06 marzo 2016

GRACIAS COMANDANTE



A TRES AÑOS DE LA MUERTE DE HUGO CHÁVEZ, SE REPRODUCE EL TEXTO ESCRITO ENTONCES, EN ESTE MOMENTO DE REFLUJO DE LOS GOBIERNOS POPULARES


Comandante, ahora que se fue, quedándose para siempre, permítame que en un supremo gesto de inmodestia le cuente  lo que Ud. significó para un pequeñísimo militante latinoamericano. Lo hago bajo el clima de la conmoción que su muerte significa, pero seguro que en esta historia personal queda reflejada con matices y diferencias las de una generación de luchadores. Ya habrá tiempo para contar lo sucedido desde Ud.
Su muerte me lleva a otras muertes de figuras queridas. Tenía 6 años cuando en una fría noche de julio cenaba con mis padres antiperonistas en una pequeña aldea de las colonias judías de Entre Ríos, cuando a las 20 y 25 la radio informó de la muerte de Evita. Era muy chico y aldeano y la única pregunta que se me ocurrió fue ¿quién le cocinará ahora a Perón? Cuando adolescente ingresé a la izquierda nacional que también influyó muchas décadas después sobre Ud., y comprendí lo que significó Evita;  entonces pude llorarla y recordarla diariamente los cuarenta y cinco años posteriores. Estudiante universitario, derramé lágrimas por la muerte del Che en Bolivia, en la primavera de 1967, por su enorme estatura que contradecía sus errores estratégicos. Años más tarde maldije conmovido el suicidio de Salvador Allende cuyo último discurso, bajo las bombas que caían sobre la Moneda, el 11 de septiembre de 1973,  es uno de los más conmovedores que se hayan pronunciado: ¿recuerda Comandante aquellas palabras del Chicho?: “¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos……Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz ya no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria…..Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.”
Un 1° de julio de 1974 murió Perón, y el hombre por el cual habíamos luchado por su regreso,  abrió un enorme agujero que terminó llevándose a una generación en los años de plomo. Sorpresivamente, cuando la historia de los pueblos parecía clausurada, un hombre del Sur despertó las esperanzas perdidas; pero un día primaveral, feriado por la realización de un censo, Kirchner murió y el dolor fue desgarrador. Y ahora Ud. Comandante. Un cáncer logró lo que sus enemigos desearon pero no pudieron, allí en las elecciones donde fue imbatible.
  
¿Sabe una cosa Comandante? Ud. concretó algo así como el peronismo venezolano. Para ello fueron necesarias dos circunstancias históricas: el “caracazo” del 27 de febrero de 1989  y la caída del Muro de Berlín en noviembre del mismo año. Hijo de ambos hechos históricos, intentó  un golpe en febrero de 1992, en una Venezuela donde el 72% era extremadamente pobre y el 30% padecía de desnutrición, devastada por el Pacto de Punto Fijo que garantizaba la alternancia de los dos partidos mayoritarios. Seis años más tarde llegó al gobierno por elecciones. Y empezó a haber una luz en la oscuridad inenarrable del neoliberalismo. Confirmando la aseveración de Shakespeare, afirmación puesta en boca de uno de sus personajes: “la oscuridad más profunda es la que precede al amanecer”, se sumaron en la década siguiente,  Lula, Tabaré, Bachelet, Evo, Correa, Lugo, Kirchner.
Ya no estaba sólo Hugo. Ahora la idea más revolucionaria del siglo XIX, la unidad latinoamericana que enarboló como nadie invocando y predicando a Bolívar, tenía los actores necesarios para corporizarse. Imagínese lo que significó para los que nos formamos en la izquierda nacional  que siempre levantamos esa bandera, que Ud. la enarbolara como nadie; la misma por la cual fueron asesinados o exiliados los emancipadores que la sostuvieron en el siglo XIX.
Empezaron a suceder concreciones impensables: la consolidación del Mercosur, la creación de la UNASUR y del ALBA; el no al ALCA, en una  alianza de epopeya en Mar del Plata con Néstor y el apoyo de Lula.
Reuniones de presidentes donde el lenguaje y las propuestas despertaban las utopías incumplidas del siglo XIX y algunas de los setenta del siglo XX. Eran tan notables que un día, mirando por televisión un encuentro de mandatarios en Buenos Aires, allá por el 2007, escribí una nota que se llamaba “El televisor de los sueños” que en un párrafo decía: “Tengo un televisor que transmite los sueños. Que trae imágenes del futuro. En colores. Con mucho verde esperanza. Ayer mi televisor enloqueció. Aparecieron imágenes de un acto en Casa de Gobierno. Con la presencia de los presidentes Lula, Evo, Duarte, Chávez, Correa, Kirchner y Cristina Fernández. Y mucha gente especialmente invitada. Era por el lanzamiento de Banco del Sur. Un sueño. Una locura. Una utopía. Claro que para verlo hay que tener esta excentricidad que es el televisor de los sueños. Que trae al presente imágenes vistas en las utopías juveniles. Con gente vitoreando “Patria si Colonia no.” Si, ahí mismo donde hace apenas una década se proclamaban las relaciones carnales, la idea de la colonia próspera entrando de rodillas al primer mundo. Donde se llegó a importar caca francesa. Ahí donde se aplaudía aquello de  “ramal que para, ramal que cierra”. Ahí donde hoy están sentadas las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, se promulgaban las leyes de la impunidad y el indulto. Entre el público alcancé a avizorar a muchos de los que aplaudían lo contrario de lo que hoy se hace. Por la humedad de los ojos alcanzo o imagino leer una frase de Marx: “En la historia, como en la naturaleza, la podredumbre es el laboratorio de la vida”. Está hablando Evo. En su voz y en su piel está buena parte de la historia de las venas abiertas de América Latina……”. Es cierto que se va Comandante y el Banco del Sur no se concretó. Pero hay muchas otras que sí se llevaron a la práctica: En Venezuela, los olvidados que no conocían en su vida un médico y eran analfabetos, accedieron a la salud y a la educación. Bajó la pobreza a la mitad y sólo durante el 2011 repartió 146.000 viviendas, mientras catorce millones de venezolanos acceden a alimentos subsidiados por el Estado y el 61% de la población compra alimentos en puntos de venta del Estado.  Por eso cuando el poder económico dio su golpe el 11 de abril del 2002, cuando lo detuvieron y lo llevaron a una isla con el fin de fusilarlo, los que recuperaron la dignidad gracias a Ud. bajaron de los morros y consumaron su 17 de octubre. Desde entonces Ud. fue más peronista que mucho de los que se olvidaron de Perón en nuestro país.
Tengo críticas para formularle Comandante, pero lo dejaré para otra oportunidad. Quiero recordarlo como ese conversador encantador, ese orador brillante, ese militar con una sólida formación que abrevaba en la historia latinoamericana para desentrañar el presente. 
En los últimos años se enamoró de “El loco Dorrego” de Hernán Brienza,  difundió  “Historia de la Nación Latinoamericana” de Jorge Abelardo Ramos; y como el Pepe Mujica, no dejó de recordar aquella frase precisa del “Colorado”: “América Latina no se encuentra dividida porque es “subdesarrollada” sino que es “subdesarrollada” porque está dividida. El subdesarrollo es hijo de la división, y, por eso mismo, es decisivo resolver la cuestión nacional.” En su último mensaje a la CELAC citó a otro hombre de la izquierda nacional, escribiendo: “Tiene razón el escritor argentino Norberto Galasso: Lo que pudo ser la victoria de la Patria Grande se convirtió en las veinte derrotas de las patrias chicas. Esta historia no debe repetirse.” Y avanzó sobre lo realizado: “Todo cuanto hagamos por la unidad no sólo estará justificado por la historia sino que además se convertirá en el más luminoso legado que podamos dejarles a las nuevas generaciones. Igualmente, estaremos honrando activamente la memoria de nuestros Libertadores y Libertadoras. En la CELAC, como quería Bolívar, hemos vuelto a ser una sola Patria.” Generoso como nadie, ayudó a quien lo necesitara, ya sea Cuba, Nicaragua o la Argentina.
Recuerdo a Helder Cámara, el obispo brasileño que me parece que me dice: “Cuando uno sueña solo, es sólo un sueño, cuando soñamos juntos, comienza a construirse otra realidad.” 


Comandante: en este momento de la despedida quiero agradecerle estos años donde pude presenciar cómo recuperaba y concretaba algunos de los sueños juveniles que le dieron sentido a nuestras vidas. Cuando uno está mucho más cerca de la partida que de la llegada, eso tiene un valor que tal vez Ud. nunca haya imaginado. Vaya a encontrarse con San Martín, con Bolívar, con Miranda, con Simón Rodríguez, con Moreno, con Monteagudo, con Artigas, con Dessalines, con Martí, con Morazán, con Sandino, con el Che, con Perón, con Manuel Ugarte, con Ramos, con Spilimbergo, con tantos otros de los patriotas latinoamericanos que soñaron y lucharon por las mismas banderas que Ud.
Como bien dijo el licenciado en filosofía Ricardo Forster: “Chávez sacó del desván las estatuas de nuestros libertadores y los puso a caminar de nuevo.”
También hay muchos que brindan por su muerte.  Son los miserables, émulos de  aquel energúmeno franquista, Millán de Astray, que entró en la Universidad de Salamanca al grito de ¡Viva la muerte!
Son los mismos que denostaron en vida a Bolívar y San Martín. Son los que lo injuriaron desde los medios hegemónicos, que Ud. fue el primero en desenmascarar.
Allá van para despedirlo sus últimos compañeros de lucha, los presidentes Dilma, Cristina, el Pepe Mujica, Correa, Evo, y seguramente los compañeros Lula y Lugo.
Dejo acá porque como escribió Tato Pavlovsky: “Me detengo aquí porque tengo ganas de llorar y cuando lloro no puedo escribir.” Sólo me queda decirle: Gracias Comandante. De fondo escucho la canción de Pepe Guerra en la voz de Los Olimareños que parece tan oportuna para estas horas dolorosas:  Los sueños que había querido/  Crecerán, aunque no estoy  /Ya no vivo, pero voy/En lo que andaba soñando./ Y otros que siguen peleando/ Harán nacer otras rosas.../En el nombre de esas cosas/Todos me estarán nombrando. …. / Mis manos son las que van/ En otras manos, buscando/ Mi voz.. ¡la que esta gritando!/ Mi sueño, el que sigue entero./ Y sepan que solo muero/ Si ustedes van aflojando/ Porque el que murió peleando,/ Vive en cada compañero.”

6-03-2013


Imprimir
Imprimir el artículo

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada