12 enero 2015

LAS PARADOJAS RIDÍCULAS
                                                        

     
Estados Unidos se presenta como el país más empeñado en la lucha contra el narcotráfico.
Sus radares, sus celosas aduanas, el maltrato habitual a los turistas que intentan ingresar legalmente a los EE.UU, no han evitado que sea el principal mercado de drogas abastecido por el narcotráfico.
Estados Unidos se presenta como el principal adalid de la lucha contra el lavado de dinero fruto del narcotráfico, de las evasiones fiscales, de la fuga de capitales. Critica a los paraísos fiscales cuya denominación correcta es guaridas fiscales, domicilio conocido de los capitales delictivos mencionados. Sin embargo, y aunque parezca increíble, en el propio territorio norteamericano hay una guarida fiscal, el Estado de Delaware con ventajas similares a las de las Islas Caimán, Bermudas, Seychelles o estados casi ficcionales como Luxemburgo, o estado bancario como Suiza. Si acudimos al diccionario nos enteramos: “Delaware es uno de los 50 estados de los Estados Unidos. Es el segundo más pequeño en extensión territorial, tan solo por detrás de Rhode Island. Es también el sexto estado menos poblado del país, sólo Dakota del Sur, Alaska, Dakota del Norte, Vermont y Wyoming, cuentan con menos habitantes. A pesar de su pequeña extensión, Delaware es un gran centro financiero. Más de 200 mil empresas tienen su sede en el estado. Esto sucede gracias a las leyes estatales que conceden beneficios fiscales a las compañías que deciden instalar sus sedes en el estado, atrayendo incluso a muchas que operan principalmente fuera de él. Este hecho dio al estado el apodo de "The Land of Free-Tax Shopping.” Durante la guerra civil (1861-1865),  “Delaware decidió permanecer en la Unión. Sin embargo, buena parte de la población del estado simpatizaba con la Confederación, creyendo que los estados poseían el derecho de separarse de la Unión si quisieran. La Proclamación de Emancipación de 1863 abolía la esclavitud en Estados Unidos, aunque no en los estados que habían permanecido en la Unión (Delaware y Maryland). En 1865, después del final de la guerra civil, la decimotercera enmienda abolió oficialmente el uso del trabajo esclavo en el estado. Delaware intentó continuar con el uso del trabajo esclavo después de la Guerra Civil, pero sin éxito.”




Tal vez Ud. ha leído el párrafo anterior sin llegar al hueso del mismo. Imagínese el escándalo que sería  si en nuestro país, la AFIP y  los distintos organismos del sistema de prevención en materia antilavado, como la Unidad de Información Financiera, libraran una batalla intensa contra la evasión impositiva y el lavado y al mismo tiempo se aceptara y propagara  que Tucumán fuera una guarida fiscal, donde no se tributaran impuestos nacionales y provinciales. Bueno eso ocurre en EE.UU.
Es el país donde se han hecho campañas internacionales en defensa de  los derechos humanos y se han legalizado las torturas en defensa de la seguridad. Se han olvidado de una afirmación precisa de Benjamín Franklin, que además de inventar el pararrayos fue uno de los gestores de la independencia norteamericana: “Los pueblos que en nombre de la seguridad sacrifican la libertad, no merecen ni la seguridad ni la libertad.”
En pocos lugares del mundo un legislador, en este caso una legisladora Debbie Riddle del Partido Republicano representando al estado de Texas, criticando la reforma de la salud propuesta por el presidente Barack Obama, puede llegar a declarar, sin ruborizarse: “¿ De dónde ha salido esta idea peregrina, de que todo el mundo merece educación y salud gratis? Ha salido de Moscú. Ha salido del infierno”             
Los países que presuntamente deben garantizar la paz mundial son los principales fabricantes de armas.
El notable canta autor catalán Joan Manuel Serrat lo sintetizó en su canción “Algo personal”: “Se arman hasta los dientes en el nombre de la paz”.





Los principales enemigos invocados por EE.UU  actualmente fueron fomentados o inspirados por EE.UU ayer, desde Osama Bin Laden de Al Qaeda a Sadam Husein en Irak 
El capitalismo que predica el libre mercado y el libre tránsito al movimiento de mercaderías y capitales, establece todo tipo de trabas al traslado y radicación de personas.
El capitalismo ensoberbecido surgido de la caída del Muro de Berlín, con su peregrina afirmación de  “El fin de las ideologías”, vencedor de la batalla ideológica, arroja un resultado pavoroso a un cuarto de siglo del acontecimiento: las 85 personas más ricas del planeta tienen tantas riquezas como las 3.596.000.000 de personas más pobres. De ellas setecientos millones hacen sus necesidades más elementales a cielo abierto.






El capitalismo y la sed insaciable de incrementar la tasa de ganancias amenazan la habitabilidad del planeta. La irracionalidad superlativa es incendiar voluntariamente el hábitat, el hogar colectivo. El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki Moon afirmó:  “No hay otra alternativa, porque no hay un planeta igual al planeta tierra” El ambientalista Osvaldo Canziani afirma: “Nadie daba un céntimo por el problema del ozono porque el agujero estaba sobre la Antártida, pero a mediados de los ochenta se hizo un agujero  en Suecia y ahí se pegaron un susto. Ahí se comenzó a trabajar  y lo que se planteó ya desde los inicios fue que la temperatura media de la Tierra no debía exceder a fin de siglo los dos grados centígrados. A medida que sube la temperatura se calienta el mar y vienen los problemas. Por eso tenemos esas lluvias impresionantes…..En Bosnia llueve tanto que las ratas están invadiendo todo y hay leptospirosis por todos lados, entre otros motivos por la deforestación.”
Sobre el tema de la deforestación, puede leerse en el The New York Times del 3-01-2015: “En la batalla para limitar los riesgos del cambio climático, desde hace décadas ha estado claro  que concentrar la atención en los inmensos bosques tropicales del mundo- salvando los que quedan y quizás permitiendo que crezcan nuevos- constituye la estrategia más prometedora  a corto plazo. Ello se debe al papel primordial que juegan los bosques en lo que se denomina el ciclo del carbono del planeta. Los árboles extraen el dióxido de carbono- el principal gas con efecto invernadero- del aire y encierran el carbono en su madera y en la tierra. Destruirlos mediante la quema, reintroduce gran parte del carbono al aire, contribuyendo al cambio climático.  A través del tiempo, los humanos han talado o dañado por lo menos tres cuartas partes de los bosques del mundo, y esa destrucción ha sido responsable de gran parte del carbono en exceso que hoy calienta el planeta”.
Lo que omite este diario, es que EE.UU, el mayor país emisor de gases, se  ha negado a firmar el Protocolo de Kioto sobre el cambio climático que tiene por objetivo reducir las emisiones de seis gases de efecto invernadero que causan el calentamiento global.
 No se trata de suscribir una ecología fundamentalista que impida toda actividad productiva ni tampoco la desaprensión de aceptar que la tasa de ganancias de explotaciones económicas incompatibles con la vida a largo plazo destruya el hogar común.  
De ahí que el escritor uruguayo Eduardo Galeano haya escrito, sintetizando estas paradojas ridículas: “En este reino de la impunidad hay homicidios sin asesinos, tortura sin torturadores, y violencia sexual sin abusadores”
09-01-2015





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