17 agosto 2011

TSUNAMI ELECTORAL

Pocas veces un resultado electoral ha sido tan contundente, no sólo por haber superado el ganador el 50% de los votos sino por la distancia de 38 puntos que lo separa de los dos segundos, minimizados en una paridad que contraría los objetivos de polarizar a la oposición a favor del escolta en la elección nacional del 23 de octubre. Cristina Fernández ganó en todas las provincias con excepción de San Luis y en el escrutinio de los sacrificados argentinos que están en territorio antártico.
Semejante balance después de cuatro años de gestión y de ocho de un mismo proyecto desmiente claramente a la prédica de los medios hegemónicos, a los representantes de la oposición fogoneados y articulados por ellos.
La desorientación que reflejan las crónicas periodísticas es un aterrizaje forzoso del país virtual que reflejan diaria y machaconamente. El actual Jorge Lanata, empeñado en destruir prolijamente el recuerdo del joven e ingenioso periodista que fue, escribió en Perfil del 15 de agosto: “Ganó por los aciertos”, esos que soslaya diariamente. Alfredo Leuco, empecinado crítico, que desde el mismo medio dijo: “Cristina fue valorada por su gestión. La corrupción no importó.” El periodista Nelson Castro, a quien le tienta el papel de fiscal moral, el día después sostuvo: “A la presidenta no la afectaron las elecciones provinciales previas. …en las sedes de campaña de la oposición no salían de su asombro. Tenían otra realidad. Vivían en otro mundo.” Desde el diario “La Nación”, tribuna de doctrina antipopular, se ha realizado un sistemático intento de demolición. El martes 16 de agosto, sus dos columnistas estrellas se desdicen: en un caso, de todo el discurso previo; y en el otro, se exterioriza el sueño de terminar con el kirchnerismo. Carlos Pagni escribe: “…el del domingo es un respaldo al Gobierno y no sólo un repudio a la oposición. Es un revés para un discurso al que le resulta imposible aprobar siquiera algo de lo que el oficialismo vino haciendo desde el 2003. Así lo leen en el gobierno….Hay una dimensión cualitativa que justifica el triunfalismo. La Presidenta produjo un fenómeno central para la historia de su grupo: reconquistó el voto agropecuario, que había puesto en fuga el conflicto de 2008, y superó su propia marca en los grandes centros urbanos, en los que había perdido en 2007.” Joaquín Morales Solá, que se considera un emblema de la libertad de prensa, aunque se pasó arrodillado durante la dictadura establishment - militar y en Clarín censuraba al humorista Caloi, según testimonio del padre de Clemente, es más reticente y garabateó: “No hay una sola razón para el arrasador triunfo de anteayer de Cristina Kirchner, antesala segura de su reelección en octubre. La oposición hizo su contribución. La economía fue decisiva. Pero ni la oposición será siempre tan ineficiente ni la bonanza económica será eterna.” El Dr. Freud podría percibir que el columnista desearía que la crisis mundial arrasara al país para terminar con el kirchnerismo. Desde Clarín, donde todo atisbo de periodismo ha cedido en nombre de los intereses empresariales, uno de sus editorialistas, Eduardo Van der Kooy, demuestra la precariedad de sus análisis. Compara el apoyo de Menem, un muerto político que transita penosamente su edad avanzada, con la reconstrucción del Estado. Escribe el 16-08-2011: “Los Kirchner han reconstruido en nombre del progresismo peronista, el Estado ochentista que Menem descuartizó hace poco más de una década invocando el primer mundo y la modernidad. Ningún kirchnerista se ha rasgado las vestiduras, incluso, por el apoyo del ex presidente a Cristina. Por lo pronto, de la mano de la presidenta, logró candidatearse en la Rioja para renovar su banca de senador en octubre. Su voto, el año pasado, fue siempre funcional a las necesidades del Gobierno.”
Son los mismos que sostenían un cambio de clima social después de tres derrotas electorales seguidas del kirchnerismo.
En síntesis: el periodismo en los medios hegemónicos realiza una defensa cerrada de sus intereses, como continuación de negocios propios y ajenos. En otros casos, hay periodistas con pequeñez en las apreciaciones analíticas, atravesados por las anécdotas y el clima de clase que son funcional a esos intereses. Obsesionados por lo secundario mientras  carecen de una mirada con proyección histórica, las urnas le dieron una lección, que es fácil de pronosticar: serán inmunes a su aprendizaje.

RAZONES DE UN TRIUNFO CATEGÓRICO
Son variadas y trataremos de enumerar algunas sin agotar las causales. La etapa iniciada en el 2003 puso la política en el centro del escenario. Recuperó aspectos de la dignidad nacional que había descendido al subsuelo.  Se constituyó una Corte Suprema impecable. Se consumaron dos hechos históricos que la historia recogerá como hitos: el desendeudamiento y el no al ALCA. Se transitó por un camino de soberanía posible y se unió el destino nacional al latinoamericano. Se mejoró la distribución del ingreso, se bajó significativamente  la desocupación y la pobreza. Se estatizaron las AFJP, lo que permitió mejorar la situación de los jubilados y afrontar sin consecuencias profundas, la crisis mundial del 2008/2009. Se reactivó el mercado interno y se vive un boom de consumo en todo el país.
Se realizó un importante plan de obras públicas, que van desde escuelas a hospitales, de viviendas a caminos. Se estableció la asignación por hijo y por embarazo, con la contraprestación de controles sanitarios y de escolaridad. Se sancionó la ley de matrimonio igualitario. Se subvenciona, aunque sin la discriminación que corresponde, el agua, el gas, la electricidad,  el transporte y los combustibles, que son los más baratos del continente lo que implica en sus aspectos favorables una distribución progresiva del ingreso. Se recuperó Aerolíneas, el correo y Obras Sanitarias, mejorando las prestaciones. Se restablecieron las paritarias y se recuperó parte de la legislación laboral que se había demolido bajo el eufemismo de flexibilización. Se sancionó la ley de medios audiovisuales que tiende a limitar la concentración de los medios y la apertura de nuevas voces. Se mejoraron significativamente los medios estatales como la televisión pública y Radio Nacional. Se juzga al terrorismo de estado y se le dio un lugar preferencial a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y a muchos referentes de las organizaciones sociales. Se recuperó la política cambiaria y monetaria, se puso el Banco Central al servicio de la política económica, se adoptaron políticas keynesianas para superar las crisis contra la opinión predominante del ajuste como receta única. Se le pagó al Fondo Monetario la deuda y se compró de esa forma soberanía. El Estado incrementó su presencia y en muchos casos puso límites a los desbordes y gula del mercado. Se propuso y en la mayoría de los casos evitó criminalizar la protesta social.
La mejoría económica significativa que recorre toda la geografía nacional, impulsada desde el gobierno nacional, que no evita islas de pobreza, derrama su maná electoral beneficiando a todos los oficialismos, incluso a aquellos 
Frente a múltiples decisiones que dejaban atrás los noventa y la ausencia de otras que implican continuidades, la oposición en sus diferentes matices y variantes, en lugar de presentarse como una superación del kirchnerismo proponiendo ir por lo pendiente  y apoyar lo realizado por el gobierno, se oponen sistemáticamente a muchas de las mejores propuestas, se abrazan impúdicamente al establishment y a los medios hegemónicos y muchas de sus propuestas son un eterno retorno a lo peor de lo que quedó atrás.

LA OPOSICIÓN
Ricardo Alfonsín con su estrategia contradictoria y sus alianzas a contramano de la historia del radicalismo terminó reduciendo al partido a un tamaño pequeño del que  pudo salir en varias oportunidades, pero cada vez en forma menos firme. Fluctuó su accionar entre la centroizquierda y la centroderecha,  coqueteando con Hermes Binner y comprometiéndose con Francisco de Narváez. Llegó a situarse  a la derecha de su socio, lo que provocó la reticencia y hasta el abandono de sectores de su partido. Compitió con Eduardo Duhalde para seducir al electorado del macrismo. Francisco de Narváez creyó que los votos coyunturales del 2009, que le permitieron derrotar a Néstor Kirchner en la Provincia de Buenos Aires, le aseguraban un futuro que la realidad destruyó. La muerte de su padre  proyectó a Ricardo Alfonsín a una candidatura que le quedó inmensa.
El Peronismo no kirchnerista encabezado por Eduardo Duhalde, se presentó como la contracara del Frente para la Victoria. Proponía abolir la contradicción de intereses mediante el consenso. Dejar atrás el enjuiciamiento del pasado, ser la expresión política del establishment económico y religioso, y recibió el auspicio entusiasta de Héctor Magnetto, desesperado ante los candidatos que se bajaban o no levantaban el amperímetro. Entre los primeros estuvieron, Mauricio Macri, Julio César Cleto Cobos, Ernesto Sanz y entre los segundos Felipe Solá.
Detrás de estas dos expresiones políticas, llegó el Frente Amplio Progresista, que realizó una buena elección en relación al poco tiempo de lanzamiento. Ocupó el espacio que dejó vacante Proyecto Sur, que decidió suicidarse, incinerando a una intelectual valiosa como Alcira Argumedo, enviada a un sacrificio estéril que no alcanzó el 1,5% de los votos emitidos. Fernando Pino Solanas está más cerca de reanudar su carrera cinematográfica que retornar a la carrera presidencial.   
Elisa Carrió ha recogido el castigo a sus pronósticos apocalípticos, inveteradamente desmentidos por la realidad, sus declaraciones entre delirantes e infames, su abrazo y genuflexión impúdica con el poder económico y mediático. Ha declarado, en un meritorio arranque de sinceridad: “Yo soy la razón de la derrota.” Su escaso 3,24% permite suponer una diáspora de sus principales referentes. Como bien la ha caracterizado el periodista Jorge Asis, “Carrió está al frente de una empresa de demolición”. Puede acotarse que el escritor de “Flores robadas en los jardines de Quilmes”, que maneja la ironía con la precisión de un cirujano, como pronosticador se parece a la líder de la Coalición Cívica. Afirmó en reiteradas oportunidades que tanto Néstor Kirchner como Cristina Fernández eran capaces de “chocar una calesita.”
“El Frente de Izquierda” con su candidato presidencial consiguió, con el apoyo del chimentero Jorge Rial, hacer realidad el llamado a la solidaridad: “Un milagro para Altamira.” Superó con amplitud el límite del 1,5%. Es una contradicción en sus términos, que quienes proclaman representar al pueblo, necesitan mendigar con desesperación, después de décadas de militancia admirable, alcanzar la cota mínima. Se puede asegurar que León Trotsky no tiene ninguna responsabilidad sobre las posiciones y actitudes de quienes invocan ser sus herederos.
Finalmente, realizó una buena elección Alberto Rodriguez Saá, cerca de los cinco primeros. Salió delante del radicalismo y de la Coalición Cívica en la Capital.

ALGUNAS REFLEXIONES  SOBRE EL VOTO
La debacle internacional ha favorecido la inclinación de los votantes por respaldar a la presidente. Transita una serie de recetas opuestas a las que los argentinos conocieron y padecieron en el pasado. Son las mismas que  hoy sufren los ciudadanos norteamericanos y del área del euro. Javier González Fraga, economista y candidato a vicepresidente con Alfonsín;
Adolfo Prat Gay, referente económico de la Coalición Cívica y Martín Redrado, candidato a diputado por el Peronismo antikirchnerista y asesor económico de Eduardo Duhalde, proponen la flotación libre del dólar, con lo cual caería su cotización, dificultaría las exportaciones y facilitaría las importaciones,  la eliminación de las retenciones en algunos casos y la rebaja en otro como la soja. Acorazados en sus dogmas y prejuicios, proponen reemplazar la caída de los ingresos, consecuencia de las medidas mencionadas, con endeudamiento. Aparte de su error, la inoportunidad es manifiesta. Es como hacer propaganda de un laxante en medio de una epidemia de cólera. Uno de los motivos por los que Argentina padece con mucha menor intensidad la devastadora crisis internacional es su baja deuda externa, cuyo crecimiento desmesurado fue la causa fundamental de todas las crisis económicas de 1975 al 2003.
La mejoría económica significativa que recorre toda la geografía nacional, impulsada desde el gobierno nacional, que no evita apreciar islas de pobreza, derrama su maná electoral beneficiando a todos los oficialismos, incluso a aquellos gobiernos provinciales que la critican con entusiasmo.
El pueblo ha manifestado una determinación muy minuciosa al momento de emitir su voto.
Pudo rechazar a Agustín Rossi como candidato a gobernador en Santa Fe por ser la cara gubernamental del gobierno en la contienda por la 125 o elegir a De la Sota en Córdoba que se separaba del gobierno y recibir el sufragio sojero, y a los pocos días votar en los mismos lugares mayoritariamente por Cristina Fernández. Hay una discriminación en sentidos diversos al responder a la convocatoria para el voto municipal, provincial y nacional.
Desde una concepción ideológica resultan comportamientos contradictorios. Pero desde un pragmatismo que toma en cuenta los diferentes niveles, resultan elecciones desconcertantes pero con un grado de lógica.  
  
TSUNAMI ELECTORAL
La presidente alertó sobre los peligros del triunfalismo. Está claro que sólo acontecimientos gravísimos podrían evitar la reelección de Cristina Fernández. Como bien afirma el periodista Gabriel Fernández: “La gente no suele traducir sus opciones en discursos detallados. A veces indican “estamos mejor”, en otras se plantan con “a ella me la banco” y más de una vez señalan “hay más cosas buenas que malas”. Con eso basta. Ahí está el contenido del voto…La idea básica oligárquica es que nuestra gente no sabe escoger…..El pueblo argentino suele acertar porque vota populismo. Más precisamente populismo de centroizquierda. La fórmula que le ha permitido crecer en varios períodos, el programa que ha brindado la posibilidad de combinar soberanía y justicia social”
El establishment y sus voceros detestan al populismo. De su incomprensión derivan las equivocaciones en los análisis reemplazando el pensamiento con los prejuicios.
“¿Y ahora qué hacemos?” le preguntaron sus seguidores a Alfredo De Ángeli, el dicharachero y brutal referente campestre, cuando los primeros resultados comenzaban a mostrar una tendencia demoledora a favor del kirchnerismo. “No lo sé…” confesó con brutal honestidad el entrerriano completamente desorientado.
A su vez Hugo Biolcati, que decía en julio cuando se inauguró la 125 edición de la fiesta anual de la Sociedad Rural:  El campo puede darse el lujo de ser opositor”; “ Estoy seguro que esta larga noche está llegando a su fin”, o “Estoy seguro que pronto, todos juntos en las urnas, podremos devolver a la patria los valores que fuimos olvidando”; “Por favor, dejen de castigar al campo, lo que es decir dejen de castigar a la Argentina”;  con el fondo de la advocación a Sarmiento (“con la luz de su ingenio iluminar esta larga noche de ignorancia”) , considerándose en el tradicional axioma como la civilización, rodeado de Mauricio Macri, Eduardo Duhalde, Alberto Rodríguez Saá, Francisco de Narváez, Javier González Fraga, el sindicalista rural Gerónimo Venegas, Patricia Bullrich, entre otros referentes conspicuos de la oposición.
Ahora sostiene: “Nos obliga a repensar un poco todo……Pergamino por ejemplo es ante todo una ciudad, con poca gente que vive en el campo”, dijo Biolcati. “Si uno está ahí no puede dejar de reconocer que la camioneta se vende, que el taller mecánico tiene clientes y que los escribanos trabajan. Por más que toda esa actividad se genera a partir del campo, en la ciudad lo que se percibe es bonanza económica”.
Es fácil de imaginar el frío antártico que sacude a los propietarios de La Nación y Clarín.
Pasó el tsunami electoral. Incluso se puede ampliar el marcador en octubre. Las cargas se acomodan distinto. El gobierno deberá consolidar con hechos, la confianza recibida y la desorientación del establishment y sus voceros

16-08-2011
Hugo Presman. Todos los derechos reservados. Para publicar citar fuente.

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