02 noviembre 2012

LAS ZONAS GRISES DEL KIRCHNERISMO*




El kirchnerismo cumplió nueve años. Ha marcado una diferencia importante con todos los gobiernos de la democracia: sus méritos están en el predominio de la política sobre la economía, la presencia del estado incidiendo sobre el mercado, las políticas de derechos humanos y la exterior alineada con los países latinoamericanos; y entre 15 y 20 medidas que hacen la diferencia que van desde el NO al ALCA, la quita a la deuda, la estatización de las AFJP, la expropiación del 51% de las acciones de YPF, la reconformación de la Corte Suprema de Justicia, hasta el pago al FMI para concluir con sus supervisiones y evitar la imposición de sus letales políticas.
El novelista y ensayista Teodoro Boot lo ha resumido así: “Kirchner consiguió reunificar y conducir al peronismo en casi todas sus variantes, ampliar su marco de alianzas con fuerzas afines y construir un consenso social mucho mayor de lo que el peronismo y sus nuevos aliados podían representar por sí solos. En base a cuatro pilares (fin de la impunidad, reconstrucción económica por medio de la renegociación de la deuda y la sustitución de importaciones, fomento del consumo interno, integración regional) nació lo que en tren de simplificación o de nueva categoría política y acaso histórica, se llamó kirchnerismo.”
Desde el punto de vista económico, el gobierno en su primera etapa, se vanaglorió de tener un tipo de cambio alto y superávit mellizos que le permitió realizar una política de desendeudamiento con los acreedores externos. Creció a tasas chinas, bajó en forma considerable la desocupación y los índices de pobreza e indigencia descendieron en forma significativa, mientras se crecía a tasas desconocidas en el país con una inflación baja. Mejoró la distribución del ingreso y a través del potente incremento de la demanda se redujo a cero la capacidad fabril ociosa. Se atravesó la crisis del 2008 con políticas económicas activas y se recuperó el ritmo de crecimiento en el 2010 y 2011, volviendo a caer en el 2012, en medio de una crisis internacional de una profundidad insondable.
En la misma línea Daniel Aspiazu, Pablo Manzanelli y Martín Schorr en el libro “Concentración y Extranjerización” sostienen: “Desde hace una década, en el marco de la denominada posconvertibilidad, se ha venido desplegando en la Argentina un nuevo esquema económico que ha girado en torno del “dólar alto” y ha alterado de manera significativa muchos de los aspectos críticos del modelo de acumulación vigente entre 1976 y 2001. Basta con mencionar la redefinición de los liderazgos sectoriales, la reversión (aunque acotada) del proceso de desindustrialización, la importante creación de puestos de trabajo y la consiguiente mejora de los indicadores sociales (potenciada, a su vez, por un conjunto de políticas públicas), el desendeudamiento, la reestatización del sistema previsional y los superávit gemelos (externo y fiscal). Estos elementos positivos y en varios sentidos auspiciosos, luego del sendero transitado durante el cuarto de siglo en el que estuvo vigente la lógica basada en la valorización financiera y el ajuste estructural.”

LIMITACIONES E INSUFICIENCIAS

La presente nota, después de dejar sentado desde dónde se ubica el autor, intenta hacer un  inventario de sus limitaciones y carencias.
A pesar de muchos logros significativos si se los compara con el 2003, los mismos se relativizan si se los compara con 1975, nada menos que 38 años atrás.  Pepe Nun, ex Secretario de Cultura, escribió en Le Monde Diplomatique de septiembre del 2012 sobre la distribución del ingreso: “Si sólo se dirige la mirada al período 2003-2010, la brecha de ingresos entre el 10% más rico y el 10% más pobre de la población argentina se redujo en un 30%. Pero si la comparación parte de 1975, esa brecha se amplió tres veces y sigue creciendo (y todo sin considerar la notoria magnitud de los ingresos que el decil más próspero omite declarar)”
La desocupación real es hoy un 200% más que en 1974. La pobreza en términos reales, lejos de las que informa el Indec (que el gobierno redujo a su mínimo nivel de credibilidad) ronda entre el 22 y 25%. Lo que habría que preguntarse, teniendo en cuenta que es difícil mantener los índices de crecimiento conseguidos en los mejores años de la década kirchnerista, cómo se podrá seguir bajando el núcleo duro de la pobreza y la  indigencia con tasas de expansión menores. A lo que se suma el trabajo informal que tiene un piso del 35%. Y con relación a seguir profundizando la distribución del ingreso, el gobierno no asume la necesidad imprescindible de una reforma integral y de carácter progresivo del sistema impositivo.
Careciendo de una política agropecuaria, el kirchnerismo despreció verbalmente a la soja y la ha alentado en la realidad con un crecimiento desmedido y siempre progresivo del área sembrada.

La concentración de la economía se ha acentuado con lo que acotar la inflación se vuelve mucho más difícil, al tiempo que se acrecentó la extranjerización. A simple título informativo: en lácteos dos empresas tienen el 66% del mercado; en telecomunicaciones, dos empresas tienen el 100%; en galletitas dulces un duopolio tiene el 73%; en gaseosas, dos empresas tienen el 84%. La chapa laminada en caliente, una sola empresa tiene el 84%, en hierro redondo, cuatro empresas concentran el 72%. En cemento tres empresas cubren el 96%. A su vez la extranjerización: en 1995, de las 500 principales empresas, 252 eran extranjeras y 248 nacionales. En 2009, 324 eran extranjeras y 176 nacionales. Esto está reafirmado en el libro citado “Concentración y extranjerización” donde se sostiene: “En el período 1993-2009 tuvo lugar un aumento significativo en la extranjerización de la cúpula empresaria. Si bien este proceso asumió una notable intensidad en la década de 1990, en el transcurso de la postconvertibilidad se ha asistido a la consolidación estructural de los actores foráneos. Tal es así que durante el período1993-2001 la facturación de las empresas transnacionales representó, en promedio, el 40,9% de las ventas totales de la elite, mientras que en 2003-2009 significó alrededor del 60%.”    
La política de subsidios al transporte, imprescindible en los primeros años, no mejoró los servicios y constituyó un negocio para las concesionarias con fuerte sospecha de un importante nido de corrupción. El accidente de la estación Once, el 22 de febrero de este año, patentizó el contubernio irritante del concesionario rentista, el Estado mirando para otro lado, funcionarios cómplices altamente sospechados de corrupción, y que se traduce en un servicio altamente deficitario y finalmente en muertes.
El ensayista Alejandro Horowicz analizando los fundamentos del procesamiento de los diferentes involucrados en el trágico accidente imputados por el juez Claudio Bonadio escribió: “Se montó un “grupo artificial de empresas” que pertenecían al mismo grupo económico y que se facturaban entre sí millones de pesos  por supuestos servicios; un conglomerado “cuya motivación no era otra que hacerse de manera espuria de los recursos económicos” de Trenes de Buenos Aires (TBA) ; la  empresa concesionaria “ era presentada como deficitaria, a fin de continuar con la obtención de los subsidios del Estado nacional”. Vale decir, fraguaron sus déficits para seguir obteniendo recursos públicos  El juez advirtió que Cometrans, controlante de TBA, recibió de la empresa ferroviaria 127.798.900,97 pesos a cambio de asesoramiento integral”  prestado por Sergio y Claudio Cirigliano y “otros asesores externos que nunca fueron identificados”. Desvíos imposibles sin “complicidad de funcionarios públicos” que “ no realizaron los controles que en tiempo y forma debían hacer”, ni exigieron que se brindara un servicio seguro. TBA  gastó casi 128 millones de pesos por asesoramiento y 17,28 millones  de pesos, menos del 14%, hubieran bastado para la renovación completa de los compresores, “vitales para el frenado de  trenes, estamos ante “una práctica empresarial”, no ante un “accidente”.   
La instrumentación de la tarjeta SUBE, que iba a discriminar positivamente a los beneficiarios está paralizada. A 10 años, el sistema de transporte general es deficiente en un país con el PBI argentino y sus enormes potencialidades latentes. Como en casi todas las áreas hay soluciones pragmáticas ante los problemas que se presentan, pero una carencia muy fuerte de una planificación que permita asegurar que en una década Argentina volverá a tener ferrocarriles en los cuales sus ciudadanos viajen como seres humanos, y rutas acordes a su parque automotor. Complementariamente el atraso en materia de subtes en la Capital Federal y su inexistencia en las principales ciudades del país demuestra cuanto se ha retrocedido en esta materia. Esto se produce cuando se han  incorporado  a las calles y rutas en los últimos años millones de autos, con autopistas que no se expanden ni se amplían. Como consecuencia de todo ello, Argentina tiene uno de los índices más altos de muertos en accidentes de tránsito. La matriz de insumo- producto, imprescindible para que no suceda esto,  la aprenden los estudiantes de ciencias económicas cuando dan sus primeros pasos en sus carreras.  
Los subsidios indiscriminados a la luz y al gas, que lo han convertidos en muy baratos,  han llevado junto con la mejoría  económica de amplios sectores, a una demanda enorme que ha producido un agujero complicado en el rubro importación de energía. Si a esto se suma que del lado de la producción sólo se ha reducido a  la explotación a ritmo forzado de los pozos concesionados, la insuficiencia energética ha pasado a tener un peso enorme en la balanza comercial. El gobierno controló mal y no exigió lo que correspondía. De haberlo hecho, se hubiera atenuado significativamente  la actual situación.
Al respecto, escribió el periodista especializado en economía  Marcelo Zlotogwiazda en la revista Veintitrés del 18 de octubre: “Tampoco hubo sintonía fina con los subsidios a la electricidad, el gas y el agua, otro de los temas expresamente señalados por Cristina un año atrás. Luego de una primera tanda de recortes que afectó a unos pocos barrios con alto poder adquisitivo de la zona metropolitana, el programa quedó paralizado y el gasto que el grupo Fénix considera “injustificable” sigue siendo de miles de millones de pesos por año.
La política minera es en líneas generales una continuación de la de los noventa: un colador por donde escapa la riqueza sin ninguna contrapartida importante y dejando una importante contaminación.
Una economía excesivamente primarizada, una industria demasiado dependiente del tipo de cambio y de los insumos importados, junto con la existencia histórica de burgueses pero no de burguesía, lleva a que el Estado deba cumplir las tareas de aquellos y las más de las veces contra la propia voluntad de los beneficiados. A su vez, el tipo de cambio se ha sido revaluando comparando su nivel de devaluación con la inflación real interna. Se ha podido sortear esta situación por las revaluaciones de otras monedas durante un tiempo prolongado, como el real.
La inflación ha sido minimizada con un comportamiento que se asemeja al del avestruz, igual que la inseguridad en su acepción más restringida, cuya omisión en el discurso presidencial resulta entre preocupante e irritante.
La política de juzgamiento del terrorismo de estado es valiosa, aunque la historia que se transmite de los setenta resulta en varios aspectos tan sesgada que incentiva la posibilidad que en algún momento se tienda a un equilibrio que coloque el péndulo en un lugar más preciso.
La perseverancia para que finalmente se haga  justicia alcanzando a  los perpetradores de crímenes atroces cometidos desde el Estado, se debe prolongar en el presente, como en los casos de Jorge Julio López y Silvia Suppo, desaparecido el primero, sospechosamente asesinada la segunda, ambos  testigos en los juicios contra los asesinos del terrorismo de estado. En democracia, resulta inadmisible la desaparición de Luciano Arruga en una comisaría o de Diego Duarte asesinado con la complicidad  policial. En estos casos, todo indica que el gobierno  no echó el resto.
Mientras excepcionales proyectos del Poder Ejecutivo como el de las empleadas del hogar y el del trabajo agrario fueron aprobados en la Cámara de Diputados y están cajoneados en el Senado, la lamentable ley antiterrorista fue rápidamente aprobada y el pro-empresarial proyecto sobre los accidentes de trabajo será convertido en ley.     

CONSTRUCCIÓN POLÍTICA

El kirchnerismo ha decidido en materia de construcción política, un cambio en sus principales bases de sustentación lo que abre un interrogante de cara al futuro y los problemas a resolver. Está claro que no hay movimiento nacional y popular viable sin la presencia activa y representativa de la clase obrera.
Cuando Néstor Kirchner accedió al gobierno con el 22% de los votos, su debilidad de origen fue el acicate para que con inventiva y audacia revirtiera la situación. Primero intentó con la transversalidad, a la que dejó de lado cuando venció contundentemente al duhaldismo y se apoderó del aparato. Cristina ha decidido elaborar una nueva construcción que siguiendo las premisas del ensayista Ernesto Laclau, concrete un desplazamiento del sector sindical como actor social principal  y un ascenso significativo de La Cámpora y las organizaciones sociales. La solvencia de la nueva base de sustentación aún no ha pasado por la prueba  de consistencia.

LAS ZONAS GRISES DEL KIRCHNERISMO
Todo gobierno es una película y no una foto, un balance sobre el mismo implica analizar   su capital que está conformado por la diferencia de sus medidas trascendentales que significan su activo y lo que no afrontó o lo hizo mal que constituye su pasivo. Esta nota hace hincapié fundamentalmente en las zonas grises del kirchnerismo algunas de las cuales quedan expuestas. Pero a pesar de ellas, su capital  ha sido reconocido hace apenas un año con un 55% de los votos y con una diferencia con el segundo,  inédita, de 40 puntos. 
El modelo kirchnerista es una ruptura en muchos aspectos con la década del noventa y en otras significativas, una continuidad. Para su sustentabilidad en el tiempo, necesita como un ciclista para no caerse, seguir pedaleando, es decir acentuar las rupturas.
Al respecto sostienen los autores de “Concentración y extranjerización”: “(Los) elementos positivos y, en varios sentidos, auspiciosos luego del sendero transitado durante el cuarto de siglo en el que estuvo vigente la lógica basada en la valorización financiera y el ajuste estructural, no impide reconocer la existencia de numerosos nudos problemáticos “nuevos” o “viejos” que, en algunos casos , han sido fortalecidos por la política económica de la postconvertibilidad. Tales son los ejemplos que brindan la ausencia de cambio estructural en el perfil de especialización productivo- industrial y de la inserción del país en la división internacional del trabajo, las ostensibles inequidades territoriales y regionales, la fuerte oligopolización de los mercados, la persistencia de la fuga de capitales locales al exterior con sus implicancias sobre el sector externo y el comportamiento de la inversión en las grandes empresas, el elevado nivel de empleo precario e informal , la vigencia de salarios muy reducidos  en términos internacionales e históricos (correlato de las modalidades del patrón de especialización comercial) y las presiones inflacionarias asociadas al nuevo modelo económico.”
El gobierno debería comprender que no tiene escriturado el 54% a su nombre, y que en este primer año de su reelección ha perdido franjas de clase media que la votaron y ha incrementado la virulencia opositora de las mismas franjas que no la votaron.
Las zonas grises del kirchnerismo cuentan con el enorme hándicap de una oposición inexistente en lo político y fuertemente activa como concentración económica. La oposición política mayoritariamente es la continuación del establishment económico y articulada por los medios hegemónicos, quedando muy visibles quién es el ventrílocuo y quién es el muñeco de madera.
Ambos parecen ajustarse a la frase del periodista uruguayo Federico Fasano Martens  O no entendieron lo que está pasando o ya pasó lo que estaban entendiendo.


*Publicado en La Tecl@ Eñe, revista digital de Cultura y Política dirigida por Conrado Yasenza. 
 
31-10-2012      
Todos los derechos reservados. Hugo Presman. Para publicar citar fuente. 

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