18 agosto 2016

Reflexiones políticamente incorrectas

Hugo Presman realiza un balance crítico sobre el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y las posibilidades del kirchnerismo-peronismo de disputar poder. Las expectativas favorables del macrismo están atadas a la superación de la complicada situación económica. “Si las expectativas se derrumban, la vulnerabilidad del gobierno emprenderá un descenso vertiginoso.” afirma Presman.

Por Hugo Presman*

(para La Tecl@ Eñe)
 Los méritos de los gobiernos kirchneristas,  así como sus limitaciones, insuficiencias y errores, los he señalado cuando se producían. Apoyé las medidas fundamentales tomadas, y mi evaluación positiva del kirchnerismo no necesita, para afirmarla, hacerle fotoshop a sus debilidades y miserias. Este posicionamiento es similar con todos los gobiernos nacionales y populares que se han dado en el país y en América Latina.

Considero importante reflexionar crudamente en un momento donde el gobierno actual no sólo ha desmontado en apenas siete meses una parte importante de los avances de más de una década, sino que también ha agravado los problemas heredados. Al mismo tiempo es importante encontrar una explicación de la base de sustentación social que mantiene el macrismo después de adoptar el menú de medidas impopulares más concentrado desde 1983.

Si bien la ofensiva sobre los déficits de kirchnerismo tiene por objetivo real desmantelar sus avances, es cierto también que todo indica que hubo en muchas áreas un manejo desaprensivo de los fondos públicos, para lo cual fue imprescindible conscientemente desmantelar organismos de control y archivar sin tomar en cuenta aquellos informes de los que sobrevivieron y alertaron sobre situaciones irregulares. Si bien la corrupción es el caballito histórico y habitual del establishment, precisamente enarbolado por aquellos que están especializados en quedarse con el país,  eso no puede ocultar obscenos casos de corrupción y en algunos casos la criminal actitud de comprar mal o pagar por obras inconclusas o que no se concretaron. Estas situaciones son “fuego amigo” y resultan mucho más desmoralizadoras que las que  provienen de la vereda de enfrente que son perfectamente esperables y previsibles.

El tándem Néstor Kirchner - Cristina Fernández era complementario. Néstor hacía la política concreta, la imprescindible detrás de los cortinados, y Cristina explicaba con su capacidad oratoria y su formación política las realizaciones y objetivos. Eso quedó trunco con la muerte del ex presidente. Una buena situación económica sumada a su papel de viuda y la fortaleza para afrontar esa pérdida, se combinaron para alcanzar los extraordinarios resultados electorales del 2011 y la insólita diferencia numérica con todas las variantes opositoras. A partir de ahí se exteriorizaron patéticamente los grandes déficits que en materia de construcción política tenía la presidente. La sintonía fina propuesta y que era imprescindible, quedó trunca, apenas iniciada, en los andenes de la tragedia de Once . Y lo que no se propuso, ir por ejemplo por la estatización del comercio exterior y la reforma impositiva, imprescindible para seguir avanzando, nunca estuvo en agenda. Hay momentos que a un gobierno le empiezan a pasar facturas por las cosas que hace bien y se le empieza a complicar la gobernabilidad por lo que no hace, porque el panorama económico se ensombrece. Es como andar en bicicleta: si se deja de pedalear se pierde el equilibrio. Además el gobierno se enamoró de sus propios éxitos y no comprendió que una vez incorporados por el pueblo, se originan nuevas demandas. Gobernar tiene en algunos aspectos las características de la limpieza de una casa: cuando parece concluida la tarea hay que volver a empezar porque en algún sector se ha vuelto a ensuciar. En el 2003 la demanda era conseguir trabajo; en el 2009, ya conseguido ese objetivo y con los sueldos actualizados, pasó a ser prioridad viajar bien. El gobierno reiteraba como una letanía los 5.000.000 de puestos de trabajos y los beneficiarios le reclamaban viajar como seres humanos, demanda ésta que era considerada secundaria en el 2003.

Además el gobierno en los últimos años empezó a insistir sobre un inventario de lo conseguido y poco, muy poco de lo que había que conquistar.   

Para seguir avanzando además desde aquél pico del 55%  de votos, había que consolidar un 80% de esa base de sustentación; pero se siguió el camino contrario por lo que el apoyo se fue desgranando, empezando por un error recíproco con representantes del movimiento obrero. Se avanzó en la ampliación de derechos, sin un correlato en la modificación de la estructura económica que debía sostenerlos. Cristina Fernández se fue cerrando y terminó hablándole fundamentalmente  a la fuerza propia más dura. La forma de relacionarse del kirchnerismo con la dirigencia propia se basó mucho más en el ejercicio del temor que en el de la persuasión. En “El príncipe”, Maquiavelo sostiene que el que ejerce el poder debe ser más temido que amado. Sobre gobernadores e intendentes el kirchnerismo exageró el consejo de Maquiavelo y hoy “los atemorizados” le pasan una frondosa factura
Mientras Néstor Kirchner tenía las relaciones que son imprescindibles en la política como el contacto cara a cara, la foto con un intendente, el asado con gobernadores, Cristina los hacía venir a Buenos Aires sin anticiparles los temas, los hacía escuchar el discurso que emitía por la Cadena Nacional donde definía el rumbo o inauguraba obras que no siempre se concluían, y terminado el acto se levantaba y se iba. Cuando se conformaban las listas a diputados y senadores, o cuando eligió a la mayor parte de sus ministros, se exhibió como una más que mediocre seleccionadora de recursos humanos.Todo esto resulta difícil de explicar en un cuadro político de envergadura, en una oradora muy destacada, en una analista política de jerarquía. Hay una contradicción manifiesta entre las condiciones para aspectos sustanciales de la política y las insuficiencias en los principios elementales de construcción política.

En sus últimas apariciones públicas, Cristina muestra una amplitud de la que careció en sus gobiernos. Sin embargo resulta paradojal y contradictorio que su flexibilidad actual la lleva a dejar abierta la puerta hasta a Sergio Massa pero cuando se trata de abarcar a los trabajadores sindicalizados le sigue pasando facturas y críticas. No hay movimiento nacional y popular viable si no tiene a los trabajadores adentro. Para recrear una construcción al margen de las existentes, se debe contar con cuadros formados en la firmeza ideológica pero con amplitud táctica y con una conducción estratégica en el lugar imprescindible del escenario político  y dispuesto a asumir todos los avatares de un camino sinuoso.

En la naturaleza como en la política, todo espacio que se deja es ocupado por otro.
El resultado de las elecciones del 25 de octubre del año pasado contuvo dos equívocos: los que ganaron no esperaban resultar victoriosos y los que perdieron se sorprendieron de  resultar derrotados.

Tal vez por eso el gobierno muestra improvisación en la implementación de sus medidas mayoritariamente antipopulares y los derrotados se muestran desorientados en un papel no previsto. 

Por otro lado, y con  un alto grado de simplificación, tal vez pueda afirmarse que mientras Néstor Kirchner era fundamentalmente peronista a cuyos principios les había agregado por convicción o conveniencia, poco importa, algunas aristas progresistas, y Cristina adhiere fundamentalmente al progresismo al que le agrega aristas peronistas.   
         
Las limitaciones de Cristina Fernandez en la construcción política se vuelven mucho más visibles cuando ya no cuenta con los elementos materiales de disciplinamiento. Es visible su liderazgo como sus limitaciones en la conducción. Renunciar a la conducción por cansancio, acoso judicial o por todo junto, deja el terreno abonado para una dispersión de las fuerzas propias y facilita el aislamiento propiciado por otros sectores del mismo campo. En las últimas semanas la ex presidente parece haber adoptado una actitud más activa, al tiempo que las encuestas la dan bien posicionada ante la posibilidad de concurrir el año próximo como candidata a senadora por la Provincia de Buenos Aires. En materia de acercamiento al movimiento obrero sindicalizado, parece haber emprendido un viraje positivo ya que estuvo, en un gesto simbólico muy significativo, en el velorio de Raimundo Ongaro y trascendió un encuentro con el ascendente dirigente sindical de los bancarios, el radical Sergio Palazzo.     

Sobre las grietas del campo nacional y popular, sobre su desconcierto y oportunismo, el macrismo construye su fortaleza desproporcionada al desquicio consumado. La forma unitaria de gobierno deja a las provincias a merced de la coparticipación nacional y a los municipios dependientes de la nacional y la provincial, sin cuyos aportes las provincias y los municipios son ingobernables. Hay una explicación pragmática sobre ciertas conductas de gobernadores y senadores que representan a sus provincias pero hay sobreactuaciones indignas. Sobre ese tembladeral, sólo un agudizamiento de las condiciones económicas por la aplicación de un plan inviable por el oficialismo,  conducirá al fino olfato que tienen muchos políticos justicialistas a su regreso al redil opositor. Cuando perciben “olor a muerto”, su colaboracionismo actual cesará en las puertas del cementerio.

El macrismo ha logrado identificar al kirchnerismo como un grupo de delincuentes que se apropió del Estado para direccionar los fondos públicos a bolsillos privados de funcionarios oficialistas. El ajuste lo proponen como una consecuencia del robo y de las políticas erróneas del populismo, y la disyuntiva que plantean es ese pasado o el futuro que  lo corporizan en su gobierno, una vez que puedan dejar atrás “la pesada herencia”.

Mientras que las expectativas favorables superen a una complicadísima situación económica, el macrismo conservará su fortaleza aunque la misma recorra un itinerario decreciente. Pero si las expectativas se derrumban, la vulnerabilidad del gobierno emprenderá un descenso vertiginoso.

La batalla electoral del 2017 es decisiva. Una oposición fragmentada en una elección de tercios le puede dar al gobierno un triunfo estrecho pero la suficiente fortaleza para ir por la desarticulación de lo que le reste por entonces. Basta recordar que habiendo ganado las elecciones presidenciales por una diferencia  mínima ha emprendido una restauración conservadora de la envergadura ya conocida.

Subestimar los fines estratégicos del proyecto macrista ya originó una derrota electoral y la desorientación que ha producido su escalada intensísima

La conformación de una oposición electoral unificada parece imprescindible para parar en las urnas un proyecto cuyo objetivo último es desbalancear definitivamente el empate histórico entre dos modelos. Esa oposición así planteada sólo sirve para herir de muerte dicho propósito pero no es una alternativa de gobierno, que sólo tiene posibilidades si se agrupa alrededor de un programa mínimo y no meramente oponiéndose a lo existente.

Bien apunta el sociólogo Ricardo Rouvier: “la nueva mayoría apunta a conformarse como un reducto interpelador sin anclaje popular, sin capacidad de diálogo, entonces va a ser muy difícil. En ese camino no se puede despreciar a las CGT, o al PJ; o sea, al peronismo que ellas representan. Tampoco se puede desechar a la clase media típica (hoy fuertemente afectada por las políticas económicas), base social del kirchnerismo, porque su  presencia es necesaria para conformar una alianza social mayoritaria… el kirchnerismo debe ir por el no kirchnerismo si quiere constituirse en una mayoría. Tiene varios obstáculos por delante; en primer lugar, la propia dinámica de embudo que hizo que se vaya achicando cada vez más dejando fuera a muchos por una dirección intemperante. El kirchnerismo ve al peronismo del PJ, a la CGT, a Massa dentro del “sistema”. Entonces ¿se supone que el kirchnerismo va a romper el sistema? No, no lo va a romper; denuncia sus fallas pero lo usa; utiliza las herramientas que provee la Constitución liberal. Lo rompe, solamente, desde el imaginario que suscita desde el lenguaje, pero lo mantiene desde la pragmática.”  (Construir mayorías, Ricardo Rouvier, artículo publicado en La Tecl@ Eñe: http://www.lateclaene.com/ricardorouvier--c9vk)

 La paradoja es que el justicialismo con su conformación actual, sin el kirchnerismo, parece el complemento adecuado para CAMBIEMOS, y el kirchnerismo sin el justicialismo no tiene posibilidades electorales ciertas en una elección presidencial. A su vez, el camino de la unidad está atravesado por rencores, egos, facturas pendientes y el éxito relativo de la campaña demonizadora que realiza el gobierno acerca del kirchnerismo. 
El viejo e incumplido apotegma peronista de primero la patria, luego el movimiento y por último los hombres, no puede ser archivado  porque  cuando los hombres se enfrascan en sus miserias, el movimiento se detiene y la patria se subasta.
Mucho antes,  el escritor francés  Gustave Flaubert lo dijo bellamente: “No son las perlas las que hacen el collar, es el hilo.”

En la generación y consistencia de ese  hilo está buena parte del secreto para descifrar como será el futuro.


Buenos Aires, 15 de agosto de 2016

*Periodista
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