18 enero 2019

SE CUMPLEN CUATRO AÑOS DE LA MUERTE DEL FISCAL ALBERTO NISMAN.



RECURRO AL ARCHIVO DE DOS NOTAS QUE PUBLIQUÉ EN DIARIO REGISTRADO Y ESTÁN EN EL ARCHIVO DE ESTE BLOG
REITERO TODO LO QUE DIJE Y AFIRMÉ HACE 4 AÑOS
La primera se tituló “Héroe imprevisto”, porque Nisman nunca lo fue, sino lo contrario, más allá que las poco presentables autoridades de la DAIA y la AMIA junto al gobierno ultraderechista del Estado de Israel le levante una estatua en aquel país y el presidente del estado judío recibe a la madre del fiscal y le dice que su hijo es un héroe.

LA MUERTE DE UN FISCAL


Nos ha llegado una novela del género policial negro, de autor anónimo, ocurrido en un país imaginario llamado Kamchatka. Es desbordante la imaginación del autor, que encadena una serie de hechos que sólo pueden ocurrir en la ficción. Ese acercamiento al realismo mágico es poco frecuente en las novelas del policial negro. Trataré de hacer una síntesis del mismo, cuidando de no revelar el sorprendente final. En Kamchatka fue volada la embajada de Judaiké mediante el uso de explosivos; dos años más tarde una mutual de los kamchatqueños de origen judío. La versión oficial aseguró que  los dos atentados se hicieron utilizando sendas camionetas ( una pick-up en el primer caso y una camioneta en el segundo). Aunque no hay  certeza en ninguno de los dos casos, más bien todo lo contrario. En el caso de la embajada, la investigación  quedó a cargo del Tribunal Supremo de Kamchatka por tratarse de territorio extranjero. La integración del Tribunal Supremo de aquél entonces  era denominada  “la mayoría automática” ya que sus votaciones estaban alineadas sin fisuras a favor del gobierno de entonces. El expediente judicial se llenó centenares de folios sin mayor contenido y el caso está definitivamente cerrado sin que ni siquiera el país afectado, que no actuó como querellante, se interese en reactivarlo.
En los dos casos, ambos edificios estaban sujetos a refacciones. En el caso de la mutual, el presidente de Kamchatka de ese momento le pasó el pésame al presidente de Judaiké. Como se verá, el autor de la novela tiene una imaginación difícil de creer bordeando el ridículo. Además que la camioneta con la que supuestamente se perpetró el atentado sólo fue vista por una sola persona que era muy corta de vista, pero eso no le impidió describir con minuciosidad los aspectos fisonómicos del conductor suicida que nunca fue encontrado. El juez encargado de la investigación tenía como antecedente de su carácter riguroso el haberle iniciado una causa a un preso que en un momento de distracción en una audiencia le comió el sándwich que había encargado su Señoría.
En ayuda del juez de la causa y de los dos fiscales principales, generosa y desinteresadamente actuaron y direccionaron la investigación los servicios secretos del país más importante del mundo, los Estados Imperiales del Norte (EEII) y de su aliado histórico, justamente Judaiké, el país cuya embajada había sido violada. Ambos servicios secretos con ligazón más que estrecha con los de  Kamchatka.
A pesar del interés que despierta el argumento, la novela cae en precisiones poco creíbles: en ambos atentados a los policías de custodia de esos edificios, el autor de la novela los desplaza del escenario de los hechos. A pesar que el presidente de Kamchatka de entonces prometió que se investigaría hasta las últimas consecuencias, cuando el juez de la causa fue a verlo a la residencia presidencial, observó que estaba más interesado en saber quien reemplazaría al director técnico de la selección de fútbol que había tenido un traspié en el reciente campeonato mundial de fútbol, que en los avances de la investigación.
El juez del sándwich no sólo procesó a un “truchador” de autos imputándolo de haber armado la camioneta con la que sostuvo se habría perpetrado el atentado a la mutual, sino que luego le pagó 400.000 dólares aportados por la secretaría de inteligencia  con la finalidad que señale a policías de la principal provincia de Kamchatka, de pésima fama, como cómplices en la ejecución del atentado. Como el autor de la novelesca trama no quiere privarse de nada, la que cobra la cifra mencionada es la mujer del “truchador” que declaró dedicarse al comercio, aunque los rumores al respecto difieren en forma insidiosa.
Todo esto con el apoyo entusiasta de las autoridades formales representantes de los kamchatkeños de origen judío que incluso llegaron a homenajear, según el novelista de tropical imaginación, a uno de los policías encubridores   El presidente de la representación política de los kamchatkeños de origen judío, era a su vez el presidente de un conocido banco crecientemente endeudado. Cuando los familiares de las víctimas protestaron con un enérgico discurso en el tercer aniversario del atentado, el banquero y otros dirigentes fueron acongojados a pedirle disculpas al presidente deportista.
Cuando todas las falacias y falsedades de la investigación del juez y los fiscales llegaron a juicio oral, cuenta el autor anónimo de la novela, el reducidor de autos truchos y los policías, fueron absueltos.
El autor de la  imaginaria trama ubica la absolución en el año 2004, al tiempo que envía a juicio oral por encubrimiento al presidente del país de ese momento, a su ministro del interior, al jefe de los servicios de inteligencia, al presidente de la institución política de los kamchatqueños de origen judío, al juez y a los fiscales. Cuando el autor pone punto final a la novela, en el 2015, el juicio aún no se concretó, lo que revela que el libretista, en su amarillismo, derrapa en la racionalidad de la trama. Para agregarle un dato de color optimista, imagina que los “malos”, seguramente autores de infinidad de otros delitos como el “truchador” de autos y el policía de mayor responsabilidad se recibieron de abogados en sus años de cárcel.      
Como la investigación del atentado estaba a fojas cero con la absolución de los acusados, un presidente del mismo partido que el que fue procesado pero con orientación antagónica crea una unidad dedicada exclusivamente a la investigación del atentado, con recursos materiales y humanos inéditos, a cargo de un fiscal que ya había participado en la que terminó con su investigadores procesados. Habiendo contado, dice el novelista truculento, con la colaboración del hombre fuerte del servicio de inteligencia nacional.
Éste fiscal desechó cualquier otra pista que no fuera la que consideraba a los iraníkos como culpables, en alineamiento incondicional con la orientación del jefe operativo de la inteligencia de Kamchatka, que a su vez tributaba a los servicios secretos de EEII y Judaike. El fiscal era un habitué a la embajada EEII, que le indicaba imperativamente que pista había que seguir- la iráníka- y cual había que desechar: la complicidad local y la pista de los siriakos. El autor de esta novela que desborda imaginación, para intentar darle verosimilitud a esta trama truculenta, cita a los libros de un periodista que recogió los cables secretos que la embajada de EEII de Kamchatka  enviaba a su gobierno, los que  que demuestran en forma incontrastable la situación subordinada a intereses foráneos de la investigación del fiscal. Uno de los hechos curiosos de su investigación, que es la continuación de la que llevó a sus autores anteriores a juicio, es  que determina con una precisión envidiable como se elucubró el atentado a 13778 kilómetros de distancia, en un pueblo de Irániko, y no pudo encontrar un solo responsable local del atentado. En la novela pasan 10 años en que éste fiscal cuenta con recursos extraordinarios y una dotación personal importante, sin mayores avances.
Ya por entonces había muerto el presidente que impulsó la unidad de investigación a cargo de este curioso fiscal. Su esposa elegida dos veces en elecciones democráticas, da un giro y firma un tratado de entendimiento con el gobierno de los iránikos. El fiscal y el jefe de la inteligencia se oponen. Sin entrar en los múltiples vericuetos en que transita la novela, lo cierto que el fiscal presenta una denuncia estruendosa con sostenes débiles que implica a la presidenta, a su canciller y actores de reparto que los ubica como protagonistas centrales. Dice de ellos que son parte de un plan criminal para desincriminar a los imputados iránikos a cambio de oscuros intereses económicos. El día anterior en que debía defender sus acusaciones en el parlamento kamchatko, el fiscal aparece muerto. Previamente, su  principal sostén informativo, el jefe de la inteligencia había sido desplazado. Sin embargo, el jefe de la policía internacional de ese momento desmiente enfáticamente, a 48 horas de su denuncia, la viga central de la misma que es el levantamiento de las alertas rojas. Se desploman  sus otras dos hipótesis: el incremento del comercio con el país investigado a cambio de petróleo;  y la  de los fascistas locales se demuestran equivocadas. El juez de la causa minimiza la denuncia y la jueza de turno no levanta la feria para dar curso a la misma. El fiscal pide a un colaborador del trabajo, con funciones  poco claras y un sueldo injustificadamente elevado, un arma que este le entrega ese mismo día sábado y con la cual aparece muerto en su baño al día siguiente. El autor de la novela, como se ve, no ahorra golpes bajos y ubica al luctuoso hecho en el barrio presuntamente más seguro de la capital de Kamchatka    
La presidente desorientada comete varios errores políticos consecutivos, entre lo que el novelista destaca dos cartas por facebook inclinándose primero por el suicidio y luego en la segunda por el asesinato. Otra vez el autor se va a la banquina: resulta impensable a una presidenta, considerada una política inteligente y avezada, incurrir en errores de principiante. Ni siquiera se digna a dar el pésame a los familiares del fiscal. Insólitamente, para hacer más inverosímil la trama, imagina a un grupo de prestigiosos intelectuales que apoyan al gobierno, pero que afirma se fueron transformando en meros justificadores de las decisiones presidenciales a los que el novelista le atribuye un texto en forma de carta en que escribieron: “Con razón a muchos les gusta la cortesía y el ritual; se entusiasman con la crítica sobre un pésame, cuando en verdad todo el discurso de la Presidente fue un pésame bajo la forma de un reconocible lamento…..”
Los medios dominantes, visceralmente opositores, derraman un discurso republicano con editorialistas que se atribuyen la propiedad de la moral y la ética pública. Es llamativo porque como cuenta el novelista, el diario más antiguo fue fundado por el que escribió la historia oficial de Kamchatka, a posteriori de haber exterminado dos tercios de la población de un país vecino al frente de los ejércitos de tres países, y con la inocultable inspiración inglesa. Es el diario dispensador de prestigios y que apoyó todos los golpes militares, expresión permanente del establishment y socio del terrorismo de Estado. El otro, fue fundado en la segunda mitad del siglo XX,  por un abogado de simpatía fascista y también socio y beneficiario de la dictadura criminal más dura que padeció Kamchatka. Justamente uno de los editorialistas del diario más que centenario, un buen escritor y más que mediocre analista político, que siempre realiza sus notas con un puñal en la mano escribió al respecto: “Los opositores más enconados siguen apostando a su lento y progresivo desgaste, a que los oficialistas se vayan convirtiendo en verdaderos cadáveres políticos, y para eso faltan meses de gestiones fallidas……el fantasma del fiscal es el catalizador de los indignados”  
Todo se acelera. Uno pocos fiscales convocan a una marcha de silencio en homenaje del fiscal muerto, entre los cuales se encuentran dos que contribuyeron al encubrimiento de la verdad en la causa de la mutual. Primero habían agregado a los motivos de la marcha el exigir justicia, cuando cayeron en la cuenta en que solicitaban lo que ello debían garantizar  dejaron de mencionarla. 
 Detrás de la manifestación, escribe el autor, se alinean ciudadanos sinceramente interesados en que se encuentre la verdad, junto a viscerales opositores, a caceroleros que han llenado sus utensilios de odio, la fracción de la corporación judicial muy vinculada al poder económico y enardecido por reformas del gobierno que la tocan. Junto a dos fiscales convocantes y denunciados por obstaculizar las investigaciones de la mutual,  caminan, en otra manifiesta demostración de inverosimilitud, autoridades representativas formales de los judíos kamchatkeños que manifiestan sus deseos de justicia y exhortan a llegar a la verdad de lo ocurrido. Ninguna de las tres agrupaciones principales que reúnen a los familiares de las víctimas, manifiesta su adhesión.
Para darle mayor dramatismo a la marcha, el autor imagina una lluvia torrencial y un mar de paraguas.
En la trama del relato ficcional queda claro que la muerte del fiscal lleva a sectores interesados a catapultarlo a la categoría de héroe, cuando toda su historia demuestra que formó parte del problema y no de la solución. 
Y que más allá de una confluencia de intenciones, la marcha del silencio es un estruendo opositor, deja entrever el autor anónimo.
Para agregar ingredientes pirotécnicos a su farragoso relato, el escritor imagina que la ex esposa del fiscal muerto es jueza y ambos tenían relación estrecha con el jefe de la inteligencia desplazada.
Ambos habían concebido dos hijas, una adolescente de 15 años y otra de seis. La mayor junto a su madre y a la madre del fiscal el autor la coloca encabezando la marcha   
La presidente de Kamchatka, concreta actos transmitidos por Cadena Nacional donde sobreactúa su alegría y se manifiesta feliz. Otra muestra de lo poco creíble que resulta el entramado del autor de la “La muerte de un Fiscal”.
A esta altura del relato se pueden sacar algunas deducciones de muy dudosa racionalidad, a pesar que el autor afirma que lo narrado no está basado en hechos reales: los fiscales, desconocidos para la inmensa mayoría de los manifestantes, y varios de ellos obstaculizadores de la posibilidad de llegar a la verdad sobre lo ocurrido en la mutual, se dieron un baño de popularidad inédito e inimaginado. Los concurrentes los saludaban como vestales de la justicia. El fiscal muerto obtuvo una popularidad que deseaba, según su propia ex mujer, a costa de su vida, sin importar lo oscuro de su investigación, lo endeble de su denuncia, y siendo un ilustre desconocido para la inmensa mayoría de los que llevaban su foto en la pancartas hasta apenas treinta y cinco días antes en el que el novelista fija la fecha de su denuncia.   
La presidente de Kamchatka y sus más inmediatos colaboradores, con sus errores groseros, sus epítetos desafortunados y las omisiones irritantes, actuaron involuntariamente como jefes de prensa de la marcha legítima, a la que trataron de desalentar  más allá de la intencionalidad última  poco confesable de sus convocantes.         
La novela concluye dejando un final abierto. Con un presidente procesado por encubrir la pista siriaka y una presidente denunciada por encubrir la pista iránika, a pesar que fue una de las pocas políticas que siempre siguió de cerca el caso como diputada o senadora  y mantuvo una posición muy crítica con la investigación del juez procesado. Y con la denuncia aceptada por un nuevo fiscal, reemplazante del muerto,  que en la opinión de un periodista:  “…Significa dar por aceptado hechos que nunca se llegaron a configurar como  suponer  una Comisión de la Verdad que nunca existió, que era parte de un texto aprobado por el Congreso pero que nunca entró en vigencia, iba a presentar una pista falsa que nunca presentó y que de esa manera se iba a desvincular a iraníkes que nunca fueron desvinculados ni se les suprimieron las órdenes de captura con alertas rojas”
El escritor deja claro en el epílogo,  que la determinación de cómo murió el fiscal es imprescindible para la salud política de Kamchatka y amenaza con una segunda parte de este libro. 
A diferencia que las novelas del género donde se determina el autor del hecho y luego se busca al inspirador intelectual, en la causa de la mutual se determinó desde el inicio el autor intelectual y se desconoce a los ejecutores. A partir de ahí todo se vuelve inverosímil hasta culminar con la muerte del fiscal.
En esta trama,  el fiscal muerto fue enterrado en un cementerio de la colectividad muy próximo al monumento de recordación a los caídos por la defensa de  Judaiké.
“La muerte de un fiscal” es finalmente una novela que carece de coherencia, es fantasiosa y no puede aspirar a ningún premio literario, pero si a un notable nivel de ventas. Todos los trucos de los libros muy vendidos están incorporados, aunque haya que hacer un notable esfuerzo para considerarlo mínimamente creíble. 
Su autor anónimo, es altamente probable que no llegue nunca a salir del anonimato
 19-02-2015  
 



 

17 enero 2019

SE CUMPLEN CUATRO AÑOS DE LA MUERTE DEL FISCAL ALBERTO NISMAN.



RECURRO AL ARCHIVO DE DOS NOTAS QUE PUBLIQUÉ EN DIARIO REGISTRADO Y ESTÁN EN EL ARCHIVO DE ESTE BLOG
REITERO TODO LO QUE DIJE Y AFIRMÉ HACE 4 AÑOS
La primera se tituló “Héroe imprevisto”, porque Nisman nunca lo fue, sino lo contrario, más allá que las poco presentables autoridades de la DAIA y la AMIA junto al gobierno ultraderechista del Estado de Israel le levante una estatua en aquel país y el presidente del estado judío recibe a la madre del fiscal y le dice que su hijo es un héroe.

HÉROE IMPREVISTO


La muerte de Alberto Nisman  es una bomba de profundidad que atravesará por mucho tiempo a la sociedad argentina. La percepción popular de que el fiscal del caso AMIA ha sido víctima de un asesinato, difícilmente se disipará aún en el hipotético caso que se encontrara una carta del fiscal anunciando su decisión de suicidarse.  Días antes de su muerte había realizado una estruendosa denuncia en donde imputaba a la Presidenta de la Nación y al Canciller de “...la existencia de un plan delictivo destinado de dotar de impunidad a los imputados de nacionalidad iraní acusados en dicha causa para que eludan la investigación y se sustraigan de la acción de la justicia argentina.” Su “Yo acuso” es muy débil judicialmente, pero las escuchas en su versión oral tienen notable eficacia política. Cuando debía atravesar la prueba de la consistencia de su denuncia en el Congreso de la Nación, se produjo su muerte producto de un suicidio, de un suicidio inducido o de un homicidio. La más fuerte de las posibilidades, a esta altura de lo conocido es el suicidio (es en mi opinión),  aunque hay algunos cabos sueltos que cuestionan esta posibilidad y van encaminadas en función de una percepción ampliamente mayoritaria que se inclina por el asesinato.
Nisman ha sido un fiscal manejado por los servicios de inteligencia nacional e internacional y enfrentado en los dos últimos años al gobierno a partir del Memorando de Entendimiento acordado con Irán. Su muerte transformó a este fiscal fuertemente criticado por tres de las cuatro agrupaciones de familiares de las víctimas del atentado, en un proyecto de héroe. Toda muerte es dolorosa, merece el respeto y la consideración hacia sus familiares directos.  Pero su sorpresiva muerte no puede llevar a borrar la multiplicidad de falencias de su investigación absolutamente sesgada desde su origen y atravesada por debilidades y falsedades.  
Alberto Nisman participó en la investigación a cargo del juez Juan Jose Galeano, magistrado  que terminó destituido por irregularidades en la tramitación de la causa AMIA y que se encuentra procesado en el expediente abierto por el encubrimiento cuyo juicio oral está previsto para este año, luego de una demora inadmisible, en el que también deberán comparecer los ex fiscales Eamon Gabriel Mullen y José Carlos Barbaccia, y Carlos Telleldín, entre otros encartados.
Recordemos algunas de las múltiples irregularidades: al procesado Telleldín le pagaron 400.000 dólares con fondos de la SIDE,  para que señalara a un grupo de policías de la Provincia de Buenos Aires como ejecutores del atentado. Desaparecieron todos los casetes de las grabaciones de los teléfonos intervenidos, entre ellos el del propio Telleldín.  Se construyó el relato de un coche bomba, visto por una sola persona muy corta de vista al tiempo que todos los libros escritos sobre el tema desecharon esa posibilidad. En el libro “Cortinas de humo” de los periodistas Jorge Lanata y Joe Goldman publicado poco después del atentado en diciembre de 1994, puede leerse: “Ninguno de los diez testigos que estaban en el lugar del hecho, en posición de ver la Trafic, la vio (más de la mitad de estos testigos no fueron citados a declarar por el juez Galeano)....”

Casi nada quedó de la presunta Trafic, salvo un impecable motor encontrado por el servicio de inteligencia israelí, varios días después del atentado. Gabriel Levinas en su libro “La ley bajo los escombros. AMIA lo que no se hizo”, escribió: “Todo hacía dudar de la teoría de la existencia de una Trafic que habría hecho las veces de coche-bomba que hasta hoy marca los rumbos de la investigación. Entre los escombros del edificio de la AMIA se había encontrado el motor con un número claramente legible. Ésa era la gran prueba, la que había llevado a la detención de Telleldín primero y Ribelli después. Sin embargo, no podíamos más que sorprendernos por el hecho de que justamente en un atentado de esta magnitud no se hubiera borrado el dato que llevaba a los culpables. Cualquier reducidor de autos sabe cómo eliminar un número de motor, por lo que resulta sospechoso ese desliz de los especialistas como los que intervinieron en la voladura de la AMIA. Por otra parte, ni entre los heridos ni entre los que circulaban por la calle Pasteur a esa hora había quien recordara haber visto pasar la famosa Trafic blanca. Sólo una mujer, de nombre Nicolasa Romero recordaba que el vehículo, manejado por un hombre de rasgos árabes, había doblado por Pasteur rumbo a la AMIA segundos antes de la explosión. Una sola persona, entre las decenas que estaban en el lugar del hecho. Escasez de testimonios por un lado, prueba demasiado evidente, por el otro. A esto había que sumar “la casualidad” de que los policías que hacían guardias ante la puerta de la AMIA se hubieran retirado de su puesto unos pocos minutos antes de la explosión.” Tampoco en la embajada estaban al momento de la explosión los policías de custodia.       
Por conveniencias políticas de los gobiernos argentino, norteamericano e israelí, se determinó y de ahí se partió que Irán era el culpable y se buscaron o se forzaron las pruebas para demostrarlo. Se desecharon otras pistas como la siria que implicaba al  gobierno de Carlos Menem. La misma fue eludida porque en ese momento entorpecía  el acercamiento de Israel con Siria, al tiempo que se barajaba la posibilidad de bombardear el desarrollo nuclear iraní desde ese estado.  A su vez EE.UU había sindicado a Teherán como el enemigo a destruir. El periodista Horacio Verbitsky el 18 de julio del 2004, a 10 años del atentado escribió: “A pocas horas de producido el atentado, a las 9,53 del 18 de julio de 1994, el gobierno israelí del general Yitzhak Rabín  propuso al gobierno de Carlos Menem coordinar una interpretación unificada que conviniera a los intereses políticos de ambas administraciones. Así lo informó el embajador argentino en Israel José María Valentín Otegui, en cable emitido a las 2.50 horas del 19 de julio de 1994, apenas 17 horas después del estallido que costó la vida a 85 personas y heridas a 300. De este modo ambos gobiernos condicionaron la investigación a las respectivas ventajas que cada uno pudiera obtener y sin mayor interés por el descubrimiento de la verdad y el castigo de los responsables.” Lo mismo afirma el abogado Horacio Lutzky en su libro “Brindando sobre los escombros” informando que el funcionario israelí enviado fue Dov Schmorak.
A su vez Verbitski agrega: “Schmorak llegó la noche del  martes 19. Tal como se había solicitado fue recibido por Menem y en un reportaje concedido al diario Clarín al salir, dijo que “el número uno en la lista de los sospechosos es Irán. En el mismo sentido se orientaron los dirigentes de DAIA y AMIA.”
Poblada de hechos bochornosos, la dirigencia formal de los argentinos de origen judío, cuyos posicionamientos son prolongación de la política exterior de Israel, llegó a concurrir a la Casa Rosada a pedir disculpas cuando en el acto de la calle Pasteur Laura Guinsberg, entonces en Memoria Activa, realizó un potente discurso denunciando de complicidad y ocultamiento  al gobierno de Carlos Menem.
La misma dirigencia de la DAIA, entre ellos  José Hercman y Aldo Donzis  llegaron a  homenajear al comisario Jorge “Fino” Palacios, el mismo que hizo desaparecer pruebas o hacer una parodia de allanamiento a un posible cómplice del atentado vinculado a la pista siria, Alberto Jacinto Kanoore Edul. En algún momento hubo interrogantes nunca contestados dentro del lineamiento de la versión oficial, tales como: ¿Por qué  Kanoore Edul llamó al reducidor de vehículos Carlos Telleldín preguntando por la misma Renault Trafic que ocho días después explotaría frente a la mutual judía? ¿Por qué en un primer momento negó haber hecho ese llamado? ¿Por qué en su agenda figuraba el nombre del agregado cultural iraní Mohse Rabani, señalado como uno de los ideólogos del atentado?  ¿Por qué, Palacios mediante, desaparecieron los cassettes y las transcripciones de las escuchas hechas a los números de Kanoore Edul, y por qué, Galeano mediante, a los pocos días de la voladura la SIDE dejó de vigilar los teléfonos del empresario? ¿Por qué el padre de Kanoore Edul llamó y fue recibido en la Casa Rosada por la secretaria del hermano presidencial Munir Menem, quien le dio explicaciones sobre la situación de su hijo?
La “desinvestigación” de Galeano con la participación secundaria de Nisman fue desestimada por el Tribunal Federal Oral número 3, consideró nulas las actuaciones y liberó a todos los acusados que estaban presos. Posteriormente la Corte Suprema atenuó la nulidad y determinó reabrir lo atinente al atentado.
El presidente Néstor Kirchner propuso la creación de una fiscalía especial habiendo la Procuradoría General de la Nación designado a Alberto Nisman,  con muy importante presupuesto y dotación de personal. Para colaborar y por sugerencia presidencial continúo el mandamás de la SIDE,  el Director de Asuntos Externos Antonio Stiles conocido como Jaime Stiuso.
Queda claro que cuando el ex Ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Gustavo Béliz, denunció públicamente a Stiuso, el santacruceño optó por éste, ya sea por conveniencia o por la relación de fuerzas de aquel momento lo que le resultaba más conveniente o útil. Mantuvo así al hombre de la SIDE que heredó, sacrificando  al funcionario que había  elegido. Eso sucedió en julio del 2004. Y no es ocioso recordar que Béliz abandonó la política, se radicó en los EE.UU y posteriormente en el Uruguay.
Es cierto que en todo el mundo los mandamás de los servicios de inteligencia son difíciles de desplazar por la sofisticada información que manejan y porque de ellos se sirven todos los gobiernos, en operaciones deleznables  perpetradas desde ese submundo infecto desde el cual se desvaloriza a la política hecha bajo los reflectores públicos. El mismo gobierno de Néstor Kirchner utilizó al SIDE en operaciones políticas repulsivas  como la que involucró  en una falsa denuncia a Enrique Olivera, en otra a Luis Juez y en otra a Francisco de Narváez.
El gobierno argentino durante los dos primeros gobiernos kirchneristas, colocó al caso AMIA al nivel de la  recuperación de las Islas Malvinas siguiendo las conclusiones de la justicia argentina. Los permanentes reclamos a Irán en Naciones Unidas, al tiempo que condecían con las decisiones judiciales,  permitían mantener una relación con EE.UU estable ya que para el imperio, Irán era la prioridad y permitía diluir el malestar de posicionamientos argentinos antiimperialistas como el no al ALCA. 
A partir del Memorando con Irán, el sector más poderoso de la Secretaría de Inteligencia (SI) se enfrentó al gobierno de Cristina Fernández. El motivo del conflicto fue que cualquier vuelco en la investigación por sus inconsistencias ponían en un aprieto considerable al artífice de la misma, Stiuso, y al fiscal  al que proveía de la información que el primero recibía a su vez, en buena parte, de los servicios de inteligencia norteamericano e israelí. Un amigo íntimo de Nisman, Gustavo Perednik, radicado en Israel, donde se encontraron en diciembre declaró: “Alberto le tenía admiración a Stiuso y lo describía como el espía de las películas, y siempre decía que es uno de los tipos más inteligentes de la Argentina, con capacidad de entrar a un lugar y darse cuenta de todo. Nisman se mostraba sorprendido ante la rapidez y certeza con la que Stiuso conseguía información que él mismo requería. Se tenían un gran respeto”      
Santiago O`Donnell en su libro “ArgenLeaks” escribe: “Los funcionarios estadounidenses de la embajada le dijeron a Nisman que se dejara de embromar con la llamada “pista siria” …Al advertir el malestar de los diplomáticos estadounidenses por el pedido de captura de Menem, Nisman les aseguró que no iba a insistir con sus averiguaciones acerca de la “conexión local.” Dijo que le había entregado esa investigación al juez Lijo y que de ahora en más se dedicaría a seguir la recomendación que le habían hecho los funcionarios de los Estados Unidos. Escribió el embajador Wayne: “Nisman aseguró que ya no tendría ningún rol en ese aspecto del caso (la investigación de la conexión local) y que continuaría enfocado en descubrir nuevas pistas y fortalecer las pruebas contra los iraníes” (Páginas 38 y 39). El periodista y escritor  Horacio Lutzky, en su informe especial “Caso AMIA, La Deuda Interna”, sostiene: “ ...durante los años del gobierno de Carlos Menem fue palpable la tácita prohibición de investigar cualquier factor que llevara a Siria o ciudadanos con vinculación con autoridades de aquél país, siendo que numerosas evidencias archivadas en la causa demuestran que el factor internacional fue una UTE (unión transitoria de empresas) con sede en Teherán y también en Damasco....” A su vez Raúl Kollman, en Página 12 del 17 de julio del 2003, sostiene: “Uno de los máximos jefes de la SIDE, en la investigación del caso AMIA, Patricio Finnen, reconoció en una reunión interna realizada hace dos años en la central de espías, que los servicios de inteligencia brasileños le enviaron a la SIDE, antes del atentado contra la AMIA, dos advertencias por escrito de que se estaba por producir un ataque en Buenos Aires......también reveló que el dinero para pagarle a Carlos Telleldín salió de unas de las  cuentas que la SIDE tenía en Nueva York, que el borrado de las escuchas telefónicas al armador de autos truchos fue realizado por Marta o Graciela, dos de las mujeres de mayor relieve de la SIDE y que en tiempos de Carlos Menem se le prohibió a la SIDE, de hecho,  toda investigación de la llamada “pista siria”.”
El periodista Juan Salinas, autor de “AMIA, el atentado” escribió: “Todo los que Nisman apila en infinitas fojas son puros dimes y diretes. Hasta el punto que, de ejecutarse el memorandum de entendimiento argentino-iraní, no podría viajar a Teherán a cumplir aquellas diligencias sin hundirse en el más abyecto ridículo.”
Cuando el ex embajador iraní en Paraguay y la Argentina Heidi Solimanpur fue detenido en Londres por Interpol y se solicitaron las pruebas al fiscal y éste las envió, las mismas fueron consideradas insustanciales por la justicia británica dejándolo en libertad y debiendo Argentina pagar una indemnización de 25.000 dólares por daño moral infligido al detenido.
La  posibilidad, entonces, que la “investigación” de Stiuso fuera seriamente cuestionada a partir de los hechos posteriores que dejaba abierta la firma del Memorando (cosa que luego no sucedió porque Irán neutralizó lo firmado) fue posiblemente el primer cortocircuito.  
El segundo detonante fue que la Secretaría de Inteligencia aseguró a la Presidenta que Sergio Massa no se presentaría a las elecciones parlamentarias del 2013.  El tercer elemento de conflicto fue la política hacia el Poder Judicial del Poder Ejecutivo conocido como “democratización de la justicia”, la que mediante la reforma del Código Procesal Penal” le quita poder a los jueces federales al dejar la investigación en manos de los fiscales. Eso dio origen a una alianza tácita entre el sector de la SI dirigido por Stiuso y los doce jueces federales, algunos de ellos integrantes de la famosa servilleta de Carlos Corach denunciada por Domingo Cavallo (en referencia a  la interesada “Cadena de la Felicidad” con la SI, los cobros en negro). De ahí partiría la información brindada por la SI a los jueces y al periodismo, base de las pirotécnicas denuncias periodísticas, algunas de las cuales pegan en zonas sensibles del Poder Ejecutivo.
Conviene aclarar, para evitar malos entendidos, que Irán puede llegar a ser responsable, pero eso está muy lejos de haber sido probado en las investigaciones de Galeano primero y la encabezada por el fiscal Nisman
LA DENUNCIA DE NISMAN
Tiene, como ya se dijo, mucha potencia como denuncia política en modo directamente proporcional a su debilidad legal. El razonamiento se basa que ante la crisis energética, el gobierno argentino decidió proveerse de petróleo iraní a cambio de lo cual este país exigía el levantamiento de las alertas rojas de Interpol,  que dificultaban la movilidad fuera de su país de los imputados por la justicia argentina y que según Nisman, el gobierno argentino había aceptado. Para disimular, se atribuiría el ataque a “fachos locales.”   
Ese sería el objetivo real del Memorando de Entendimiento que fue aprobado por el Congreso. Textualmente Nisman dice: “De las contribuciones concretas y específicas de la Sra. Presidente que se han podido acreditar con sólido sustento probatorio, surge con claridad que no solamente fue quien decidió la articulación de este plan criminal de impunidad, sino que, para ello, se valió de distintos actores para llevar adelante su ejecución y en todo momento estuvo en control de la misma, ya sea impartiendo órdenes directas a sus cómplices, o bien encabezando la campaña discursiva y mediática para camuflar la perpetración del delito.”
Los cómplices mencionados son: Luis D`Elía, Fernando Esteche, Andrés “el Cuervo” Larroque, Héctor Yrimia, ex fiscal de la causa; un agente de la Secretaría de Inteligencia que no identifica y que denomina Allan y por Irán, el argentino Jorge Khalil.
En 48 horas las vigas maestras de la denuncia se demolieron: el director de Interpol Ronald Noble afirmó que Argentina a través de su Canciller siempre exigió que se mantengan las alertas; el comercio con Irán no se incrementó sino que incluso decreció; el presunto agente de la SI cuyo nombre se hizo público llamado Bogado, había sido denunciado por Stiuso en el 2013 como alguien que se hacía pasar como agente; y, por último, Argentina nunca le compró petróleo a Irán. Tampoco Yrimia figura en la dotación del SI. Tampoco se aporta pruebas sobre la fabricación de la pista de los fachos locales.
El único de estos datos posiblemente endeble en la respuesta sea el de Ramón Allan Héctor Bogado, ya que Fernando Esteche afirma haberlo conocido en la jefatura de gabinete durante la gestión de Abal Medina. Si fuera cierto, tal vez no fuera espía, dato igualmente inverificable, pero sí vinculado al gobierno.
Hasta un crítico pertinaz del gobierno, el periodista y columnista estrella de La Nación Carlos Pagni, se preguntaba el lunes 19 de enero, desconociendo aún la muerte de Nisman: “¿Por qué Marijuan estuvo ausente de la investigación? ¿Por qué Canicoba Corral cedió tanto poder a Nisman? ¿Por qué Nisman llega al Congreso en una posición tan vulnerable? La respuesta a estas incógnitas es que, como todo el Gobierno y la justicia federal conocen, en los últimos quince años el verdadero administrador de la causa AMIA ha sido Stiuso, a quien Cristina Kirchner ha jubilado.”
Cuando todo se encaminaba a un papelón del fiscal, éste aparece muerto. Su denuncia había sido minimizada por el juez de la causa Rodolfo Canicoba Corral; y la jueza Servini de Cubría, ante la falta de elementos probatorios en la denuncia, entendió que no se daban los extremos previstos por la ley para habilitar la feria judicial. 
Una interpretación lineal que se instala fundamentalmente en el exterior, es la de un gobierno acusado por un fiscal que realiza una denuncia explosiva y muere a los pocos días, concluyendo que el inspirador y/o ejecutor es el gobierno denunciado. En el país no  se discute eso, sino si fue un suicidio, inducido o no, o un homicidio, pero hay convicción generalizada que el principal perjudicado es el gobierno.
Hasta un crítico feroz y poco sofisticado como el periodista Luis Majul escribió en La Nación del 22 de enero: “Si a cualquier trasnochado se le ocurriera pensar que la muerte de Nisman fue pergeñada por algún funcionario o simpatizante del gobierno, lo lógico sería responderle que está loco.”
Fue precisamente ese gobierno el que  firma el Memorando con Irán el 27 de enero del 2013 al que presentó como una forma de reactivar una causa paralizada, en una jugada que desde el principio tuvo elevados costos políticos. Lo cierto es que la denuncia de Nisman con enunciados explosivos y prácticamente inexistente sostén probatorio, tiene párrafos explosivos como el siguiente: “….la Sra Presidente como su Canciller contribuyeron en forma personal al perfeccionamiento del plan criminal. Ambos se involucraron en una campaña mediática  pretendiendo instalar, entre otras falsas cuestiones, la idea de que la causa por el atentado a la AMIA estaba paralizada prácticamente desde el inicio.”
El desplazamiento del mandamás de inteligencia desde hace tantos años debería llevar al fiscal a encaminar uno de los hilos de la investigación hacia ese submundo inaccesible hasta ahora.
El hábito frecuente que han sufrido distintos gobiernos de tirarles un muerto, es una pista a investigar si se comprueba la hipótesis del homicidio. 
LA PRESIDENTA SE EQUIVOCA
La Presidenta ha distribuido dos cartas por Facebook usando una vía y un posicionamiento inapropiados. Cuando todo ameritaba la cadena oficial, su presencia en vivo y la insustituible voz humana, Cristina Kirchner decidió hacer llegar su pensamiento por las redes sociales. Y los textos son mucho más propios de un analista político que la de un presidente de la nación. No es la primera vez que ante hechos trágicos adopte la vía equivocada, ya sea por ausencias erróneas o por mensajes improcedentes. En la primera de sus cartas se inclina por la hipótesis del suicidio aunque en el segundo párrafo lo coloca entre signos de pregunta. Textualmente escribió: “La muerte de una persona, siempre causa dolor y pérdida entre sus seres queridos, y consternación en el resto. El suicidio provoca, además, en todos los casos, primero: estupor, y después: interrogantes. ¿Qué fue lo que llevo a una persona a tomar la terrible decisión de quitarse la vida?
En el caso del ¿suicidio? del fiscal a cargo de la causa AMIA, Alberto Nisman, no sólo hay estupor e interrogantes, sino que además una historia demasiado larga, demasiado pesada, demasiado dura, y por sobre todas las cosas, muy sórdida. La tragedia del atentado terrorista más grande que se produjo en la Argentina.” Luego discurre sobre una serie de referencias personales que resultan  inoportunas e improcedentes. En la segunda carta pasa a desarrollar la certeza que Nisman fue asesinado.
No era la función de la Presidenta discurrir sobre las hipótesis de la muerte, tarea reservada a la investigación judicial, sino poner a la totalidad del Estado argentino a disposición de la resolución del enigma de la muerte del fiscal.
En algunos momentos del escrito actúa como comentarista de decisiones que están bajo su potestad. Así escribió: “Resulta imposible no observar que en cualquier lugar del mundo, si alguien aparece muerto por un arma que está registrada a nombre de otra persona y esa misma persona resulta ser la última que estuvo con él en vida, le entregó el arma en el mismo lugar del hecho, su casa, y es un íntimo colaborador suyo especialista en informática que trabaja también en la causa AMIA desde el año 2007, resulta cuanto menos raro. Muy raro. Por eso es más que conveniente que se le otorgue mucha protección al Sr. Diego Ángel Lagomarsino.Conviene recordar que tanto la Policía Federal como la Secretaría de Inteligencia dependen del Poder Ejecutivo a cuyo frente está la Presidenta. Es como si el director de una obra teatral, desde la platea dijera lo que le parece debe hacer el director de la obra.
Por momentos parece minimizar el estruendo de la denuncia de Nisman en función de relegar la hipótesis del suicidio. Así puede leerse: ¿Por qué se iba a suicidar si no sabía que era falsa la información que estaba en el informe? Estas respuestas seguramente las podrán dar quienes lo convencieron de que tenía en sus manos “la denuncia del siglo” proporcionándole datos falsos. Pero además, si hubiera tenido sospechas de falsedad de información o de falta de sustento en el supuesto de que se lo habían escrito “otros” ¿Por qué se iba a suicidar alguien que ya había sido acusado por numerosos familiares de las víctimas del atentado en la AMIA o directamente lo habían recusado? ¿En qué hubiera cambiado su vida si el informe no tenía sustento y el juez a cargo, como es común, corriente y sucede a diario, le dicta un “téngase presente y resérvese hasta que se adjunte más prueba”?
Si la denuncia caía por sus múltiples debilidades después de acusar a la Presidenta y su Canciller de ser instigadores y ejecutores de un plan criminal, su carrera judicial hubiera llegado  a su final y su prestigio se hubiera arrastrado por el fango.
El periodista Alberto Dearriba en su columna del 24 de enero en el diario oficialista Tiempo Argentino, escribe con precisión en el marco de la real gravedad de la situación: “La Argentina es un país con dolorosas experiencias sobre muertes políticas. Si Nisman pensó que los chismes que seguramente le pasaban servicios que pretenden perjudicar al gobierno iban a herir al kircherismo, está claro que se equivocó. Ni los opositores pueden sacar roña de una denuncia que muchos juzgan inconsistente. Pero, en cambio, su muerte puede lastimar al gobierno de una manera todavía difícil de medir.
Todo depende de la investigación: si es rápida y con resultados certeros, el gobierno tendría un juicio relativamente benévolo de la sociedad. La conclusión de muchos será que a Cristina le tiraron un muerto. Si la investigación es morosa y confusa, buena parte de la sociedad puede condenar en cambio al gobierno. Y lo que es peor, a las instituciones. Esto no depende lamentablemente de los resultados objetivos de la investigación, sino del consenso social que irán construyendo los medios sobre la marcha de la investigación.
La mayoría de las denuncias sobre corrupción sufren condenas mediáticas antes de los fallos de los jueces. Pero este caso es algo distinto. Los condenadores públicos deberán actuar con más sigilo: está absolutamente naturalizado acusar a un funcionario de chorro, pero no de asesino.
Sea como fuere, la Argentina ya no será igual que antes de Nisman. Ahora hay un cadáver en el camino a las urnas de octubre.  El futuro político del país estará en buena medida influido ahora por la investigación judicial. ¿Cuántos argentinos seguirán fieles al gobierno y cuántos mudarán de opinión al llegar a las urnas perturbados por la muerte de un hombre? Es un interrogante mayor aún que los que atormentan a los ciudadanos decentes, que lamentan la muerte de un hombre, más allá de sus efectos políticos y demandan la verdad.” En ese mismo sentido,  la Presidenta acierta, si finalmente fue un asesinato, cuando en su segunda carta afirma: “Lo usaron vivo y después lo necesitaban muerto. Así de triste y terrible.”
El ex fiscal del juicio a las tres primeras juntas militares, Luis Moreno Ocampo coloca el trabajo de Nisman como una denuncia que intenta iniciar el proceso de buscar pruebas. Declaró: “La acusación culmina la investigación, una vez que se ha reunido la prueba”
Mención crítica aparte, merece Sergio Berni y sus apresuradas y sesgadas declaraciones a minutos del conocimiento de la  muerte del fiscal y la ausencia inveterada y crónica de la Ministra de Seguridad María Cecilia Rodríguez. 
LA OPOSICIÓN
Su papel oscila entre lo patético y lo oportunista. Sergio Massa enuncia lo que sus hechos desmienten. Afirma no querer aprovechamiento político y anuncia que se presentará en carácter de querellante (como si fuera un familiar afectado), a sabiendas que ello no será aceptado por el juez de la causa. Mauricio Macri concurrió al acto de la calle Pasteur en un homenaje a Nisman que fue el mismo fiscal que lo denunció por las escuchas ilegales que afectaron a Sergio Burstein, cuya mujer murió en la AMIA; es el mismo candidato presidencial que designó como jefe de la Policía Metropolitana a un cómplice del ocultamiento como el comisario Palacios. Patricia Bullrich y Laura Alonso, de su mismo partido, intentan sacar réditos políticos de la situación. La ex de Poder Ciudadano llegó a escribir en La Nación: “Negociaron los muertos de la AMIA”. Otros referentes como Hermes Binner se deslizaron  por sus habituales retahílas de lugares comunes.
La muerte de Nisman reanimó la ofensiva opositora, después de haber fracasado en la concreción de los pronósticos apocalípticos con el aporte e inspiración del apoyo mediático y el interés económico de algunas corporaciones, se expresó  en forma descarnada en las expresiones del escritor y periodista Jorge Asís, pidiendo adelantamiento de la elecciones con la figura de ayudar a la Presidente a “acercar la línea de llegada. 
UN ANUNCIO TRASCENDENTE

La disolución de la Secretaría de Inteligencia es una decisión trascendente y si su implementación no concluye en un mero maquillaje, será  una de las  medidas más importantes de la década.
La cadena oficial a través de la cual la Presidente anuncio esta trascendental medida se concretó cuando esta nota estaba concluida. Hay también alguna información suministrada sobre la persona que le prestó el arma al fiscal Nisman, que constituirá materia de encendidos debates en las semanas próximas. 

HÉROE IMPREVISTO
Hay un intento de convertir a Nisman en un héroe. El periodista Walter Curia en  la sección Enfoques de La Nación del 25 de enero escribió: “Nisman es lo más verosímil en medio del drama. Nisman, un muerto, es el único actor que merece credibilidad. En el otro extremo está el gobierno”
Manifestantes que salen a la calle con carteles “Soy Nisman”. Nada acreditaba en vida, que Alberto Nisman iba camino al bronce. Al contrario, parecía transitar la  posibilidad de discurrir, en algún momento,  un camino parecido al del juez Juan José Galeano. Su imprevista y lamentable muerte parece convertirlo en un héroe imprevisto.   
26-01-2015  





16 enero 2019

Alika & Nueva Alianza - De muchos patrulleros

MUCHOS PATRULLEROS
 Qué te hacés el que hablás de progreso,
si querés meter a los menores presos,
brindarle ayuda al barrio no te interesa,
muchos patrulleros, nada en la cabeza.

Ningún pibe nace chorro y te lo voy a explicar,
la niñez está en peligro, la tenemos que salvar,
no en la calle, en la escuela se tienen que quedar,
si no hay padres que los cuiden necesitan un hogar.

Al policía corrupto no le importa matar,
los jueces por billetes se pueden comprar,
con la droga y la violencia les gusta traficar,
nos trajeron el problema y nos quieren encerrar.

Qué te hacés el que hablás de progreso,
si querés meter a los menores presos,
brindarle ayuda al barrio no te interesa,
muchos patrulleros, nada en la cabeza.
Qué te hacés el que hablás de progreso,
si querés meter a los menores presos,
brindarle ayuda al barrio no te interesa,
muchos patrulleros, nada en la cabeza.

No tener un futuro, eso es la inseguridad,
y es un grave problema... ¿Te lo pusiste a pensar?
¿O solamente repetías todo lo que escuchabas?
¿Y tus propias decisiones? ¿Cuándo las tomabas?

La radio y televisión siempre conectada...
¿Quiénes son los dueños de la antena que hipnotizaba?
¿Quiénes son los dueños de la fábrica de balas?
¿Quiénes necesitan muerte para que haya paga?

Qué te hacés el que hablás de progreso,
si querés meter a los menores presos,
brindarle ayuda al barrio no te interesa,
muchos patrulleros, nada en la cabeza.
Qué te hacés el que hablás de progreso,
si querés meter a los menores presos,
brindarle ayuda al barrio no te interesa,
muchos patrulleros, nada en la cabeza.

Conozco gente que hace escuelas,
gente solidaria que fue así toda su vida,
una sociedad humana y más justa es la salida,
y conozco gente que pide más policías.

Muchas cárceles privadas van a edificar,
y ahí te quieren ver metido para poder lucrar,
con la muerte y la ignorancia les gusta traficar,
nos trajeron el problema y nos quieren encerrar.

Qué te hacés el que hablás de progreso,
si querés meter a los menores presos,
brindarle ayuda al barrio no te interesa,
muchos patrulleros, nada en la cabeza.
Qué te hacés el que hablás de progreso,
si querés meter a los menores presos,
brindarle ayuda al barrio no te interesa,
muchos patrulleros, nada en la cabeza.

14 enero 2019

LECTURAS ELEGIDAS


      El arte de provocar recesiones*


  06 de enero de 2019                                             


La producción industrial cayó más del 13 por ciento en octubre, según el Indec, y la inversión se contrajo prácticamente el 25 por ciento en noviembre, según el ITE-FGA. Ambos datos expresan lo que ya se sabía: la economía local fue llevada a una recesión violenta que, además, tiene carácter “desindustrializador”.
Las recesiones no son algo que simplemente acontece como consecuencia, por ejemplo, del azar, de la mala gestión interna o de la evolución de la economía global. Estos factores, en particular los dos últimos, pueden impactar de manera dispar en el nivel de actividad, pero la conducción del ciclo interno en el mediano y largo plazo es siempre local. Dicho de otra manera, las recesiones como la actual, es decir en un contexto externo que no es brillante, pero tampoco recesivo, son el producto de decisiones políticas internas.
Desde los albores de la civilización agrícola la humanidad sabe, por ejemplo, que si el faraón invierte en pirámides la actividad económica florece. Sin embargo, a partir de la década del treinta del siglo pasado, con los desarrollos teóricos de John M. Keynes y Michal Kalecki, la teoría conoce algo más, sabe cómo conducir el ciclo económico. Si ocurre una recesión es porque los hacedores de política, que son quienes conducen el ciclo, así lo decidieron.
La pregunta que sigue es por qué los hacedores de política tomarían una decisión tan aparentemente irracional como provocar la disminución de la actividad, un panorama que va acompañado por aumentos del desempleo y la pobreza y también por la destrucción de riqueza y capital social.


Las respuestas son múltiples, pero hoy nos concentraremos en dos, una principal y otra accesoria. La principal es la distribución del ingreso, la accesoria es la división internacional del trabajo. Una manera abreviada de decirlo, en un lenguaje menos amable y sólo en apariencia ideológico, sería que el motivo para provocar una recesión es la lucha de clases en un contexto imperialista.
Ya en el cuarto año de gobierno los objetivos económicos del macrismo se manifiestan con claridad y pueden resumirse en tres: bajar salarios y subir los precios de las tarifas, incluidos los combustibles, y del dólar. Estos tres objetivos, muy logrados, permiten hablar de un gobierno clasista, que favorece al capital, pero no a todo el capital, sino a las firmas energéticas y a las exportadoras de base extractiva, desde el mismo sector hidrocarburífero y minero, al agro y las manufacturas de origen agropecuario con destino a la exportación. Luego, en el marco del capitalismo financiero y un régimen de endeudamiento externo, los bancos completan el podio de los favorecidos.
Nótese que la selección de ganadores reposiciona al país en la división internacional del trabajo. La industria, especialmente la sustitutiva de importaciones, la que compite con los capitales globales, deja de ser prioridad y el lugar en el mundo del país vuelve a ser el del siglo XIX, un país proveedor de materias primas y algunas pocas commodities e importador de todo lo demás. La elección supone tácitamente la destrucción, precisamente, de “todo lo demás”, lo que se expresa en el derrumbe de la industria y la inversión.
Pero el punto crítico es que la redistribución del ingreso en contra de los salarios tiene consecuencias económicas muy fuertes. La primera es la caída del consumo interno, lo que explica buena parte de la recesión actual. Debe considerarse que cuando se describe que en los últimos tres años los salarios perdieron cerca de un tercio de su poder adquisitivo se soslaya que la pérdida efectiva es aun mayor por dos razones, porque la canasta alimentaria aumentó por encima de la inflación y porque una porción significativamente mayor del salario se destina a pagar tarifas, desde los servicios a los combustibles y el transporte.
La segunda consecuencia, también derivada de la primera, son los cambios que comienzan a producirse en la estructura productiva. Para las empresas la caída de salarios significa menos demanda para sus productos, en tanto que las mayores tarifas y el dólar más caro significan mayores costos y, en consecuencia, pérdida de competitividad, a lo que se agregan también las tasas de interés siderales. 
Finalmente, el aumento del dólar carece de los beneficios que se prometen, pues sólo provoca efecto riqueza para los exportadores, no aumenta las cantidades exportadas y funciona como un mecanismo eficiente para la poda de salarios. Es un tópico que el gran logro del macrismo fue bajar a la mitad los salarios en dólares. Sin embargo el balance general para las empresas no parece especialmente positivo: efectivamente les bajó el costo salarial, pero les aumentaron todos lo demás, las tarifas y todos los insumos, incluidos los costos financieros. Es decir, les cuesta más caro producir en un contexto de caída de ventas. Si muchos empresarios se entusiasmaron con la promesa inicial de salarios bajos, quizás hoy observen con otros ojos toda la ecuación y saquen mejor las cuentas.
A este marco general, que es el producto del modelo elegido por Cambiemos, se le sumó la debacle de la deuda y la concomitante cuestión del Estado. La deuda que financió el rojo de la cuenta corriente durante los primeros dos años se volvió imposible en el tercero, los mercados de crédito se cerraron y se recayó en el FMI. El resultado fue el avance hacia la reducción de las funciones del Estado con la excusa del déficit, lo que significó agravar el escenario contractivo.
La síntesis provisoria es que la lucha de clases tiene ganadores claros, que el país volvió al lugar en “el mundo” deseado por el orden que conduce Estados Unidos y que, en consecuencia, su estructura productiva comenzó a transformarse en detrimento de la industria. Ello significa también que el Estado abandona funciones que antes se consideraban esenciales, como ciencia y técnica, salud y educación y hasta infraestructura básica. Finalmente, el peso incrementado de la deuda consolida el nuevo orden restringiendo al mínimo los grados de libertad de la política económica, hoy a cargo del FMI
Publicado en Página 12