29 junio 2012

SILENCIO DE RADIO


Una voz en el recuerdo 













Manejaba la fluidez ante el micrófono como si hubiera sido su chupete desde la cuna. Era un profesional que amaba a los medios pero fundamentalmente a la radio. Dejó su marca personal en cada uno de los emprendimientos que acometió. Apasionado de los Beatles y por River, de la música y de los músicos, le abrió las puertas a una pléyade de jóvenes en su afán de ser artistas.
El rock nacional tiene con él una deuda inmensa. Y hasta el final fue coherente con una frase de su admirado Luis Alberto Spinetta: “ Yo sigo tocando mi canción”.
De un padre maestro de locutores, heredó su profesión. Pasó su infancia y juventud en Ramos Mejía. Desde ahí, en 1970 empezó su carrera con una suplencia en Radio Antártida. Y desde ese punto de arranque engalanó los micrófonos de Radio Rivadavia, Radio el Mundo y Radio del Plata. En ésta última saltó al conocimiento juvenil con “Imagínate Flecha Juventud”. En televisión dejó su marca con “Badía y Cia” e ”Imagen de radio”, un programa éste último con envase de televisión y contenido de radio. Sus éxitos televisivos nunca lo alejaron de su gran amor que fue la  radio. Recorrió el país con su camión estudio de radio, ausentándose de sus numerosos éxitos. Tuvo su propia radio en Pinamar. Ahí lo conocí. Posiblemente en los primeros años de los noventa.  Aprendí lo que se de radio, mirando lo que hacen los que saben y escuchándola desde los 4 años. Ahí en la costa, el Beto, mientras se movía con el micrófono y mojaba sus pies en el mar, entrevistaba a figuras y turistas que pasaban sus vacaciones. Un día, en su recorrida por las carpas, me hizo al aire unas preguntas. Yo le conté que siempre había querido hacer radio. Y entonces me dio un consejo del cual le estaré eternamente agradecido: “Nunca es tarde para empezar a hacer radio”. El autor de estas líneas ya superaba las cinco décadas. Cada vez que tuve un reconocimiento recordé a Juan Alberto. Un día le hice un reportaje en Pinamar y le conté ésta anécdota que por supuesto él había olvidado. Cuando me enteré de su cáncer de mediastino me comuniqué con su amigo del alma, Jorge Vivona para darle ánimo, contarle mi propia experiencia con la enfermedad y agradecerle aquél consejo que implicó un cambio en mi vida. No fue posible el encuentro y no dejo de lamentarlo.
En su recuperación, montó una radio por internet en su propia casa. Cuando se lo mostraba a alguna de sus visitas les decía: “Bienvenido al paraíso. Esta terapia es más poderosa que los rayos X, me sana”. Es en esa casa  donde guardaba muchos de los objetos vinculados a los Beatles, su libro “ El día que John Lennon vino a la Argentina”, sus cinco Martín Fierros, el último del 2012 a su trayectoria, y dos premios Konex en 1991 y 1995.
 Volvió después de la operación en enero del 2012, y afirmó, optimista empedernido, que estaba curado, aunque si se lo escuchaba atentamente podía percibirse que detrás de sus palabras había una despedida.  Se le hicieron variados y merecidos homenajes como el de mayo del 2012, declarado ciudadano ilustre de la ciudad de Buenos Aires. Cuando recibió el último Martín Fierro expresó: “Me llega este premio en un muy buen momento de la vida. En el último tramo he abierto las manos y aprendí a cosechar. Levanto la vista y me cuesta encontrar enemigos. Estoy feliz”. Es que tuvo la sencillez de los grandes y una generosidad infrecuente en un medio que es un concurso de egos.
En un reportaje, le preguntaron, si en medio de la incertidumbre de su salud,  el descenso de River le había resultado indiferente. Badía con una sonrisa le contestó: “Esto si fue una tragedia. A veces hay que irse a la B, como me pasó a mí, para aprender ciertas cosas”.
Volvió a la televisión en TV 360, con un programa que llamó: “Mi noche favorita”  
Una neumonía le provocó su internación de urgencia en el Sanatorio Austral. Ahí en compañía de sus tres hijos, su compañera, su sobrina, sus  dos hermanos, se apagó su voz. Un periodismo enfermo de primicias, adelantó en varias horas su muerte. Ella, la insensible,  lo mató  cuando sólo contaba con 64 años, en los primeros minutos del 29 de junio. La vida le dio una última alegría en tiempo de descuento: vio el regreso de River  a primera.
Se fue Juan Alberto Ramón Badía. Para todos el Beto Badía.
Silencio de radio   


29-06-2012
Hugo Presman. Publicar citar fuente. Todos los derechos reservados.

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