decisiones presidenciales a los que el novelista le atribuye un texto en forma de carta en que escribieron: “Con razón a muchos les gusta la cortesía y el ritual; se entusiasman con la crítica sobre un pésame, cuando en verdad todo el discurso de la Presidente fue un pésame bajo la forma de un reconocible lamento…..”
Los medios dominantes, visceralmente opositores, derraman un discurso republicano con editorialistas que se atribuyen la propiedad de la moral y la ética pública. Es llamativo porque como cuenta el novelista, el diario más antiguo fue fundado por el que escribió la historia oficial de Kamchatka, a posteriori de haber exterminado dos tercios de la población de un país vecino al frente de los ejércitos de tres países, y con la inocultable inspiración inglesa. Es el diario dispensador de prestigios y que apoyó todos los golpes militares, expresión permanente del establishment y socio del terrorismo de Estado. El otro, fue fundado en la segunda mitad del siglo XX,  por un abogado de simpatía fascista y también socio y beneficiario de la dictadura criminal más dura que padeció Kamchatka. Justamente uno de los editorialistas del diario más que centenario, un buen escritor y más que mediocre analista político, que siempre realiza sus notas con un puñal en la mano escribió al respecto: “Los opositores más enconados siguen apostando a su lento y progresivo desgaste, a que los oficialistas se vayan convirtiendo en verdaderos cadáveres políticos, y para eso faltan meses de gestiones fallidas……el fantasma del fiscal es el catalizador de los indignados” 
Todo se acelera. Uno pocos fiscales convocan a una marcha de silencio en homenaje del fiscal muerto, entre los cuales se encuentran dos que contribuyeron al encubrimiento de la verdad en la causa de la mutual. Primero habían agregado a los motivos de la marcha el exigir justicia, cuando cayeron en la cuenta en que solicitaban lo que ello debían garantizar  dejaron de mencionarla. 
 Detrás de la manifestación, escribe el autor, se alinean ciudadanos sinceramente interesados en que se encuentre la verdad, junto a viscerales opositores, a caceroleros que han llenado sus utensilios de odio, la fracción de la corporación judicial muy vinculada al poder económico y enardecido por reformas del gobierno que la tocan. Junto a dos fiscales convocantes y denunciados por obstaculizar las investigaciones de la mutual,  caminan, en otra manifiesta demostración de inverosimilitud, autoridades representativas formales de los judíos kamchatkeños que manifiestan sus deseos de justicia y exhortan a llegar a la verdad de lo ocurrido. Ninguna de las tres agrupaciones principales que reúnen a los familiares de las víctimas, manifiesta su adhesión.
Para darle mayor dramatismo a la marcha, el autor imagina una lluvia torrencial y un mar de paraguas.
En la trama del relato ficcional queda claro que la muerte del fiscal lleva a sectores interesados a catapultarlo a la categoría de héroe, cuando toda su historia demuestra que formó parte del problema y no de la solución. 
Y que más allá de una confluencia de intenciones, la marcha del silencio es un estruendo opositor, deja entrever el autor anónimo.


Para agregar ingredientes pirotécnicos a su farragoso relato, el escritor imagina que la ex esposa del fiscal muerto es jueza y ambos tenían relación estrecha con el jefe de la inteligencia desplazada.
Ambos habían concebido dos hijas, una adolescente de 15 años y otra de seis. La mayor junto a su madre y a la madre del fiscal el autor la coloca encabezando la marcha  
La presidente de Kamchatka, concreta actos transmitidos por Cadena Nacional donde sobreactúa su alegría y se manifiesta feliz. Otra muestra de lo poco creíble que resulta el entramado del autor de la “La muerte de un Fiscal”.
A esta altura del relato se pueden sacar algunas deducciones de muy dudosa racionalidad, a pesar que el autor afirma que lo narrado no está basado en hechos reales: los fiscales, desconocidos para la inmensa mayoría de los manifestantes, y varios de ellos obstaculizadores de la posibilidad de llegar a la verdad sobre lo ocurrido en la mutual, se dieron un baño de popularidad inédito e inimaginado. Los concurrentes los saludaban como vestales de la justicia. El fiscal muerto obtuvo una popularidad que deseaba, según su propia ex mujer, a costa de su vida, sin importar lo oscuro de su investigación, lo endeble de su denuncia, y siendo un ilustre desconocido para la inmensa mayoría de los que llevaban su foto en la pancartas hasta apenas treinta y cinco días antes en el que el novelista fija la fecha de su denuncia.   
La presidente de Kamchatka y sus más inmediatos colaboradores, con sus errores groseros, sus epítetos desafortunados y las omisiones irritantes, actuaron involuntariamente como jefes de prensa de la marcha legítima, a la que trataron de desalentar  más allá de la intencionalidad última  poco confesable de sus convocantes.        
La novela concluye dejando un final abierto. Con un presidente procesado por encubrir la pista siriaka y una presidente denunciada por encubrir la pista iránika, a pesar que fue una de las pocas políticas que siempre siguió de cerca el caso como diputada o senadora  y mantuvo una posición muy crítica con la investigación del juez procesado. Y con la denuncia aceptada por un nuevo fiscal, reemplazante del muerto,  que en la opinión de un periodista:  “…Significa dar por aceptado hechos que nunca se llegaron a configurar como  suponer  una Comisión de la Verdad que nunca existió, que era parte de un texto aprobado por el Congreso pero que nunca entró en vigencia, iba a presentar una pista falsa que nunca presentó y que de esa manera se iba a desvincular a iraníkes que nunca fueron desvinculados ni se les suprimieron las órdenes de captura con alertas rojas”
El escritor deja claro en el epílogo,  que la determinación de cómo murió el fiscal es imprescindible para la salud política de Kamchatka y amenaza con una segunda parte de este libro. 
A diferencia que las novelas del género donde se determina el autor del hecho y luego se busca al inspirador intelectual, en la causa de la mutual se determinó desde el inicio el autor intelectual y se desconoce a los ejecutores. A partir de ahí todo se vuelve inverosímil hasta culminar con la muerte del fiscal.
En esta trama,  el fiscal muerto fue enterrado en un cementerio de la colectividad muy próximo al monumento de recordación a los caídos por la defensa de  Judaiké.
“La muerte de un fiscal” es finalmente una novela que carece de coherencia, es fantasiosa y no puede aspirar a ningún premio literario, pero si a un notable nivel de ventas. Todos los trucos de los libros muy vendidos están incorporados, aunque haya que hacer un notable esfuerzo para considerarlo mínimamente creíble. 
Su autor anónimo, es altamente probable que no llegue nunca a salir del anonimato


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19-02-2015