09 febrero 2026

Fundador de la Izquierda Nacional

 

JORGE ABELARDO RAMOS, UNA VOZ CLARA Y POTENTE EN LA POLITICA LATINOAMERICANA

Para Manuel Pecci, con cariño y respeto

 

Por Mario Casalla

BUENOS AIRES (especial para Punto Uno) Fue en una casa de Flores al sur donde nació este porteño de cuna, un 23 de enero de 1921. El mismo barrio donde también nació Jorge Bergoglio. Argentino de alma y latinoamericano por decidida convicción, ajustó primero cuentas con el Partido Comunista Argentino, en un libro imperdible aún hoy: “Historia del estalinismo” en la Argentina (1969). Luego se hizo trotskista pero enseguida se centró en los aportes de Trotski al pensamiento latinoamericano y difundió su obra con avidez de estudioso y con pasión militante. Su edición de “La revolución permanente y otros textos sobre América Latina” (1962) representó un aporte invalorable para todos quienes se iban acercando al pensamiento nacional. Años antes había escrito “América Latina, un país” (1949) que él mismo considera como “la primera tentativa de concebir en términos marxistas el destino histórico de la gran patria dividida”. Polémico como siempre referirá después que “a causa de esa inocente jactancia los diputados Visca y Decker secuestraron dicha obra en 1949, como Presidentes de la Comisión Bicameral del Congreso Nacional” que la había editado agregando –como al pasar- “aunque la lectura no se contaba entre las pasiones privadas de ambos legisladores”. En 1973 publica su “Marxismo para latinoamericanos” en cuya Advertencia Preliminar aclara “la idea rectora que ha guiado al autor en los últimos treinta años: el marxismo en América Latina será latinoamericano o no será”. ¿Acaso porque siempre tuvo conciencia que eso no sería nada fácil de cumplir, entre las citas con que inicia su “Historia del Stalinismo en la Argentina”, puso una triste premonición del mismísimo Marx: “He sembrado dragones y cosechado pulgas”? Pero en ese año de 1973 –en que Perón regresa definitivamente al país y la fórmula Cámpora-Solano Lima derrota en las urnas al Proceso Militar- fue cuando Abelardo Ramos terminó de consumar su ingreso al peronismo y su Frente de Izquierda Nacional (el FIP, heredero del histórico PSIN) formó parte de Frente Justicialista de Liberación Nacional (FREJULI) y así participó de su triunfo. “Vote a Perón por izquierda” fue su perspicaz lema y la boleta del FIP –con el nombre de Perón bien grande- hizo la mejor elección de toda su historia, aunque él bien sabía que esos votos no eran todos propios. Muchos votos de la izquierda vinieron por ese lado (y algunos perdió el mismo Ramos por hacerse peronista a su manera) y Perón, por su parte, le sumó a la fórmula sectores que de otra manera no hubieran votado a su Frente. Pero así ocurrió y fue sin lugar a dudas un acto de inteligencia política de ambas partes. No ocurrió lo mismo cuando –transformado ahora el FIP en Movimiento Patriótico de Liberación, MPL- decidió apoya la candidatura presidencial de Carlos Menem en 1989 y luego integró su gobierno como embajador de Argentina en México, anunciando más tarde que se afiliaría directamente al Partido Justicialista. Lo cual impidió su muerte física pocos días antes de que eso se concretara. Pero aquella veterana Izquierda Nacional se rompió, la diáspora de sus principales referentes fue grande y ya nada volvió a ser como era. Rehacer ese espacio aun vacante es una herencia que el chico de Flores, el Colorado, dejó vacante.           

UNA VIDA DE LUCHA Y PELEAS CONSTANTES 

En ese mes de enero de 1921 en que nació Jorge Abelardo, Buenos Aires no sólo ardía por la temperatura de un verano tórrido, sino también por el clima político, económico y social que vivía el país. Hipólito Yrigoyen estaba terminando su primera presidencia, pero ese gobierno –de indudable origen nacional, popular y democrático- daba ya signos evidentes de agotamiento y de contradicciones. Al jurar el cargo de Presidente había dicho, “No he venido a castigar ni a perseguir, sino a reparar”, pero en el mes que nacía Ramos, el Coronel Varela ya estaba haciendo de las suyas por la Patagonia (trágica) y diferentes huelgas en el campo y en las principales ciudades del país eran demostrativas de que la Semana (también trágica) de enero de 1919, no había quedado del todo atrás. Y esa grieta, esas contradicciones dentro del propio campo nacional, se daban también en el seno del hogar Ramos-Gurtmann. El papá (Nicolás), siguiendo la línea de su propio padre, era de pensamiento anarquista; mientras que su mamá (Rosa), simpatizaba con Yrigoyen. Cuentan que ésta -con su hermana Elisa- lo habían visitado en la mítica casa de la calle Brasil para pedirle trabajo y que lo consiguió; por eso tampoco es de extrañar que en 1930 –llevando de la mano esta vez a su hijo Jorge Abelardo, de apenas 9 años- cruzara en lancha a la isla Martín García y visitara al viejo Caudillo allí prisionero para solidarizarse en la desgracia. En cambio, a los primeros mítines políticos lo llevó su tío Abraham Gurtmann (hermano de Rosa) quien –como recordara luego uno de sus discípulos, Julio Fernández Baraibar- se ufanaba de ser “el socio n°3 de la Cooperativa El Hogar Obrero” y todos los 1° de mayo llevaba a Jorgito a los actos del Partido Socialista. Pero seguramente fue del papá Nicolás (separado luego de Rosa) de quien heredó el Colorado esa combinación de rebeldía y desparpajo que lo hiciera inconfundible, tanto entre amigos como entre ocasionales adversarios. Cuando uno repasa los muchos proyectos (intentados o realizados, ciertos o atribuidos, a ese niño de Flores) cómo no pensar en aquél padre anarquista que (a la manera de un personaje de Roberto Arlt) imaginaba poder socavar el sistema capitalista distribuyendo dólares falsos en la calle Florida; o que anunciaba una todavía inexistente máquina de hacer ravioles (con cuyos numerosos pedidos luego no pudo cumplir); o que más tarde hiciera lo propio con un nuevo procedimiento para recauchutar cubiertas de automóviles, en sociedad con otro inventor de la época. Tengo para mí que sólo combinando –en debidas dosis homeopáticas, claro- aquél histrionismo de papá Nicolás, con el amor y lealtad a lo popular de mamá Rosa, más la militancia del tío Abraham y agregándole, eso sí, varias cucharas soperas de inteligencia propia penetrante e intuitiva, es posible (acaso) obtener ese producto inconfundible llamado, Jorge Abelardo Ramos. Atravesó como un rayo siete décadas de la vida política argentina del siglo XX y ya hace muchos años que se lo extraña (falleció el 2 de octubre de 1994) en estos últimos con más fuerza aún. Es que el Colorado fue en esto un “vacunador” implacable: allí donde vio lo nacional –crecido o en barbecho- inoculó entusiasmo y ordenó a su gente marchar en la misma dirección. Por eso acertó y se equivocó tantas veces, pero siempre del mismo lado: lo popular, lo nacional, lo antiimperialista, lo latinoamericano. A veces peleó de más pero nunca peleó de menos, ni abandonó la lucha. A veces se alió mal o con quien no debía hacerlo, pero estimo que nunca de mala fe ni por intereses subalternos. Tuvo un implacable sentido del humor (me consta, lo he tratado personalmente en varios nutridos almuerzos en el restaurante “El Globo”, donde gustaba ir y uno de los comensales era nuestro querido senador nacional Armando Caro,  sentido que siempre lo protegió del bronce, de las solemnidades, de las academias y de los falsos oropeles. Era simpático, cautivante en la charla, implacable seductor y de respuestas tan lucidas y repentinas como –recuerdan también propios y extraños- tan arbitrario por momentos que provocaba odios o adhesiones viscerales. Es que respecto de Jorge Abelardo Ramos uno no puede ser indiferente, ni neutral. Sucedía con el Colorado -como con un exclusivo puñado de figuras políticas e intelectuales- que las cosas terminaban en el clásico, “tómelo o déjelo”. No voy ahora a hablar aquí de su vasta obra escrita pero permítaseme señalar que debemos a la corriente denominada Izquierda Nacional (de la cual Jorge Abelardo Ramos fue sin dudas uno de sus principales promotores) algunos puntos destacados dentro del pensamiento latinoamericano contemporáneo: 1°) haber conectado adecuadamente la cuestión nacional con la cuestión social, algo que los nacionalismos latinoamericanos de cuño conservador no hacían; 2°) haber pensado lo social en términos de lucha clases, pero también como pueblos en complejos procesos de liberación nacional, algo que otros pensadores de izquierda no valoraban todavía en su real dimensión política y cultural; 3°) haber comprendido entonces –desde el marxismo y sus variantes ideológicas- a los movimientos populares de liberación y a los partidos políticos latinoamericanos de cuño popular (el peronismo, por caso, en la Argentina). Hoy por cierto estas cuestiones están mucho más y mejor digeridas, pero en aquellos años Ramos era un predicador (al estilo de Scalabrini Ortiz o de Arturo Jauretche) y un polemista crítico, rebatido tanto por la derecha como por la izquierda del espectro político argentino. Lo primero es comprensible, lo segundo fue conceptualmente mucho más rico y vocinglero. Generó un debate al interior de ese campo ideológico, como sólo un hombre de esa misma cepa podía hacerlo. El agregado del adjetivo “nacional” al sustantivo izquierda, no fue una herejía que se le admitiera (o admita ahora mismo) fácilmente. Tan provocador era que –en uno de los tantos finteos preelectorales- despachó al ocasional emisario con una sola y lapidaria frase: “estoy de acuerdo con la unidad de las izquierdas, a condición de que nos excluyan”. Y con el peronismo –su gran interlocutor político de toda la vida- el diálogo no le fue nunca del todo fácil ni transparente. Acaso su momento de mayor gloria política fue aquélla noche del 23 de septiembre de 1973 cuando el FIP (llevando a Perón en la boleta presidencial de la Izquierda Nacional) sacó casi 900.000 votos, o sea el 12,5% de los que obtuviera el FREJULI oficial. Y le pienso amigo lector, qué falta haría hoy –en tiempos de los Milei- un polemista implacable como Jorge Abelardo Ramos sentado en una banca en la Cámara de Diputados de la Nación, con Martín Menem presidiendo una sesión. Seguramente sería para alquilar balcones!         


06 febrero 2026

PROGRAMA EL TREN DEL 3 DE FEBRERO DEL 2026


El martes 3 de febrero se subió a EL TREN Pablo Semán, Doctor en Antropología Social y Licenciado en Sociología. Investigador del Conicet. Docente universitario. Autor de “Vivir la fe. Entree catolicismo y el pentecostalismo, la religiosidad de los sectores populares en la Argentina”, “Está entre nosotros. ¿De dónde sale y hasta dónde puede llegar la extrema derecha que no vimos venir”?  
Tres de las muchas afirmaciones fuertes: “Milei se cree que es más fuerte de lo que realmente está y la oposición más débil de lo que efectivamente está”.
“Hay que pedir un habeas corpus por la oposición”
“Guillermo Moreno es un personaje siniestro, es antisemita y reivindica a Netanyahu”.

El viaje transitó por diversos temas, tratados con una profundidad que no es habitual en los medios. Algunas de las consideraciones: “La sociedad está muy heterogeneizada”; “ Desde el 2012, con un voto popular del 54%, se escindieron las agendas” ;  “Milité en el Partido Intransigente”; “Estoy dentro del campo nacional, popular, democrática”; “El progresismo se peronizó”; “Milei ataca a lo viejo”; “Milei construye su propio bloque de poder”;  “Hay una nueva etapa en el régimen de acumulación”; “El progresismo a principios del siglo XX era de derecha: orden y progreso”; “En Argentina cambiaron los parámetros del proceso político”; “Axel Kicillof hace esfuerzos notables para salir de la carta de navegación vencida”; “Este es un gobierno revolucionario, entendiendo por revolucionario, también aquellos procesos que no me gustan” ” Una interpretación del conflicto Milei-Rocca”  “No funcionan los viejos parámetros”. “Cambiaron totalmente las coordenadas y no se asume que cambiaron”; “La importancia de la categoría emprendedor.”

En la primera hora el programa transito los problemas y el descrédito de Donald Trump en la sociedad norteamericana al escándalo del INDEC, deteniéndose en un análisis minucioso del conflicto Milei-Rocca. El deterioro industrial. Una síntesis en la lectura de la nota publicada en La Tecla Eñe del Ingeniero Agrónomo y Productor Agropecuario (Zona Tandil) Matías Jauregui titulado “Las alpargatas, el helado y el mercado interno”Testimonios del periodista Jairo Straccia, del ex presidente Mauricio Macri, de un vendedor de plataforma.

Súbanse a EL TREN, desde el andén de sus domicilios  


El TREN, UNA VOZ DIFERENTE PARA ESCUCHAR, REFLEXIONAR Y DISCUTIR


 

04 febrero 2026

Las alpargatas, el helado y el mercado interno

 Por Matías Jauregui

El helado que hoy vende Lucciano’s en sus franquicias de Miami, Orlando, Barcelona y Punta del Este, nació primero del consumo interno argentino. Con Milei, el libreto vuelve a repetirse, pero sin anestesia: Apertura total, mercado interno deprimido, industria “que se tiene que reconfigurar”. Nadie despega sin pista. Igual que las alpargatas.

Por Matías Jáuregui*
(para La Tecl@ Eñe) 2-02-2026

La semana pasada vimos al Presidente recorrer una heladería en Mar del Plata. Lucciano’s: moderna, luminosa, exitosa. El dueño habló con honestidad, reconoció que hay sectores que la están pasando mal, el textil, por ejemplo, pero sostuvo que el rumbo es el correcto.

Cuando un empresario habla desde su experiencia, merece una respuesta desde la historia.

Yo no tengo una heladería, pero si tengo una memoria familiar. Y en esa memoria no hay helados, pero si alpargatas.

En Tandil, sobre la calle Paz, mi bisabuelo Donaciano Arenas fundó una fábrica de calzado. Llegó en 1912, el mismo año en que cayó la Piedra Movediza, desde Cantabria, de donde no trajo capital, pero sí un oficio, llegando a un país que todavía entendía que la industria no era un costo, sino una herramienta de integración social.

Las alpargatas Arenas y Picapedrero no eran moda, estaban pensadas para los trabajadores de las canteras, para resistir jornadas largas de calor, polvo y piedra. Eso fue, y es, la industria nacional, que resolvía las necesidades concretas del pueblo.

Mi historia familiar, no fue una excepción. Fue parte de una historia mucho más grande.

La historia de las alpargatas en la Argentina arranca en 1885 cuando nace la Fábrica Argentina de Alpargatas. Calzado barato, durable, hecho para trabajadores rurales, ferroviarios y obreros urbanos. La ola inmigratoria multiplicó la demanda. El país crecía con industria.

En el siglo XX, las alpargatas se volvieron el calzado del trabajador inmigrante y rural, transversal a las clases sociales. Peones y estancieros, chacareros y obreros.

Durante los primeros gobiernos de Perón, la producción total de calzado alcanzó los niveles más altos de la historia, empezó a crecer el calzado de goma y caucho, más accesible para los sectores populares, democratizando el consumo.

El Estado jugó un papel importante: compras públicas, campañas contra la descalcez y salarios reales en alza. El mercado interno sostuvo a la industria cuando las exportaciones se retraían por causas externas, teniendo un efecto político: trabajo estable, calificación obrera y poder sindical. Algo que algunos nunca perdonaron.

En los años ‘60, la historia volvió a adelantarse. En 1962 nacieron las zapatillas Flecha de lona, puntera de PVC y producción en serie. Fueron el primer calzado deportivo masivo argentino, que usaba la juventud. Recordemos: zapatillas Flecha, Jeans Oxford, guitarras y Sui Géneris.

En 1975 nació Topper, otra vez desde adentro, sin consultoras, como producto nacional pensado para competir en calidad.

Después, vino la historia conocida. Apertura indiscriminada, primero con la dictadura, después con los ’90 -siempre del siglo pasado-. Extranjerización. Cierres. Plantas vaciadas. En los ‘90, Alpargatas perdió control nacional. En 2016, con Macri, llegaron las suspensiones y despidos masivos: Tucumán, San Luis, Catamarca, La Pampa. El argumento fue siempre el mismo: “no somos competitivos”. La realidad también: importaciones abiertas, consumo destruido.

Hoy, con Milei, el libreto vuelve a repetirse, pero sin anestesia. Apertura total, mercado interno deprimido, industria “que se tiene que reconfigurar”. Esa palabra, “reconfigurar”, suele ser elegante para decir cerrar.

Como dice Gustavo Campana: “la respuesta está en la historia”.

Soy biznieto de vascos, que crecieron en un país que los protegió para poder hacer quesos y alpargatas. Ninguno de nuestros abuelos hubiera sobrevivido en un país donde entraba todo importado y el trabajo local era una molestia.

El helado que hoy vende Lucciano’s en sus franquicias de Miami, Orlando, Barcelona y Punta del Este, nació primero del consumo interno argentino.

Nadie despega sin pista. Igual que las alpargatas.

Lunes, 2 de febrero de 2026.

*Ingeniero Agrónomo y Productor Agropecuario (Zona Tandil)